Esta tristeza mía

Y de todos. Digámoslo de una sola vez: «JS: Sus Grandes Éxitos con Banda» (2008) es un trabajo mediocre. Producido por Pedro Rivera y con la complicidad de la Banda Libertad, en este cedé la voz de Javier Solís es arteramente utilizada y se nos ofrece en una mezcla rupestre, e injusta incluso con el auténtico sonido de la tambora.

No había querido escribir esta debida nota, un poco por tiempo (ya disculparán, caros lectores, la ausencia) y un mucho por lo que me exigía: escuchar completa y atentamente este particular disco. Fácil no es, pues más de una vez se tiene que parar la tarea de escuchar canción tras canción de esta obra sinvergüenza. No hay en ella un momento de descanso, voz y música no se alcanzan y su comunión es sencillamente inexistente.

Ni siquiera el argumento de "reto tecnológico" disculpa la falta de seriedad y, sobre todo, noción musical de cada una de las diez canciones que integran este engrudo. La voz de Javier se pierde entre el sonido de la tambora, pues ésta en lugar de acompañarla pareciera que quiere competir con ella. Los metales, en particular, se encargan de desperdiciar la oportunidad que se tenía de hacer que Solís volviera a tener la grata compañía de la Tambora, esta vez no para valsear (cf. «Javier Solís Con Banda» 1959) sino para seguirla dotando de fuerza como en su momento lo hicieran José Alfredo, Infante, Pérez Meza y por supuesto su mandamás Antonio Aguilar, al interpretar rancheras y boleros rancheros con un acompañamiento de tal carisma como el que ofrece una regia tambora. Así las cosas, no se quiso y no se pudo.

Hace casi un año, en la nota del 28/02/09, preví un balance apenas positivo. Me equivoqué. Aquella pequeña muestra que tenía (ie, un mix de las diez canciones) no dejaba ver la envergadura de la pifia. De las diez canciones no se hace una sola en que se pueda decir que sí, que vale la pena (nunca mejor dicho) tener este disco entre nosotros. Si algún crítico musical quisiera contar con ejemplos de desaliño, éste producto es uno muy bueno. Lo que pintaba como un proyecto temerario pero valioso, terminó siendo un amasijo de otrora éxitos.

Dicho lo anterior, si he de quedarme —acaso para el anecdotario— con una canción de este producto comercial (que no musical), sea pues: Esta tristeza mía, último track y resumen cabal de las nueve canciones que le anteceden. Es decir: ya ni llorar es bueno.

Por aquí nos vemos y leemos. ¡Qué va!

Volver a cuando vuelva a tu lado

En el episodio anterior (18/02/09) nos quedamos en que nuestro héroe había cometido errores en la grabación de Cuando vuelva a tu lado en su, ojo, versión bohemia para el álbum «En Nueva York» (1960). Es decir, avezados lectores, que hay otra versión y que es, de hecho, la incluída en el disco «Lara, Grever, Baena» (1960). O sea, que me dejaron nomás decir barbaridades (y creerme el error contenido en mi carpeta destinada a dicho disco; pero he ahí la misma página de amazon.com para escuchar —aunque sea un poco— las diferentes versiones: tracks 9 y 23; y el bonito reproductor contenido en javiersolis.net).

SOLISMANÍA hace pues el recuento de esta nuestra pifia.

Javier Solís grabó, caros lectores, dos versiones de esta particular pieza de Grever: una para su álbum «En Nueva York» (con duración de 4 min) y otra, ojo, con mariachi, para «Lara, Grever, Baena» (con duración de 02:21). Luego, en esta versión con mariachi no hay errores, repito, no los hay. Javier se hace acompañar del mariachi Jalisco de Pepe Villa y canta una versión corta (es decir, sin aquella introducción incluída en la otra versión) y con, podemos decirlo, mayor soltura y acaso poder. Amén de, insisto, estar libre de errores en la letra: toda ahora tiene sentido.

Cuando Vuelva A Tu Lado by Javier Solís  

Así las cosas, el trío Los Patricios toman la versión bohemia (la del error), pues ciertamente es la que mejor se prestaba (dado el tempo de la voz), para la grabación de su dueto tecnológico con Javier Solís; de ahí que además del verso introductorio se tenga ese mentado error en la letra interpretada. Sea pues.

