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La suerte loca de Javier Solís

Nunca fue a cantar a Puerto Rico, sólo a filmar dos películas, Caña brava (1965) y Los que nunca amaron (1965); un boricua, Julito Rodríguez, lo descubrió y como nadie interpretó a una pléyade de compositores puertorriqueños, v.gr., Benito de Jesús, Bobby Capó, Rafael Hernández, Pedro Flores, incluído, claro, Noel Estrada: «En mi viejo San Juan». Javier Solís tiene acaso en la Isla del Encanto su segunda patria. Y su gente lo sabe… por lo menos, qué suerte, gente como Daniel Santos.

Recordando a Javier Solís es el homenaje que el Inquieto Anacobero rindió al de Tacubaya. Así de grandes. Editado primero en elepé y en casete, con cinco temas por lado: «Payaso», «Entrega Total», «Ojitos traidores», «Sombras (nada más)», «Adelante», en el A, y «Cuatro Cirios», «Vagar entre sombras», «Suerte loca», «El loco», «Luz y sombra» en el B; después, en 1994, se agregan otras dos: «Si Dios me quita la vida» y «Esclavo y Amo», junto con otras doce de José Alfredo, para así tener, y a la venta en iTunes, el disco Daniel Santos Recordando a… Javier Solís y José Alfredo Jiménez.Una maravilla hecha homenaje.

Con un repertorio javiersolista hasta las cachas, el Jefe no sólo recuerda a Solís sino que lo reinterpreta y de qué manera: a la suya. Impregnado de bohemia y acompañado de arreglos a la medida, Daniel Santos oye a Solís y lo hace eco con aquella voz que nos regalara joyas escritas a mano como las añoradas cartas de Linda.

Tomemos un botón, uno que pocos ojales han visto. «Suerte loca» de Agustín Lara. Grabada por Solís —acompañado del Mariachi Nacional de Arcadio Elías— para su Fantasía Española (1962), Daniel Santos también nos recuerda al compositor que más grabó Javier. Es así la letra de Lara:

«Suerte loca» (Agustín Lara)
Yo tengo una suerte loca,
qué suerte loca, para quererte
con un cariño tan grande
que no se acaba ni con la muerte.
¡Ay, corazón,
no le digas que la quieres tanto,
porque cuando se entrega la vida
los amores acaban con llanto!
Yo tengo una suerte loca,
mira si es suerte saber tus cuitas,
me las han dicho tus ojos,
que son de tu alma las ventanitas.
¡Ay, corazón,
a un amor no te entregues entero,
tras las rosas están las espinas
y te acecha un puñal traicionero!
Los ojos que me embrujaron,
que me miraron, ya no me miran,
los labios que me arrullaron,
que me besaron, ya no suspiran.
¡Ay, mundo cruel,
cómo se abre a mis pies el camino,
esos cambios que tiene la vida,
son caprichos que tiene el destino!

Y aquí lo hecho por Javier:

¿Qué pudo hacer Santos con esta puntada javiersolista?… Qué suerte la de Solís, Daniel vuelve a él para entonces sacar, ¡qué va!, esto bordado a mano:

Cada cual a lo suyo, sin remedos o parches. La voz de Daniel nos recuerda, sí, lo hecho por Javier y, así, lo que él, Santos, sabe hacer. Solo entre grandes.

Se cumplen aniversarios, hoy el 46º luctuoso, y no he encontrado otro homenaje de este calibre. Así de bien logrado y con semejante altura. Irresistible Santos. Es decir, que si se ha de recordar a Javier: recordando que es gerundio.

45º Aniversario Luctuoso de Javier Solís, 1966-2011

Silencio: una petición, una súplica, un imperativo... un grito. Uno que Rafael Hernández (Puerto Rico, 1892-1965) nos regaló rodeado de durmientes flores (nardos, blancas azucenas y rosas), y Javier, ese nuestro Solís, lo bordó —frasear, dicen los entendidos— de principio a fin con una sapiencia hecha sentimiento.

No hay quiebre alguno, Javier se encarga, sin estruendo, de pedir la palabra para hacernos llegar ese silencio.

