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¿Y Javier?

A raíz del aniversario luctuoso de Frank Sinatra (ayer 14 de mayo) y el anuncio (por parte de sus herederos) de la creación de Frank Sinatra Enterprises, la pregunta obligada es: ¿Y Javier, nuestro Javier Solís?... Lo de siempre, lo acostumbrado, lo común, lo ordinario: una misa aquí, un programa especial allá (favor que nos hacen) y un disco por acá (otro gran favor). No es que esté mal, qué va (Javier dixit), pero es simplemente un nimiedad ante el legado de Solís. Javier sigue esperando algo más que discos y misas.

El paralelismo de Sinatra y Solís en cuanto a voz y talento se limita a eso, precisamente, y no se extiende a lo que los herederos en el caso de Frank han hecho con semejante ícono de la música anglosajona: un ícono cultural. Javier Solís sigue esperando alguna fundación (acaso como la Frank Sinatra Foundation) o algún mercadeo como la mencionada Frank Sinatra Enterprises, fruto de la visión a mediano y largo plazo de sus herederos (es decir, la familia Sinatra) y casa disquera (Warner Music).

¿Qué estamos esperando? ¿Solución a conflictos a familiares para comenzar entonces una verdadera y bien pensada explotación musical de Javier Solís? Digo bien pensada porque una cosa es lanzar el debido disco (sea doble, triple o de edición especial) y otra repensar el catálogo musical de Javier para su mejor estudio, disfrute y deleite. Digo explotación porque así como en vida Javier dio todo de sí para ese extraordinario número de grabaciones y actuaciones, éstas deben tener eco no sólo por, lo dicho, su número sino, sobre todo, por su extraordinaria calidad. Digo también solución a conflictos familiares porque Gabriel Siria, como su ídolo Pedro, dejó de igual forma un buen enredo de lazos familiares, y con ello un obstáculo para la comercialización post mortem de su música (i.e., de a cómo y a quién va a ser la parte del pastel de la venta de equis disco del difunto).

Así las cosas, pareciera que Javier Solís (y con él sus seguidores) seguirá sujeto a aniversarios y fechas especiales para que alguien y algo lo recuerde con lo hasta ahora visto y tenido y nada más; mientras que otras figuras de la misma e igual talla, como Sinatra (y sus seguidores), pueden ver cómo su herencia y legado se perpetúa con acciones sendas y prestas.

Por aquí nos vemos y leemos, ¡qué va!

Envío
A Jkaceres, por su magnífica página, ejemplo de aquellas requeridas acciones.

La Voz

Pues bien, antes de José José y —ni modo, se tiene que reconocer— Luis Miguel, hubo en México un intento por posicionar (del argot mercadológico) una voz en castellano en la escena musical mundial. Tener pues la contraparte de la voz anglosajona del mismísimo Frank Sinatra. Sin duda, parte del negocio de la industria, asunto que se vale e incluso aplaude, todo sea por, eso sí, posicionar algo que realmente valga la pena. Así, Sinatra, se sabe, fue bautizado como «la Voz» por merecidas y obvias razones: él era, es y será simplemente The Voice (no sólo por el sonido y color de ésta sino también por su fraseo… all in one).

Así las cosas, decía, México ha tenido sus intentos. El más reciente es Luis Miguel que, según algunos, bien puede ser esa voz —el crooner— que el mundo hispano tiene en estos momentos. Está por verse (o quizá ya se vio que nomás no). También, lo dicho, con José José se intentó tener la mentada voz: recordar, por ejemplo, su grabación/interpretación —bastante malita— de «New York, New York». El intento no resultó.

Donde ya no se pudo ver ni saber si resultaba o no el intento fue con Javier Solís. Es decir, que Javier Solís (y/o sus managers) también buscó ser La Voz… Por lo menos en el aspecto del marketing; tan así que se grabó (en 1965) Javier Solís en Nueva York (CBS), un acetato que en su portada mostraba —por si la duda— al buen Solís con sombrero à la Sinatra. Además, ojo, se incluyó en la producción del disco, bajo la dirección y arreglos del innovador Chuck Anderson, a gente del equipo de Sinatra. Es decir, la apuesta era clara: demostrar que Javier Solís era ya la Voz (de crooner) de la canción en español.

Lamentablemente no hubo tiempo para que Solís refrendara (con presentaciones y más grabaciones de canciones inéditas, y con orquesta) ese título, pues al año siguiente falleció. No obstante, el disco logrado demuestra en verdad que la voz de Solís hacía lo que el alma —su condición de cancionero— le pedía. Dicho disco incluyó canciones algo más que clásicas, es decir, la mejor carne disponible en el asador, por ejemplo: «Bésame Mucho» de Consuelo Velázquez, «Cuando vuelva a tu lado» de María Grever, «Siboney» de Ernesto Lecuona, «Vereda tropical» de Gonzalo Curiel, en fin, material de primerísima calidad. Es más, cual remate, Solís grabó aquél ya clásico americano de Cole Porter, «Night and Day», en español («Noche y día», ¿la primera versión en castellano?):

Un disco que no debe faltar. Así como esta foto que me parece de antología. Ustedes dirán:

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*Tomada del Archivo de JavierSolisClub

Creo que sin el sombrero hubiera quedado mejor la estampa, pero aún así está más que bien la foto, ¿que no?

O qué tal esta otra donde se ve al Ojos Azules escudriñando al oriundo de Tacubaya, «Is he real?», acaso pensó.

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*Tomada del Archivo de JavierSolisClub

Larga vida al swing y al bolero. Larga vida a las Voces

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