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Del 2011, una selección

Por cuestiones de formato, tengo que traer esta nota a la SOLISMANÍA, donde —ya se ve— sin problemas puedo insertar este útil artilugio.

Quiero mostrar una selección de siete libros que tuvieron en mi 2011 un lugar sobresaliente. Algunos salieron al mercado este mismo año y otros ya estaban a la espera del encuentro con el lector—como Holy Smoke, que me ha parecido algo más que un libro (i.e., una epifanía), The Gay Talese Reader, que incluye esa magnífica y ya clásica crónica «Frank Sinatra has a cold», y el What I Talk About When I Talk About Running (que leí en español), cuyas líneas, si me preguntan, puedo preferir antes que las de alguna de las novelas del mismo autor.

Así, con El Sueño del Celta literalmente abrí el año, y si bien no es la gran novela sí que responde a la talla del autor. Mis «descubrimientos» fueron los Trabajos del Reino y La marrana negra de la literatura rosa, sobre todo sus autores, a quienes sin duda he de seguir, y de ahí que tengan que estar en esta lista. Cierro con Thinking, Fast and Slow, una obra que está para pensarse y repensarse… a uno. ¡Qué va!

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PS. Prometo hacer algo parecido, por supuesto, con la música de Solís.

La importancia de cantar a Julia

Lo siguiente es historia conocida entre los javieristas, y referida en la última página del tomo II de «La vida de Javier Solís» (Clío 1995) de José Felipe Coria.

Dice así.

«Para poner a prueba su estilo, decidió grabar todos los valses que Pedro había hecho famosos. Quería darle un giro especial a cada uno de ellos, en especial a Julia, melodía que era un alarde insuperable de perfecciones en la voz de Pedro.

Cuando se grabó Julia [fechado ello en 1959] no resultó a la primera, como ya era costumbre en Javier. Se fijó dónde había fallado y en la segunda toma se esmeró en cantarla mejor. [Rafael] Carrión lo reconoció enseguida. Desde el micrófono de la cabina, en lo que escuchaba la toma, le dijo a Javier:

—Le acabas de dar en la torre a mi compadre.

Al salir de los estudios, Javier sentía que, al fin, le había ganado a Pedro en su terreno, y sí, Pedro era el ídolo de México y lo sería siempre, pero lo había destronado como cantante.»

 

Aquí pues Julia, de Francisco Moure Holguín, con mariachi:

y con banda:

¡Qué va!

Javier Solís en El Mariachi

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No me refiero a la película de Robert Rodríguez, sino al libro de Jesús Jáuregui «El Mariachi» (Taurus, 2007). Un estudio social y antropológico que aborda desde dintintos puntos la figura del mariachi y su tradición. El autor nos ofrece una obra que bien podría ser ya de referencia obligada para todo aquél que se diga conocedor del tema. Así, como tal, hay nombres que no pueden faltar en su mención. Uno de ellos: Javier Solís.

 

Por supuesto, Javier aparece al lado de las otras dos personalidades que, ya se ve, forman parte del análisis del mariachi, su música y tradición. Jorge Negrete y Pedro Infante, pues, son los que anteceden a Javier en ese papel de ídolos. En particular, Jáuregui habla de la figura del charro cantor, aquella inaugurada por Tito Guízar (en 1936 con la película «Allá en el Rancho Grande»), como ídolo de multitudes. Entonces, el primer ídolo es Jorge Negrete seguido por Infante y como tercero, Javier Solís.


Me permito transcribir algunos apuntes de Jáuregui sobre Javier Solís.

El último ídolo fue Javier Solís, cuya carrera fue menos brillante. A diferencia de los anteriores, sus actuaciones en los filmes fueron mediocres, por lo que su imagen fue más sonora que visual y su público se caracterizó por la identificación con el "cantante de origen proletario". Su estilo, definido en Entrega total, Me recordarás y Sombras, «está determinado por su género preferido: "el bolero ranchero", a medio camino entre el estilo de cantina y el ranchero tradicional. Su expresiva y sensual voz con ciertos resbalones rítmicos en los momentos en que requerían más expresión, así como una afinación acomodaticia, le dan el toque inconfundible» (Moreno Rivas, Y., Historia de la música popular mexicana, 1979).

Los integrantes de esta "Tercia de Ases" comparten además de su cualidad de excelentes cantores, la condición de "machos enamorados" (tanto en la pantalla como en la vida real) y el haber dejado el trono a tiempo: todos murieron en plenitud, cuando se encontraban en la cúspide de su carrera. «Son los ídolos de la canción, los amos de la mujer mexicana y los ahijados de la muerte» (Aviña y Salazar, Ahijados de la Muerte, Somos uno: 3 tipos de cuidado, 2001). Por eso siguen —cada uno a su manera— en el corazón del pueblo.


Tela para cortar, sin duda alguna, y espero regresar a comentar al respecto de algunas líneas vertidas en el mencionado libro. Por el momento, dejo la referencia. La obligada referencia.


Aquí las páginas donde se menciona a Solís:

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Atención al cuadro resumen de las características y comparación de los tres cantores. En la parte de Javier Solís tan sólo está la comparativa con sus predecesores, ¿cuáles serían las características (resumen) de Javier?


Por aquí nos vemos y leemos. ¡Qué va!

Un poco más

No hablaré de aquél bolero de Álvaro Carrillo o de alguna interpretación de Javier. Esta vez les quiero compartir lo que de Solís hay en un libro-fotodocumental de Pedro Infante: "Pedro Infante 50 años Inolvidable", Editorial Televisa 2007. No es mucho, es cierto, pero es más que suficiente, pues creo que con ello se hace patente lo justo y necesario. Esto es:

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Y el texto dice así:

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Así las cosas, su lugar está dado. Ya después, después sería la voz de Solís que habló, cantó, y encantó. Ahora lo que nos resta es seguir escuchando a Javier, quien, como los grandes, cada vez canta mejor. Y, por qué no, acaso homenajes como los de esta maravilla de libro. Tela hay, voluntades también, ¿o no? Sea pues.

Por aquí nos vemos y leemos... ¡qué va!

PS. Gracias mil por la visita, por los mensajes, por su lectura.

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