Ahora bien, para ponerle un toque elegante a este capítulo, aquí una muy pero muy bella posible portada del artista diseñador gráfico Daniel Gil (Santander, 1930 - Madrid, 2004), para el disco «Lara, Grever, Baena» (que nos hace preguntar, sí, por qué tan poquísimas veces Solís tiene esta merecida compañía de arte en sus discos, y tantas otras unas verdaderas penas ajenas, v.gr. el recién cedé «Sus Grandes Exitos Con Banda»).

(cc) Daniel Gil
© Daniel Gil - artediez


Queda cerrado, me parece, el caso. No se pierdan más de estas entretenidas aventuras. Por aquí nos vemos y leemos. ¡Qué va!

Con banda sinaloense

El año pasado, 30 de junio, un anónimo (ven por qué quiero que firmen sus comentarios) hizo mención —en la sección de comentarios de la nota: Discos y más discos... ¿cuántos?, 31/05/2006— de un nuevo cedé de Javier Solís: «Javier Solís: sus grandes exitos con banda» (2008). En su momento no pude recabar información al respecto y dejé el apunte en el aire. Hoy me encuentro ahora sí con el mentado cedé (y si alguien me pudiera decir qué dicen las letras más pequeñas de hasta abajo, mucho lo agradeceré):



Helo ahí. Al parecer en amazon.com está agotado (¡Javier Solís imparable!) pero sí en mixup.com.mx Aquí la lista de canciones (siete de ellas, a mi parecer, javieristas totales, mismas que subrayo):
01. Poco a poco
02. Sombras
03. Con mis propias manos
04. Si Dios me quita la vida
05. Pa' todo el año
06. Una limosna
07. Payaso
08. Las rejas no matan
09. Amigo organillero
10. Esta tristeza mía

10 arreglos 10. Exactamente, diez mezclas de la voz de Solís con el sonido tradicional, y de alguna manera clásico ya, de la banda sinaloense. Luego, en lo que tengo la oportunidad de escucharlo de principio a fin (desde este lado del Atlántico no me es tan fácil hacerme del disco), aquí una probada (y de muy buena manufactura) cortesía del caro Raúl (rey11mx):

Efectivamente, como acota Raúl, es un disco por fuerza controvertido. Es decir, a diferencia del trío, orquesta, o incluso la banda de viento tradicional (sinfónica, la llaman unos), el que escucha a Solís, si me permiten la expresión, no lo presta tan fácilmente a un género que hoy día pasa más bien por el filtro (y gusto) puramente comercial antes que por uno realmente musical.

Ahora bien, en su momento, lo sabrán mejor que yo, avezados lectores, a Javier ya lo hicieron cantar con banda sinfónica sus excelsos valses y el resultado fue realmente bueno; tuvo un marco que supo acoplarse a la suavidad de Solís y se lograron unos tres cuartos de antología. La diferencia ahora es que Solís tiene un mayor reto —dado, lo dicho, el registro actual, esperado y deseado, del sonido de este tipo de banda. Tal sonido está ya muy lejos de aquello que gente como Luis Pérez Meza logró otrora hacer con la banda sinaloense (encumbrarla, en una palabra). Así, la voz de Javier parece ahora sujeta al acompañamiento y hay momentos incluso que parece una competencia (inútil, por supuesto) entre la voz de Javier y el sonido del viento metálico. Y ni hablar de, al menos en la muestra que ofrece mixup.com.mx de Si Dios me quita la vida, donde parece incluso que quieren que suene a pasito duranguense.

Lo deseable, por supuesto, es que el propio Javier se hubiera impuesto esa tarea de, pongámoslo así, pasar del mariachi a la banda sinaloense, pues sólo él hubiera sabido encontrar (como lo hizo, por ejemplo, con una orquesta) el punto perfecto de armonía. Así como, en una analogía, el referido Pérez Meza hizo lo suyo con, en su caso, el mariachi (p.ej., ver aquí y comparar, sin reparo alguno, con versiones como ésta: cada una tiene lo suyo y no hay conflicto alguno a pesar de las diferencias entre los géneros acostumbrados en cada intérprete).

Entonces, que sin haber escuchado totalmente el disco, yo preveo un balance apenas positivo gracias únicamente a, exacto, la aparición de Javier en tales menesteres de mezcla y sonidos de moda (¿a eso parece reducirse nuestra querida tambora?). Gracias pues a la perenne presencia de Javier en el gusto musical de la gente, productores y músicos de banda incluídos.

