In memoriam Roberto Cantoral

No quiero que te vayas

la noche está muy fría

abrígame en tus brazos

hasta que vuelva el día.

 

Hasta aquí llegaron los días de Roberto Cantoral (1935-2010): nos seguirá su trabajo. Sin duda, un compositor clave que supo estar a la altura de las mejores voces de su tiempo, v.gr., José José; hizo con el bolero y la balada una obra vasta para dar y repartir, sus intérpretes tienen mucho que agradecerle y, por supuesto, nosotros el público también. De aquellos sus cancioneros se puede incluir a, sí, Javier Solís. Cierto, fue sólo una la canción que Javier le grabó, empero, en ella hay un muy buen ejemplo de lo que se persiguió en el bolero ranchero de Solís (y de los que le siguieron). Fue, pues, un regalo a la medida para cada noche (y sus días): Regálame esta noche (incluída en «Canta, Javier», 1958).

Regálame esta noche cumple en voz de Javier el cometido de la inspiración de Cantoral: petición y advertencia. «Regálame esta noche: retrásame la muerte». En ambas partes escuchamos y sentimos que sí, que no quiere que se vaya, que la almohada está impaciente, que puede haber consejos o quizá nada; que si abandona el nido todo será en vano: que la muerte espera. Mañana —muy temprano— es cuando, gracias a la interpretación de Javier, queda claro que en realidad todo ya está perdido, y he ahí entonces la petición, la justa y precisa petición.

Muchos cantantes, demasiados, vuelven a Regálame esta noche. Una de las primeras composiciones de Cantoral, Javier la graba en sus inicios de carrera —ciertamente uno puede escuchar el diamante en bruto de su voz, aún con trabajo por delante, mas diamante ya al fin— amén de una del hermano, Antonio Cantoral: Empate de amor (más ranchera en su arreglo), y son pues parte de la primera etapa de la carrera profesional de estos gigantes contemporáneos.

Digo que la canción es buen ejemplo de lo Solís, porque el bolero ranchero que Javier perfeccionó tuvo esa línea, esa veta, que Cantoral ayudó a ofrecer a voces como la de Javier: íntimas pinceladas de sombras enmarcadas en la media luz de voz. Lo dicho, Roberto fue partícipe del cancionero javierista y, a su vez, Solís es botón —de nácar— de la muestra cantoral de Roberto. Él tuvo también su carrera como cantante, amén de su etapa con Los Tres Caballeros, y seguramente por ello es que no hay más canciones de su inspiración en la voz de Javier, es decir, durante esos 50s y 60s son ambos competencia, y no es sino hasta los 70s que Roberto es ya más compositor que cantautor.

El Triste es sin duda mítica (y mi favorita) del cancionero Cantoral, compárese con Regálame esta noche y encontraremos una bienvenida relación: esta es el preludio de aquella. Es decir, la que nos ocupa es, ojo, anuncio de lo que vendrá. Todavía más, si pensamos en Solís y José José como los cantantes idóneos para este par de joyas, entonces la relación es por demás clara. Estamos, pues, ante una oferta que Cantoral supo (¿queriendo o no?) atinadamente colgar

Vaya regalos, don Roberto, que nos retrasan la muerte. Gracias.

Tres palabras

Cómo me gustas

 

Tres palabras (1946) de Osvaldo Farrés (1903-1985), compositor por cierto del Quizás, quizás, quizas, se incluye en aquel mítico «Javier Solís en Nueva York» y en la producción de Los Patricios, «Exitos con Trío». Según el anecdotario fue Chela Campos quien le instó a componer esta canción, «ay, maestro, no se me haga el difícil que con tres palabras se hace una canción». El resto helo ahí, muy bien arreglado y, ¡qué va!, encantado.

Aquí, gracias a la tecnología y a Los Patricios, con trío (i.e., misma voz):

 

La vigencia de Solís en Argentina

Además del trío Los Patricios, Argentina nos ofrece —aún más— una razón para, con un pie en ella, poder escuchar a Javier. Es decir, que si Vd., selecto lector, piensa que Solís al Sur de nuestra América se acota a no más que, digamos, el Perú, estará en un craso error. Cuantimás si ello, amén de geografías, lo limita a tiempos. O sea, no ha lugar: Solís está más vigente que nunca y para muestra basta un reciente botón: la película «Carancho» (Pablo Trapero, 2010).

En una escena entre Ricardo Darín y Martina Gusman se puede escuchar Nuestro Juramento (de Benito de Jesús, incluída en el cedé «Vida de Bohemio») en voz de Solís. Una sorpresa por demás agradable y bienvenida. Ver a Darín, actor hecho y derecho, a cuadro y escuchar a Solís es de esos placeres como pocos. Inesperado, sin duda, pero una vez que Darín y Gusman están ahí bailando (!) al ritmo del juramento es, permítaseme la expresión, cosa loca.

De principio a fin se nos deja escuchar a Javier y, de igual forma, la "consumación" del romance entre Sosa (Darín) y Luján (Gusman). Lo dicho: cosa loca. Darín es un actor que no le pide nada a nadie, verle juguetear al ritmo de Solís es, insisto, una estampa acaso irrepetible y no queda más que, al menos aquí en la SOLISMANÍA, subrayarlo. Sea pues, gracias a la magia de youtube, esto es de lo que hablo:

Es, sí, un previo (trailer) de la peli, que incluye la escena referida (a partir del 1:42), más con, ¡qué va!, el juramento todo él de fondo.