Son ya 45 años sin Javier en vivo y a todo color; desde el 19 de abril de 1966 hemos tenido que vivir a la sombra de sus tonalidades, de sus ecos. Así, desafiamos el silencio de su ausencia con su propia voz.

Es en este «Homenaje Inconcluso a Rafael Hernández y Pedro Flores» (1967) donde encontramos, además del silencio y voz de Javier, un viaje a la isla del encanto de la mano de un mariachi (y coros de las Hermanas Huerta). Es decir, que por si no bastara el genio de los boricuas, Solís, no conforme con el homenaje, brinda acaso una de sus mejores interpretaciones de boleros... de boleros rancheros. No resta más que seguir escuchando aquellas grabaciones para brindar, sin fin, merecido homenaje.

Silencio, pues, que Javier nos cante... que si nos ve llorando, morirá.

In memoriam Carlos Gardel

Y hoy es tu voz que vuelve a mí

 

Hace 75 años fue el accidente donde Gardel perdió la vida. No se puede escribir que haya muerto pues, como bien se afirma, el Zorzal Criollo cada día canta mejor. En esta tarde gris (música de Mariano Mores; letra de José María Contursi; 1941), por supuesto, no se incluye en su repertorio pero es sin duda un tango cabal.

No se diga más y dejemos que En esta tarde gris sea Javier quien —con mariachi y orquesta— llame a Gardel.

Con mariachi (incluída en el cedé «Las mañanitas con Javier Solís»):

Con orquesta (incluída en el cedé «Javier Solís con orquesta»):

 

Brindis

Por Alfredo Le Pera, Guillermo Barbieri y Ángel Domingo Riverol.

Atahualpa le canta a Javier: un corrido

Sí que lo es, el de la voz e inspiración es Atahualpa Yupanqui, nuestro gaucho cantor.

Esta es la letra del «Corrido a Javier Solís»:

Corrido a Javier Solís
(Atahualpa Yupanqui/Sebastián Britos)

Amigos, canten muy quedo
que sólo se escuche aquí
porque asegún me dijeron
se ha muerto Javier Solís.

Un corazón mexicano
templado como un violín,
amigo pa’ los amigos
tal era Javier Solís

Mujeres, muchas lo amaron,
según dicen por ahí
pero yo sé que una sola
lo ganó a Javier Solís.

Un día será leyenda
si el pueblo lo quiere así
y en las guitarras del pueblo
volverá Javier Solís

Amigos, canten muy quedo
que sólo se escuche aquí
porque asegún me dijeron
se ha muerto Javier Solís


Desde la llanura sureña se engendra este sencillo y sentido canto. Así como cantó a Neruda (Pablo nuestro que estás en tu Chile...), también Atahualpa lo hizo con Javier. Por si quedara duda del alcance de su voz, es ahí en la pampa donde uno de sus mayores cancioneros —acaso el más grande— le dedica coplas y el rasgado de su guitarra.

Poco o nada logro saber de la historia/circunstancias de este corrido. Sé de él a través de Heber Galicia (miembro del ClubYahoo JS). En la Fundación Atahualpa Yupanqui tan sólo se encuentra en el listado de canciones y más nada. Se consigue en uno de los cedés de la colección Magia de Atahualpa Yupanqui donde, por cierto, se le registra en el periodo 1974-1977, en particular el 10/09/76, así que, suponiendo que esa es la fecha de grabación del corrido, resultaría todavía más interesante el poder saber del por qué o cómo de la composición. Lo único que se me ocurre es que a diez años de la muerte del cantante, fue de esa manera en que Atahualpa le recordara. Le cantara.

El nombre de Britos es también una incógnita. No se tienen mayores referencias de él junto con Atahualpa (o Solís). Parece ser que es un pianista argentino. Sin duda una pieza más para el armazón musical javierista.

Decía Atahualpa Yupanqui, «acerco mi tierra a través de mi guitarra», por él ese acercamiento les fue a otros íntimo. Pues es así como nos llega ese himno a Javier: totalmente cercano. La muerte —como la soledad, decía Yupanqui— nos queda cerca.

