Osa ya preso ser payaso

agosto 14, 2017 § 1 comentario

En nueve se quedó la cuenta de canciones de Z. Maldonado con Solís, pero más de una habrá valido el doble. Una, incluso, se tiene en el cancionero javiersolista hasta con cuatro versiones (a saber: con Los Panchos, con trío, rondalla y con banda); y dos fueron las que, al parecer, Maldonado hiciera a la medida de Javier: “Qué va” y aquella multiversionada “Payaso”.

Arreglista también, Maldonado supo oír en Solís lo que todos veían, y ver lo que nadie había oído. No conforme con componerlo, Maldonado hasta lo arregló.

Si “Volver, volver” se vuelve coral cada que se canta (o grita, dicho sea con indirecta a los Fernández), “Payaso” se encierra en ese cofre que sólo Solís poseía, único e irrepetible. La hipocresía, por cierto, estaría en afirmar que “Volver, volver” tiene también lo suyo frente a un “Payaso”: no hay tal, la primera es muy inferior tanto en interpretación como en composición (y el propio autor lo sabía y reconocía). Si la anécdota es cierta, Maldonado no sólo vio la tristeza de un payaso a punto de salir a escena (después de una ruptura sentimental), sino también la poesía de aquella careta. Van los endecasílabos:

En cofre de vulgar hipocresía
ante la gente oculto mi derrota.
Payaso con careta de alegría
pero tengo por dentro el alma rota.
En la pista fatal de mi destino
una mala mujer cruzó el camino.
Soy comparsa que juego con mi vida
pero siento que mi alma está perdida.

A la mitad de camino la letra, su estructura, de verdad que se rompe. De una rima AB-AB se pasa a una herida CC-DD. Después, la risa de Solís redondeará la interpretación. La sella. Los estribillos con Solís sirven de maquillaje de esa careta inicial. Si la anécdota es cierta, Javier no sólo vio lo mismo que Maldonado aquella noche, sino también lo entendió de igual manera. El disfraz a la medida: lo que siguió fue la gran función.

Este año, el 20 de agosto, se cumplirán cien del nacimiento de Fernando Zenaido Maldonado. Los javiersolistas tenemos mucho que agradecerle, sus contadas perlas nos son invaluables, y sin duda su trabajo como compositor y arreglista allanó el camino de este nuestro cantante.

Estaría de más escribir que a Maldonado lo recordamos en este espacio con esta sencilla nota: a alguien como Maldonado se lo tiene siempre en mente cuando de Solís se habla y trata. Sirva de recuerdo más bien la siguiente postal: una canción de Maldonado —poco conocida incluso entre javiersolistas— y una imagen que intenta dar en el blanco (en señalar la puntería del maestro Maldonado con el intérprete Solís).

“Buena” con orquesta:

Javier Solís por AXR
Fotografía de Javier Solís intervenida por la artista visual Arantxa Rodríguez

Ondas javiersolistas

febrero 13, 2016 § Deja un comentario

El sonido de un cataclismo cósmico ocurrido hace billones de años es lo que, en estos nuestros días, recién se ha escuchado. Hace cien años Albert Einstein formuló y predijo la existencia de ondas gravitacionales producto de, por ejemplo, fenómenos como aquél, la colisión de dos hoyos negros. Las ondas por fin se hicieron oír; se han visto a través del sonido.

Hay un bienvenida coincidencia en el universo javiersolista con tales acontecimientos físicos: hace cincuenta años Javier Solís grabó un cataclismo. Parida en 1963 por el maestro Esteban Taronji, “Cataclismo” se reprodujo en voz de Solís un par de años después (y fue incluída en el disco Payaso). Del trío —cantada por Felipe Rodríguez y Los Antares— paso al mariachi; de Puerto Rico llegó a México.

Así como los físicos preguntaron a las estrellas, Solís también lo hace y le pregunta a la distancia. Su eco llega hasta nosotros y seguramente hasta su dios. Desesperado, imagina Solís la reacción de partidas y desencuentros. Vemos el tormento, la necesidad de cantar ese particular bolero: Solís no copia ni emula, tan sólo quiere cantar para oír ese cataclismo. La letra, como las fórmulas del físico, es apenas la mitad del camino, resta la comprobación, y Solís se encarga de ello. En su interpretación retrotrae la ficción de Taronji, el respetable se convierte en testigo y, al fin, oye todo lo visto e imaginado por el intérprete. Un delirio, un desastre vuelto ordenada y puntual música. Como si el Universo nos cantara*.

