SOLISMANÍA http://solismania.net Desde 2006 el primer blog dedicado a Javier Solís posterous.com Tue, 07 Feb 2012 16:56:00 -0800 Unos más en la vida perjura http://solismania.net/unos-mas-en-la-vida-perjura http://solismania.net/unos-mas-en-la-vida-perjura

Según la página web de la Sociedad de Autores y Compositores de México (SACM), la biografía de Juan Navarrete Curiel se cruza con la de Javier Solís en algo más que una canción. Sin embargo, es la fecha en que los javiersolistas sólo contamos con dos canciones de Navarrete Curiel en voz de Solís: «Despreciado me voy» y —la que nos interesa por el momento— «Uno más».

No es raro que con Javier se den las discrepancias en cuanto a los números —sean las canciones grabadas, los discos editados o incluso las versiones disponibles—, pero con lo cualitativo hay poco espacio para la disyuntiva. «Uno más» es una canción que bien podría pasar sin pena ni gloria… de no ser por un par de detalles. El primero es que forma parte del grupo de rarezas javiersolistas, es decir, temas que por su acaso única edición en disco, no suelen estar en las audiotecas Solís. Esta ausencia, en el caso de «Uno más», se puede explicar quizá por la calidad de la grabación en sí, o bien, como ha pasado con otras canciones, e.g., «Gaviota» (del álbum Y todavía te quiero), por alguna razón que sólo los productores y sus interéses de mercadotecnia puedan tener al momento de las reediciones del material original.

El segundo detalle de «Uno más» es que ha sido grabada por dos Fernández, padre e hijo, en los primeros años de sus respectivas carreras (y sin ninguna posterior reedición). Volviendo a la página de la SACM, «Uno más» se reconoce sobre todo con las voces de los Fernández. (Aunque ya en la base de datos de la SACM de las canciones de Navarrete se puede ver que «J A Solis» es parte también de los intérpretes con en el CD Exitos de J A Solis, Orfeon Videovox.) Vicente la graba en 1965, es parte entonces de aquellos primeros años en que el de Huentitán buscaba hacerse de un espacio en la radio del momento, dicho de otro modo, parte de sus pininos. Treinta años después el hijo Alejandro también la hace parte de sus inicios y la incluye en su cuarto (o sea, ya no tan pininos) disco, Que seas muy feliz.

Hasta ahí no hay mucho que decir, más que el recuerdo de la letra de la canción.

«Uno más» (Autor: Juan Navarrete Curiel)
Que Dios bendiga
las dulces horas que pasé contigo;
a nadie digas
que por capricho te entregaste a mí;
por donde vaya
nuestro secreto guardaré conmigo;
nada ni nadie
podrá evitar que yo te quiera así.
Sé que todo pasó para ti como nueva aventura,
y que fui uno más para ti en tu vida perjura;
Sé que no volverás por amor a entregarme lo tuyo,
volverás cuando nuevo dolor haya herido tu orgullo.

«Uno más» es, ya se ve, breve e incluso poética (e.g., bonitos endecasílabos sáficos). Pasemos a las versiones, aquí el par de los Fernández:

Vicente_Fernandez_Uno_Mas.mp3 Listen on Posterous
con Vicente y

07_Uno_Más.mp3 Listen on Posterous
con Alejandro.

De regreso al primer detalle, lo especial de «Uno más», dije, es la canción en sí. No es sino hasta hace unos meses que, por ejemplo, podemos escucharla en YouTube. Pocos son los que, con la ayuda de la red y del intercambio digital, pueden contarla en sus audiotecas. La trilogía El Señor de Sombras de José Felipe Coria (Ed. Clío) no la enlista en su cancionero. La fecha probable de grabación es durante la segunda mitad de la carrera de Javier y, como se escucha en la versión disponible, el vinilo es hasta ahora la única fuente. No se tiene, en fin, mayor información que el compositor. Aquí está pues la rala canción:

Uno_mas.mp3 Listen on Posterous

El avezado lector podrá escuchar que Solís sí está cantando tal cual aquella letra de Navarrete, los Fernández no. Ellos cantan «evitar que yo te quiera a ti» y, lo más que hace el menos, «en tu triste locura» (amén de rematar con el innecesario «cuando un nuevo dolor», dando al traste así con la métrica). En otras palabras, me imagino la escena con aquél charro en ciernes: ¡Cómo que vida perjura, eso qué, póngale algo que se entienda: triste locura!, ah, y aquí debe de ser (sic) un nuevo dolor, claro, y ya entrados, pues que nadie evite que yo personalmente te quiera a ti y solamente a ti. El hijo, claro, sólo repitió lo del padre.

Así las cosas, ahí está Javier con su interpretación cabal. A saber del porqué los señores de la disquera prefirieron que, por si no bastara uno, dos Fernández se echaran al hombro esta pieza. Hay otras canciones, por supuesto, donde tanto los de Jalisco como el de Tacubaya brindan al respetable su entendimiento de los mismos «escarabajos que llamamos notas», e.g., el vals «Alejandra», pero aquí, para el que escucha, los tres están en igualdad de circunstancias: no hay mayores cambios en los arreglos y dada la, digamos, dimensión de la canción (i.e., ni muy muy, ni tan tan) en los respectivos cancioneros, el tiro es finalmente parejo. Incluso con la calidad de las grabaciones en las versiones de Solís y del «mayor» de los Fernández, Alejandro no está con ventaja, o desventaja —junto con su padre—, al ser tal canción de sus «primeras grabaciones»: ambos Fernández a esas alturas saben ya de estudios de grabación. Lo dicho, el tiro es parejo. El resultado no.

Javier peina la letra con sus dedos, sin despeinarla ni despeinarse. Alejandro lo imita pero termina por recordar la impostura de la voz del padre. Éste, sencillamente repuja. Solís entiende la letra y su estructura, y presta su voz para iluminar lo escrito: el chillón que llora bien y bonito. Fernández hijo cree entender y a fuerza de demostrarlo le resta sensibilidad: evita ser uno más y quiere ser el uno (de plástico). Fernández padre se limita a llorar chillando. Javier no busca cúspide alguna en la letra, sabe que la montaña es también una bajada; el junior pareciera no reconocerlas y el señor padre gusta de inventárselas (a gritos). «Uno más» que de tres… dos no logran.

Aquí queda la perjura. En este blog poco o nada comentamos de los Fernández, ¿para qué? Se sabe que uno, el padre, suele argüir que Solís será lo que sea pero él, será lo que sea, es el vivo. Se sabe, más bien, que si Fernández se escuchó fue gracias a la muerte de Solís, a que la máquina de grabaciones cesó de trabajarle a los señores de la industria. Sabemos, pues, que Javier vivo era insuperable, que sólo muerto alguien más podría competir, al menos, con grabaciones que, de hecho, todos querían en voz de Solís. La muerte de uno brindó el soplo de vida al otro que, dígase, la televisión se encargó de hacer más, e insuflar de paja suficiente como para encumbrar y confundir, dirían los de Cuévano, lo grandote con lo grandioso. La superioridad es evidente, la comparación, superflua. Aquí, sencillamente, uno más.

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Thu, 12 Jan 2012 10:58:00 -0800 El Amigo del Santo http://solismania.net/el-amigo-del-santo http://solismania.net/el-amigo-del-santo

Cuando Javier Solís fue llevado al Panteón Jardín de la Ciudad de México, aquel 20 de abril de 1966, uno de sus amigos no acudió a la despedida: Santo, el enmascarado de plata. Él mismo contó el porqué: para que la gente no dijera que se estaba haciendo publicidad o bien, yendo sin máscara, para evitar a los paparazzi. En este video (que subió Heber Galicia a su canal de youtube) lo explica: liga.

La amistad entre el Santo y Solís es una vieja conocida entre los javiersolistas. Javier, sabemos también, era fanático, como buen capitalino defeño de aquellos sus años, de las luchas y el box. Con el Santo, nos cuenta el hijo, Solís encontró un cuate a la medida y hubo, como es natural, especiales detalles que dieron cuenta de ello. Por ejemplo, un sobrio sombrero negro con detalles argentados.

En diciembre pasado un tuit del Hijo del Santo nos recordó tal regalo de Javier al Santo con esta foto:

Sombrerosanto

El lugar es el Centro Cultural del México Contemporáneo (sita en Leandro Valle 20, México DF), donde del 8 de diciembre del 2011 al 10 de febrero del 2012 está la exposición «Santo: Leyenda de Plata». Al parecer, por otras fotos en la red, la exposición tiene lo suyo (junto con lo de Solís). Si pueden, avezados lectores, vayan.