Canten muy quedo, pide Atahualpa, cual confidencia hecha canto, así era como gustaba de llevar su arte. Cantante pa' cancioneros, tal era él. Ambos leyenda: el pueblo lo quiere así.

Nada nuevo bajo el Solís

Los 19 de abril son fechas en que sus seguidores —acaso sin remedio— se sientan a esperar alguna canción inédita o —esto sí sin remedio— alguna nueva compilación de éxitos. También, son fechas en que algún osado vuelve a la carga con homenajes o discos tributo; de igual forma, son fechas de panteón y misa. Fechas, pues, de lo mismo.

No obstante, ya se verá, en tales fechas vale sobre todo recordar ciertos detalles y momentos de aquél funesto día. Lo haremos con la ayuda de los propios javieristas que, al fin ellos (nosotros), están a la caza de material diverso que puede resultar valioso y útil.

Así, gracias al ClubYahoo de Javier Solís y a José Juis Medrano, es como podemos llegar al discurso de despedida que el actor Javier Fernández (entonces secretario general de la ANDA) pronunció en las exequias de Javier. Cierto, es mañana un 19 de abril más; dejemos para mañana una nota que, espero, les sea especial, y por hoy las palabras de un compañero. Escuchémosle*.

Señoras y Señores,
Compañeros:

Al darnos cita en este lugar en donde reposan los restos de tantos compañeros actores, vengo con el más profundo dolor a dar la última despedida a quien supo ganar nuestro cariño por su sencillez, por su gran compañerismo y porque veíamos en él no una promesa en embrión, sino una positiva realidad dentro de nuestra industria cinematográfica, a la que era una rutilante estrella. Tal fue para los actores Javier Solís.

  De cuna muy humilde, luchó desde su infancia con la adversidad del destino. Cuántas amarguras, cuántas privaciones, cuántos días de ayuno le cercaron durante su niñez y su adolescencia. Fue en esa fragua donde templó y se forjó su alma que no desmayó nunca. Con cuánto orgullo proclamaba la humildad de su origen. Cuando llegó a la popularidad no le cegó la luz del éxito, pero nunca estuvo satisfecho de su carrera, por eso día a día estudiaba con más ahínco para superarse y darse por entero a su público. A este público que lo había convertido en su nuevo ídolo.

  Javier, por tu nobleza supiste ganar el cariño de todos los que te tratamos. Tenías siempre a flor de labios una palabra de cariño para tus cuates (como los llamabas). Tú saliste del pueblo, supiste como ellos de la angustia y de las vigilias, por eso estrechaban con cariño la mano esos seres que veían en ti a su actor predilecto, por eso escuchaban tu voz que hacían de la canción un arrullo o una queja. Cuánto sentimiento ponías en cada una de tus interpretaciones. Tu arte traspasó nuestras fronteras y tu voz fue siempre un mensaje de fraternidad de nuestro México, de ese México que tanto amaste.

  Ahora esa voz se ha apagado para siempre. La ley inexorable del destino truncó una vida que florecía dentro del arte escénico nacional. La fortuna te sonreía y te daba todo lo que antes te había negado. Cuando medrosamente iniciaste tu carrera artística, sufriste muchos desengaños, pero tu voluntad de acero supo sortear todos los escollos. Amabas el arte pero amabas también a los tuyos y por ellos, por darles la felicidad de la que habían carecido, luchaste denodadamente y tu triunfo no se hizo esperar. Puedes descansar en paz, Javier, fuiste un hombre bueno en todos los órdenes de la vida.

  La canción ranchera, de la que fuiste un gran exponente, se cubre de luto y enmudecen los mariachis, y nosotros los actores prendemos un crespón más en nuestros corazones. No podemos olvidar tus canciones Llorarás, Sombras, Entrega Total.

  Al hundirte en las sombras de lo desconocido llorarán por ti todos los que te amaron, y el arte a quien te diste en una entrega total pierde a uno de sus más recios pilares.

  Javier, amigo compañero, te llevas en cada flor que queda sobre tu tuma nuestro cariño y tu recuerdo vivirá por siempre entre nosotros. El rocío que son las lágrimas de tu pueblo dan vida permanente a estas flores.