*Porque, se sabe, en la Tierra, en el centro de la Tierra, la única música posible es la voz de Javier Solís.

Saludo a la retirada

abril 19, 2015 § 1 comentario

In memoriam mi señor padre

La historia de José Alfredo con Solís es más o menos similar a aquella con Negrete: la muerte le arrebató unos sendos intérpretes que estaban por explorar y hacernos descubrir semejantes universos josealfredistas. Si bien el de Dolores Hidalgo tuvo a su mejor intérprete con él mismo, pocos fueron los hombres que le brindaron vestidos a la altura; además de su compadre, y acaso primer intérprete, Miguel Aceves Mejía, también los llamados tres gallos —Infante la pasó a lo grande— cumplieron a cabalidad la tarea de cantar a José Alfredo. Digo pocos hombres pensando en aquellas mujeres que, sobre todo a partir de los 60, dieron fuerza inesperada, por donde se la mire, a la inspiración de José Alfredo.

El de Tacubaya fue protagonista de un particular renacimiento, o mejor dicho, de una modernización. Atrás parecían estarse quedando las rancheras de José Alfredo, como si en una década la Columbia le hubiera tomado la exacta medida y no hubiera más a dónde ir. Quizá de ahí el cambio de aires a la RCA Victor. Solís empero estaba en la primera casa de José Alfredo y no había que dejar pasar esa pelota. Jonrón de José Alfredo… con la Columbia de Solís; he ahí, de ejemplo, las siete de diez —las restantes tres habían sido ya grandes éxitos en la Columbia— canciones editadas en el disco de Javier Solís para homenajear a José Alfredo (a un año de su muerte): Dos ídolos que se fueron (1974).

Fueron más de diez canciones que Solís le interpretó a José Alfredo. Grabadas fueron once en total; la excluida en aquél disco-homenaje es “Media vuelta”, por cierto grabada antes por Solís que por el compositor. El palmarés lo encabeza “Retirada”, no sólo por su exclusividad javiersolista, sino también por la interpretación de Solís: tan de a peso que no por nada es parte del mítico disco Sombras. De interpretaciones en sí, lejos no se queda “Amanecí en tus brazos” (también en Sombras), donde Solís, bien podemos decir, brinda la versión masculina de la genial versión de Lucha Villa. Y qué decir de aquella “Media vuelta”, rescatada en el cedé A 40 años… me recordarás (2006) y, ojo ahí, versionada por Los Panchos (Enrique Cáceres en la primera voz) en el muy sabroso Los Panchos con Javier Solís. “Poco a poco (Llegando a ti)” tiene además esa otra versión irrepetible de película, que también hay que oír. “Serenata sin luna” tiene una peculiaridad: la incluida en Temas inéditos de sus películas abre con un popurrí de sonidos josealfredistas (¿cuáles?, sería la trivia). En fin, de todas estas, “Retirada” y “Amanecí en tus brazos” son reconocidas en los discos del libro Y sigo siendo el Rey (Sony Music 2013) como perlas de interpretación en audio y video, respectivamente. La segunda, su video, es parte, y esto no lo aclara el libro, de la película Especialista en chamacas (1965), donde también Solís se despacha con esta excelsa “Retirada”:

Pero hay más canciones de José Alfredo de película. Canciones que no fueron editadas en disco y que sólo están disponibles en video (sueltos en la red o en las películas mismas), a saber: “Amor del alma” (en Escuela para solteras), “El silencio de la noche” (en Los hermanos muerte) y “La bola negra” (en Escuela para solteras). Es decir, avezado lector, que Solís tiene catorce temas josealfredistas para dar y, mal que bien, repartir. La mayoría, ya se ve, son parte del cancionero nuevo del José Alfredo de aquellos años, uno que se insufló de bríos sesenteros que se expandían al ritmo y competencia de baladas, pop y rock, y ni hablar del bolero ranchero que Solís encumbraba. Lo dicho, a Solís se le acortó el viaje y a José Alfredo la bienvenida y renovada compañía.