Aquí en la SOLISMANÍA colgué hace meses unas fotos que Gabriela Siria (hija de Solís) tomó de otras fotos. Una de esas imágenes era precisamente la del Santo y Solís (con alguien más) a la salida de un juego de beisbol (otra de las pasiones de Javier).

Javier_solis_029
Ahí pues un par de ídolos que con los años siguen haciendo la lucha.

Dice el Santo, en la referida entrevista, que su «vida social fue nula». Seguro que lleva mucha razón, tanta foto y pose han de haber sido una lata. Javier, por su parte, tuvo también su máscara en el nombre artístico, ¿cuántas veces habrá querido dar una vuelta solo Gabriel Siria?…

El Señor de Sombras con el Enmascarado de Plata, vaya dupla, ¡qué va!

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Sat, 31 Dec 2011 07:45:00 -0800 Y todavía te quiero http://solismania.net/y-todavia-te-quiero http://solismania.net/y-todavia-te-quiero

No es del tango de Leocata y Aznar de lo que he de hablar, ni de todo el álbum homónimo que Solís grabara en 1966, pero sí de una parte de él: "Una limosna" de Indalecio Ramírez. El título aquél lo tomo, ya verán ustedes, porque si bien estoy pensando ya en la ausencia del 2011, y le ofrezco un recuerdo con tal limosna, todavía lo quiero.

Hablemos de la única composición de Indalecio Ramírez que Solís grabara, una que enseguida resultó éxito y desde entonces es parte cabal del cancionero javiersolista. "Una limosna" le quedó como anillo al dedo a Javier. De breves y certeros trazos también le queda a este 2011 con sus aún horas de vida. Ramírez bien pudo tener más joyas de estas en la garganta de Solís, mas el tiempo es implacable, y la muerte también. Se va el 2011, llega el 2012 y con él, así sea, algo más que limosnas. Cántale, Solís, que tú nos sigues viviendo:

03_Una_Limosna.mp3 Listen on Posterous

"Una limosna" de Indalecio Ramírez
Aunque sigas viviendo
para mí ya estas muerta,
aunque llegues tocando
insistente a mi puerta,
de lo poco que tengo
te daré una limosna
como a cualquier mendigo,
pero en cosas de amores
ya no cuentes conmigo.
Tú me hiciste llorar,
tú me hiciste sufrir,
pero todo ha cambiado,
hoy me toca reír;
aunque sigas viviendo
ya olvidé tus ofensas,
pero tú al recordar
no me habrías de buscar
si tuvieras vergüenza.

¡Qué va!

Envío
El 2011, lo hecho, llamará a la puerta, mejor es darle una sonrisa (asirnos a la sonrisa): hoy nos toca. Gracias mil por las visitas a este espacio, sirva esta canción del hijo putativo de Álvaro Carrillo para despedir estos doce meses: a por otros, ¡a por el dos mil doce!

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Mon, 19 Dec 2011 11:06:00 -0800 Descálzate y bésame mucho, Cize http://solismania.net/descalzate-y-besame-mucho-cize http://solismania.net/descalzate-y-besame-mucho-cize

In memoriam Cesária Évora (1941-2011)

Si mal no recuerdo, esta particular obra de Consuelo Velásquez fue el bis de aquella velada en el noble Bonn, donde la reina de la morna, Cesária Évora, llegó partiendo plaza. Ahí, a cielo abierto, entre dos museos de arte, Cize cerró su concierto con su «Bésame mucho», es decir, con el mejor que hasta ahora se ha grabado y escuchado. Yo no iba listo para tanto, apenas y me enteré de la visita y el mismo día, horas antes, conseguí la entrada. Todo el concierto fue una gozada, pero aquello fue sencillamente la apoteosis en vivo y a todo color de este tan querido y añorado Bésame.

01_-_Besame_Mucho.mp3 Listen on Posterous

 

Solís la grabó, sí, como tantos más, y la interpretó, sí, con esmero y cuidado (como pocos), pero ni con él ni con nadie tenemos la mejor interpretación de esa súplica: bésame, bésame mucho.

Consuelo, cuenta la anécdota, la compuso en su adolescencia y sin haber siquiera besado, de ahí, quizá, la originalidad: al no tener idea de cómo podía ser un beso, no quedaba más que pedirlo mucho, como si fuera la primera y última vez. Y así, cual debut y despedida, Cize nos regala un arrebatadísimo ósculo. La tierra la besa y ella a nosotros; su voz va despidiendo roces y caricias que corresponden, de principio a fin, a la cándida letanía.

Décadas tuvieron que pasar para tener en el mercado una grabación de esa talla. Insisto, es la mejor por mucho de tantas versiones habidas y por haber. Vaya, hasta el acento caboverdiano es preciso y puntual; la joya latina (recordemos que la canción es parte del Latin Grammy Hall) encontró en una africana insular a su embajadora ideal. Évora llevó consigo a «Bésame mucho» y, como lo cuento, aprovechó tantos momentos para cantar y encantarnos.

¿Qué más hemos de decir? Nada, sólo escuchar… Gracias, Cize, ¡qué grande!

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Mon, 12 Dec 2011 07:05:00 -0800 Del 2011, una selección http://solismania.net/una-seleccion http://solismania.net/una-seleccion

Por cuestiones de formato, tengo que traer esta nota a la SOLISMANÍA, donde —ya se ve— sin problemas puedo insertar este útil artilugio.

Quiero mostrar una selección de siete libros que tuvieron en mi 2011 un lugar sobresaliente. Algunos salieron al mercado este mismo año y otros ya estaban a la espera del encuentro con el lector—como Holy Smoke, que me ha parecido algo más que un libro (i.e., una epifanía), The Gay Talese Reader, que incluye esa magnífica y ya clásica crónica «Frank Sinatra has a cold», y el What I Talk About When I Talk About Running (que leí en español), cuyas líneas, si me preguntan, puedo preferir antes que las de alguna de las novelas del mismo autor.

Así, con El Sueño del Celta literalmente abrí el año, y si bien no es la gran novela sí que responde a la talla del autor. Mis «descubrimientos» fueron los Trabajos del Reino y La marrana negra de la literatura rosa, sobre todo sus autores, a quienes sin duda he de seguir, y de ahí que tengan que estar en esta lista. Cierro con Thinking, Fast and Slow, una obra que está para pensarse y repensarse… a uno. ¡Qué va!

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PS. Prometo hacer algo parecido, por supuesto, con la música de Solís.

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Fri, 02 Dec 2011 09:06:04 -0800 Carrillo no se nos olvidará http://solismania.net/carrillo-no-se-nos-olvida http://solismania.net/carrillo-no-se-nos-olvida

Hoy dos de diciembre se cumplen 90 años del natalicio de Álvaro Carrillo. Este espacio ya ha hablado de él y, sobre todo, ha escuchado sus creaciones en voz del sempiterno Solís. Hoy, dos de diciembre, volvemos a Carrillo para celebrarlo con la última grabación de Javier de una de sus muñecas: «Se te olvida».

Canción hecha dos por un capricho telenovelero, Pepe Jara —nos cuenta él mismo en sus memorias— la canta «para calarla» en una reunión de amigos, y Ernesto Alonso, «nervioso y emocionado», la pide para su telenovela (ya al aire) La mentira (1965). Y le cambian el nombre. Desde entonces, con Jara, se catapulta y se consagra, pues sin duda él sigue siendo la medida ideal para tremendo bolero (quizá compartiendo lugar con su mítico, también de Carrillo, «Andariego»).

Ese mismo año de la telenovela, Javier la graba y la hace, al fin Solís, bolero ranchero. Se incluye en uno de sus mejores discos, Payaso, con arreglos y dirección de Fernando Z. Maldonado, Rafael Carrión y Gustavo A. Santiago. ¿El mariachi? Según la contraportada del disco hubo tres: Jalisco (de Pepe Villa), Nacional (de Arcadio Elías) y América (de Alfredo Serna). El lado B del acetato abre pues con este «Se te olvida (La mentira)»:

09_Se_Te_Olvida.mp3 Listen on Posterous

Todavía más, de las contadas grabaciones que Javier tiene cantando en vivo (es decir, aquellas que se han hecho públicas), una de ellas es —¡qué va!— «Se te olvida». Editada en aquél cedé-devedé A 40 años… Me recordarás (el cual ya hemos referido aquí). Ahí podemos ver a un Javier pleno, a pelo, echándose como pocos esa joya del Negro. Sin necesidad de gritos o alardes técnicos, él se limita a cantar e interpretar. Él, Solís, hace esto:

JS_La_Mentira_(en_vivo).mpg Watch on Posterous
La escena es de aquel programa de televisión Noches tapatías, del que también, por cierto, se editó un cedé-devedé (en 2006) y en donde se incluye tan especial interpretación.