  Javier, descansa en paz.

 

* Así lo reportó Jaime Pericas, jefe de información de Cine Mundial, el jueves 21 de abril de 1966.

NB. De Jaime Fernández, más información aquí.

Las rejas no matan

Hoy día se cumplen 14 años de su muerte. Un ícono de la música mexicana que, curiosamente, en la voz de Solís sólo se hizo escuchar de una sola manera. Tomás Méndez Sosa (1926 - 1995) dejó una estela de composiciones que le garantizaron un especial lugar junto a otros grandes de la talla de un, por ejemplo, José Alfredo Jiménez. Lola Beltrán fue, se sabe, su cómplice de cabecera y con ella su inspiración alcanzó, tal cual, la inmortalidad. En sí, Tomás Méndez fue referente constante para aquellos protagonistas de la canción ranchera, v.gr., Pedro Infante, Amalia Mendoza, Aceves Mejía y Lucha Villa. Nuestro Solís, lo dicho, sólo grabó una de sus canciones... y con ello bastó para que ésta tenga un particular espacio en la historia musical de ambos artistas.

«Las rejas no matan» es no sólo una clásica dentro del repertorio musical ranchero sino también del cancionero popular mexicano. Es por supuesto una clásica de clásicas para nosotros los seguidores de Javier... «Auroras que son puñaladas/ Las rejas no matan/ Pero sí tu maldito querer»... Solís imprimió lo justo y necesario para que esas rejas de Méndez tuvieran la mejor interpretación posible. Fue la única de Javier. Y es sencillamente única. Aquí una versión en vivo grabada en 1964 (en Televicentro):

La canción se incluye en Y todavía te quiero, Rancheras con Javier Solís, la película Amor a ritmo de go-go, en el devedé de 40 Años (que es de donde se tiene esta versión en vivo) y, recientemente, en JS con banda sinaloense. Por aquí nos vemos y leemos. ¡Qué va!

Recuerdo a Solís en el Panteón Jardín

Como lo prometieron, TotalProducciones1 cuelga en su canal de youtube la segunda parte de su crónica de aquél 43 aniversario luctuoso de Javier en el Panteón Jardín de la Ciudad de México. Sea pues, aquí el vídeo:



Ya saben, si alguno de ustedes, selectos lectores, se reconoce en el vídeo, alce la mano y cuente más al respecto de ese día. Estamos al pendiente.

Actualización (13 de mayo):
Aquí la siguiente parte, cortesía de TotalProducciones1 en su canal de youtube. Seguimos al pendiente.



Por aquí nos vemos y leemos. ¡Qué va!

Lunes de quincena

Así tal cual, a quince días del 43 aniversario luctuoso de Solís, encuentro hoy lunes que desde ayer domingo hay en la Internet material audiovisual que da cuenta del recuerdo de tan especial fecha, evento llevado a cabo en el Panteón Jardín de la Ciudad de México. Según los créditos del video, éste es producido por TotalProducciones1 y dirigido por Maira y Emiliano Bautista Neumann. Sea pues, aquí lo ligo y espero que, si es el caso, alguno de ustedes, selectos lectores, se reconozca de entre la gente a cuadro (y alcen la mano).



Yo nomás preguntaría quién es Juanito y cuál el nuevo club. Todo sea por estar al tanto de algo que, en palabras de Blanca Estela, puede traer sorpresas. Claro, amén de ello, estaremos atentos al resto de las partes de esta crónica audiovisual. Gracias, por supuesto, a sus autores.

Por aquí nos vemos y leemos, ¡qué va!

