Para mí fue claridad

febrero 11, 2026 § Deja un comentario

Gustavo A. Santiago —la A es de Amador— murió con 90 años cumplidos. Nacido en la ciudad de México en marzo de 1935, fue un músico arreglista cuyo trabajo hoy día podría ser comparado con el de un freelancer. Cierto que tomó parte de mariachis varios y de renombre, como el Vargas, el México o el América, y en todos hizo lo mejor que sabía hacer: arreglar; pero fue precisamente eso, sus arreglos musicales, lo que a la postre lo llevaron a tomar parte principal de la industria musical y de la música mexicana de más de medio siglo. Violinista como su señor padre (y mariachi también), inició, sin cumplir los veinte y por invitación expresa, con el Mariachi Vargas su obra musical; sus arreglos llamaron la atención de los productores y directores musicales, y mientras se unía a otros grupos de mariachi y andaba y grababa con ellos como integrante, se lo invitaba a componer arreglos para cantantes varios. Así, trabajó en la RCA Victor, la Columbia (después CBS y Sony Music) y principalmente Discos Musart, donde fue exclusivo por catorce años y hasta dirigió y produjo a artistas varios de esa casa disquera, como Antonio Aguilar o Paquita la del Barrio. Con aquél, por cierto, tuvo también uno que otro éxito como compositor: “La cruda”, por ejemplo.

Poco antes de ser exclusivo de la Musart, su nombre se ligó a la Columbia por un tal Javier Solís. Es decir, en un mercado donde el crédito de los discos se limitaba a compositores y productor, los discos de gente como Solís empezaron a incluir además a los arreglistas y directores musicales; nombres como Fernando Z. Maldonado o Rafael Carrión comenzaron a anotarse en las contraportadas de los discos. Es a partir de los últimos tres discos en vida de Javier Solís en los que Gustavo A. Santiago aparece —junto con Maldonado y Carrión— en los créditos: Sombras (con un asterisco en la respectiva canción, al ser la única donde intervino Santiago), Payaso (con créditos tanto en la portada como en la contraportada) e Y todavía te quiero. Sólo en Sombras se aclara en la contraportada dónde está el arreglo de Gustavo A. Santiago, pues en los otros dos no hay detalles al respecto, y no queda sino adivinar a puro oído quién de los arreglistas intervino… o preguntar directamente al músico.

En entrevista con Gustavo Alvite, el maestro Santiago aclaró que “Sombras” no fue el primer arreglo para el repertorio javiersolista. La primera intervención, sin crédito y sin acaso saberla en el momento, se dio con “Ojitos traidores” —una rumba flamenca de Jorge Gallarzo (aunque en el disco JS con acompañamiento de mariachi está anotado ‘R. Quintero’); 1961—, tema que después de oírlo en Cuba Gustavo arreglara y grabara con el Mariachi América, y así tal cual el arreglo musical se tomó para la grabación de Solís, y desde entonces resultó en una canción javiersolista de cepa. Con “Sombras”, ahora sí, el productor Felipe Valdés Leal buscó a un arreglista que hiciera bolero al tango y encuentra, por intermediación de un amigo y sólo porque ese amigo tenía el disco con el tango de referencia, a Gustavo A. Santiago. Después de “Sombras” le siguieron “Cuatro cirios” (de Federico Baena; 1965), incluida en Payaso, “Espumas” (de Jorge Villamil; 1966), incluida en Y todavía te quiero, y, según el mismo Santiago, otros tres temas que no logró recordar. Afortunadamente, los créditos disponibles de ese último disco en sitios de streaming (como Qobuz o Spotify) nos ayudan a confirmar que otro tango hecho bolero, “Y todavía te quiero”, tiene también arreglo de Gustavo A. Santiago, pero hasta ahí, ¿cuáles son los otros dos temas restantes?

En una de esas más que dos, pues “En esta tarde gris” (¡otro tango!), “Por mi culpa”, “Recuerdos”, “Farsante” y “Con mi corazón te espero” —temas editados en uno de los tantos discos post-mortem de Solís, Las mañanitas, y en el que la contraportada está también el nombre de Gustavo— lo tienen incluido (junto con Maldonado y Carrión) como arreglista en los créditos, al menos en la plataforma Qobuz … pero en Spotify sólo está nombrado en “Con mi corazón te espero” (de Humberto Suárez). Todavía más, en la contraportada del disco Temas inéditos de sus películas (con José Vaca Flores como director artístico) se específica que el arreglista de “Es una cosa grande” (balada italiana de Domenico Modugno) es Gustavo A. Santiago.

En total, según Gustavo A. Santiago, siete temas serían los arreglados para Solís (u once, según los créditos varios de cuatro discos). Temas casi todos concebidos en un género musical distinto al bolero, pero cuya impronta de Santiago quedaría enmarcada por el acompañamiento del mariachi e inmortalizada por la voz de Javier. Nada mal para un treintañero. Y a saber cuántos temas más quedaron en el aire, pues el mismo Solís lo quería y Santiago ya no supo qué o cuántos tenía pensado: una grabación interrumpió la última conversación entre ellos y, tiempo después, recuerda el maestro, la muerte de aquél impidió ya toda posible colaboración. Cual despedida, una última luz brindó Gustavo A. Santiago a la naciente sombra del cantante: a la muerte de Solís, Tito Guizar grabó “El bolero ranchero está de luto” y el arreglo fue precisamente del hijo de Amador Santiago, Gustavo A. «Lo que para Javier fue sombras para mí fue claridad», dejó dicho.

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