Así las cosas, no queda sino celebrar a Álvaro con más interpretaciones de este calibre, y mandarle, que no se nos olvida, el más sentido… ¡qué va!

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Tue, 29 Nov 2011 10:12:12 -0800 Diez años de Solís con Carrillo en el Salón de la Fama http://solismania.net/diez-anos-de-solis-con-carrillo-en-el-salon-d http://solismania.net/diez-anos-de-solis-con-carrillo-en-el-salon-d

Cuando redacté aquella nota semanal sobre el «Sabor a mí» de Álvaro Carrillo en la voz de Solís, no tenía idea de que para esas fechas (2006) tal canción e interpretación cumplían cinco años de haber ingresado al Salón de la Fama del Grammy Latino. Por suerte, me entero gracias a Mario Carrillo de tal suceso, y van aquí estas líneas para celebrar la década de ingreso.

En el 2001 fue establecida la sección latina del mítico salón de la fama de la Recording Academy, el GRAMMY Hall of Fame, con el fin de rendir homenaje a aquellas «primeras grabaciones de perdurable calidad o valor histórico». Los ganadores, explica la Academia, son seleccionados anualmente por expertos en la materia.

A la fecha son once canciones (sencillos) que están enlistadas. Lo curioso, por decirlo de alguna manera, es que se registran sólo con los intérpretes (que no siempre, se sabe, son también los compositores). Así, además de «Sabor a mí», se puede leer que «Bésame mucho» (¡en género tropical!) de Consuelo Velázquez tiene a Pedro Vargas como autor, o «El reloj» y «La barca» (¡también en tropical!) de Roberto Cantoral, tienen a Lucho Gatica. El resto de canciones son: «Desafinado» (Jobim/Mendoza) con João Gilberto, «El día que me quieras» (Gardel/Le Pera) con Carlos Gardel, «El manisero» (Moisés Simons) con Don Azpiazú, «Garota de Ipanema» (Jobim/Moraes) con Antonio Carlos Jobim, «Mambo No.5» de y con Pérez Prado, «Oye cómo va» (Tito Puente) con Santana, y «Somos novios» de y con Armando Manzanero.

«Sabor a mí» está pues con Javier Solís echando de menos al entrañable Álvaro. Es la única con el género regional-mexicano, por lo que al menos es seguro que los señores de la Academia estaban escuchando a Solís con su mariachi, su bolero ranchero.

Grabada en 1960 y editada en el álbum Enamorado de ti, no cabe duda que el talento de esta dupla apenas y cabe en ella. Cuántas grabaciones habrá tenido en su momento (sobre todo con tríos, e.g., Los Panchos) y es Solís quien se alza con el honor. Porque sí, sin duda la canción vale toda por sí misma, pero las muñecas —lo habría dicho Carrillo— no pueden ir desnudas, alguien tiene que vestirlas. Javier lo hizo y de qué manera. Ahí queda ya su grabación, su interpretación, su corte, su —digámoslo— creación a la medida perfecta, en un aparador que, con todo, contiene una muy buena muestra del alcance de la música. No es fama, qué va, es calidad histórica… saboreada en su mejor sazón.

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Mon, 28 Nov 2011 10:08:00 -0800 Con las canciones de Javier Solís http://solismania.net/con-las-canciones-de-javier-solis http://solismania.net/con-las-canciones-de-javier-solis

Con las canciones de Javier Solís
es tan fácil perderme con su voz,
por qué negarlo, soy el más feliz.

Siempre escucharle sin ningún desliz
y decir como aquel Garcés: ¡arroz!,
con las canciones de Javier Solís.

Es cosa de admirar cada matiz,
notar cómo me cubre su albornoz,
por qué negarlo, soy el más feliz.

Es que percibo cálido barniz
aún en la frialdad del altavoz
con las canciones de Javier Solís.

A donde vaya cabe en mi veliz
Señor de Sombras, luz para mi hoz,
por qué negarlo, soy el más feliz.

Es en pocas palabras la raíz,
música, sentimiento tan feroz,
con las canciones de Javier Solís,
por qué negarlo, ¡soy el más feliz!

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Sat, 26 Nov 2011 05:37:00 -0800 La llamarada al azar http://solismania.net/la-llamarada-al-azar http://solismania.net/la-llamarada-al-azar

Para esos ojos verdes como mares

Donde el azar es el llamado «señor llamarada»: Manolo Muñoz. A poco de darse a luz, Muñoz graba (en 1976) lo que será —al menos en México— su tema epónimo. De la autoría de colombiano universal Jorge Villamil, Manolo logra gracias a su flexible voz una «Llamarada» que da bienvenida correspondencia a aquellas «Espumas» (también de Villamil) de nuestro Solís. Aquí pues un paréntesis musical para aplaudir al buen Muñoz.

Heredero cabal de las glorias de Jalisco, Muñoz entiende que lo mejor es abrir camino a su manera pero a la altura: es el primer solista rocanrolero que graba en español a los nacientes clásicos del rock de los sesenta. Así, bien mirado, no desentona en nada al lado de Javier en —ya la platicamos aquí— la película Un callejón sin salida (1964), ahí, jovencísimo y a sus anchas, nos muestra de qué puede ir su arte.

Pasan años, más churros de películas y versiones en español de canciones en inglés, caravanas artísticas, venidas e idas, y llegan los 70 con contados intérpretes de la talla de la otrora pléyade. Manolo sigue ahí, en solitario pero acompañado ya de Guzmanes, Costas y Vázquez, compartiendo la lánguida escena musical. Ni el bolero o la ranchera tienen la fuerza de antes, y es la balada (y la fotogenia) lo que reina sin par. Surge la llamarada.

Con unos arreglos (de Moisés Ortega) que prescinden del original pasillo colombiano, es la voz de Muñoz lo que catapulta y enciende. (Todavía más, en el disco homónimo se hallan otras joyitas que sin duda hacen eco de la valía de la luz de Manolo.) La canción, cuenta su autor, nace tras la historia de amor de una pareja donde, recién casados, él —doce años mayor que ella— tiene un desliz con la hermana (de ella) y con todo siguen juntos, y no es sino años después que rompen y entonces Villamil escribe, en 1972, su espléndida «Llamarada».

La letra tiene, podemos decir, dos versiones, la colombiana y la mexicana. La primera, desde luego, es la del autor tal cual, hela aquí:

«Llamarada» (Jorge Villamil)
Necesito olvidar
para poder vivir,
no quisiera pensar
que todo lo perdí;
en una llamarada
se quemaron nuestras vidas,
quedando las pavesas
de aquél inmenso amor,
y si no he de llorar,
tampoco he de reír,
mejor guardo silencio
porque ha llegado el fin,
lo nuestro terminó
cuando acabó el amor,
como se va la tarde
al ir muriendo el sol.
Siempre recordaré
aquellos ojos verdes
que guardan el color
que los trigales tienen;
a veces yo quisiera
reír a carcajadas,
como la mascarada
porque ese es nuestro amor,
pero me voy de aquí,
te dejo mi canción;
amor, te vas de mí,
también me voy de ti,
lo nuestro terminó,
tal vez me extrañarás,
también yo soñaré
con esos ojos verdes como mares.

En la versión de Muñoz (la «mexicana»), amén del cambio del tempo, no se ha de morir y, el cambio mayor, se acaba la luz. Como fuere, ahí están los heptasílabos y, sobre todo, ese precioso endecasílabo final.

Como antes lo hiciera Javier, Manolo voltea a los maestros compositores y —ya se oye— en ese disco Llamarada (y la propia canción) interpreta con una apuesta (mejor no se puede hablar de ello, se sabe, con don Manolo) total a su voz. Conocedor del entonces juego, Muñoz pone su resto en la «Llamarada», y lo que sigue es historia: los 70 son de los baladistas y detrás de Muñoz, junto con José José, un grupo variopinto de cancioneros se darán a la tarea de, algunos, cantar.