Quise pues en este 49° aniversario luctuoso recordar a esta mancuerna. Un recuerdo, hay que decirlo, que se queda a años y ensombrecido por ese sí gran recuerdo que Daniel Santos les regaló a ambos en su Recordando a… Javier Solís y José Alfredo Jiménez.Un tema, sin embargo, bien puede valer más, y cerrar, este recordatorio. Un saludo, homenaje, a sus retiradas. Un dúo de película, claro, entre Solís y José Alfredo: “La bola negra”.

Cada quien agarró su camino,
cada quien escogió su estrella…

Italianissimo Solíss

febrero 21, 2015 § Deja un comentario

«La típica canción italiana moderna de hoy», dijo Paul Anka al interpretar “Ogni volta” en el Waldorf Astoria en 1964 —el mismo año en que la cantó en el festival de San Remo y por la que ganó un disco de oro por el millón de copias vendidas (en Italia). La letra es de Carlo Rossi y la música de Roby Ferrante, quien la intepretó también en San Remo. La versión más conocida, pues, fue la del cantante extranjero, el joven invitado Anka.

Al poco tiempo sonó “Ogni volta” en español. El intérprete no fue ninguno de los jovenes en boga de aquel entonces, émulos de Anka y compañía, sea César Costa, Enrique Guzmán o Alberto Vázquez, qué va, sino un joven señor de la canción: Javier Solís.

Aquella versión de Anka no era cosa fácil (sobre todo si se la escucha en ese disco en vivo en el Waldorf): los arreglos son extraordinarios: pop sesentero de muy buena maquila, amén de italianissimos. La voz, también, tenía lo suyo, no por nada superó la versión de Ferrante. ¿Qué hubiera sido si Ferrante y Rossi hubieran invitado a otro cantante extranjero para el festival? ¿Qué tal Solís?

También la versión de Solís supera a la de Ferrante; también hubiera sido disco de oro. Frente a la de Anka, hay que decirlo, hay una bienvenida combinación de registros: la modernidad de la canción original y el toque clásico del ya encumbrado Solís. Frescura total y única.

Editada en aquél LP mítico de Sombras, “Cada vez” volvió a incluirse en el repertorio javiersolista en el reciente A 40 años… me recordarás. La diferencia entre ambas ediciones, por cierto, es curiosa: en la primera hay un tercer autor, Al Stillman; en la segunda, sólo Rossi y Ferrante. Como fuere, los arreglos con el mariachi están en su punto; ¡qué va!, soltó un Solís seguramente gozoso en la grabación, haciendo de las suyas junto con los violines. La inclusión en los éxitos lleva razón de ser, toda vez que es una canción con un perfil auténtico: tanto, que dio de sí para subsecuentes grabaciones… con acordeón, verbigracia, Los Rieleros del Norte o, años antes, Eliseo Robles y sus Bárbaros del Norte. Lo dicho, “Cada vez” resultó ser el lado más italiano de Solís (y vaya que hay de dónde escoger). Digan, caros lectores, si no. Che bel Solís!

Es una ley eterna de llorar y reír

febrero 8, 2015 § 1 comentario

¿Cuál fue la mejor composición de Felipe Valdés Leal? Dentro de su obra, además de canciones, hay artistas, cancioneros como Javier Solís que, gracias al oído de Valdés Leal, hicieron a su vez obra contante y sonante. Para los javiersolistas el nombre de Valdés Leal es de sobra conocido, pero su trabajo no del todo, pues el reconocimiento se acota a su labor como productor y catalizador, incluso, de la leyenda Solís: he ahí la grabación de “Llorarás, llorarás”, cuando Javier insistía en llorar como infante lo que podía cantar como Solís; o aquella mañana de augurio cuando Valdés Leal le dice al muchacho Javier, «si puedes cantar “Violetas imperiales” con mariachi, ya eres millonario»; y ni hablar de aquellas producciones vanguardistas como Javier Solís en Nueva York. Lo dicho, la obra de Valdés Leal para con Javier Solís es sin duda una gran obra, ¿pero su mejor composición?