Por aquí nos vemos y leemos. ¡Qué va!

Actualización/Fe de erratas
Según yo Si Dios me quita la vida no es javierista. Error. Lo es y totalmente: Luis Demetrio (1931-2007), el compositor, la pensó especialmente para Javier Solís.

Cuando vuelva a tu lado: what a difference!

Gracias a la precisa observación de Andrés Fragoso, avezado lector de este espacio, reparo yo también en la pifia de la grabación de Cuando vuelva a tu lado (de María Grever) por Javier Solís (incluída, la mismita, en «Javier Solís en Nueva York» y «Lara, Grever y Baena»). Efectivamente, hay errores en la interpretación de Solís:

(1) Dice "el amor que te he dado no repitas jamás", debe decir "(...) no podrás olvidar"
(2) Dice "(si) el beso que negaste ya me lo puedes dar", debe decir "(...) ya no lo puedes dar"
(3) Dice "las cosas que te digo no podrás olvidar por compasión", debe decir "(...) no repitas jamás (...)"

Tomo como referencia las grabaciones hechas por otros artistas (disponibles en youtube; por cierto, hay una muy buena y acaso inesperada versión de Antonio Aguilar) y la letra en —si me preguntan, la mejor referencia en la web para el caso— MiCancionero.com

Así las cosas, Fragoso me apunta que el error pudo ser en la mezcla final de la canción. No lo creo. Pienso que simplemente fue un error en la interpretación de Javier. Es decir, si se tuviera constancia de ello en solamente un disco, podriamos pensar que sí, que hubo un error en la mezcla (pues en el otro disco se escucharía sin error alguno). Pero en los dos materiales discográficos se tiene la misma errónea versión. No hubo pues oportunidad de enmendarla. Javier Solís se dejó ir y así nos fue.

Pero vayamos al detalle. El primer error es obvio, pues no es lógico repetir uno mismo un amor dado por otro (cosa diferente a decir por ejemplo, "el amor que me has dado no repitas jamás" o "el amor que te he dado no repita jamás"). El segundo error puede pasar como licencia, digamos, poética, o bien, ¡qué va!, una enmienda a la versión original. Es decir, que de hecho es más lógico pensar en que ahora sí un beso negado se puede dar, y no como reza la versión original. Por el momento tenemos empate: una pifia versus una enmienda. Viene entonces el tercer error... que bien puede ser perdonado y aceptar, ciertamente, que una vez juntos —reunidos— las cosas dichas no se podrán olvidar por, sea pues, compasión. Sí, mejor es no repetir decires en esos íntimos momentos, pero, lo dicho, además puede uno también no olvidarlos. O sea, que, si me permiten, Javier es aprobado: 2 a 1, y no hay fijón.

La letra no es fácil, por supuesto, Grever tramó casi un rompecabezas. Se recuerdan agrios momentos y se anuncian unos melancólicos. No es claro que volver sea precisamente lo más esperado o alegre, simplemente se pide —se ruega— por un solaz. Así, la versión en inglés What a difference a day makes (letra de Stanley Adams, el mismo que le puso letra en inglés a La Cucaracha) es mucho más clara; si bien no es traducción de la letra original, sí tiene de alguna manera el mismo tema comparativo entre el antes y el ahora, donde el ahora es muy diferente gracias a la presencia de la otra persona. En inglés, pues, no hay drama alguno aunque, eso sí, y sobre todo en la exquisita versión de Dinah Washington, una explicación sensual del estar gratamente acompañados.

Como fuere, Javier, jugueteo del destino, hace una diferencia total. And the difference is... Solís!

Cuando Vuelva A Tu Lado by Javier Solís  

Brindis: Cuando the difference were you.

Resultados pendientes

Antes de iniciar una nueva encuesta (se aceptan sugerencias), he aquí los resultados de aquella que hace ya bastante tiempo echamos a andar.

