Tres palabras

Cómo me gustas

 

Tres palabras (1946) de Osvaldo Farrés (1903-1985), compositor por cierto del Quizás, quizás, quizas, se incluye en aquel mítico «Javier Solís en Nueva York» y en la producción de Los Patricios, «Exitos con Trío». Según el anecdotario fue Chela Campos quien le instó a componer esta canción, «ay, maestro, no se me haga el difícil que con tres palabras se hace una canción». El resto helo ahí, muy bien arreglado y, ¡qué va!, encantado.

Aquí, gracias a la tecnología y a Los Patricios, con trío (i.e., misma voz):

 

Me soñé muerto

Incluída en el cedé «Mi pecado», esta canción es parte del minúsculo grupo de composiciones de Armando Manzanero que Solís grabó. El resto son Muchacha bonita, Qué bueno que te vas y Que no te cuenten. La que nos ocupa le fue encargada expresamente al compositor para el repertorio javierista. Las cuatro son parte de aquél sencillo de 45 rpm: «Armando Manzanero con Javier Solís, [EPC-797]», con los mariachis Zapopan y Vargas, producido por Felipe Valdés Leal, arreglos y dirección de Fernando Z. Maldonado y Rafael Carrión.

Después de una introducción a base de sonoras (acaso fúnebres) trompetas, Solís abre de inmediato con tan lapidaria frase y describe, a partir de la exposición del cadáver, el después de la muerte. Interesante la breve figura que Manzanero nos regala en estos primeros versos, esto es, soñarse muerto y seguir soñándolo. Después de ello la letra prosigue con un recordatorio y advertencia que si bien guardan relación con el tema principal, de alguna manera lo quiebra y, de hecho, no ayudan del todo a redondear la canción (nótese que es en esta parte donde hay de por medio la «inexperiencia»). En la parte final de nueva cuenta escuchamos un «me soñé muerto...» (seguido de un certero «... y desde entonces vivo») que, a saber por qué, termina cediendo su protagonismo a una pueril sentencia, «que lo que no miras muy pronto lo olvidas».

El título daba sin duda para más, sin embargo, lo que escuchamos —al fin Javier— cumple cabalmente con la intención del compositor, a saber: no hacer reclamo alguno, más bien, confidencia de, al mismo tiempo, un sueño y una premonición. O sea, que con todo y esos pequeños detalles de la inspiración de un todavía joven compositor Manzanero (un par de años más y entonces sí el botón florecería), Javier conduce con soltura para dejarnos así un mapa sobrio y muy a su altura.

Javier Solís: La Entrevista

¿Cuál es su nombre?

¿Qué deportes le gustan?

Háblenos de sus primeros años en la cantada

¿Estudió canto?

¿Cómo es Javier?

¿Tiene algún grito o marca que lo distinga?

¿Qué nos puede decir de su éxito El Loco?

¿Hasta dónde ha llegado Javier?

¿Cuáles son sus canciones favoritas?

¿Cuál fue su primera grabación?

¿Y su primer exito?

¿Qué es el amor para Solís?

¿Por qué el bolero-ranchero?

¿Cómo empezó Javier a ganarse la vida?

¿Qué nos puede decir de «Javier Solís en Nueva York»?

Háblenos de su carrera en el cine

¿Solís ha fracasado?

¿Qué nos puede decir de grabar y de cantar en vivo?

Epílogo: «Javier Solís: una voz inmortal»

 

Cónfer «Javier Solís: Biografía de propia voz»

Modisto de canciones

Siempre será poco lo que se pueda hablar de Álvaro Carrillo Alarcón (1919-1969). Sencillamente es un monstruo de compositor. Un ingeniero agrónomo que con precisión supo labrar esa tierra fértil de la trova, dejando una cosecha irrepetible de boleros y otros estilos musicales. Su hasta ahora mejor intérprete es, grosso modo, Pepe Jara, quien, por cierto, transcribe (en sus memorias El Andariego) la respuesta de Carrillo a la pregunta (de Paco Malgesto), ¿cómo hace sus canciones?:

«Yo hago mis canciones como muñecas: desnudas. Y luego son los intérpretes quienes me las visten. Algunos de seda, de lino, de terciopelo y, otros, de manta pero muy bien cortada [aquí señala a Jara]».