Quizá podemos decir que esta es una de las canciones que sin problemas estaría en el cancionero javiersolista, no fue posible y está ahí presidiendo el recuerdo de Manolo Muñoz. Está muy bien, es la fecha que no encuentro mejor intéprete. Y es que, si bien no hace mucho Pepe Aguilar la grabó garbo con mariachi y Carlos Cuevas la canta regio, el sello de Manolo sigue siendo molde de esas y otras tantas versiones (aunque hasta eso no son muchas: no es cualquier canción para echársela al hombro).

De mariachi, por cierto, Aguilar no fue el primero: Muñoz, claro, lo hizo, y aquí un botón en vivo:

Y aquí la original del muy señor... «Llamarada»:

 

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Tue, 25 Oct 2011 07:16:00 -0700 Javier Solís es el muerto http://solismania.net/javier-solis-es-el-muerto http://solismania.net/javier-solis-es-el-muerto
A don Lorenzo

Ya sólo canta las de Infante. Don Levas quería hacerla de payaso pero la risa ya no le daba y decidió ser vagabundo. Eso sí, de vez en vez chifla las de Solís ¡y claro que le salen rebién! Una vez por poco y hago que cantara una… pero le ganó la nostalgia. Es más, las de Infante más bien las tararea.

Recuerdo aquella noche tras su actuación en Tijuana, nos colamos tu padre y yo a los camerinos y enseguida me reconoció. Me saludó como cuando chamacos y —a saber por qué— ahí luego luego me agarró de cómplice. «Dile a tu chavo que se vaya a ver a las bailarinas, tengo que pedirte algo muy importante», me dijo. Ya solos, yo todavía quería bromear con él al ver la cantidad de chamacas que esperaban en la puerta, « ¡qué bárbaro, quién te viera, allá en la colonia repartiendo la carne y ahora no te das abasto con tanta!». No estaba de humor y me explicó su plan. «Caray, tú sí que te tomas muy a pecho eso de las sombras», dije, e insistió con los detalles del plan. «Será pan comido, si ya ando malo desde hace tiempo con tanto trabajo que me cargan», dijo con amargura, «tú solo te metes en la clínica y que todo sea como de película, y no te olvides de los hielos». Hice lo pactado y dejé que todo tomara su curso.

Años después, cuando tú ya tenías unos siete u ocho, lo volví a ver y creo que hasta tú también. ¿Te acuerdas de aquél teporocho que te sacó la pistola nomás porque te le quedaste viendo?, pues el de al lado, el que se la bajó y disculpó con tu padre, era Javier, digo, don Levas, que a partir de ahí volvió a andar sin compañía (como cuando dicen que se le veía en Garibaldi). Ni tu papá lo reconoció, con esas barbas pues ni quién… pero yo sí: los amigos se reconocen hasta sin cara. Por la noche de ese día lo encontré y —como otrora acordamos— no pregunté nada de aquel abril, le invite un taco y si te vi ni me acuerdo.

Tú sabes que yo siempre le fui más al Pedro y nunca te dije por qué: es que de esa manera evitaba al mentado Javier. Y mira, ni cuando lo escuchábamos juntos te diste cuenta de lo mucho que tengo que ver con Levas. Claro: Levas, así será siempre para mí, si desde escuincles le decía así, qué acocil o yaqui ni qué ocho cuartos, ¡Levas!, ¡don Levas! Bien ganado ese Levario por su tío Valentín (que no por su madre, eh). El don se lo dije, me acuerdo, en una de esas caravanas Corona donde fui una vez con tu abuela y hasta me la chuleó el condenado: « ¡no se mande, don Levas, no se mande!». ¡Cómo nos reímos!

Todo esto para mí es una confesión, ni tu abuela sabe lo que hice, pero tengo la conciencia tranquila. Esa infancia con la palomilla y con el Levas da licencia hasta para jugar con la muerte. Tacubaya nos quedaba chica y a aquél más. Levas todo el rato cantaba, a veces hasta con los puños. Fíjate que le vino bien el Solís: desde siempre era cosa aparte. Las últimas veces que lo vi en la colonia él ya estaba agarrando camino por la artisteada. «Qué suave, Levas», le dije una tarde, «ojalá que te vaya muy bien y en una de esas hasta al Pedrito le llegas». Y ya ves…

No sé si eso era parte del plan, lo único cierto es que ya estaba muy cansado de tantos churros de películas y de tantas grabaciones. ¿Cantar? ¡Claro que le gustaba! ¡Para eso nació! Pero, caramba, esa vida de arriba a abajo con cualquiera acaba. Hizo bien el Levas en matar al Solís: sólo los muertos nos seguirán hablando y cantando de cerquita. Tú lo sabes ya, ¿cuántas veces habrás leído estas líneas?

A meses de mi muerte me dijiste que un día ibas a escribir sobre Javier. No te dije nada, más bien me puse a pensar en estos párrafos. ¿Sabes a quién le conté? A Levas, por supuesto. Lo vi otra vez, caminando recio, como si el tiempo se hubiera detenido en él, le platiqué un poco de mis achaques y de ti (con él ya sólo se habla de la muchacha que pase al momento o del perro que alimentó el día anterior); me dijo que qué gusto, que no se nos olvidara hablar de los compositores y que no nos metiéramos en su vida personal, que para qué. «No, si es cosa del muchacho nada más», le aclaré. «Ah bueno, mejor aún», dijo.

Así que aquí tienes, me declaro culpable de la muerte de Solís. A quién le importa, ni a ti ni al Levas ni a los que lo vean pasar. No te preocupes en buscarlo, ¿a poco crees que podrás dar con él? Qué va, así como solo se hizo de un nombre, también así puede deshacerse de uno o más. Porque yo, como te cuento, únicamente hice lo que él me pidió, lo que él cuidadosamente trazó, yo solamente estuve a las vivas de que no se nos pasara la hora, y entonces sí se nos muriera el muerto; afortunadamente, en la segunda parte del plan, burlamos con facilidad a la gente que aún merodeaba el lugar y aquella madrugada además de mí salieron otros dos del panteón: Levas y su sombra. Apenas llegamos al Camino Real de Minas nos separamos y no lo volví a ver sino hasta aquella vez del teporocho.

La última, por cierto, fue antes de que me internaran en el hospital (que es de donde ahora te escribo esto). Me dijo que se iba a Sonora, ya sabes cómo siempre le llamó esa tierra, le deseé suerte y lo vi alejarse por la calle del pueblo, mascando hielo, cargando con el muertito.

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Sun, 23 Oct 2011 11:27:00 -0700 «Atino bolero: llórelo, bonita» http://solismania.net/atino-bolero-llorelo-bonita http://solismania.net/atino-bolero-llorelo-bonita

A ella, la mía

La sentencia (y también palíndromo) es para una voz javiersolista. Así le dije a su autor, Pedro Poitevin, y tomo pues la oportunidad para hablar de una canción que está a punto de cumplir los setenta años de edad y sigue manteniendo la lozanía con la que nació: «Bonita».

Engendrada en 1942, disco de oro en 1945, inmortalizada en 1947 en Músico, poeta y loco con Tin Tán enamorando a Meche Barba, la canción debe por igual a Luis Arcaráz (música) y a José Antonio Zorrilla Martínez (letra). Aquél, quizá por la fuerza de su orquesta, suele llevarse todos los créditos y, de hecho, acaso como homenaje póstumo Javier Solís (le) graba en 1963 ese tremendo disco Prisionero del Mar, incluyendo una constelación de canciones inolvidables (algunas ya revisadas en esta bitácora), con «Bonita» una de sus mejores, por supuesto.

El yucateco «Monís» Zorrilla por suerte sí logra dar cuenta de tal grabación de Solís… y a saber si secunda o no aquella afirmación de Arcaráz sobre «Bonita» y —dicen que dijo— «su mejor interpretación por Tin Tán».

Sin duda, no hay entre 1947 y 1963 una versión mejor que la del entrañable Pachuco: Arcaráz tenía toda la razón… ¿pero qué tal a partir de 1963?

