La importancia de cantar a Julia

Lo siguiente es historia conocida entre los javieristas, y referida en la última página del tomo II de «La vida de Javier Solís» (Clío 1995) de José Felipe Coria.

Dice así.

«Para poner a prueba su estilo, decidió grabar todos los valses que Pedro había hecho famosos. Quería darle un giro especial a cada uno de ellos, en especial a Julia, melodía que era un alarde insuperable de perfecciones en la voz de Pedro.

Cuando se grabó Julia [fechado ello en 1959] no resultó a la primera, como ya era costumbre en Javier. Se fijó dónde había fallado y en la segunda toma se esmeró en cantarla mejor. [Rafael] Carrión lo reconoció enseguida. Desde el micrófono de la cabina, en lo que escuchaba la toma, le dijo a Javier:

—Le acabas de dar en la torre a mi compadre.

Al salir de los estudios, Javier sentía que, al fin, le había ganado a Pedro en su terreno, y sí, Pedro era el ídolo de México y lo sería siempre, pero lo había destronado como cantante.»

 

Aquí pues Julia, de Francisco Moure Holguín, con mariachi:

y con banda:

¡Qué va!

Y de pronto se canta la canción

En una nota anterior (febrero 2008) colgué la parte de un video (es decir, una foto) donde aparece la imagen de Javier (junto al que parece ser el Piporro) en el sepelio de Pedro Infante, aquél miércoles 17 de abril de 1957. En los respectivos comentarios se acotó que había dudas sobre la veracidad ya no sólo de la imagen sino del momento en sí. Se dice que, por ejemplo, tales imágenes con Solís y demás gente del espectáculo no es posible dado el, precisamente, número de "luminarias" presentes; también, se dice que no era posible que Javier tuviera un lugar, digamos, preferente en aquella tan especial fecha, amén de que en la referida imagen se le ve con traje (terno) y no de charro —como se le conoce en la foto "oficial" incluída en inter alia el libro «Pedro Infante 50 años Inolvidable» (Ed. Televisa, 2007), del cual ya se ha hablado aquí (noviembre 2007) también.

Pues bien, aquí una mejor evidencia de que sí, Solís estuvo ahí en las "primeras filas" del sepelio de Infante y que estaba vestido de charro. Esto es, que para aquello de que "no es posible tal cantidad de luminarias", baste recordar que, caramba, el muerto era nada más y nada menos que Pedro Infante, ¿cómo no iba tener ahí congregados ante su tumba a la crema y nata del cine y música del momento (Solís, recordemos, era ya parte de la casa Columbia CBS)? Luego, de la vestimenta de Javier, en aquella foto tan sólo se le ve de negro y no se alcanza a distinguir si su traje es de charro o no. Como fuere, ya les digo, selectos lectores, hay una mejor muestra de que Javier estuvo ahí y que aquella anécdota de Solís cantando Grito prisionero es por demás factible, por no decir veraz. Antes, aquí la nueva liga al video aquél (sucede que quitaron el anterior), donde Solís sale a cuadro (en el minuto 6:27): click.

Decía de la evidencia, es una que gracias al aviso oportuno de Rodman (del Javier Solís Club2), podemos ver en la página güeb de Proyecto 40, en la sección InternetTV, en la parte de Leyenda Urbana, programa donde los días 18 y 25 de abril del 2009 se transmitió un especial de Pedro Infante. Es en el segundo programa donde se da paso a las imágenes del sepelio de Infante. El audio corre a cargo del presentador del programa, Alberto Barranco, y de la voz (en off) del narrador del video original (uno que parece ser fue hecho al cumplirse un aniversario de la muerte de Pedro), éste, pues, es distinto a aquél arriba referido, es todo en blanco y negro y tiene unas tomas más abiertas donde se permite ver a la multitud testigo del momento. Javier, lo dicho, fue parte de ello y sí que se le puede ver claramente en el video. En el programa en sí hacen pasar dos veces esa imagen parte de la crónica audiovisual donde Solís sale a cuadro. En la primera (aprox. minuto 15:15), su imagen coincide cuando se escucha la voz del narrador decir, atención, «Porque nunca se puede olvidar a quien siempre sabe estar presente»; luego, en la segunda ocasión (aprox. minuto 18:38) es la voz de Alberto Barranco la que se escucha decir, al tiempo que sale Solís a cuadro, «Y de pronto llegan los mariachis, y de pronto se canta la canción más querida (...)». Aquí las respectivas imágenes:

D.R. Proyecto 40

 

D.R. Proyecto 40


Helo ahí, con su traje de charro (versión camisa pachuqueña sin moño) y acaso pensando en liberar su aprisionado grito después de aquellas primeras dos canciones (cantadas por todos los presentes), Amorcito corazón (sí, como bien nos dice Alberto Barranco, «la canción más querida, la más sentida de Pedro Infante») y Mi cariñito.

Podemos, avezados lectores, hilar coincidencias y decir que aquél momento marcó la historia de Javier y su entonces porvenir. Solís supo estar presente y salir de entre la gente para, con acertada prontitud, cantar la querida canción. Y así fue, caray, inolvidable nuestro Javier por su perenne presencia y por haber cantado sentidamente (y mejor que nadie) las más queridas canciones. Porque nunca se puede olvidar.

Por aquí nos vemos y leemos. ¡Qué va!

Tres para un 43 (entrega última de tres)

Llegamos al final de este recorrido. Hoy hace 43 años Javier Solís cesó de cantar de viva voz, dejando entonces toda una herencia musical que no para de dar frutos varios. Uno de ellos fue, en concreto, la producción que ahora proponemos como una tercer manera de conmemorar este aniversario luctuoso. Cierra esta serie el llamado "lujo de México", Marco Antonio Muñiz (Jalisco, México, 1933) y aquella su producción, a sus 60 años, «Un marco para dos ídolos: Pedro Infante y Javier Solís» (1993).

Aquí, acotemos de inmediato, no hay falla alguna en dirección o arreglos musicales: Ruben Fuentes y Pedro Rivera Toledo llevan las riendas con garantía y el respaldo de su trayectoria profesional, logrando así un impecable trabajo. Marco Antonio se desenvuelve entonces en sus terrenos y a sus anchas, sin mariachi de por medio y con una orquesta que le sigue y acompaña sin pero alguno. El piano, valga decir, es simplemente delicioso a lo largo de todo el disco. O sea, que así seas una leyenda viva, reinterpretar a ese par de monstruos de la música requiere, ya puestos a jugar con las palabras, un marco digno para el marco de esos nuestro queridos ídolos (cuantimás si se les quiere recordar a la par).

Ahora bien, antes de seguir y tomando ese asunto del recuerdo conjunto, me aprovecho de aquello que dije anteriormente (cuando anuncié la búsqueda de este material en julio 2007): «se puede pensar inclusive que tal disco-homenaje incluyó a Pedro para, como se dice, destantear y no hacer tan obvio el merecido tributo a Javier y así saldar deudas pendientes, pues Solís, sus interpretaciones, quedan más cerca del estilo musical de Marco, y no así las canciones de Pedro». Como fuere, Marco Antonio es si no un ídolo, sí una leyenda del romanticismo musical y la bohemia; se guste o no de su estilo, su voz tiene un lugar único y por ello ha podido navegar en varias aguas, por bastante tiempo, aplaudido y querido por la gente, tanto en su tierra natal como allende las fronteras. También, debe reconocerse, en sus trabajos hay siempre un esmero por ofrecer arreglos musicales de valiosa manufactura: este disco, lo dicho, no es la excepción. No obstante, se tiene que reconocer, Muñiz en tales fechas de grabación está ya en el otoño de su carrera y ello es factor de peso en las interpretaciones de los clásicos contenidos en este material referido. Entremos ya en materia.