   

Más razón no puede llevar don Álvaro. Ahora bien, para tales muñecas hay tanto sastres como modistos y de estos los hay, como en todo, de calibres varios. Javier es un modisto, uno que sólo tuvo cinco ocasiones para vestir las creaciones del oaxaqueño, a saber [en orden de composición]: Amor mío [1956], Sabrá Dios [1957], Luz de luna [1959], Sabor a mí [1959] y Se te olvida [1965].

Un sencillo y selecto grupo de supermodelos que Javier, a cada una, les brindó su alta costura. Los zurcidos y cortes, amén de a la medida perfecta, resultaron de envidiable manufactura. Señor de sombras, luces y pasarelas, dotó a las muñecas (de porcelana acaso) de un ropaje exclusivo, no de marca sino de diseñador, es decir, de los que sólo en los grandes desfiles se consiguen admirar y que el resto (de modistos, sastres, imitadores, etc.) se ocuparán de, al fin México, maquilar.

La tela de Javier era una que en sus primeros años (i.e., cuando sonaba a Infante) perfeccionó a base de mucho estira y afloja. De ello uno da cuenta al escuchar y comparar entre sí a este quinteto de muñecas. Sabrá Dios —donde remates de estrofas y acompañamiento de orquesta recuerdan mucho a Pedro— es la primera que Solís viste. Después, ya con mariachi, le mete más hombro y cuerpo, y Amor mío  (la consentida de Carrillo) se beneficia en mayor medida de la voz que estaba a punto de acabar de templar. Así, Sabor a mí y Se te olvida son ya un par de, tal cual, creaciones javieristas.

Solís finaliza con —mi favorita— Luz de luna (que no un bolero, más bien un bambuco, y aquí la versión del compositor), incluída en un muy cuidado «Y todavía te quiero» (1966). Esta es la última oportunidad de Javier de vestir a una de las Carrillo.  Solís aprovecha al máximo y corona esa su particular y reducida colección de gemas del entrañable Negro. No conforme con lograr su mejor interpretación de Álvaro, Javier dejó un vestido incomparable por donde se le mire. Es más, no es sino a dos voces (i.e., con dos tipos de telas) que sus contemporáneos (y competencia), Miguel Acéves Mejía y Marco Antonio Muñiz, apenas y logran una versión más o menos a la altura (ello sin tomar en cuenta el yerro de sustituir los atinados garfios por unos rupestres lazos, que Miguel repite en solitario) de la de Javier.

 

Además de su tela, Javier brinda su trazo. Así como se acotó que la manta de Jara era una muy bien cortada, uno observa —escucha— con Javier la más bella confección que luz y luna pudieran tener.

 

Atahualpa le canta a Javier: un corrido

Sí que lo es, el de la voz e inspiración es Atahualpa Yupanqui, nuestro gaucho cantor.

Esta es la letra del Corrido a Javier Solís:

Corrido a Javier Solís
(Atahualpa Yupanqui/Sebastián Britos)

Amigos, canten muy quedo
que sólo se escuche aquí
porque asegún me dijeron
se ha muerto Javier Solís.

Un corazón mexicano
templado como un violín,
amigo pa’ los amigos
tal era Javier Solís

Mujeres, muchas lo amaron,
según dicen por ahí
pero yo sé que una sola
lo ganó a Javier Solís.

Un día será leyenda
si el pueblo lo quiere así
y en las guitarras del pueblo
volverá Javier Solís

Amigos, canten muy quedo
que sólo se escuche aquí
porque asegún me dijeron
se ha muerto Javier Solís


Desde la llanura sureña se engendra este sencillo y sentido canto. Así como cantó a Neruda (Pablo nuestro que estás en tu Chile...), también Atahualpa lo hizo con Javier. Por si quedara duda del alcance de su voz, es ahí en la pampa donde uno de sus mayores cancioneros —acaso el más grande— le dedica coplas y el rasgado de su guitarra.

Poco o nada logro saber de la historia/circunstancias de este corrido. Sé de él a través de Heber Galicia (miembro del ClubYahoo JS); en la Fundación Atahualpa Yupanqui tan sólo se encuentra en el listado de canciones y más nada. Se consigue en uno de los cedés de la colección «Magia de Atahualpa Yupanqui» donde, por cierto, se le registra en el periodo 1974-1977, en particular el 10/09/76, así que, suponiendo que esa es la fecha de grabación del corrido, resultaría todavía más interesante el poder saber del por qué o cómo de la composición. Lo único que se me ocurre es que a diez años de la muerte del cantante, fue de esa manera en que Atahualpa le recordara. Le cantara.