A veinte años de nacida, Javier nos regala la otra mejor interpretación de «Bonita»; sólo alguien a la altura de Tin Tán, pues, pudo llegar con el mariachi y pedir hacer pedazos el espejo. Aquí habrá que detenernos en la letra de Zorrilla: si bien la orquesta de Arcaráz es insuperable y en mucho ayudó a aquella interpretación de Tin Tán, con el mariachi al lado el reto era mayor, y solo Solís ha podido con él: fue sobre todo con una «vuelta a la letra» que logra tan magistral interpretación. Hela aquí con su letra:

03_Bonita.mp3 Listen on Posterous

«Bonita» (Arcaráz y Zorrilla)
Bonita,
como aquellos juguetes
que yo tuve en los días
infantiles de ayer.
Bonita,
como el beso robado,
como el llanto llorado
por un hondo placer.
La sinceridad
de tu espejo fiel
puso vanidad
en ti;
sabes mi ansiedad
y haces un placer
de las penas que tu orgullo forja para mí.
Bonita,
haz pedazos tu espejo,
para ver si así dejo
de sufrir tu altivez.

Solís atina en cada frase, las sopesa y entonces los versos de Zorrilla vuelven, digamos, a su estado natural: la poesía. Quiero decir que esta vez aquel swing, aquel big-band de Tin Tán y Arcaráz son reemplazados por un implacable bolero, un mariachi, un Zorrilla y Solís.

Tomemos como ejemplo la segunda estrofa, esa muy redonda, muy honda, donde Javier frasea al centavo y en verdad recita cantando como nadie (con un hondo placer). Luego, lo mejor, la ternura que impregna al tercer bonita es de una naturaleza afortunada; está a punto de pedirle lo más a la bonita y lo hace con la voz al cuello: haz pedazos tu espejo. Decía de la letra de Zorrilla y este es uno de los heptasílabos que compiten con la bonita misma. Ese espejo es en realidad el protagonista de la canción, es por él que la bonita existe (y acaso todas); de ahí que, creo, Solís soltara un acertado «¡qué va!»: si de tan solo espejos se tratara… Bonita se sabe, bonita se es (y llorar es bueno).

A dos años de los cincuenta de aquella grabación, aún no hay quien la empate o supere. De Tin Tán a Solís «bastaron» quince años, ¿será tan difícil con tales antecedentes? Lo dicho, no es que Javier superara a Tin Tán, más bien él entendió por su cuenta a Zorrilla y Arcaráz y fue así que nos legara tal joya. Han pasado lustros y un etcétera de cantantes se han limitado a las meras réplicas (pasando por desafortunados cambios de letra en Bellas Artes cortesía de A. Fernández, i.e., «de tu espejo cruel»).

Así, he aquí una muestra (más) de lo exclusivo que gente como Zorrilla, Arcaráz y Solís pueden lograr. No queda sino recordar, reconocer y aplaudir… Llórelo, bonita.

¡Qué va!

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Tue, 04 Oct 2011 06:06:00 -0700 La Alegoría de la Venegas http://solismania.net/la-alegoria-de-la-venegas http://solismania.net/la-alegoria-de-la-venegas

A mi par de abuelas

Toca el turno de invitar a este espacio a Julieta Venegas y su acordeón. Si Solís se dijo algunas veces norteño, Julieta Venegas más bien lo grita, y qué bien que le sale. Van estas líneas como una bienvenida a la frescura que gente como ella sabe impregnar en letras e interpretaciones.¿El botón? «Los 100 años de la abuela».

Enseguida pensaremos en Chava Flores y su tertulia —y quizá en su México de ayer—, o bien, sencillamente, la tomaremos para el anecdotario. «Los cien años de la abuela», sin embargo, merecen una detenida atención (junto con Julieta, claro).

Editada independientemente (?), la canción es parte de un recopilatorio de, dicen, temas inéditos: Nuevo y Raro (2008). Circula por la red y es ahí donde atrapo estos casi siete minutos de Venegas y su acordeón. Son una joyita (que es como podemos llamar sin reparo a esas «anécdotas» rebasadas por tantas buenas y malas historias). Es, sobre todo, una alegoría —¿dije atrapo o atrapado?

El cumpleaños de la abuela Rafaela sirve de motivo —que no pretexto— para el recuento de la Venegas. (No puedo evitar abrir este paréntesis para mi particular Rafaela, quien sin duda espera a que su colega lo cierre, y ambas me sigan siendo; sea.) No escuchamos la fiesta en sí ni al mero recuerdo (de algún ayer de México), Julieta nos ofrece en seis estrofas (y su pilón) lo que México es por lo que ha sido. Mejor dicho, lo que gente como ella y su —ya escuchamos— maravillosa parentela es por lo que fue. En una canción estamos en el centro de una familia y somos uno más de esta.

Gracias a la autora podemos advertir la algarabía, los modos, las viandas, los dimes y diretes de los tiempos que ocurren en México. He dicho recuento pero en realidad Venegas cuenta, narra, cantando. Así como Rubén Blades logró hacer una rica salsa con la biografía de Pedro Navajas, la de Tijuana nos regala (y a la abuela) cien años y poco más en vastos minutos. A la luz —ecos dirán algunos— de Chava Flores, José Alfredo, corridos y acordeones, la cantante compone y proyecta su voz con total frescura. Sin lamentos o carcajadas, los años de la abuela están llenos de bievenidos y acertados guiños (que uno es quien sabra cómo tomarlos). La cantante, quiero decir, intérprete, cancionera cabal, se limitó con creces a su labor.

Aquí el archivo musical y, debajo, la letra de la canción:

16._100_años_de_la_abuela.mp3 Listen on Posterous
«Cien años de la abuela» (Julieta Venegas)

Fuimos al rancho a ver a mi abuelita
que con orgullo su cumpleaños festejó;
pa' celebrarlo reunió a toda la familia
en el ranchito que con mi abuelo fincó;
en el pastel pusimos cien velitas
y de un soplido todititas apagó.
Tomamos fotos
de toda la familia:
los padres con sus hijos,
que son nietos de la abuela
y sus hijos son bisnietos,
y hay también tataranietos
y hasta el perro se coló.

Cuando cantamos las alegres «Mañanitas»
de sus ojitos rodaron dos lagrimitas;
el tío Lorenzo se sentó a tocar el piano
y de un estuche sacó Félix su acordeón;
bailamos valses, jarabes y hasta jota,
también la polka de puntita y de tacón.
De la cocina
escapaban los olores
de chorizo con frijoles,
asaderos, chimichangas,
guacamole y nopalitos
para comer en taquitos,
agua y nieve de limón.

¡Ah caray, cómo ha crecido su familia!,
le dijo el cura a mi abuela Rafaelita,
seguramente suman más de ciento veinte
más nueras, yernos y consuegros de pilón;
también vinieron los compadres, los ahijados,
más los vecinos y el vaquero Filemón.
La abuela dijo
que cuando era chiquilla
andaba Pancho Villa
tirando de balazos
y agarrándose a trancazos
por la sierra en su caballo
pues había revolución.

Cuéntame, abuela, ¿conociste a Pancho Villa?,
¿había bosques en ese cerro pelón?,
¿cuánto costaba el kilo de tortilla
y qué veías si no había televisión?,
¿a qué jugabas si no tenías Nintendo,
computadora, patineta y compact disc?
Cuéntame, abuela,
del rancho y de mi abuelo,
¿cómo eran las ciudades
sin autos ni edificios,
sin luces mercuriales,
sin plazas comerciales
y sin contaminación?

A media tarde comenzó a abrir los presentes
que en una mesa se apilaban por montón;
quiero ver todos, sobre todo el más grandote,
y el más chiquito y el de en medio, por favor;
ábrelos pronto, abuelita, estoy ansiosa
pues casi llegas al que yo hice para ti.
Había perfumes,
aretitos y peinetas,
jaboncitos perfumados,
chocolates envinados
en cajitas arreglados
con moñitos adornados
y estos versos que escribí.

Cuando era tarde muy cerca de las doce
a los chiquillos nos mandaron a dormir,
antes pedimos a la abuela nos contara
de mi abuelito que del pueblo fue sheriff,
de sus andanzas por la sierra en su caballo,
arreando vacas de Agua Prieta hasta Tucsón.
Quiero aprender
canciones de zarzuela,
bailar como tu abuela
al compás de la pianola
pues no había sinfonola
ni sonido en grabadora
en los bailes de carquís.

Cuéntame, abuela,
de nuevo esas historias
de vaqueros y de apaches,
de españoles, irlandeses,
chinos, yaquis y franceses,
que fundaron estas tierras
donde yo mero nací.