Las canciones de Valdés Leal abundan en el cancionero popular mexicano, pero no precisamente en el javiersolista. Con Solís sólo hay tres canciones de Valdés Leal. Tres muestras, ya se verá, del perfil de Valdés Leal como compositor y, por supuesto, del Solís intérprete. Tres canciones que pasan a veces desapercibidas, incluso en esos pequeños universos de discos donde fueron editadas. “Mal pagadora”, “Por voluntad de Dios” y “Borracho”, incluidas en Añoranzas, Javier Solís con el mariachi Perla de Occidente y Sin mañana ni ayer, respectivamente, son pues la trilogía de Valdés Leal como compositor en la obra javiersolista.

Sólo tres de más de trescientas canciones en voz de Solís es lo que Valdés Leal se permitió tener como compositor; él, que sabía mejor que nadie la reputación del intérprete Solís y su cotización con el resto de colegas compositores: «Todo se lo dan a Javier [Solís]», llegó a quejarse un Marco Antonio Muñiz. Dicho de otro modo, eres compositor y además productor del mejor cantante del país, ¿cuántas canciones le darías a grabar? Los derechos de autor y regalías al parecer no le fueron suficientes a don Felipe: su profesionalismo rebasó cualquier ego y de su cosecha dio a Solís sólo lo necesario. Más que suficiente: las tres canciones son sin duda una genial arista de semejante artista.

La “Mal pagadora” quedó hecha bolero en Añoranzas. Esa que con sentimiento ranchero cantó Miguel Aceves Mejía, pocos años después fue interpretada cual bolero para ese disco de, rezaba el subtítulo, boleros inolvidables. Valdés Leal puso a hacer de las suyas al buen Solís. Javier sopesó los versos pentasílabos y octosílabos de Valdés Leal, e impregnó su voz pura en una simple queja, así, sin chillidos ni reproches, sólo lo puntual. Le faltan fuerzas/ al corazón.

Meses antes, en 1957, la CBS sacaba al mercado el primer LP de Javier Solís… Con el mariachi Perla de Occidente. En la contraportada se lee que con tal disco la compañía había «descorrido el telón de la popularidad y la fama para la definitiva consagración artística de Javier Solís». Once boleros y una ranchera, amén de una portada con la fotografía de Solís que a la postre resultaría monografía, incluyó aquello. “Por voluntad de Dios”, inédita, palidecía ante el resto de jóvenes clásicas como “Angustia”, “Lágrimas de amor”, “Amor mío”, “Échame a mí la culpa” o “Quémame los ojos”; sin embargo, en “Por voluntad de Dios” está quizá el Javier más Solís de ese disco. El fastidio de Valdés Leal encuentra voz en ese recuento de Solís: de lo sagrado a lo carnal, de lo divino al frío, a lo frío: si alguien no escucha el callado y deseado divorcio, entonces tampoco el obligado matrimonio de esa historia. Aunque de corazón ya no te quiero. El temple de Solís apenas comenzaba y Valdés Leal lo estaba escuchando y probando.

Vendría la ranchera de Valdés Leal para Solís, vendría su quinto al piano, la del estribo: “Borracho”: canción javiersolista cabal, se la encuentra en Sin mañana ni ayer y en recopilatorios de éxitos como Mis 30 mejores canciones, El rey del bolero ranchero y A 40 años… me recordarás. Hay que oírla:

¿Quién dijo que nadie como Pedro para la hora del trago? ¡Qué va! Las inflexiones de Solís son certeras e insuperables. La composición de Valdés Leal, sus versos, son recorridos al centavo y con el peso exacto: el cantante está ya en la cima de la interpretación. La atmósfera, etílica, se huele por doquier. Los remates del estribillo, por ejemplo, son sensacionales; Solís juguetea con su media voz y acaso se ríe de ella. Pero la borrachera es de altura, cuidado, aquella copla de Valdés Leal no es cualquier cosa: conviven heptasílabos, endecasílabos y alejandrinos. El bálsamo que alivia mi amargura es savia pura, pero la mejor parte está en ese alejandrino que Solís hace único: Es una ley eterna de llorar y reír.