El nombre de Britos es también una incógnita. No se tienen mayores referencias de él junto con Atahualpa (o Solís). Parece ser que es un pianista argentino. Sin duda una pieza más para el armazón musical javierista.

Decía Atahualpa Yupanqui: «acerco mi tierra a través de mi guitarra»; por él ese acercamiento les fue a otros íntimo. Pues es así como nos llega ese himno a Javier: totalmente cercano; la muerte —como la soledad, decía Yupanqui— nos queda cerca.

Canten muy quedo, pide Atahualpa, cual confidencia hecha canto, así era como gustaba de llevar su arte. Cantante pa' cancioneros, tal era él. Ambos leyenda: el pueblo lo quiere así.

Aunque sea malas nuevas

Un bolero con mucha carne en su interior. Guillermo Castillo Bustamante lo parió entre rejas y sólo acercándose a su historia y la de su patria Venezuela, puede uno comprender la verdadera intimidad de Escríbeme. Aparte están las primeras interpretaciones por su paisano Alfredo Sadel y el chileno Lucho Gatica, donde aquél sigue ostentando la mejor versión, sin duda al haber tenido, literalmente, de primera mano la referencia con el compositor (amén por supuesto de su excelsa e inolvidable voz).

Solís quiso también imprimir su sello. Escribir con su cuerdas y cantar así en memoria del doloroso e injusto peregrinar de encierros de Castillo Bustamante. Acompañado del mariachi Perla de Occidente graba entonces su versión, una que aun con borrones obtiene la esperada y agradecida belleza que sólo Javier sabía dar.

Digo con borrones porque Escríbeme en la voz de Solís tiene una desafortunada imperfección. Escuchando la versión editada tanto en el disco «Canta Javier» (1958) como en el cedé de «Las Inéditas de Javier Solís» (2005), reparo en que Javier, ya en el cierre de la canción, entra a destiempo. Así tal cual, pasados los 3 minutos y a punto del desenlace, después de "su lectura me conmueve" escuchamos un muy indeciso "aunque sea". Un lapsus que a saber si en alguna otra grabación se evitó. Aquí la canción:

Escríbeme by Javier Solís  

Es decir, que si fue esta la única grabación disponible, ya hay entonces material —segundos, apenas— para aquellos que quieran "denostar" a Solís. Yo me inclino a pensar que el trasfondo es muy básico: por un descuido de los productores se seleccionó esta versión. Dicho ello no como excusa sino como sencilla explicación a algo que suele ocurrir en los estudios de grabación. Solís, se sabe, fue de los cantantes que necesitaba de pocos ensayos para ultimar versiones y rápidamente daba con el cometido de la letra y música. En el caso que nos ocupa nos quedamos seguramente con, eso, un ensayo —intento— de lo que hubiera sido una muy redonda y cabal versión de tan sentido bolero.

Pero un intento, colegas, ya deseado por aquellos que quieran (o hayan querido) echarse al hombro este pedazo de canción. Pues si con sus Tres Lindas Cubanas el venezolano dio rienda suelta a su alegría (en particular) en las notas para el piano, Escríbeme exige hacerse de tristeza, sufrimiento y melancolía y, una vez con todo ello, dar salida de principio a fin a notas nada fáciles para la voz—ésta se lleva todo el bolero en sí, dejando a la música como mero acompañamiento. Castillo Bustamante lo dejó todo al texto. Ése que más que escribir ansiaba leer.

Así, al canto se le encarga la súplica, algo que Javier sabía —mejor que nadie— conceder. Lograr pues que Escríbeme tuviera su merecido bolero ranchero estuvo a punto de consolidarse con Javier. Insisto, el error está ahí y, lo dicho, ojalá existiera alguna otra versión sin tal detalle. Con Aída Cuevas se tiene, hay que decirlo, una muy respetable interpretación a la altura de lo mejor del bolero ranchero; pero con Solís ese borrón nos cuesta y nos puede.

Con todo, como lo expresara acaso el propio don Guillermo (y que sirva esta nota toda como humilde reconocimiento), aunque sea así se seguirá escuchando sin reparo a Javier. Aunque sea malas nuevas, Solís seguirá cantándonos la buena nueva. Nuestra mejor.

Por aquí nos vemos y leemos, ¡qué va!