Seis temas (de 15) son los que le tocan a Javier —es decir, que Infante, al menos en número, se impone con un tema más (no, avezados lectores, no es que me fallen las cuentas, resulta que dos canciones ni Pedro ni Javier las cantaron en su momento: Enamorado perdido y el pasillo ecuatoriano Sombras de Rosario Sansores Pren y CarlosBrito Benavides)— en este, según la contraportada del disco, “recuerdo”: Sombras (exacto, las de Contursi y Lomuto), Cenizas, La corriente, Llorarás, Esclavo y amo y Ojitos traidores. Aquí valga un paréntesis para recordarles, selectos lectores, que Muñiz cantó en su momento con Javier Solís, al menos en algunos mano a mano y, en particular, en esa película «El Pecador» (1964) en una escena donde interpretan, sin hacer dueto, Poco a poco (de José Alfredo), cada uno con su particular acompañamiento (ya les digo, sin hacer precisamente un dueto).

Con un inesperado pero intuitivo popurrí de Sombras, Marco Antonio inicia su recuerdo de Solís; peca de estilo y, como decimos en México, le termina echando mucha crema a sus tacos y no resuelve bien aquella primera incursión. Es decir, que toma más bien el perfil tanguero (el original de la canción, sí, pero no por ello mejor ni mucho menos el deseado en este disco) de las Sombras “javieristas” y uno termina por aplaudir y pedir más de aquellas Sombras “ecuatorianas”. Viene entonces otro popurrí, correspondiente ahora a Pedro, y se llega a una cadenciosa y bien llevada Cenizas. Fuera de una faltante dosis de mayor sentimiento, con ella no hay inconvenientes. Otro popurrí más para Pedro y ahora, a la mitad del disco, navega uno ya en La corriente. Una vez más el arreglo musical corresponde del todo al espíritu Solís; poco a poco esa corriente nos arrastra pero sin ahogarnos, al contrario, gozamos del aire de la voz cantante y de unos muy bienvenidos coros. Éstos también se escuchan en la subsecuente Llorarás, sin embargo, aquí no tienen adecuado lugar y contribuyen así a una versión sin los requeridos acentos y matices (evidentes sobre todo en ese aburrido final). Más coros (ya de estilo orquesta-para-toda-ocasión) en la siguiente canción, y entonces los metales soplan para recibir un Esclavo y amo que, a saber por qué, es llevado, literalmente, cual toro en plaza. Es decir, que a menos que se tome como introducción para la parte final correspondiente a Javier, i.e., Ojitos traidores, no me queda claro el por qué Marco Antonio pretende cobijar a ese emblemático Esclavo y amo con un, digamos, capote taurino españolado. No ha lugar. Cerramos entonces con una versión de Ojitos traidores que, esa sí, guarda gitana distancia con la de Solís aunque finalmente no logra realmente sonar genuinamente a Marco Antonio: se queda a la mitad. Muñiz no alcanza a empatar la festividad de la música y su voz resulta opacada (bien le viene así ese descanso y broche final del suave Nocturnal), la serrana se le escapa.

En síntesis, Muñiz dejó pasar valiosos años para ponerle un mejor marco a Infante y Solís; eso sí, aquél sale mejor librado que éste. Afortunados los admiradores de Pedro pues de ellos es la mejor parte de este homenaje: los seguidores de Javier nos quedamos con las ganas de escuchar a ese Marco Antonio que, precisamente con genuino esfuerzo y total entrega, abría aquella arriba mencionada escena de película, sentado al piano, con una voz totalmente en comunión con Solís pero sin perder su propio estilo (y armonía con el piano). Éso es lo que se extraña aquí en este disco... y en otros que buscan recordar a Javier sin verdaderamente conocerle. Marco Antonio, se sabe, conoció muy bien el trabajo de Solís: le faltó entonces un mejor reconocimiento.