Las dimensiones de Javier (ecos del 43)

Precisamente, como ya suele ser costumbre, selectos lectores, éste recién cumplido aniversario luctuoso de Javier trae consigo —cortesía de la casa disquera y demás personas allegadas directamente al material audiovisual de nuestro más querido artista— un material discográfico. Uno más. Una recopilación de temas que ahora, ojo, no son clásicos, ni de colección, ni éxitos, sino e-sen-cia-les. Eso: «Lo escencial de Javier Solís [3 CDs + DVD]» (2009). Chúpale, pichón. Sin duda se rompieron la cabeza los de la disquera, pues llegar a ese nombre es casi tan difícil como lo que nos cuesta a los seguidores de Javier tener (ya) esos 80 temas. Todavía más, y para que no se quejen, ya les digo, la disquera tuvo a bien incluir videos, entrevista y pistas musicales. All in one. Bárbaros. 3 cedés 3, y un devedé: un regalo sin duda para los seguidores de Solís. Un, lo dicho, detallazo que nos pone, desde ya, a esperar el próximo aniversario y su algún otro material igual de novedoso, original y fresco. Entonces, éste que les digo está ya anunciado y puesto en circulación; en la página güeb de Mixup se reporta que su precio de lista será (sigue con ellos en estatus de preventa) de 259 MXN (unos, al tipo de cambio de hoy, 20 USD).

De lo anterior (que redacto ciertamente con ironía motivada por el escepticismo a este tipo de trabajos recopilatorios) me entero vía la nota periodística de hoy lunes de Alma Rosa Camacho, del grupo Organización Editorial Mexicana (OEM). En el reporte, además de ponernos al tanto de la ya tradicional reunión de admiradores en el Panteón Jardín de la Ciudad de México, Camacho nos dice, mutatis mutandis, que para este disco se desempolvaron 45 canciones con hasta ahora nula difusión, v.gr., Quinto patio, Poquita fe, Mar y Más allá; también, que los videos provienen de la videoteca de Televisa, y que la entrevista incluída es una narración-primicia de Solís de su vida artística y personal. De lo primero, espero sinceramente que el disco contribuya a la difusión de lo poco conocido de Javier: aunque, y aquí la duda, no me queda claro el cómo (¿relanzando al mercado tales canciones a la par de otras 35 ya "más difundidas/conocidas"?). De los videos, gracias ciertamente por, ciertamente, desempolvarlos y hacerlos públicos. De la entrevista, algo me dice que es aquella que se escucha, desde hace tiempo, en lugares como el youtube. Como fuere, prometido está, tan pronto como pueda tener el material, la reseña y opinión de esta novedad que , ojalá, resulté novedosa.

Luego, el día de ayer, la misma Alma Rosa se dio a la tarea de recordar a Javier Solís a través de una entrevista con la Sra. Blanca Estela Sáinz, última esposa de Gabriel Siria Levario. Además del lugar común del anecdotario, se nos cuenta que la pareja sentimental de Blanca Estela le solía firmar su comunicación personal con los seudónimos de "El Apache", "Sombras", "El Loco" ó "Javier". Ésto me resulta interesante por, entonces, la simbiosis que ocurría en la persona de Siria Levario: fue tal la fuerza del artista, de la figura pública, que inclusive en esos momentos personalísimos, el cantante (o, incluso se puede decir, el mito) se sobreponía. Interesante sin duda. La entrevista no abunda al respecto y continúa con las anécdotas, tema culinario incluído, de la pareja. También, se recurre al tema ya clásico del presentimiento de muerte prematura y el cómo, por ello, se encargó la composición de temas tales como Si Dios me quita la vida (a Luis Demetrio) y Me soñé muerto (a Armando Manzanero). Temas especiales parecen ser también Cuando el amor, Entrega total y un inédito Ahora y siempre (éxito con el trío Los Tecolines), toda vez que eran los que Javier le solía cantar a Blanca. Y hasta ahí lo más sustantivo de la entrevista.

Por otro lado, el sábado 18 la agencia Notimex recordó también a Javier con una nota-resumen de su carrera artística, donde sobresale la mención de dos puntos: (i) una participación de Solís en el histórico programa colombiano «Yo y tú» de Alicia del Carpio y (ii) un tema de Lucho García dedicado a Javier intitulado El inmortal. Esa mi gente de Colombia, ¡ahora es cuando!