Solís Mariano

Estos días no giran precisamente en torno a la figura femenina más importante de los católicos, sin embargo, María tiene por supuesto un papel importante. Estas líneas tampoco son en torno a algún tema litúrgico, pero sí, digamos, "paganamente mariano". Solís grabó dos temas intitulados María (¿deuda se podría considerar una María Bonita de su parte?... como fuere, ahí está su bellísima María Elena de Ernesto Cortázar, incluída en su grabación «En Nueva York» [1960]): María (un beso te robé), de Miguel Ortiz, y, la que nos ocupará ahora, María de Stephen Sondheim y Leonard Bernstein, con letra en español de Mario Molina Montes. Ésta última es, tal cual, una muestra más de lo adelantado que Javier estaba en su tiempo.

Esto es, que antes que José Carreras (en 1984, i.e., con plenos 38 años) hiciera de María un tema algo más que la "canción del musical" (original de 1956) y la cubriera del arte de su voz —dotándola así del aura que hoy día, ha de reconocerse, el tema tiene gracias a él— Javier Solís grabó (acaso en su último par de años de vida, 1965-1966, i.e., en sus 34) esta canción en una versión que apunta ya a aquella operística (como así se le conoce por muchos) de Carreras, concebida por el propio Bernstein. Aquí, por cierto, parte del documental de la grabación de tal versión y las peripecias de ambas leyendas.

Entonces, casi 20 años antes de que Bernstein tomara la opción de hacer de la voz de Carreras un medio ideal y preciso para tener el tritono concebido para esta particular canción y volverla cual aria, Mario Molina Montes le pone letra en español y Solís se encarga así de —además de tener la primera versión en castellano— dejar el precedente de, lo dicho, esa bellísima versión operística. Esto es, que ni siquiera gente como Johnny Mathis o Larry Kert lograron entender de tal manera la canción y sus grabaciones se quedaron en el campo, sí, de los tradicionales musicales. Aquí pues la versión de Javier:

María by Javier Solís  

Así las cosas, aplausos también al mencionado Molina Montes, pues gracias a él tenemos una versión es español que le hace justicia a la original: no es una simple traducción, es una cabal adaptación. Javier la entiende y así junto con la música (a cargo del mariachi), deja ésa preciosa grabación que es ya para todos los tiempos, y que, si me dejan acotar, recuerda en mucho a los himnos marianos. Sea pues: Solís mariano.

Por aquí nos vemos y leemos, ¡qué va!

Volver a cuando vuelva a tu lado

En el episodio anterior (18/02/09) nos quedamos en que nuestro héroe había cometido errores en la grabación de Cuando vuelva a tu lado en su, ojo, versión bohemia para el álbum «En Nueva York» (1960). Es decir, avezados lectores, que hay otra versión y que es, de hecho, la incluída en el disco «Lara, Grever, Baena» (1960). O sea, que me dejaron nomás decir barbaridades (y creerme el error contenido en mi carpeta destinada a dicho disco; pero he ahí la misma página de amazon.com para escuchar —aunque sea un poco— las diferentes versiones: tracks 9 y 23; y el bonito reproductor contenido en javiersolis.net).

SOLISMANÍA hace pues el recuento de esta nuestra pifia.

Javier Solís grabó, caros lectores, dos versiones de esta particular pieza de Grever: una para su álbum «En Nueva York» (con duración de 4 min) y otra, ojo, con mariachi, para «Lara, Grever, Baena» (con duración de 02:21). Luego, en esta versión con mariachi no hay errores, repito, no los hay. Javier se hace acompañar del mariachi Jalisco de Pepe Villa y canta una versión corta (es decir, sin aquella introducción incluída en la otra versión) y con, podemos decirlo, mayor soltura y acaso poder. Amén de, insisto, estar libre de errores en la letra: toda ahora tiene sentido.

Cuando Vuelva A Tu Lado by Javier Solís  

Así las cosas, el trío Los Patricios toman la versión bohemia (la del error), pues ciertamente es la que mejor se prestaba (dado el tempo de la voz), para la grabación de su dueto tecnológico con Javier Solís; de ahí que además del verso introductorio se tenga ese mentado error en la letra interpretada. Sea pues.

Ahora bien, para ponerle un toque elegante a este capítulo, aquí una muy pero muy bella posible portada del artista diseñador gráfico Daniel Gil (Santander, 1930 - Madrid, 2004), para el disco «Lara, Grever, Baena» (que nos hace preguntar, sí, por qué tan poquísimas veces Solís tiene esta merecida compañía de arte en sus discos, y tantas otras unas verdaderas penas ajenas, v.gr. el recién cedé «Sus Grandes Exitos Con Banda»).