En corto, si Vd. no sabe de Darín y su cine, ahora es cuando: por donde se le vea, y escuche, hay ganancia. Si no sabe de Solís... siempre y dondequiera hay tiempo.

 

In memoriam Carlos Gardel

Y hoy es tu voz que vuelve a mí

 

Hace 75 años fue el accidente donde Gardel perdió la vida. No se puede escribir que haya muerto pues, como bien se afirma, el Zorzal Criollo cada día canta mejor. En esta tarde gris (música de Mariano Mores; letra de José María Contursi; 1941), por supuesto, no se incluye en su repertorio pero es sin duda un tango cabal.

No se diga más y dejemos que En esta tarde gris sea Javier quien —con mariachi y orquesta— llame a Gardel.

Con mariachi (incluída en el cedé «Las mañanitas con Javier Solís»):

Con orquesta (incluída en el cedé «Javier Solís con orquesta»):

 

Brindis

Por Alfredo Le Pera, Guillermo Barbieri y Ángel Domingo Riverol.

Javier Solís: «Mamá y Papá»

No se diga más, valga esta escena de Solís en la película «Rateros último modelo» (1964) para rendir un homenaje a los padres. 

Mamá y papa, de Luis Demetrio.

Ahí está, pues, Javier, que de la noche a la mañana nos puede sorprender con una alegre y dicharachera canción. No fueron muchas, cierto, pero vaya que talento le sobraba para —acaso como Infante— hacer reír y bailar (v. gr., Guillermo Capetillo en tal escena) con sus interpretaciones.

Súbale, bailele y goze. ¡Qué va!

Me soñé muerto

Incluída en el cedé «Mi pecado», esta canción es parte del minúsculo grupo de composiciones de Armando Manzanero que Solís grabó. El resto son Muchacha bonita, Qué bueno que te vas y Que no te cuenten. La que nos ocupa le fue encargada expresamente al compositor para el repertorio javierista. Las cuatro son parte de aquél sencillo de 45 rpm: «Armando Manzanero con Javier Solís, [EPC-797]», con los mariachis Zapopan y Vargas, producido por Felipe Valdés Leal, arreglos y dirección de Fernando Z. Maldonado y Rafael Carrión.

Después de una introducción a base de sonoras (acaso fúnebres) trompetas, Solís abre de inmediato con tan lapidaria frase y describe, a partir de la exposición del cadáver, el después de la muerte. Interesante la breve figura que Manzanero nos regala en estos primeros versos, esto es, soñarse muerto y seguir soñándolo. Después de ello la letra prosigue con un recordatorio y advertencia que si bien guardan relación con el tema principal, de alguna manera lo quiebra y, de hecho, no ayudan del todo a redondear la canción (nótese que es en esta parte donde hay de por medio la «inexperiencia»). En la parte final de nueva cuenta escuchamos un «me soñé muerto...» (seguido de un certero «... y desde entonces vivo») que, a saber por qué, termina cediendo su protagonismo a una pueril sentencia, «que lo que no miras muy pronto lo olvidas».

El título daba sin duda para más, sin embargo, lo que escuchamos —al fin Javier— cumple cabalmente con la intención del compositor, a saber: no hacer reclamo alguno, más bien, confidencia de, al mismo tiempo, un sueño y una premonición. O sea, que con todo y esos pequeños detalles de la inspiración de un todavía joven compositor Manzanero (un par de años más y entonces sí el botón florecería), Javier conduce con soltura para dejarnos así un mapa sobrio y muy a su altura.

Javier Solís: La Entrevista

¿Cuál es su nombre?

¿Qué deportes le gustan?

Háblenos de sus primeros años en la cantada

¿Estudió canto?

¿Cómo es Javier?

¿Tiene algún grito o marca que lo distinga?

¿Qué nos puede decir de su éxito El Loco?

¿Hasta dónde ha llegado Javier?

¿Cuáles son sus canciones favoritas?

¿Cuál fue su primera grabación?

¿Y su primer exito?

¿Qué es el amor para Solís?

¿Por qué el bolero-ranchero?

¿Cómo empezó Javier a ganarse la vida?

¿Qué nos puede decir de «Javier Solís en Nueva York»?

Háblenos de su carrera en el cine

¿Solís ha fracasado?

¿Qué nos puede decir de grabar y de cantar en vivo?

Epílogo: «Javier Solís: una voz inmortal»

 

Cónfer «Javier Solís: Biografía de propia voz»

La importancia de cantar a Julia

Lo siguiente es historia conocida entre los javieristas, y referida en la última página del tomo II de «La vida de Javier Solís» (Clío 1995) de José Felipe Coria.

Dice así.

«Para poner a prueba su estilo, decidió grabar todos los valses que Pedro había hecho famosos. Quería darle un giro especial a cada uno de ellos, en especial a Julia, melodía que era un alarde insuperable de perfecciones en la voz de Pedro.

Cuando se grabó Julia [fechado ello en 1959] no resultó a la primera, como ya era costumbre en Javier. Se fijó dónde había fallado y en la segunda toma se esmeró en cantarla mejor. [Rafael] Carrión lo reconoció enseguida. Desde el micrófono de la cabina, en lo que escuchaba la toma, le dijo a Javier:

—Le acabas de dar en la torre a mi compadre.

Al salir de los estudios, Javier sentía que, al fin, le había ganado a Pedro en su terreno, y sí, Pedro era el ídolo de México y lo sería siempre, pero lo había destronado como cantante.»

 

Aquí pues Julia, de Francisco Moure Holguín, con mariachi:

y con banda:

¡Qué va!

Canciones de la Semana Vol.1