Y todavía te quiero

No es del tango de Leocata y Aznar de lo que he de hablar, ni de todo el álbum homónimo que Solís grabara en 1966, pero sí de una parte de él: "Una limosna" de Indalecio Ramírez. El título aquél lo tomo, ya verán ustedes, porque si bien estoy pensando ya en la ausencia del 2011, y le ofrezco un recuerdo con tal limosna, todavía lo quiero.

Hablemos de la única composición de Indalecio Ramírez que Solís grabara, una que enseguida resultó éxito y desde entonces es parte cabal del cancionero javiersolista. "Una limosna" le quedó como anillo al dedo a Javier. De breves y certeros trazos también le queda a este 2011 con sus aún horas de vida. Ramírez bien pudo tener más joyas de estas en la garganta de Solís, mas el tiempo es implacable, y la muerte también. Se va el 2011, llega el 2012 y con él, así sea, algo más que limosnas. Cántale, Solís, que tú nos sigues viviendo:

"Una limosna" de Indalecio Ramírez
Aunque sigas viviendo
para mí ya estas muerta,
aunque llegues tocando
insistente a mi puerta,
de lo poco que tengo
te daré una limosna
como a cualquier mendigo,
pero en cosas de amores
ya no cuentes conmigo.
Tú me hiciste llorar,
tú me hiciste sufrir,
pero todo ha cambiado,
hoy me toca reír;
aunque sigas viviendo
ya olvidé tus ofensas,
pero tú al recordar
no me habrías de buscar
si tuvieras vergüenza.

¡Qué va!

Envío
El 2011, lo hecho, llamará a la puerta, mejor es darle una sonrisa (asirnos a la sonrisa): hoy nos toca. Gracias mil por las visitas a este espacio, sirva esta canción del hijo putativo de Álvaro Carrillo para despedir estos doce meses: a por otros, ¡a por el dos mil doce!

Descálzate y bésame mucho, Cize

In memoriam Cesária Évora (1941-2011)

Si mal no recuerdo, esta particular obra de Consuelo Velásquez fue el bis de aquella velada en el noble Bonn, donde la reina de la morna, Cesária Évora, llegó partiendo plaza. Ahí, a cielo abierto, entre dos museos de arte, Cize cerró su concierto con su «Bésame mucho», es decir, con el mejor que hasta ahora se ha grabado y escuchado. Yo no iba listo para tanto, apenas y me enteré de la visita y el mismo día, horas antes, conseguí la entrada. Todo el concierto fue una gozada, pero aquello fue sencillamente la apoteosis en vivo y a todo color de este tan querido y añorado Bésame.

 

Solís la grabó, sí, como tantos más, y la interpretó, sí, con esmero y cuidado (como pocos), pero ni con él ni con nadie tenemos la mejor interpretación de esa súplica: bésame, bésame mucho.

Consuelo, cuenta la anécdota, la compuso en su adolescencia y sin haber siquiera besado, de ahí, quizá, la originalidad: al no tener idea de cómo podía ser un beso, no quedaba más que pedirlo mucho, como si fuera la primera y última vez. Y así, cual debut y despedida, Cize nos regala un arrebatadísimo ósculo. La tierra la besa y ella a nosotros; su voz va despidiendo roces y caricias que corresponden, de principio a fin, a la cándida letanía.

Décadas tuvieron que pasar para tener en el mercado una grabación de esa talla. Insisto, es la mejor por mucho de tantas versiones habidas y por haber. Vaya, hasta el acento caboverdiano es preciso y puntual; la joya latina (recordemos que la canción es parte del Latin Grammy Hall) encontró en una africana insular a su embajadora ideal. Évora llevó consigo a «Bésame mucho» y, como lo cuento, aprovechó tantos momentos para cantar y encantarnos.

¿Qué más hemos de decir? Nada, sólo escuchar… Gracias, Cize, ¡qué grande!

Del 2011, una selección

Por cuestiones de formato, tengo que traer esta nota a la SOLISMANÍA, donde —ya se ve— sin problemas puedo insertar este útil artilugio.

Quiero mostrar una selección de siete libros que tuvieron en mi 2011 un lugar sobresaliente. Algunos salieron al mercado este mismo año y otros ya estaban a la espera del encuentro con el lector—como Holy Smoke, que me ha parecido algo más que un libro (i.e., una epifanía), The Gay Talese Reader, que incluye esa magnífica y ya clásica crónica «Frank Sinatra has a cold», y el What I Talk About When I Talk About Running (que leí en español), cuyas líneas, si me preguntan, puedo preferir antes que las de alguna de las novelas del mismo autor.

Así, con El Sueño del Celta literalmente abrí el año, y si bien no es la gran novela sí que responde a la talla del autor. Mis «descubrimientos» fueron los Trabajos del Reino y La marrana negra de la literatura rosa, sobre todo sus autores, a quienes sin duda he de seguir, y de ahí que tengan que estar en esta lista. Cierro con Thinking, Fast and Slow, una obra que está para pensarse y repensarse… a uno. ¡Qué va!

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PS. Prometo hacer algo parecido, por supuesto, con la música de Solís.

Carrillo no se nos olvidará

Hoy dos de diciembre se cumplen 90 años del natalicio de Álvaro Carrillo. Este espacio ya ha hablado de él y, sobre todo, ha escuchado sus creaciones en voz del sempiterno Solís. Hoy, dos de diciembre, volvemos a Carrillo para celebrarlo con la última grabación de Javier de una de sus muñecas: «Se te olvida».

Canción hecha dos por un capricho telenovelero, Pepe Jara —nos cuenta él mismo en sus memorias— la canta «para calarla» en una reunión de amigos, y Ernesto Alonso, «nervioso y emocionado», la pide para su telenovela (ya al aire) La mentira (1965). Y le cambian el nombre. Desde entonces, con Jara, se catapulta y se consagra, pues sin duda él sigue siendo la medida ideal para tremendo bolero (quizá compartiendo lugar con su mítico, también de Carrillo, «Andariego»).

Ese mismo año de la telenovela, Javier la graba y la hace, al fin Solís, bolero ranchero. Se incluye en uno de sus mejores discos, Payaso, con arreglos y dirección de Fernando Z. Maldonado, Rafael Carrión y Gustavo A. Santiago. ¿El mariachi? Según la contraportada del disco hubo tres: Jalisco (de Pepe Villa), Nacional (de Arcadio Elías) y América (de Alfredo Serna). El lado B del acetato abre pues con este «Se te olvida (La mentira)»:

Todavía más, de las contadas grabaciones que Javier tiene cantando en vivo (es decir, aquellas que se han hecho públicas), una de ellas es —¡qué va!— «Se te olvida». Editada en aquél cedé-devedé A 40 años… Me recordarás (el cual ya hemos referido aquí). Ahí podemos ver a un Javier pleno, a pelo, echándose como pocos esa joya del Negro. Sin necesidad de gritos o alardes técnicos, él se limita a cantar e interpretar. Él, Solís, hace esto:

La escena es de aquel programa de televisión Noches tapatías, del que también, por cierto, se editó un cedé-devedé (en 2006) y en donde se incluye tan especial interpretación.

Así las cosas, no queda sino celebrar a Álvaro con más interpretaciones de este calibre, y mandarle, que no se nos olvida, el más sentido… ¡qué va!

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