Así las cosas en los tradicionales medios. Es decir, que ahora, gracias a la atinada referencia del carísimo selecto lector Heber Galicia, pongo a su disposición un par de homenajes a Javier que, además de estar acorde con estos tecnológicos tiempos, son hechos sin duda con, tal cual, lo esencial y de mayor valía: dedicación, esfuerzo y cariño. El autor es Gabriel Rico, quien desde su cueva (La cueva de Gabo3D) nos brinda un Javier Solís a todo color y, ¡qué va! en 3D:

Media_http1bpblogspot_inacs
(cc) Gabo 3D


... y mi favorita:

Media_http1bpblogspot_padid
(cc) Gabo 3D


Aplausos, Gabo3d, literalmente supiste darle otra dimensión al recuerdo de Javier. ¡Qué va!

Tres para un 43 (entrega última de tres)

Llegamos al final de este recorrido. Hoy hace 43 años Javier Solís cesó de cantar de viva voz, dejando entonces toda una herencia musical que no para de dar frutos varios. Uno de ellos fue, en concreto, la producción que ahora proponemos como una tercer manera de conmemorar este aniversario luctuoso. Cierra esta serie el llamado "lujo de México", Marco Antonio Muñiz (Jalisco, México, 1933) y aquella su producción, a sus 60 años, «Un marco para dos ídolos: Pedro Infante y Javier Solís» (1993).

Aquí, acotemos de inmediato, no hay falla alguna en dirección o arreglos musicales: Ruben Fuentes y Pedro Rivera Toledo llevan las riendas con garantía y el respaldo de su trayectoria profesional, logrando así un impecable trabajo. Marco Antonio se desenvuelve entonces en sus terrenos y a sus anchas, sin mariachi de por medio y con una orquesta que le sigue y acompaña sin pero alguno. El piano, valga decir, es simplemente delicioso a lo largo de todo el disco. O sea, que así seas una leyenda viva, reinterpretar a ese par de monstruos de la música requiere, ya puestos a jugar con las palabras, un marco digno para el marco de esos nuestro queridos ídolos (cuantimás si se les quiere recordar a la par).

Ahora bien, antes de seguir y tomando ese asunto del recuerdo conjunto, me aprovecho de aquello que dije anteriormente (cuando anuncié la búsqueda de este material en julio 2007): «se puede pensar inclusive que tal disco-homenaje incluyó a Pedro para, como se dice, destantear y no hacer tan obvio el merecido tributo a Javier y así saldar deudas pendientes, pues Solís, sus interpretaciones, quedan más cerca del estilo musical de Marco, y no así las canciones de Pedro». Como fuere, Marco Antonio es si no un ídolo, sí una leyenda del romanticismo musical y la bohemia; se guste o no de su estilo, su voz tiene un lugar único y por ello ha podido navegar en varias aguas, por bastante tiempo, aplaudido y querido por la gente, tanto en su tierra natal como allende las fronteras. También, debe reconocerse, en sus trabajos hay siempre un esmero por ofrecer arreglos musicales de valiosa manufactura: este disco, lo dicho, no es la excepción. No obstante, se tiene que reconocer, Muñiz en tales fechas de grabación está ya en el otoño de su carrera y ello es factor de peso en las interpretaciones de los clásicos contenidos en este material referido. Entremos ya en materia.

Seis temas (de 15) son los que le tocan a Javier —es decir, que Infante, al menos en número, se impone con un tema más (no, avezados lectores, no es que me fallen las cuentas, resulta que dos canciones ni Pedro ni Javier las cantaron en su momento: Enamorado perdido y el pasillo ecuatoriano Sombras de Rosario Sansores Pren y CarlosBrito Benavides)— en este, según la contraportada del disco, “recuerdo”: Sombras (exacto, las de Contursi y Lomuto), Cenizas, La corriente, Llorarás, Esclavo y amo y Ojitos traidores. Aquí valga un paréntesis para recordarles, selectos lectores, que Muñiz cantó en su momento con Javier Solís, al menos en algunos mano a mano y, en particular, en esa película «El Pecador» (1964) en una escena donde interpretan, sin hacer dueto, Poco a poco (de José Alfredo), cada uno con su particular acompañamiento (ya les digo, sin hacer precisamente un dueto).

