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El Amigo del Santo

Cuando Javier Solís fue llevado al Panteón Jardín de la Ciudad de México, aquel 20 de abril de 1966, uno de sus amigos no acudió a la despedida: Santo, el enmascarado de plata. Él mismo contó el porqué: para que la gente no dijera que se estaba haciendo publicidad o bien, yendo sin máscara, para evitar a los paparazzi. En este video (que subió Heber Galicia a su canal de youtube) lo explica: liga.

La amistad entre el Santo y Solís es una vieja conocida entre los javiersolistas. Javier, sabemos también, era fanático, como buen capitalino defeño de aquellos sus años, de las luchas y el box. Con el Santo, nos cuenta el hijo, Solís encontró un cuate a la medida y hubo, como es natural, especiales detalles que dieron cuenta de ello. Por ejemplo, un sobrio sombrero negro con detalles argentados.

En diciembre pasado un tuit del Hijo del Santo nos recordó tal regalo de Javier al Santo con esta foto:

Sombrerosanto

El lugar es el Centro Cultural del México Contemporáneo (sita en Leandro Valle 20, México DF), donde del 8 de diciembre del 2011 al 10 de febrero del 2012 está la exposición «Santo: Leyenda de Plata». Al parecer, por otras fotos en la red, la exposición tiene lo suyo (junto con lo de Solís). Si pueden, avezados lectores, vayan.

Aquí en la SOLISMANÍA colgué hace meses unas fotos que Gabriela Siria (hija de Solís) tomó de otras fotos. Una de esas imágenes era precisamente la del Santo y Solís (con alguien más) a la salida de un juego de beisbol (otra de las pasiones de Javier).

Javier_solis_029
Ahí pues un par de ídolos que con los años siguen haciendo la lucha.

Dice el Santo, en la referida entrevista, que su «vida social fue nula». Seguro que lleva mucha razón, tanta foto y pose han de haber sido una lata. Javier, por su parte, tuvo también su máscara en el nombre artístico, ¿cuántas veces habrá querido dar una vuelta solo Gabriel Siria?…

El Señor de Sombras con el Enmascarado de Plata, vaya dupla, ¡qué va!

Como cantar en bicicleta

Mejor dicho, quién como Solís en bicicleta, cantando, por supuesto, entre autos y peatones, y sorteando así toda clase de dificultades para hacer cumplida entrega. Es pues un Javier jovencísimo al manubrio de una bicicleta sin frenos y llevando kilos de carne a domicilio. O bien, pensémoslo de otro modo: desde la Providencia* —¡qué va!— aquel muchacho salió, rodó y rodó las calles de la gran ciudad y no paró —sin frenos, ya se dijo— hasta alcanzar la gloria de sus interpretaciones. Helo ahí en sus primeras pedaleadas, sin más público que el trajín de la urbe, sin más aplausos que la propina a sus encargos, sin más que él mismo y su hambre de cantar.

Bicla

Una postal que nos llega a través de la trilogía «El Señor de Sombras: la vida de Javier Solís» (J. F. Coria, Ed. Clío, 1995) del archivo de Valentín Levario (padrino de Javier). El pie de foto indica que, «así se le vio durante años por la Condesa y Tacubaya»; hoy día las bicicletas, al parecer, vuelven a ser protagonistas de historias, ¿en alguna habrá un Javier en ciernes? Seguramente: en una bicicleta se mueven mejor los sueños al estar en contacto directo con el aire y, al mismo tiempo, con los pies más cerca del suelo. Solís lo supo (acaso por necesidad y no por gusto) y sin duda en cada pedaleada se forjaban notas de aquél carácter que haría de él un artista cabal. Todavía más, quizá su pedaleo ominó su seguro andar vocal y fue así piedra de toque de su canto, de su encanto.

 

*La Providencia fue el nombre de la carnicería en la que el muchacho Gabriel Siria Levario trabajó; era propiedad de David Lara Ríos y se ubicaba en Juanacatlán y Sombrerete de la Ciudad de México.

Solís por Siria

En su momento, Gabriela Siria Sainz, hija de Gabriel Siria Levario, compartió con el Club Yahoo de Javier Solís estas fotos que ella tomó con su cámara; imágenes del artista que, a ojos de hija de la persona, parecen ser la representación de la figura paterna del cantante Solís. Aquí pues una serie de estampas de un Gabriel capturado. De Javier en ojos de Gabriela. De Solís por Siria.

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