Ellos son aquellos: encuentros entre Raphael y Javier Solís
agosto 8, 2025 § Deja un comentario

Doce años mayor que el español, Javier Solís ya no alcanzó a saber del éxito que le esperaba al aún veinteañero Raphael a partir de 1967, año de su primera gira por el continente americano y, en particular, de su debut en El Patio mexicano. Su voz, sin embargo, sí que habrá sido escuchada por Javier con al menos dos canciones que él mismo también, después, llegara a grabar.
Aunque nunca editadas en discos de larga duración, Raphael grabó dos temas conocidos a la postre en el cancionero javiersolista: “A pesar de todo” (una balada a ritmo de swing concebida por Antonio Guijarro y música de José Torregrosa) y “Cuando calienta el sol” (de Rafael Gastón Pérez, atribuida y éxito primero de los cubanos hermanos Rigual). La primera fue premiada en 1962 en el Festival de Benidorm —obtuvo el 5º premio— y la segunda fue parte de su cuarto acetato de sencillos y primero del año 1963. Con Solís ambas canciones vieron poco después su edición; primero, la de Guijarro y Torregrosa, en el disco Romance de 1964, y la segunda en el de Sombras de 1965, con, hay que decirlo, la letra original, pues, producto acaso de la censura franquista, Raphael tuvo que reemplazar “siento tu cuerpo vibrar cerca de mí” por un “sólo me faltas tú cerca de mí”, y el éxtasis de “son tus besos, me estremezco, oh-oh-oh” con un cándido “te recuerdo, mi cariño, oh-oh-oh”.
Otras dos canciones de Raphael quizá estuvieron a la par de las versiones javiersolistas en cuanto a periodo de grabación se refiere, o bien las siguieron. El primer elepé de Raphael (1965) incluyó, entre otras canciones, “Et maintenant” (de Gilbert Becaud y Pierre Delanoe) y “Perdóname, mi vida” (de Gabriel Ruiz y José Antonio Zorrilla). La primera fue interpretada, aun su título, en español, con la misma letra con la que Javier Solís la grabara y que incluyera con título “Por qué me dejas” en su disco Payaso (1965). La segunda salió al mercado con Solís en un disco póstumo Sin mañana ni ayer (1969), pero ya antes, en 1964, había sido interpretada para el cine en la película Aventura al centro de la Tierra, en la que Javier (se) la canta a capela (a Columba Domínguez) en las grutas de Cacahuamilpa. También, dicho sea, esa canción forma parte de las pocas documentadas en video con Javier Solís interpretándola en vivo en televisión, es decir que aun no hubiera sido editada en elepé, la canción ya era conocida con Javier Solís en vida y en vivo.
En 1966 Raphael grabó “Noche de ronda”, y fue incluida en su disco Al ponerse el sol (1967; banda sonora de su segunda película). Javier Solís lo había hecho en 1960 para ese disco con el que de alguna manera inauguró su gran ciclo lariano, Lara-Grever-Baena. Raphael, por su parte, no volvió a Lara sino hasta 1976, en su disco Raphael canta… en el que interpreta “Solamente una vez”, y también otras que alimentaron el cancionero javiersolista: “Ansiedad” (J. E. Sarabia) y “Perfidia” (A. Domínguez).
En 2010 Raphael graba un disco homenaje al tango, el bolero y las rancheras: Te llevo en el corazón. “En esta tarde gris” es el tango conocido por Solís; “Tres palabras”, “Voy”, y “Angelitos negros”, los boleros; y “La media vuelta”, “Amanecí en tus brazos”, “Si Dios me quita la vida” (interpretada con trío) y “Luz de luna”, las rancheras.
La canción de Becaud recién llegó a ser revisitada por Raphael para su disco Ayer… aún (2024), en el que ahora sí la incluye con título en español “Por qué me dejas” (y con añadidos en la letra).