Con un inesperado pero intuitivo popurrí de Sombras, Marco Antonio inicia su recuerdo de Solís; peca de estilo y, como decimos en México, le termina echando mucha crema a sus tacos y no resuelve bien aquella primera incursión. Es decir, que toma más bien el perfil tanguero (el original de la canción, sí, pero no por ello mejor ni mucho menos el deseado en este disco) de las Sombras “javieristas” y uno termina por aplaudir y pedir más de aquellas Sombras “ecuatorianas”. Viene entonces otro popurrí, correspondiente ahora a Pedro, y se llega a una cadenciosa y bien llevada Cenizas. Fuera de una faltante dosis de mayor sentimiento, con ella no hay inconvenientes. Otro popurrí más para Pedro y ahora, a la mitad del disco, navega uno ya en La corriente. Una vez más el arreglo musical corresponde del todo al espíritu Solís; poco a poco esa corriente nos arrastra pero sin ahogarnos, al contrario, gozamos del aire de la voz cantante y de unos muy bienvenidos coros. Éstos también se escuchan en la subsecuente Llorarás, sin embargo, aquí no tienen adecuado lugar y contribuyen así a una versión sin los requeridos acentos y matices (evidentes sobre todo en ese aburrido final). Más coros (ya de estilo orquesta-para-toda-ocasión) en la siguiente canción, y entonces los metales soplan para recibir un Esclavo y amo que, a saber por qué, es llevado, literalmente, cual toro en plaza. Es decir, que a menos que se tome como introducción para la parte final correspondiente a Javier, i.e., Ojitos traidores, no me queda claro el por qué Marco Antonio pretende cobijar a ese emblemático Esclavo y amo con un, digamos, capote taurino españolado. No ha lugar. Cerramos entonces con una versión de Ojitos traidores que, esa sí, guarda gitana distancia con la de Solís aunque finalmente no logra realmente sonar genuinamente a Marco Antonio: se queda a la mitad. Muñiz no alcanza a empatar la festividad de la música y su voz resulta opacada (bien le viene así ese descanso y broche final del suave Nocturnal), la serrana se le escapa.

En síntesis, Muñiz dejó pasar valiosos años para ponerle un mejor marco a Infante y Solís; eso sí, aquél sale mejor librado que éste. Afortunados los admiradores de Pedro pues de ellos es la mejor parte de este homenaje: los seguidores de Javier nos quedamos con las ganas de escuchar a ese Marco Antonio que, precisamente con genuino esfuerzo y total entrega, abría aquella arriba mencionada escena de película, sentado al piano, con una voz totalmente en comunión con Solís pero sin perder su propio estilo (y armonía con el piano). Éso es lo que se extraña aquí en este disco... y en otros que buscan recordar a Javier sin verdaderamente conocerle. Marco Antonio, se sabe, conoció muy bien el trabajo de Solís: le faltó entonces un mejor reconocimiento.

Sea pues, esto fue nuestra manera de conmemorar a Javier. Sí, con voces de tres artistas que intentaron cantar aquello que por Solís tan especialmente se escuchó. No lo hicieron mal, qué va, ejemplos hay donde apenas y logran, literalmente, dar la nota (por cierto, el señor Montero ya amenazó con otro disco basado en temas del repertorio de Javier), pero tampoco nos ofrecieron, como se esperaba dada la trayectoria de cada uno, cabales y redondas reinterpretaciones (adaptaciones) hechas con sus particulares voces y estilo. De una escala del 1 al 10 los tres discos promedian un generoso 8 (ayudados sobre todo y más bien por esos arreglos musicales de este último disco). Se puede decir justamente que estamos siendo muy exigentes, pero no es para menos: año tras año a Javier se le extraña más y lo mínimo que se puede hacer para compensar ello es tener, además de su música, producciones que, utilizando aquella, respeten no sólo al artista sino también al público. Eso es finalmente la buena música. Eso finalmente hizo y nos dejó Javier. Eso, en un día como hoy, es exigido. Todo ello, en resumen, a 43 años, cual solaz se hace patente.

Javier Solís: ¡Qué va!

Posterous theme by Cory Watilo