Los puristas suelen pasar de largo a Solís cuando hablan de boleros o de rancheras; otros lo hacen lugar común y, como París, lo nombran sin haberlo visitado, tan sólo turisteado. Unos y otros en realidad no lo conocen. Valdés Leal sí que conoció a Javier Solís, junto con él birló y burló a tales puristas y turistas. Así como Alfonso Reyes, explicó Zaid, llevaba y traía su prosa en carretones de carretillas que otros pensaron vacías, así también Valdés Leal ensaya y cincela con la voz de Solís a su mejor creación: un centauro leal. El bolero ranchero es algo más que bolero y algo más que ranchero; Solís es algo más que cantante de boleros o de rancheras; la mancuerna Valdés Leal-Solís es lo todo. La pregunta entonces es otra: ¿fue Javier Solís la mejor composición de Felipe Valdés Leal? En gran medida, sí.

Así las cosas, selectos lectores, no dejen pasar este jueves 12 de febrero: la Fonoteca Nacional, en su ciclo “Música popular mexicana”, y tras recibir la colección particular del maestro, brindará un homenaje a don Felipe Valdés Leal. He aquí la invitación y los detalles:

Flyer-oficial_FN-FEB-2015-FelipeValdesLeal

Envidia de la buena

julio 3, 2014 § Deja un comentario

Algo tendríamos que hacer en México con tanta envidida de la buena. ¿Exportarla, certificarla? Mejor escucharla.

Un bolero moruno, se etiquetaría, este de Mario de Jesús: “Que se mueran de envidia”. Solís lo graba para el disco El peor de los caminos, donde también se incluiría otro tema del compositor dominicano, “Adelante”. (Un disco por cierto potente, de campeonato.) Si bien “Que se mueran de envidia” no alcanza la popularidad de “Y” o “Adelante”, la composición de Mario de Jesús se acopla igual de bien a la voz de Solís. Escuchémosla:

El trabajo vocal es envidiable. El estribillo remata con una vuelta de hoja a aquellos primeros versos morunos: más que hablarle a la pareja, se quiere que esta sea la que hable (y grite); se saca lo ranchero, donde lo haya.

Que se mueran de envidia (Mario de Jesús)
Que se mueran de envidia toditos,
que critiquen la forma de amarnos,
que este amor tan sincero y bonito
no lo rompe nadie así por así.
Que se mueran de envidia y de celos
los que nunca han amado de veras
que este amor que es la gloria del cielo
no lo vive nadie, verdad que es así.

Dilo tú, dilo tú,
grita fuerte lo mucho que me amas,
que se enteren que no hablo mentira;
dilo tú, dilo tú,
que se llena tu pecho de orgullo
al sentir que mi amor es tan tuyo.

Es la tercera vez de Mario de Jesús en este espacio. Solís, por supuesto, siempre ha sido la mejor excusa, pero hoy es otro cantante quien brinda una excelente oportunidad para hablar del dominicano y del mexicano: el boricua Frankie Ruiz, el papá de la salsa.

En el homenaje a Rafael Cortijo, 1982, la Primerísima de Puerto Rico, orquesta de Tommy Olivencia, tiene como primera voz a Frankie Ruiz, quien se despacha bonito y sabroso con este “Que se mueran de envidia”, con todo y guiño mexicano:

Así es como los grandes importan y exportan envidia de la muy buena. De República Dominicana a México, de México a Puerto Rico. Certificado. ¡Qué va, qué envidia envidiable!~

Con las mujeres de Javier Solís

marzo 8, 2014 § 1 comentario

Fueron en realidad muy pocas. Contadas con los dedos de las manos y pies son las canciones de compositoras que Solís interpretó: diecisiete. Un lugar especial, sin duda, lo tiene María Grever. Javier Solís grabó para Lara, Grever, Baena (1962) cuatro canciones de ella: “Así”, “Volveré” (acaso la más bella del disco), “Ya no me quieres” y “Cuando vuelva a tu lado”, todas con el mariachi Jalisco de Pepe Villa. De esa última hay también una versión con orquesta en Javier Solís en Nueva York (1965), junto con una canción más de Grever: “Te quiero, dijiste” (conocida también como “Muñequita linda”). En total, pues, cinco Grever à la Solís. Raro que no haya grabado “Júrame” (o quizá no se ha editado).