Sea pues, esto fue nuestra manera de conmemorar a Javier. Sí, con voces de tres artistas que intentaron cantar aquello que por Solís tan especialmente se escuchó. No lo hicieron mal, qué va, ejemplos hay donde apenas y logran, literalmente, dar la nota (por cierto, el señor Montero ya amenazó con otro disco basado en temas del repertorio de Javier), pero tampoco nos ofrecieron, como se esperaba dada la trayectoria de cada uno, cabales y redondas reinterpretaciones (adaptaciones) hechas con sus particulares voces y estilo. De una escala del 1 al 10 los tres discos promedian un generoso 8 (ayudados sobre todo y más bien por esos arreglos musicales de este último disco). Se puede decir justamente que estamos siendo muy exigentes, pero no es para menos: año tras año a Javier se le extraña más y lo mínimo que se puede hacer para compensar ello es tener, además de su música, producciones que, utilizando aquella, respeten no sólo al artista sino también al público. Eso es finalmente la buena música. Eso finalmente hizo y nos dejó Javier. Eso, en un día como hoy, es exigido. Todo ello, en resumen, a 43 años, cual solaz se hace patente.

Javier Solís: ¡Qué va!

Solís: Gran Gallo Mexicano

Hace tiempo que me topé con este documental. Hasta ahora, ya disculparán, lo traigo para acá. Son cinco partes, aquí la primera (el resto en youtube, por favor): Los Grandes Gallos del Cine Mexicano.

Producido también por la Editorial Clío, aquí la ficha técnica:

Realización: Álvaro Vázquez Mantecón; Investigación: Erik Baeza Tello; Guión: Lucía Beltrán; Duración: 42 min; Año: 2000.

Si bien parece ser un boceto de las distintas facetas de la figura del «macho mexicano» (asunto por demás estudiado y discutido), es además una mención de las particulares y sobresalientes cualidades de estos cinco elegidos, Javier Solís entre ellos. Y ojo con esto, pues si —aquí mismo en este blog, por ejemplo— se ha dicho que Solís no cumplió precisamente como actor (es decir, que quedó debiendo), sirva esta muestra como botón que une el arte de Solís con el séptimo arte. Sea pues. ¡Qué va!

Guiño:
Para JKaceres, quien ojalá pronto haga disponible este documental en su estupenda página (donde puede consultarse el otro documental Clío: La vida de Javier Solís, El señor de las sombras).

El adiós de Javier

Gracias al video que rsolis nos refiere, aquí la imagen de Javier Solís en el sepelio de Pedro Infante, el día miércoles 17 de abril de 1956 en el panteón Jardín de la Ciudad de México. La anécdota es conocida: Javier rindió aquél día su particular tributo y liberó, en medio de aquella cárcel de brazos y lágrimas, su grito prisionero.

AGN, Archivo Fotográfico Hermanos Mayo

Por aquí nos vemos y leemos; ¡qué va!

Un poco más

No hablaré de aquél bolero de Álvaro Carrillo o de alguna interpretación de Javier. Esta vez les quiero compartir lo que de Solís hay en un libro-fotodocumental de Pedro Infante: "Pedro Infante 50 años Inolvidable", Editorial Televisa 2007. No es mucho, es cierto, pero es más que suficiente, pues creo que con ello se hace patente lo justo y necesario. Esto es:


Y el texto dice así:


Así las cosas, su lugar está dado. Ya después, después sería la voz de Solís que habló, cantó, y encantó. Ahora lo que nos resta es seguir escuchando a Javier, quien, como los grandes, cada vez canta mejor. Y, por qué no, acaso homenajes como los de esta maravilla de libro. Tela hay, voluntades también, ¿o no? Sea pues.

Por aquí nos vemos y leemos... ¡qué va!

PS. Gracias mil por la visita, por los mensajes, por su lectura.