  • Pregunta: ¿Quién ha reinterpretado mejor los clásicos de Javier Solís? (total de votos: 2044)
  • Resultados:
Alejandro Fernández 58%
Pepe Aguilar 27%
Pablo Montero 15%

Lectura:
Los resultados reflejan la popularidad de cada uno de los, digamos, competidores. Los comentarios reflejan el sentir de la gente: nadie como Javier Solís. Ahora bien, la encuesta (y creo que no se entendió del todo) no buscaba comparar a Javier Solís con alguno de estos tres jóvenes cantantes propuestos (dada su mayor popularidad dentro del género bolero ranchero); pretendió, más bien, saber hasta qué punto estos cantantes han podido, eso, reinterpretar aquellas canciones que son ya clásicas en voz de Javier Solís.

Alejandro empezó su carrera no sólo con la sombra de su padre sino también a la de los otrora éxitos de Javier Solís. (Pisó los escenarios, pues, con la consigna de ser el nuevo valor del bolero ranchero.) Así, logró con algunos clásicos imprimir su huella (e.g., A pesar de todo) y con otros simplemente los dejó como una muestra más de la variedad de interpretaciones (e.g., Mentira, mentira, que, de hecho, después Vicente se encargaría de regrabar en compañía de, oh, Javier Solís). Ciertamente hoy día ya no es el mismo de hace 15 años, y poco o nada del repertorio de Solís ha reinterpretado, pero por lo que grabó yo lo ubicaría en un segundo lugar.

Y sí, mi primer lugar sería para Pepe. Es él quien mejor ha entendido a Javier y por ello más allá de competir con la grabación original, procura una nueva, una suya, una muy a su manera. En tu pelo le quedó bastante aceptable: la refrescó y logró darle una nueva imagen. Tiene otras, y creo que en cada una se volcó hacia lo que ya él venía haciendo con su repertorio (e.g., Por mujeres como tú) y no cedió ante los impulsos de ocupar lugares. De ahí que, lo dicho, me parece el que mejor ha, literalmente, reinterpretado a Solís.

Finalmente, uno que más que a reinterpretar, se dedica a querer interpretar es Pablo Montero. Y sí, como algunos participantes comentaron, es él quien más busca, con su estilo y voz, parecerse a Javier. Es claro que se queda en el intento. Sus grabaciones son burdas interpretaciones de los clásicos de Javier. Su disco homenaje a Javier fue simplemente una buena recopilación de temas, no de interpretaciones, y ni hablar de reinterpretar: no lo logró y, al paso que va, no creo que lo logre (i.e., esperaré sentado).

En fin. Otros más han grabado los clásicos de Javier: por ejemplo, Luis Miguel y Cristian Castro. Sin embargo no lo han hecho tanto como los tres listados, de ahí que los dejara fuera de las opciones. Insisto, no busco comparar; pero sí encontrar a alguien que en la actualidad haya podido entender las letras y música que hicieron de Javier un ícono de la música. Valga un ejemplo final con la canción El mundo: Javier Solís, primero, logró reinterpretar la versión italiana y nos dejó una versión en español sin comparación alguna; luego, José José hizo la versión suya tan así, que con ella sentó sus bases para éxitos posteriores. Es que, en tales menesteres de la regrabación, de eso se trata precisamente: de reinterpretar.

Por aquí nos vemos y leemos. ¡Qué va!

¿Y Javier?

A raíz del aniversario luctuoso de Frank Sinatra (ayer 14 de mayo) y el anuncio (por parte de sus herederos) de la creación de Frank Sinatra Enterprises, la pregunta obligada es: ¿Y Javier, nuestro Javier Solís?... Lo de siempre, lo acostumbrado, lo común, lo ordinario: una misa aquí, un programa especial allá (favor que nos hacen) y un disco por acá (otro gran favor). No es que esté mal, qué va (Javier dixit), pero es simplemente un nimiedad ante el legado de Solís. Javier sigue esperando algo más que discos y misas.

El paralelismo de Sinatra y Solís en cuanto a voz y talento se limita a eso, precisamente, y no se extiende a lo que los herederos en el caso de Frank han hecho con semejante ícono de la música anglosajona: un ícono cultural. Javier Solís sigue esperando alguna fundación (acaso como la Frank Sinatra Foundation) o algún mercadeo como la mencionada Frank Sinatra Enterprises, fruto de la visión a mediano y largo plazo de sus herederos (es decir, la familia Sinatra) y casa disquera (Warner Music).