 

Escuchamos primero —amén de las Mañanitas— una introducción que rinde homenaje, por un lado, a «Las otras Mañanitas» de Chava Flores en la grabación de Infante, y, por otro lado, a esas diarias reuniones donde cantantes amateurs pretenden por segundos ser la reencarnación de aquel Pedrito. Luego, el grito norteño de la Venegas avisa por dónde irá la cosa. Estamos ya en el campo fértil sembrado de velitas, música, baile, comida, gorrones, revolucionarios, modernidad, regalos, migrantes, en fin, pasado y presente. ¿Futuro? Helo ahí todo contenido: ¡viejos los cerros… y reverdecen! —nos avisó Julieta.

Evito pues entrar en detalles con la letra. Los versos me parecen al centavo y por tanto con un justo peso. Si en un baile de carquís podemos echarnos un guacamole con todo y trancazos, oyendo un compact disc haciendo de sinfonola, es que algo ha ocurrido ahí mero, en el crisol de, entre otros, apaches, chinos y yaquis.

Julieta Venegas sabe de todo esto. Ahí nació, cien años —y más— la respaldan, así como a su abuela, que qué bien de su orgullo al festejar. De eso se trata, de contar con ello. Cuéntanos de nuevo, abuela. Cántanos de nuevo, Julieta.

¡Qué va!

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Thu, 01 Sep 2011 03:01:00 -0700 Apenas ochenta años http://solismania.net/apenas-ochenta-anos http://solismania.net/apenas-ochenta-anos

Fue así como el maestro Borges comentó de sus ochenta en aquella entrevista con Joaquín Soler en el programa A Fondo (precisamente en 1980). Hoy, primero de septiembre del 2011, Solís también pudiera decirlo.

Es cierto que en la patria de Javier lo que suele recordarse más es la muerte del ídolo (y para muestra basta un Infante), con Solís —podemos argumentar— la persona nació Gabriel y murió Javier, de ahí que sea la muerte la efeméride. ¿Cuántos años, incluso, el cumpleaños habrá sido exclusivamente de Gabriel? A diferencia de Pedro o Jorge, Javier tuvo que nacer dos veces. No es pequeño detalle: el ídolo que se hace desde el nombre y no del todo desde la cuna. No será sino hasta sus veinte y tantos cuando el cancionero opte finalmente por el seudónimo.

Borges, dicen, bromeaba (sin conocer al político homónimo del «charro» aquél) con lo difícil que podría resultar su Jorge con el Borges. A Gabriel Siria le buscaron no tanto la facilidad pero sí la originalidad y musicalidad. El ídolo estaba por nacer. No es del todo claro cómo se llegó del Gabriel Siria al Javier Solís, pero sí se sabe del paso intermedio, Javier Luquín, nombre que poco o nada auguraba la unicidad de la voz del oriundo de Tacubaya. Como fuere, de Luquín se llegó a Solís y quizá el Javier representó el subrayado de aquel Gabriel. Justo en el blanco. Apenas Solís.

¿Y qué se le puede regalar a Javier?

Volviendo a Borges, hace una semana la gente de Google le homenajeó en su 112° aniversario del natalicio con un acertado logotipo (doodle). Hasta ahora con Javier los homenajes, como con otros tantos íconos artísticos en México, se han limitado a «ediciones especiales» de discos que, en realidad, no son más que meros recuentos (recopilaciones) de lo hecho en su momento por el propio artista. Es decir, que con los antecedentes que conocemos para con Javier, un disco más de esos —sin mayor aporte de creatividad (como por ejemplo la de un logotipo de Google)— será lo único que podemos esperar.

Pensé en esto hace algunos días cuando volví a escuchar el cedé de A 40 años… Me recordarás (Sony 2006). Lo escuché pero también lo vi. La gente de Sony Strategic Marketing (ello ahora lo tomo como ironía) tuvo la idea de hacer lucir el cedé como un disco de vinilo… y ya, el resto fue un copiado y pegado —«diseño de arte», reza en el interior— de fotos (de portadas) que, en la portada, muestran a Javier harto colorido y «conceptual». En su momento, recuerdo, al ver ese cedé à la vinilo creí que al menos ya había un atisbo de verdadero recuerdo y homenaje. Me equivoqué.

Dije volver a ver el cedé en cuestión porque lo comparé con uno de Vladimir Horowitz, Horowitz Plays Scarlatti (Sony 2010), en el que los productores también quisieron mostrar del todo aquellos años de gloria de los discos de vinilo (amén del contenido en sí, claro, que por cierto es contemporáneo de Javier: la grabación original es de 1964). Es una pasada, dirían los ibéricos, incluso la textura del cedé se asemeja a la de aquellos disos. Eso me lo pueden creer o no, pero aquí están las fotos (de ambos cedés).

También, véase, están las portadas. Observen cómo en la de Horowitz hay la sencillez suficiente, marco idóneo, para lo que el consumidor quiere escuchar. Y ni hablar del interior, ahí hay la acertada inclusión de la (copia de la) contraportada original que incluía, caray, notas del productor, mismas que se reproducen en páginas separadas para una mejor lectura. Aquí la parte encargada de Sony es Classical Originals, quienes afirman que los discos contemplados «son parte del legado cultural del Siglo XX», así, la idea es «recapturar la fascinación de grabaciones legendarias», incluyendo lo original (etiquetas, portadas, texto, etc.) más una cuidadosa restauración, todo para tener al final, concluyen, «únicos documentos en la historia del sonido grabado». Redondo como el disco mismo.

La compra de cedés aún existe (y que le pregunten a la piratería en calles de la Ciudad de México), y si bien el formato emepetres gana terreno, el mercado discográfico sabe que todavía quedan los clásicos (como Horowitz o, lo digo sin empacho*, Solís). Comparar, por ejemplo, esas dos superficies y ver que en una de ellas hay esmero y en la otra ramplona imitación, no es regalo que se pueda dar en conmemoración alguna. Apenas si Solís.

¿Qué se le puede regalar a Javier? Eso, mayor cuidado y atención: pleno reconocimiento de su trabajo. Intérprete cabal, no hay discusión de lo que aquél Gabriel supo regalar —con creces— al dar nacimiento al cancionero Solís. Javier le tiene una gran deuda.

¡Feliz cumpleaños, Gabriel!

04_En_Tu_Dia.mp3 Listen on Posterous

*Igual que un Pepe Aguilar que, se sabe, afirmó: «si viniera un marciano y estuviera en mis manos enseñarle la música mexicana, le pondría a Javier Solís… la mejor voz que ha existido.»

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Mon, 29 Aug 2011 07:36:00 -0700 Solís en breve, faster! http://solismania.net/solis-en-breve-faster http://solismania.net/solis-en-breve-faster

Una vez más los oficios de los javiersolistas sorprenden (no así a ellos, acoto). Resulta que ahora Javier, por la radio, nos canta —otra vez— para el cine. Un avezado Roberto Hernández pasa el dato en el JavierSolisClub2 y, claro, no queda sino escuchar a Solís.

La película Faster (2010) protagonizada por Dwayne Johnson (the Rock) hace que éste en su papel de justiciero vengador (en España la peli se llamó Sed de Venganza) atrape a Solís en la frecuencia de la radio. La escena es en un auto y el conductor (Johnson) es el vengador que va en pos del asesino de su hermano. Navegando la noche, y antes de cambiar la emisora por una de —ya lo sabrá solo él— prédica evangelista, se escucha (y solo eso) un ya mítico, «mi cabello blanqueó y mi vida se va, ya la muerte me llama…», que resulta vaticinio. Se sabe: nada es gratuito con Javier.

Es decir, que hasta en segundos Javier tiene para dar y regalar. ¡Qué va!

PS. Ya lo dijo el poeta: Déjeme con Solís.

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Fri, 15 Jul 2011 11:32:00 -0700 Play it, Solís, play! http://solismania.net/play-it-solis-play http://solismania.net/play-it-solis-play

Acaso en lugar de bailar, Rick e Ilsa hubieran estado como Emilio y Patricia: sentados en la barra del bar de algún cabaret citadino, escuchando a Javier Solís con orquesta. Apagadas las luces, él con cigarrillo en mano y ella haciéndole compañía con una copa, Solís se acercaría a la pareja para subrayar alguna de las notas de Alberto Domínguez… y quizá Guillermo Cabrera Infante hubiera escrito algo más de su bolero preferido: «Perfidia».