De antología: Pedro y Javier juntos


Como bien dice nuestro cuate Luis B., del Perú, gracias a ellos, Pedro y Javier, por sus interpretaciones. Yo además le doy gracias a Luis por esta magnífica estampa, es un trabajo hecho por él que le quedó, no me dejaran mentir, excelente. Se nota el cariño y el respeto por estos dos grandes de la canción. Pedro y Javier, Javier y Pedro, dos gallos inmortales que siguen dándonos los mejor de ellos para que nosotros los mortales sigamos creyendo en lo divino.

La foto original es con Frank Sinatra. Aquí, gracias a la magia de la computadora, Luis nos regala la imagen soñada por muchos: Pedro Infante y Javier Solís juntos. ¿Habrá manera de además de una fotografía lograr algún audio con ellos dos y sus magníficas voces a la par?... Ánimas que sí. Se vale soñar y con la magia digital pues cuantimás. ¡Qué va!

Por aquí nos vemos y leemos.

Pedro Infante no ha muerto

La SOLISMANÍA recuerda hoy 15 de abril, a 49 años de su muerte, al Ídolo de Guamúchil, Pedro Infante.

Bien es sabido que si Javier Solís tuvo influencias, Pedro Infante fue la principal. Como ídolo que era, Javier empezó su carrera musical a la sombra de Pedro y sin querer lo imitaba, sin embargo, con el paso del tiempo y las grabaciones, Solís pudo no sólo evitar la imitación sino generar su propio estilo y estar al tú por tú con las grabaciones de Pedro.

Infante murió volando en 1957 y Solís apenas despegaba; en el día del entierro de Pedro, Javier, al fin fan, se hizo espacio dentro de la multitud y cantó (a la manera de Infante) Grito prisionero. Así, prisionero de ese espontáneo grito, Solís pasó un tiempo más sin lograr rebasar las maneras de Pedro. No fue sino hasta la grabación de Llorarás llorarás (en 1958), y de las subsecuentes grabaciones, cuando por fin salió del todo la voz y estilo de Javier Solís. En los años siguientes se dio, ahora sí, el ascenso de su carrera que lo llevaría a estar a un lado, sí, lado a lado, de su ídolo Pedro Infante.

Mucho se ha escrito sobre Pedro y su obra, aquí en la SOLISMANÍA hemos de quedarnos con ese pedazo de su obra que dio inicio a lo que después Javier se encargaría de pulir y dejar más que establecido y bien sentado: el bolero ranchero. Amorcito corazón, música de Manuel Esperón y Cortazar, letra de Pedro de Urdimalas, no sólo brindó a Infante un éxito más en su carrera sino que sirvió de base para la creación del bolero ranchero. Es de hecho para muchos el primer bolero ranchero. Es también un clásico de la música mexicana y, bien se puede afirmar, un sinónimo de Pedro Infante. Helo aquí en voz de aquél que encumbró el género y lo consolidó, nuestro Javier Solís. Un homenaje, pues, de Javier Solís a Pedro Infante. Un recuerdo de esta bitácora del Rey del Bolero Ranchero al Ídolo del Pueblo, el querido Pedrito.

Amorcito Corazón by Javier Solís  

Como podrán escuchar, Solís no imita y simplemente deja salir su media voz para así hacer de la canción una muy suya y, al mismo tiempo, respetar aquella versión de Infante. Es decir, entiende la dimensión de la melodía, aquella dada por Pedro, y se encarga entonces de, si me permiten la expresión, abrillantar lo hecho por Infante. Su voz, se sabe ya, era la idónea para este tipo de canciones y su género, y he aquí una buena muestra. Arriesgada, sí, por interpretar algo que, lo dicho, era sinónimo de Infante, pero con todo, y escúchese el final, la voz y estilo se imponen y se logra una muestra de la valía de Javier Solís.

Por aquí nos vemos y leemos, ¡qué va!