Sigue cantando Amigo organillero
marzo 20, 2024 § 1 comentario
«Amigo organillero es producto de la inspirada vena del maestro R. Carrión, quien además efectuó este arreglo para Javier Solís y en ella se escuchan los evocadores acentos del organillo ambulante.» Es así como se presentó la canción en aquel el último disco publicado en vida de Solís, Y todavía te quiero (CBS, 1966), donde además del organillo, Solís tuvo el acompañamiento del mariachi Los mensajeros.
Tras su puesta en circulación, la canción, además de su éxito radial, obtuvo un halo de leyenda. Que si fue no sólo la última canción grabada de Solís, sino también, por la letra, su premonición; que si nunca nadie la quería grabar después, que si se la veía de mal agüero; que si el autor mismo se arrepentía de ella, etcétera. Lo cierto es que fue un hit y se la incluyó, un año después, en un disco homónimo, junto con otros éxitos del cantante, y con él en portada tocando un organillo.
“Amigo organillero” era parte del lado B de aquel Y todavía te quiero. La seguía, por cierto, “Espumas” de Villamil, una canción colombiana que Solís mismo trajo entusiasmado de Colombia y pidió para su grabación. A saber si Solís también le pidiera al maestro Carrión su “Amigo Organillero”, toda vez que fue sólo esa lo que le grabara el cantante al maestro compositor. Carrión fue más bien arreglista de Solís, y fue por él, lo aclara la citada contraportada, que se incluyó el acento del organillo.
Canción fatídica y dramática, el organillo sí que se hace sonar no precisamente para acompañar, sino para, lo dice la letra, arrancar pedazos. El cantante quiere morir, quiere chillar y quiere que siga tocando, llorando, el amigo y su organillo. Al señor de sombras le vino como anillo aquel sonido.
Años después, por fin, un reconocido cantante quiso grabar la mentada plegaria condenatoria, pero sin organillo. Pepe Aguilar prescindió de este y en su lugar se optó por una flauta. El organillo de Solís, que sonaba no sólo en la introducción, sino también a lo largo del canto, sólo se escucha con él y su versión. Porque ni siquiera Humberto Cravioto en su homenaje (Homenaje al grande del bolero ranchero, 2022), pues él cede el lugar a una trompeta introductoria, y ni hablar de aquella producción con banda de Pedro Rivera, donde un engrudo de metales sustituyen al organillo (y dan al traste en general a la voz de Javier).
Decía de la pertinencia de la canción y de la aureola de Javier, es decir, de sus sombras. No era la primera vez que Javier le cantaba al más allá, e.g., “Cuatro cirios” o “Si Dios me quita la vida”, pero sí acaso la primera en que se lograba recrear del todo la puesta en escena del enamorado abandonado y de luto: helo ahí, en la calle, de noche, dolido, chillando, haciendo amigos con un organillero y pidiéndole tocar. Se quiere morir, y qué más que un organillo para la espera.
No serán pocos los que se quejen del chillido, que lo es, del organillo, y supliquen su silencio; contados, contadísimos, son empero los que pueden incluso pedirle que los acompañe, y uno hasta se siente a escucharlos y aplaudirlos: Javier fue uno de ellos. ¡Qué va!~
Con «Cuatro cirios»hay un grave error de interpretación,ya que la canción no habla de la muerte de una persona sino de un sentimiento.