Hay otra canción que ambos cantantes grabaron; para Javier, en 1961, fue uno de sus grandes éxitos y para Raphael, en 1968, el antecedente en nombre de uno: “Escándalo” de Rubén Fuentes. Con Raphael no volvió a editarse esa grabación, sólo se la incluye en ese acetato de cuatro sencillos, junto con “Huapango torero” (de mayor éxito), “Hava Naguila” y “La primera piedra”. El “Escándalo” de Willy Chirino fue, ese sí, gran éxito en 1992 para Raphael; el de Rubén Fuentes fue más bien parte de las primicias de Raphael en México, pues junto con el “Huapango torero” fueron sus primeras grabaciones en suelo mexicano.
Veinticinco años tenía Raphael y treinta Javier Solís cuando sus respectivos escándalos mexicanos fueron grabados; poca diferencia, si no es que ninguna: Raphael supo muy bien de sus encuentros con Javier: diecisiete canciones en las que en mayor o menor grado se hacen ecos uno del otro, pero en las que cada cual logra lo único que desde siempre los caracterizó. Aquí la lista en Spotify, con la licencia de reemplazar el Escándalo de Fuentes con el de Chirino, dada la ausencia de aquel en esa plataforma.
Mas aquí el Escándalo de Raphael de 1968 en YouTube.
Que alguien piense en los Beatles
junio 1, 2017 § 1 comentario
Javier Solís y los Beatles tienen en común algo más que un “Bésame mucho” o unos bigotes de portada (los primeros del cuarteto en el mítico Sgt. Pepper’s). Incluso la génesis de un nombre artístico —Luquín, Solís; Beetles, Beatles— los pone a la par. Tacubaya y Liverpool no fueron ajenos al Zeitgeist de los sesenta; sus hijos predilectos, tampoco.
Si bien la edad de Solís lo hace más bien un hermano mayor (y aquí pensemos incluso en la película Un callejón sin salida con Alberto Vázquez y Solís en los papeles de hermano menor y mayor, respectivamente), su música es contemporánea a la obra de los ingleses. El peso musical que se forjaba a la par no es detalle menor. Es cierto que la genialidad de los Beatles fue, sobre todo, la composición; Javier Solís, por su parte, hizo de la interpretación su gran obra. Quedémonos con ello, entonces, y fijémonos en cosas como un concierto en la azotea.
Ya 1966 estaba en los anales como un año de despedidas: adiós a Solís y a los Beatles en vivo. El cuarteto, sin embargo, volvería a tocar en 1969 ante el respetable en un peculiar escenario: la azotea del número 3 de Savile Row, en el lujoso barrio Mayfair de Londres. El revuelo, según los reportes, no se hizo esperar, pero no fue la primera vez que un público miraba, con sorpresa y acaso sin aliento, hacia las alturas. Javier, unos cuantos años antes, tuvo también que subirse a cantar. La razón fue más bien práctica: no había de otra. Un concurso y una serenata fueron los motivos de tal peripecia. Una joven de la colonia Molino de Rosas de la ciudad de México ganose una serenata y Javier Solís era el encargado de llevarla. No muy lejos de su Tacubaya, y ya en la cumbre de su carrera, se apareció Solís para cumplir el compromiso; no fue el único en la cita, una multitud le hizo comparsa a la ganadora y hete ahí que nuestro cantante tuvo que subirse a la azotea para librarse de la masa, y llevarle así a la musa en turno su bienvenida misa. Vaya qué va en la azotea.
Solís, también hay que decirlo, salió no sin cariños, araños, abrazos y jalones de aquella empresa. La crónica sigue hasta el escape de Solís: por los tejados y apenas salvando su pellejo, pues perdió su sombrero, al entrar al auto que lo rescataría. Los Beatles no habrán tocado en México, pero qué tal lo que le tocó a Solís en aquellos dorados años.
Habrá que seguir las trayectorias de ambos mitos; sirva este botón como muestra de su paralelismo. Los mejores discos de los Beatles están cumpliendo, o están por cumplir, cincuenta años; los de Javier Solís, todos, ya lo hicieron. A vuelo de pájaro, o incluso desde una azotea, las similitudes son bastantes.~