Infante_01_body

El cubano nos recuerda tal joya mexicana —«tropicalizada» (?) cada vez más en sus variadas interpretaciones— en unas líneas de su Holy Smoke (1985). Ahí deja clara su predilección por «Perfidia», frente a la mítica «As time goes by» (Hupfield, 1931), y también, al fin nuestro Infante (pun intended), por la versión en español del oriundo de la Pérfida Albión, Sir Cliff Richard y su porfiria. Además de Casablanca (1942) la canción se escucha, nos cuenta Cabrera Infante, en Now, voyager (1942), The Conspirators (1944) y The mask of Dimitrios (1944); en ninguna tiene lugar privilegiado, ni falta que hace: «Perfidia» no puede pasar inadvertida y, así sean segundos en pantalla, de inmediato se reconoce su cuerpo —de mujer, claro— y se tararea o, mejor aún, como atinadamente se dice en inglés, hum (the song).

Pero Javier es Solís. Dos veces interpretó la canción (en película y en disco) y bien pudo ser la versión favorita de nuestro aludido escritor (quien, dicho por él mismo, de las canciones cubanas su favorita era esta mexicana). O quién sabe, pues Javier no optó por el tempo que suele procurarse en «Perfidia» (sobre todo cuando es instrumental), al contrario, fiel a su estilo, personificó e interpretó al amante incomprendido. Como otrora, i.e., poco más de 150 años antes, en la letra del aria para «Ah! Perfido» (1796) de Beethoven, Solís también primero arremete para después añorar todavía más a su amor . (Por supuesto, no me sorprendería que Domínguez se hubiera inspirado, por qué no, en el pérfido para su pérfida.) La letra ha tenido, además de aquella enfermedad de Sir Richard, sus modificaciones (incluso en el par que Javier graba). No logro dar con la «original», así que tomo como base una grabación de Emilio Tuero (no el Emilio de arriba, claro) que dice así:

PERFIDIA (Alberto Domínguez, 1939)
Nadie comprende lo que sufro yo,
canto, pues ya no puedo sollozar;
solo temblando de ansiedad estoy,
todos me miran y se van…
Mujer, si puedes tú con Dios hablar,
pregúntale si yo alguna vez
te he dejado de adorar,
y al mar, espejo de mi corazón,
las veces que me ha visto llorar
la perfidia de tu amor.
Te he buscado dondequiera que yo voy
y no te puedo hallar,
qué me importan otros besos
si tus labios no me quieren ya besar,
y tú quién sabe por dónde andarás,
quién sabe qué aventura tendrás
que lejos estás de mí.

Solís prescinde de una conjunción y hace un par de bienvenidos ajustes. En la película Un callejón sin salida (Rafael Baledon, 1964) —de la que podemos prescindir hablar en detalle, con todo y Emilio Fernández (Emilio, claro), Sonia «la chamaca de oro» López (Sonia, claro), una guapa Evangelina Elizondo (Patricia) y un jovencísimo Manolo Muñoz cantando en español (versión de Rafael Hernández) el «Oh, Pretty Woman» (de Roy Orbison)— Javier hace esto:

JS_Perfidia.mpg Watch on Posterous

Escuchamos pues que evita el hiato (?) de «y al mar» y, lo mejor, cuestiona más bien los otros labios si la boca —de ella, se entiende— no lo quiere ya besar (cf. besos-labios-besar). En Nueva York, y de esto uno sí que no puede prescindir, Javier graba con los mismos arreglos (de Chuck Anderson) una versión de antología con solo una diferencia de la ofrecida en la película (donde, por cierto, es Rubén Fuentes el asesor musical): dice tanto en lugar de canto, que no está mal: después de todo la perfidia motiva así de tanto. Lo mejor, decía, es esta versión de «Perfidia»: muy cuidada, muy querida, que no queda sino escucharla ahora mismo…

02_Perfidia.mp3 Listen on Posterous
… y volver a Cabrera Infante después de esta cortina de humo, pues la verdad es que yo solo quería mostrar este trío de estampas (del Archivo Editorial Clío) y escuchar, naturalmente, a Solís. Puro Javier.

Es Solís y, reza el pie de foto (de la publicación El Señor de Sombras, Coria, Clío 1995), sus gustos sencillos: cenar un bizcocho con café y puro de sobremesa. Qué va, Cabrera Infante también hubiera escrito algo.

 

NB. El repertorio javiesolista incluye dos canciones más de Alberto Domínguez: «Eternamente» (en Enamorado de ti, 1961) y «Tormento» (en Un año más sin ti, 1964).

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Tue, 28 Jun 2011 16:20:00 -0700 Ya no tienen juicio http://solismania.net/ya-no-tienen-juicio http://solismania.net/ya-no-tienen-juicio

San Miguel Canoa despierta aquella mañana del 14 de septiembre de 1968 y lo hace con Javier Solís en los altavoces del pueblo. Primero con una dedicatoria muy personal y después con una más bien pública. Santiago Arce —pagando 25 centavos— dedica con todo cariño a la señorita Josefina Luna la pieza El pecador (Alejandro F. Roth y Mario Molina Fuentes), mientras el cura del pueblo explica a su ama de llaves cómo ellos, los ateos, irán a buscarle y quedarse con el pueblo. Luego, Solís vuelve a sonar con Las rejas no matan (Tomás Méndez) para Pablo Arce, para que se acuerde pues nomás anda dando vuelta y no les paga lo que le toca, y he ahí a Nicolás Sánchez tirado de tanto neutle y encuerado y a la espera de la esposa con costal y carretilla para cogerlo, y un grupo de parroquianos charlando de religión, mentadas, medicinas y preparativos de ese su día.

Es Canoa (Cazals, 1975) y son escenas donde, lo dicho, Javier canta y acaso hace segunda a las voces de los personajes. El cura, un magistral Enrique Lucero, subraya su espontáneo sermón mientras, en el fondo y al unísono, Solís cierra su plegaria. La segunda escena (seguida de esta primera) es a su vez la segunda parte de esa cotidianidad: «si hasta en mi propia cara coqueteabas, mi vida,… y yo preso por ti,… ¿qué rumbo tomaste, mi vida, qué puerta a tu paso se abrió?», «¿la religión?, qué te la van a quitar, ¿de 'ónde?, esa no te la quitan, ¿pero pues tus centavos?». Al final, es el testigo de los hechos, primerísimo actor Salvador Sánchez, quien nos enfrenta: «el pueblo trae susto ya de anterior… de veras feo».

Película polémica, sin duda, pero sobre todo buena, muy buena (de las 100 mejores, dicen los que saben, del cine mexicano), y Solís toma parte de ella. Aquí, me parece, es el oyente atento quien reparará en el detalle de la selección: no es gratuito. Apenas a dos años de la muerte de Javier, es seguro que Solís sigue en los sonidos diarios de la época, incluso, ya se ve, en esa vida rural de entonces… mas no estoy cierto en que sea precisamente con canciones como esas, es decir, un pecador que tuvo que esperar a Alberto Vázquez para «pegar» (precisamente en aquellos finales de los sesenta donde, además, y a inicios de la década, la graban a dueto [1963] Marco Antonio Muñiz y Miguel Aceves Mejía), y unas rejas que competían con aquellos otros últimos hits de Solís en vida (e.g., Sombras, Payaso, Renunciación). Quedan dos opciones (en una) que explican mejor el porqué de este par de joyas: la mano del director Cazals y el hecho de que, ojo, ambas forman parte de aquél disco de antología Rancheras con Javier Solís (CBS, 1966). Un vecino de Canoa es el encargado de la programación musical del pueblo y nada más natural que un disco de Solís a la mano… así como un par de selectos temas para tan aciago día.

Dejo aquí los dos temas en cuestión,

03_El_Pecador.mp3 Listen on Posterous
10_Las_Rejas_No_Matan.mp3 Listen on Posterous

y el link a las escenas de la película (donde también pueden, siguiendo las respectivas ligas, verla en línea). Que se oiga Javier, que a veces no queda sino sólo eso.

 

NB. Es gracias a Daniel del JavierSolisClubYahoo que vuelvo a estos temas (i.e., Javier en películas), y es también por su sugerencia que van estas líneas. Sea pues, lectores, que vengan las voces,  ¡qué va!