(cc) Daniel Gil
© Daniel Gil - artediez


Queda cerrado, me parece, el caso. No se pierdan más de estas entretenidas aventuras. Por aquí nos vemos y leemos. ¡Qué va!

Cuando vuelva a tu lado: what a difference!

Gracias a la precisa observación de Andrés Fragoso, avezado lector de este espacio, reparo yo también en la pifia de la grabación de Cuando vuelva a tu lado (de María Grever) por Javier Solís (incluída, la mismita, en «Javier Solís en Nueva York» y «Lara, Grever y Baena»). Efectivamente, hay errores en la interpretación de Solís:

(1) Dice "el amor que te he dado no repitas jamás", debe decir "(...) no podrás olvidar"
(2) Dice "(si) el beso que negaste ya me lo puedes dar", debe decir "(...) ya no lo puedes dar"
(3) Dice "las cosas que te digo no podrás olvidar por compasión", debe decir "(...) no repitas jamás (...)"

Tomo como referencia las grabaciones hechas por otros artistas (disponibles en youtube; por cierto, hay una muy buena y acaso inesperada versión de Antonio Aguilar) y la letra en —si me preguntan, la mejor referencia en la web para el caso— MiCancionero.com

Así las cosas, Fragoso me apunta que el error pudo ser en la mezcla final de la canción. No lo creo. Pienso que simplemente fue un error en la interpretación de Javier. Es decir, si se tuviera constancia de ello en solamente un disco, podriamos pensar que sí, que hubo un error en la mezcla (pues en el otro disco se escucharía sin error alguno). Pero en los dos materiales discográficos se tiene la misma errónea versión. No hubo pues oportunidad de enmendarla. Javier Solís se dejó ir y así nos fue.

Pero vayamos al detalle. El primer error es obvio, pues no es lógico repetir uno mismo un amor dado por otro (cosa diferente a decir por ejemplo, "el amor que me has dado no repitas jamás" o "el amor que te he dado no repita jamás"). El segundo error puede pasar como licencia, digamos, poética, o bien, ¡qué va!, una enmienda a la versión original. Es decir, que de hecho es más lógico pensar en que ahora sí un beso negado se puede dar, y no como reza la versión original. Por el momento tenemos empate: una pifia versus una enmienda. Viene entonces el tercer error... que bien puede ser perdonado y aceptar, ciertamente, que una vez juntos —reunidos— las cosas dichas no se podrán olvidar por, sea pues, compasión. Sí, mejor es no repetir decires en esos íntimos momentos, pero, lo dicho, además puede uno también no olvidarlos. O sea, que, si me permiten, Javier es aprobado: 2 a 1, y no hay fijón.

La letra no es fácil, por supuesto, Grever tramó casi un rompecabezas. Se recuerdan agrios momentos y se anuncian unos melancólicos. No es claro que volver sea precisamente lo más esperado o alegre, simplemente se pide —se ruega— por un solaz. Así, la versión en inglés What a difference a day makes (letra de Stanley Adams, el mismo que le puso letra en inglés a La Cucaracha) es mucho más clara; si bien no es traducción de la letra original, sí tiene de alguna manera el mismo tema comparativo entre el antes y el ahora, donde el ahora es muy diferente gracias a la presencia de la otra persona. En inglés, pues, no hay drama alguno aunque, eso sí, y sobre todo en la exquisita versión de Dinah Washington, una explicación sensual del estar gratamente acompañados.

Como fuere, Javier, jugueteo del destino, hace una diferencia total. And the difference is... Solís!

Cuando Vuelva A Tu Lado by Javier Solís  

Brindis: Cuando the difference were you.

Dio, come ti amo!

Ciertamente, éste es el título en italiano, el original, pues. De la inspiración de Domenico Modugno (el mismo de Volare), la versión en español de Javier Solís (¡Dios, cómo te amo!), acaso mucho mejor que la de su creador, fue una de sus últimas grabaciones (recordemos que fue en 1966 cuando Javier muere, y en ese año la italiana Gigliola Cinquetti gana el Festival de San Remo con tal canción). Aquí el video (extracto de la película) de la versión italiana en voz de Gigliola (Domenico también la grabó tanto en italiano como en español):


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¿Y Javier?... Aquí su versión de aquél disco de antología, "Javier Solís con Orquesta". ¡Qué va!

¡Dios, Cómo Te Amo! by Javier Solís  


Por aquí nos vemos y leemos.