En aquel mentado disco neoyorquino se incluye la mítica “Bésame mucho” de la no menos mítica Consuelo Velázquez. De su autoría hay otra más en el cancionero javiersolista: “Que seas feliz”. La tríada de compositoras más reconocidas en México se completa con Emma Elena Valdelamar: Solís cantó, como nadie, su “Sin mañana ni ayer”.

Hasta aquí van ocho perlas con perfume de mujer. El resto se divide en ocho canciones de igual número de plumas, y una con su pilón: Beatriz Jiménez (“Bésame y olvídame”); Aurora M. Segura (“Piedad, Señor”, junto con Mario Martínez); Zulema de Mirkin (“Recuerdos de Ypacaraí”, junto con Demetrio Ortiz); Minerva Magaña (“Tú y la noche”); Irma Morillo (“Vengo a decirte adiós”); Consuelo Jiménez (“Ya no te burles”); Victoria Eugenia Sepúlveda (“Mañana”); y Graciela Olmos con “La enramada” y “Carabela”. De la canción de Victoria Eugenia Sepúlveda hay dos versiones, con mariachi y con banda, aquí hemos escuchado aquella con lavanda. Casi todas giran alrededor del tema sentimental, del amor posible o imposible; ofrecen, si se quiere ver así, la perspectiva femenina de tales asuntos. Hay, sin embargo, una excepción: “Carabela”.

Carabela: la diosa del mar (Graciela Olmos)
Estoy en el puente de mi carabela
y llevo mi alma prendida al timón;
un soplo de amores empuja mi vela
y zarpo cantando divina canción.
Ni marco mi ruta, ni llevo camino,
por donde mi nave ha de navegar;
yo sé que sin rumbo me lleva el destino:
será un día mi nave la reina del mar.
Que marque mi ruta el ave que vuela,
la estrella errante o el raudo ciclón;
yo quiero ver limpia mi fúlgida estrella:
será un día mi nave la diosa del mar.

Graciela Olmos, la Bandida, es la autora de este himno náutico. Sus dodecasílabos están pesados al centavo. La interpretación de nuestro cancionero lo hace, con todo y sus licencias, un himno javiersolista. De “La enramada”, también de Olmos, qué va, hay versiones para dar y repartir; la de Solís es íntima, coral y breve. Sólo y solo Solís ha navegado sin pérdida esta otra creación de la Bandida. Esta carabela es única. El puente musical, incluso, es, digamos, peculiar: “largo” y se toma su tiempo. La navegación acaso lo exige. ¿El tema? El mundanal andar, y qué mejor que contarlo entre olas.

Editada en El peor de los caminos (1962) la canción pasó a ser de inmediato un éxito y se incluyó en un par de discos de edición especial: El rey del bolero ranchero (2001) y A 40 años… me recordarás (2006). Es decir, que es la fecha que sigue siendo auténticamente javiersolista. La compositora, por su parte, vaya que tiene su historia.

«Era mujer de trabajo, de organización y de agallas», refiere su biógrafa Estrella Newman. La chihuahuense Olmos dio cuenta de ello desde su juventud. Sirvió e hizo servir. La música fue quizá su más fiel compañera, incluyendo a los compositores y cantantes que se apersonaban en su afamado lupanar. «Cabrones», advirtió, «a mí no me vayan a poner como heroína, porque yo fui solo cocaína». Así la diosa de soldaderas, corridos, mancebías y boleros. ¿Quién pedía peras con tales olmos?

Que quede pues este recuento de mujeres en este día de recordatorio, Día Internacional de la Mujer. Éstas son finalmente las mujeres de Solís: pocas pero muchas, de ahí que haya querido subrayar a Graciela Olmos y a su carabela: ¡qué nave!

