Una prueba de aspirante

enero 20, 2013 § Deja un comentario

Hace cincuenta años la escena no era del todo rara: un cantante cabal haciendo publicidad. Cantándola. Antes de la imagen, fue la radio quien buscó aprovechar aquella camada de estrellas del momento; si Pedro Infante recomendó el aceite 1•2•3, ¿por qué no hubiera sido raro escuchar a Solís anunciando una (agua de) colonia o un jabón esplendoroso?

La escena es ficticia, pertenece a la película Un tipo a todo dar (Cortés, 1962), donde Solís hace de Javier en el otrora papel de Gabriel (Siria Levario). Así, en oficios varios, el protagonista de la historia da cuenta de ser, literalmente, a todo dar. Boxea, filetea, enamora y, claro, canta. Entre golpes, calles y notas, Javier llega hasta el estudio y canta un par de jingles, tonadillas; lo contratan y el resto es historia.

Solís no llegó a hacer publicidad más que en película. Helo ahí, de película, evitando al natural los trancazos y optando por la cantada. Raro, insisto, no hubiera sido: la publicidad del momento solía echar mano de las mejores voces (y versos) para anunciar sus productos. En Un tipo a todo dar aquel Javier era uno en ciernes: lo que escuchamos es un Solís mayor (y en sol). ¡Qué va!

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