¿Qué estamos esperando? ¿Solución a conflictos a familiares para comenzar entonces una verdadera y bien pensada explotación musical de Javier Solís? Digo bien pensada porque una cosa es lanzar el debido disco (sea doble, triple o de edición especial) y otra repensar el catálogo musical de Javier para su mejor estudio, disfrute y deleite. Digo explotación porque así como en vida Javier dio todo de sí para ese extraordinario número de grabaciones y actuaciones, éstas deben tener eco no sólo por, lo dicho, su número sino, sobre todo, por su extraordinaria calidad. Digo también solución a conflictos familiares porque Gabriel Siria, como su ídolo Pedro, dejó de igual forma un buen enredo de lazos familiares, y con ello un obstáculo para la comercialización post mortem de su música (i.e., de a cómo y a quién va a ser la parte del pastel de la venta de equis disco del difunto).

Así las cosas, pareciera que Javier Solís (y con él sus seguidores) seguirá sujeto a aniversarios y fechas especiales para que alguien y algo lo recuerde con lo hasta ahora visto y tenido y nada más; mientras que otras figuras de la misma e igual talla, como Sinatra (y sus seguidores), pueden ver cómo su herencia y legado se perpetúa con acciones sendas y prestas.

Por aquí nos vemos y leemos, ¡qué va!

Envío
A Jkaceres, por su magnífica página, ejemplo de aquellas requeridas acciones.

Se busca

Y ya que estamos hablando de discos y reinterpretaciones, se busca este cedé, para luego entonces darle una justa revisión (sea de ustedes, selectos lectores, o mía):

«UN MARCO PARA DOS IDOLOS: PEDRO INFANTE & JAVIER SOLÍS» (RCA Intl)
de Marco Antonio Muñiz
01.- NI POR FAVOR
02.- SOMBRAS / SOMBRAS NADA MAS
03.- CORAZON / ENAMORADO PERDIDO
04.- CENIZAS
05.- FLOR SIN RETOÑO / CIEN AÑOS
06.- LA CORRIENTE
07.- LLORARAS
08.- DI QUE NO
09.- ESCLAVO Y AMO
10.- TE QUIERO ASI
11.- OJITOS TRAIDORES
12.- NOCTURNAL

Ya les digo, todo sea por escuchar a lo que se supone ha sido el único, digamos, claro homenaje por parte de Muñiz al que fuera en su momento su más acaso férreo e insuperable competidor.

(Es sabido que Marco debutó en la escena profesional musical antes que Solís y a lo más, ya con Javier en escena y sus menos años de experiencia pero gran talento, logró Muñiz algunos mano a mano siendo Javier el rival a vencer. Todavía más, penosas anécdotas hay sobre la reacción de Marco a la muerte de Javier. Se puede pensar inclusive que tal disco-homenaje incluyó a Pedro para, como se dice, destantear y no hacer tan obvio el merecido tributo a Javier y así saldar deudas pendientes, pues Solís, sus interpretaciones, quedan más cerca del estilo musical de Marco, y no así las canciones de Pedro.)

Como sea, Marco Antonio es referencia obligada y una voz pilar de la bohemia. Ojalá algunos de ustedes, selectos lectores, ayude a hablar más de este material discográfico.

Por aquí nos vemos y leemos. ¡Qué va!

Comparabilidad de Solís

Disculpas mil por haber dejado pendiente un tema que tenía ya en la mira y que gracias a un reciente comentario (de Lissita) en el blog, ciertamente es mejor dejarlo en claro: Javier Solís es el rey del bolero ranchero, ni más, ni menos. Lo cual implica, selectos lectores, que compararlo con voces de tenores líricos es un ejercicio que a poco o nada nos lleva. Mejor hablar del por qué Javier y su voz son lo que hasta ahora: la máxima interpretación de boleros rancheros. Sí, interpretó otros géneros y ciertamente lo hizo muy a su manera y de una forma por demás extraordinaria, pero de ahí a compararlo con voces como las de Genaro Salinas, Pedro Vargas, Alfonso Ortiz Tirado, Juan Arvizu, Plácido Domingo, Ramón Vargas, etc., no ha lugar. Claro, bien lo dijo doña Lissita: voces como la de Genaro Salinas son para cantos de otros niveles. O sea, he ahí el detalle, que no entiendo por qué voces de ahora como los Fernández (en algunas de sus interpretaciones, acotemos) insisten en sonar a tenores cuando están a millas de distancia de lograrlo. Javier Solís tenía en claro su papel y así en interpretaciones como, digamos, Granada no hizo más que dejar su sello e interpretar de la mejor manera posible. A lo suyo, pues. Un cancionero, subrayaba Javier.