En la sección de biografías, por cierto, de la Sociedad de Autores y Compositores de México sólo están las de Consuelo Velázquez, Emma Elena Valdelamar y Beatriz Jiménez. En la de esta última hay una anécdota: «Para mí fue muy sorpresivo cuando en una ocasión en que pasaba frente a un pequeño restaurante cercano a mi casa, escuché a Javier Solís interpretando “Bésame y olvídame”; esto ocurrió pocas semanas después de haber registrado la canción. Entré a escucharla, y de la emoción y gusto me puse a llorar como niña».~

Una noche como esta de aquellas

febrero 16, 2014 § 3 comentarios

Una decena y pilón es lo que Solís se echó a la bolsa en cuanto a covers se refiere. Once versiones de canciones en lengua extranjera cantadas (por primera vez) en español y, la mayoría, con el acompañamiento del mariachi. Además del italiano, las canciones originales fueron en francés (“Et maintenant” y “Plus je t’entends”), portugués (“Ninguém me ama”) e inglés (“Maria” y “Night and Day”). Acaso por su ‘familiaridad’, el italiano es lo que más cantó Solís en español; en este espacio hemos hablado ya de “Il mondo”, “Al di la” y “Dio, como ti amo”, restan “Ogni volta” y “Ho capito che ti amo”: hoy toca el turno de “Una notte così”.

Gracias a la comunicación de un atento lector, Miguel Duarte, es que llego a este tema que, me cuenta, “tiene un tono como de Disney” y “nunca lo ponen en ningún lado”. Lleva razón. Con un intermedio de trompetas, Solís suelta hasta su ¡qué va!, y sin duda la pasa tremendo en una noche como ésas. Seguramente hasta mejor que la “novia de México” Angélica María, quien después de Solís también grabara “Una noche así” y la hiciera popular en México. Porque lo cierto es que con Solís no lo fue. Es más, según los registros, todo indica que estuvo enlatada y no fue sino hasta cinco años después de su grabación que salió al mercado junto con otras diez canciones (en un disco raro donde los haya, pero sin duda de conocedores: ahí hay desde el alegre “Gocemos nuestra vida” hasta el rasgueo de “Voy”, pasando por un casi recitado “El adiós del soldado”, la versión con mariachi de “Infieno y Gloria” y una puntual “¡Ay, cariño!”; y por suerte disponible en digital).

Los autores de “Una noche así” son italianos: Bruno Canfora y Dino Verde; la intérprete original, algo más, es decir, italo-norteamericana: Connie Francis. “Una notte così” se grabó en 1964 y al poco tiempo ya estaba en boca de Solís con la versión en español de Luis Fernando (?) Marval. La ‘cubierta’, sin embargo, resultó mucho muy diferente a aquella que se popularizara con la joven Angélica María, que, al oírla, guarda sólo la distancia del idioma y es en sí una copia de la hecha por Francis. El de Tacubaya se ayudó del mariachi para más bien recubrir (y descubrir) la sorpresa de una noche así.

Las pausas y silabeo describen la particular noche. U-na-no-che-a-sí, subraya Solís, y con ello sin duda logra otra noche: no una italiana en español, sino, solísmente, una de aquellas. ¡Qué va! Esta es la letra:

Una noche así (Canfora, Verde, Marval)
Una noche así,
una noche como ésta,
no he visto yo jamás, jamás,
una noche así.
Una noche así,
una noche como ésta,
no debe terminar jamás,
una noche así.
En la quieta oscuridad
se escucha sin cesar
de besos el rumor;
siento que el cielo es mío,
tan sólo mío,
y allí estás tú, mi amor.
Una noche así,
una noche como ésta,
ya no podré olvidar jamás,
una noche así.

Única resulta esta velada. Insisto, tanto el arreglo como la interpretación son algo más que la versión en español de una canción italiana. (Y ni hablar de la otra versión de Angélica María donde además de la repetición del arreglo hay un gazapo: «se escuchan sin cesar de besos el rumor».) Solís escucha atinadamente el rumor de besos y aun la letra en español no aclare, como la italiana, que “allí estás tú conmigo”, no hay duda de que el canto se da entre gratísima compañía.

Solís dijo que quiso darle al mariachi una elegancia con el bolero. Hizo bien… y más: dio también al bolero la elegancia de su mariachi. Con Javier Solís el bolero se despertó y se encontró en su cama convertido en una excepcional criatura. Unos lo llamaron bolero ranchero; otros, bolero con mariachi; e incluso algunos, bolero arrancherado. Dijeron también que nació con un “Amorcito corazón”. Como sea, cada mañana kafkiana era javiersolista para el bolero. Y para una que otra canción pop: “Una noche así” es (otra) muestra de estos despertares de aquellos.