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Fri, 17 Jun 2011 13:56:00 -0700 Palíndromo javiersolista http://solismania.net/palindromo-javiersolista http://solismania.net/palindromo-javiersolista

Sí, los anagramas amargan a Solís.

por Cachito en ☞ Twitter ☆

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Sun, 29 May 2011 05:52:00 -0700 ¡Quiero! (el Pirulí dixit) http://solismania.net/quiero-el-piruli-dixit http://solismania.net/quiero-el-piruli-dixit

Dos años ha que invitamos a Víctor Yturbe «el Pirulí» para interpretarnos —versión estudio-campirana— un popurrí javiersolista. Recién, selectos lectores, el canal de youtube VictorYturbeTV nos pasa nota de su reciente video en la red: el Pirulí en vivo y a todo color interpretando a Solís. Ello como parte de aquél programa de televisión Un canto desde Guadalajara, aquí el video (que incluye la introducción-presentación del programa, y a un espontáneo durante el show):

a partir del minuto 1:46, el Pirulí canta: Llorarás, Esclavo y Amo, Entrega Total, Qué va y Sombras. Qué buen combo, ¡quiero!

 

Ahora sí podemos del todo dar cuenta de la gracia y sentido cantar del Pirulí. De los pocos —y acaso ya se dijo y se sabe— que dieron su lugar en todo momento a Solís, y al resto de la pléyade de intérpretes de rancheras y boleros. Yturbe fue —junto con José José— de aquellos primeros intérpretes que procuraron una transición a la balada sin olvidar la deuda con el bolero. Es decir, sabía cantar y, sobre todo, lo demostraba cuando había que «volver» a los clásicos, entonces aprovechaba para, sin menoscabo de éstos, refrescarlos y, a final de cuentas, brindar otra versión muy suya y muy a la altura. Se agradece y se aplaude. ¡Qué va!

*Aquí (de nuevo) la versión de estudio, tomada del cedé «Tríos y Rancheras, Vol. 2»:

2-10_Popurrí_Solís.mp3 Listen on Posterous

 

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Sun, 15 May 2011 15:13:00 -0700 Lo que fue no será http://solismania.net/lo-que-fue-no-sera http://solismania.net/lo-que-fue-no-sera

Si hay algo que los seguidores de Solís podemos envidiarle al llamado "Charro de Huentitán", es una sola cosa: la grabación del disco Toda una época (CBS, 1977). Mejor dicho, la selección de canciones (algunas más bien poesía) de toda esa época, una, por cierto, anterior a la de Javier, por lo que vale la acotación de ser acaso —salvando distancias— la segunda parte de aquél también maravilloso disco Añoranzas (1958) —que incluyó doce joyas ya consagradas de apenas, digamos, no más de una década de edad.

Toda una época, su repertorio, no le pide nada a cualquier otro disco del género (e incluso de otros). Por supuesto, la interpretación de Fernández es otro boleto y aquí no interesa ni vale la pena comentar. La valía del disco es, insisto, la propuesta del recuerdo y el reconocimiento de aquellas joyitas que, en comparación con las incluídas en Añoranzas, suelen pasar inadvertidas en la memoria musical de entonces y ahora.

De principio a fin —y pese a la voz— las letras de «Santa», «Redención» o «Frío en el alma», nos hablan de un tiempo en el que el compositor procuraba en gran medida la poesía (y no será sino hasta José Alfredo en que, a mis ojos, esto volverá a ocurrir); así, por ejemplo, con endecasílabos y alejandrinos, resuenan las notas —la música, claro, es cómplice cabal— que subrayan, atención, a un bolero ranchero.

Si Javier se encargó de consolidar y encumbrar al bolero ranchero, resultaba natural que entre sus trabajos se incluyera algo como Toda una época. Imaginar la voz de Solís recorriendo paso a paso, con desvelos y sacrificios, ese camino de plata, de la mano de una santa mesalina que se fuera y le dejara con frío, para luego escucharlo decir, «mis ojos me denuncian, déjame llorar», es apenas redención y, quizá, nos hace llorar y preguntar, por qué no, ¿a dónde irán?... No hubo tal. Si bien la dirección musical y guía profesional de Javier fue —reconozcamos— certera en manos de Felipe Valdés Leal, gran pendiente es este tipo de material en la garganta de Solís.

Es lugar común mencionar alguna canción compuesta tras la muerte de Solís y argüir que sólo porque no vive, ya estaría en el repertotio javierista. Todas las canciones de Toda un época estaban ya en el aire y sin duda alguna su grabación hubiera sido uno de esos placeres muy à la Solís (cf. Valses con banda). No será, el agasajo se lo llevó otro y, lo dicho, es lo único que envidiar.

Esta es la lista de canciones (aquí en lista de reproducción de youtube):

  1. A dónde irán las almas de Rodolfo Mendiolea
  2. Déjame llorar de Alfonso Esparza Oteo
  3. Desvelo de amor de Rafael Hernández
  4. Frío en el alma de Miguel Ángel Valladares
  5. Hilos de plata de Alberto Domínguez
  6. Me dices que te vas de Miguel Prado Paz
  7. Mis ojos me denuncian de Manuel Acuña
  8. No hagas llorar a esa mujer de Joaquín Pardavé
  9. Redención de Miguel Prado Paz
  10. Sacrificio de Chucho Monge
  11. Santa de Agustín Lara

Cada una merece algo más que un párrafo, tanto ellas como los compositores son finísima tela para cortar. Por el momento valga la liga a algunos de sus intérpretes (¿hace falta explicar el por qué evito al mentado "charro"?), y aquí mismo un par de ellas —las que me gustan más—, «Redención»

y «Sacrificio»:

Finalmente, y no menos importante, los arreglos musicales que contiene esta precisa selección son elemento clave que, además, refuerza el celo por tal grabación. El mariachi es en realidad lo que hace del disco un maravilloso eco de otros tiempos y otras voces (incluídas, sí, la de Javier Solís). A diferencia de Añoranzas, en el disco que nos ocupa ninguna de las canciones tenía algún antecedente de importancia con mariachi, esto es, si «Amorcito corazón» bien pudo ser piedra de toque de las añoranzas, con Toda una época se inauguró formalmente la etapa ranchera de este particular cancionero de oro... Lo que nos lleva de nuevo a Solís: ¿cuántas veces no fue sino él quien se encargara de ser el primero en vestir con bolero ranchero a tangos, valses, baladas y, por supuesto, boleros? Aquí su voz siempre se echará de menos. El disco está ahí, se puede escuchar una y otra vez (aguantando la desatinada voz incluso en un par de recitados), las letras perviven de la mano del mariachi, en él los tiempos son uno solo y, ¡qué va!, Javier sólo se oye muy a lo lejos... sin escucharle. Fue sin serlo.

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Tue, 19 Apr 2011 00:01:00 -0700 45º Aniversario Luctuoso de Javier Solís, 1966-2011 http://solismania.net/45-aniversario-luctuoso-de-javier-solis-1966 http://solismania.net/45-aniversario-luctuoso-de-javier-solis-1966

Silencio: una petición, una súplica, un imperativo... un grito. Uno que Rafael Hernández (Puerto Rico, 1892-1965) nos regaló rodeado de durmientes flores (nardos, blancas azucenas y rosas), y Javier, ese nuestro Solís, lo bordó —frasear, dicen los entendidos— de principio a fin con una sapiencia hecha sentimiento.

No hay quiebre alguno, Javier se encarga, sin estruendo, de pedir la palabra para hacernos llegar ese silencio.

03_Silencio.mp3 Listen on Posterous

Son ya 45 años sin Javier en vivo y a todo color; desde el 19 de abril de 1966 hemos tenido que vivir a la sombra de sus tonalidades, de sus ecos. Así, desafiamos el silencio de su ausencia con su propia voz.

Es en este «Homenaje Inconcluso a Rafael Hernández y Pedro Flores» (1967) donde encontramos, además del silencio y voz de Javier, un viaje a la isla del encanto de la mano de un mariachi (y coros de las Hermanas Huerta). Es decir, que por si no bastara el genio de los boricuas, Solís, no conforme con el homenaje, brinda acaso una de sus mejores interpretaciones de boleros... de boleros rancheros. No resta más que seguir escuchando aquellas grabaciones para brindar, sin fin, merecido homenaje.

Silencio, pues, que Javier nos cante... que si nos ve llorando, morirá.

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