Ahora bien, ¿las interpretaciones de boleros, rancheras y boleros rancheros son/suenan mejor en voces de, e.g., Salinas, Domingo, Vargas, etc.? No. Son interpretaciones ciertamente con una técnica, como diría Lissita (gracias por la ayuda), sin rasgos indeseables de los cantantes empíricos, pero he ahí el detalle, selectísimos lectores, no contienen tales rasgos que precisamente las rancheras, los boleros y los boleros rancheros necesitan. (Paréntesis para hacer mención de un recién cedé de Juan Diego Florez, «Sentimiento Latino» 2006, donde por fin logré escuchar algo más que técnica; es bueno el muchacho, que ni qué.) A final de cuentas, tal género de música es lo que persigue: expresar de la manera más llana (i.e., sencilla, sin presunción) un sentimiento humano. Y sí, ahí la grandeza de Javier, pues si se hace de una manera no sólo sencilla sino única, carismática y sentimiental, ¡ya estuvo, muchachos!, más no se puede ni debe pedir, la misón está cumplida, y con creces. Parafraseando al buen Piporro: ¡qué cantante empírico tan empirado!

El resto será cuestión de preferencias. Yo sigo optando por Javier cuando quiero escuchar un bolero o una ranchera (¡o ambos!). El bel canto lo dejo para cuando quiero enterarme de acertijos de princesas u oler violetas (otrora camelias). Al César lo que es del César y a Javier lo que es de Solís, ¡qué va!

Por aquí nos vemos y leemos.

¿Cenizas?

Aprovecho la nueva encuesta para poner a su consideración este trío de temas e intérpretes. A saber: Pepe Aguilar con Cenizas (de su reciente álbum Enamorado, 2006), Pablo Montero con Cuando calienta el sol (del cedé Gracias, homenaje a Javier Solís, 2003) y Alejandro Fernández con Si Dios me quita la vida (del disco Grandes Éxitos a la Manera de AF, 1994).

La cuestión es sencilla: ¿hasta qué punto vale la pena que otros intérpetes se den a la tarea de cantar a su manera aquellos (otrora y por siempre) éxitos de Javier Solís? Si me preguntan, les responderé que vale la pena y esfuerzo siempre y cuando se haga con: calidad, entrega y sello personal. Las tres cosas juntas. Ahora bien, del por qué tal selección con estos tres cantantes, les diré que son ellos los que, a mi manera de ver, además de ser jóvenes que están ya en un camino sólido con suficientes méritos y aciertos profesionales, me parece han hecho de Javier Solís su piedra de toque. Pepe Aguilar, por ejemplo, y él mismo así lo ha dicho, reconoce a Solís como un pilar (y el mejor) del tipo de música que él interpreta y con la que se ha hecho lugar en la escena musical. Vale pues preguntar hasta qué punto son sólo «cenizas» lo que estos intérpretes logran finalmente cuando reinterpretan a Solís.

Pablo Montero todo un disco dedicó a temas de Javier. Un Homenaje, precisó Montero. Pepe Aguilar suele incluir (éste su más reciente disco no es la primera vez) temas de Solís en su repertorio. Alejandro Fernández, hay que decirlo, no es tan directo (¿sincero?) y sólo en el inicio de su carrera grabó algunos temas del repertorio de Javier (aunque en sus conciertos ya es de cajón el tema A pesar de todo, incluído por ejemplo en aquella grabación en vivo, 2003, del concierto con Vicente Fernández). Tres plebeyos que se acercan al Rey. ¿Queman las interpretaciones de Javier y nos dejan cenizas?, o bien, ¿de las cenizas se elevan cuales Ave Fénix? (eso sí, acoto, cada 500 años se supone que el Ave Fénix se consume en el fuego y surge entonces una nueva y joven ave... Javier Solís, siguiendo los pasos de su estimado Pedro, es ya inmortal, ¡qué va!).

Aquí los temas y mis humildes calificaciones (de 1 a 5 estrellas) en los tres rubros mencionados (estilo o sello personal, calidad musical y entrega/esfuerzo):

i) Pepe Aguilar con Cenizas (de Wello Rivas)...

Estilo: 5 estrellas, es Pepe sin lugar a dudas y no busca o intenta sonar a Javier;
Calidad: 4 y media estrellas, los arreglos que tiene la canción son de una muy buena manufactura; la voz de Pepe por momentos se queda corta o fuera de lugar;
Entrega: 5 estrellas, una canción que demanda esfuerzo y que Aguilar supo ofrecer.

ii)  Pablo Montero con Cuando calienta el sol (de Mario y Carlos Rigual)...

Estilo: 1 estrella, por momentos quiere ser Javier y por otros suena a Alejandro Fdz.;
Calidad: 3 y media estrellas, los arreglos salvan la canción y le dan un sonido de calidad, no así la voz de Montero;
Entrega: 2 y media estrellas, la interpretación es mediocre comparándola con otras del mismo artista;


iii) Alejandro Fernández con Si Dios me quita la vida (de Agustín Lara)...

Estilo: 3 y media estrellas, apenas y se percibe su estilo, confundiéndose con el del padre;
Calidad: 3 y media estrellas, los arreglos pudieron haber sido mucho mejores, con más brillo;
Entrega: 4 estrellas, en conjunto se logró ciertamente hacer a la manera de Alejandro, aunque una apenas diferenciable de otras.

En resumen, Pepe Aguilar es quien me parece ha resolvido mejor ese acercamiento con Solís (se puede decir incluso que ya le agarró la medida); Montero tuvo que haber pensado más de dos veces antes de lanzarse a tan peculiar ruedo; y Alejandro está en el intento y no es clara la faena que puede o no hacer (¿tomará al toro por los cuernos y grabará como lo hace su competidor Aguilar?). En fin. Javier Solís sigue siendo único y necesario.

Por aquí nos vemos y leemos. ¡Qué va!

¿Cómo te gustaría un próximo disco de Solís?

Bien, se cerró la encuesta, y después de 458 votos he aquí los resultados:
¿Cómo te gustaría un próximo disco de Javier Solís?
*Canciones inéditas o remasterizadas 52%
*A dúo con Pedro Infante 43%
*Duetos 5%
Además de su participación, agradezco los comentarios que algunos hicieron en la encuesta. Gracias mil. Los comentarios se explayan sobre el por qué de las opciones finalmente elegidas. Entonces, atención deberán de poner aquellos involucrados en la todavía carrera discrográfica de Javier: demanda hay, y bien. Luego, sobre qué tipo de material es el que se espera tener y comprar, pues me parece que esta humilde encuesta refleja aquello que, creo, ya se tiene más que claro. Los solismaniacos y javieristas deseamos escuchar más y mejor a Javier Solís. No sean díscolos, señores de la industria, sáquenle jugo a lo bueno de la vida y compártanlo. Rebién han sido aquellos últimos cedés de Javier (i.e., «JS con Orquesta», «Las Inéditas de JS», «JS con Trío») que ofrecieron más y mejor de Solís. Seguros estamos que hay más y dispuestos estamos a apoyar la figura de Javier. Dicho sea.

Por supuesto, y buena parte de los encuestados lo dijeron, otra opción bienvenida sería escuchar a Solís e Infante juntos. Ello, claro, gracias a la posible magia de la tecnología. Digo posible, porque según los conocedores la cuestión no es del todo sencilla dado el tipo de grabación que Pedro hizo en su tiempo. Es decir, que no es tan fácil separar su voz del resto de la música de sus grabaciones. Con las grabaciones de Javier, nos siguen explicando los conocedores, sí es posible separar su voz pues su grabaciones originales así lo permiten. En fin. Sea pues, ahí otra opción que merece atención por parte de los expertos y de aquellos que puedan incidir en los próximos discos de Javier Solís.

Finalmente, ya se ve, los duetos al estilo, por ejemplo, Javier Solís y Vicente Fernández en su disco «Mis Duetos» (2005), no son del todo requeridos por parte del público selecto y conocedor. Se valen, que ni qué, pero nomás tantito.

Así las cosas, vox populi, vox dei. Por aquí nos vemos y leemos, ¡qué va!

NB. En línea ya la nueva encuesta. Participen. ¡Gracias!