Vuelvo a la sugerencia del caro lector Duarte: se la agradezco y la cierro con una estampa de Disney, con una postal de Disneyland. No mía, sino del payaso triste. Una postal fechada en noviembre de 1965 que Solís enviara a la señorita Fabiola Siria, su “chaparrita de oro”, su pequeña hija de seis años.

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Tomada del Twitter de Renata Chapa y cedida por la nieta de Solís, Avril Siria.

La cereza del pastel

enero 31, 2014 § Deja un comentario

Hace más de cincuenta años se grabó una canción que resultaría santo y seña no solo del intéprete sino también, y sobre todo, del compositor. “Esclavo y Amo” se sumó a los hits de Javier Solís y multiplicó la popularidad del compositor José Vaca Flores. A partir de 1961 Vaca Flores empezó su gran carrera como compositor; la trayectoria de “Esclavo y Amo” fue exponencial: después de Javie Solís, y de que él estableciera su canon, una centena de intérpretes se echó a la bolsa semejante piedra: con algunos, contados, resultó aún preciosa.

El propio compositor cuenta (en su página web) cómo Solís “exigió” su grabación exclusiva de la canción. Es decir, que acicateado por un amigo común (de Vaca Flores y Solís), este nuestro cantante estrella buscó al compositor para reclamarle aquello de que anduviera dándole canciones a la competencia, i.e., Marco Antonio Muñíz, y, acto seguido, finiquitó la grabación en cuestión de días. “Esclavo y Amo” salió al mercado junto con “El loco” (Cordero), y ambas, a la par, resultaron epónimos de Solís. (La de Cordero se editó en LP antes que la de Vaca Flores, que se incluyó en el LP El peor de los caminos.) La locura y la esclavitud tenían ya amo javiersolista. Marco Antonio Muñíz, por cierto, no grabaría “Esclavo y Amo” sino hasta en 1993 para su, oh, homenaje a Javier Solís y Pedro Infante.

“Esclavo y Amo”, como Solís, se sigue escuchando. Recién en el cine tuvo dos “apariciones”: con el grupo chileno Los Bunkers en la película Besos de azúcar (C. Cuarón, 2013) y con el grupo peruano Los Pasteles Verdes en la película Heli (A. Escalante, 2013). Esta última es la que motiva esta nota.

Hace ocho años la SOLISMANÍA comenzó a dar lata. Hace ochos años, días más, días menos, el primer audio que subí a este espacio fue precisamente “Esclavo y Amo”. Fue la primer canción semanal. Me permito, caro lector, traer unas líneas que en su momento escribí: «¿Una letra de amor y desamor? No, creo más bien una letra de pasión. […] Renglones que hablan de la debilidad y de cómo ésta nos puede hacer sentir fuertes. Claro, la debilidad carnal.» Esta sigue siendo mi lectura… sobre todo después de ver Heli.

«La pasión es así», dije también a la luz de tal sombra javiersolista, «nos hace ir de la sumisión al dominio». ¿Y qué se ve en Heli? Eso mismo. La esclavitud y la posesión. Un universo que se puede encerrar, contener, bajo un cielo estrellado del bajío mexicano, una casa con dos habitaciones para cinco personas, un par de paquetes de cocacína y una canción en la radio. “Esclavo y Amo” suena en voz de Aldo Guibovich, cantante de Los Pasteles Verdes, ¿por qué no con Solís?

El grupo peruano, originario de Chimbote, grabó el éxito javiersolista de Vaca Flores en 1974. Ellos, junto con grupos como Los Ángeles Negros, fueron sin duda parte de aquella ola setentera de agrupaciones baladistas que de México a Sudamérica tuvieron sus mejores años. Así, en grupo, interpretaciones de canciones como “Esclavo y Amo” cedían el protagonismo de voces como la de Solís; el conjunto cobraba importancia, y si bien la voz de Guibovich era ingrediente principal, el resto de la banda no se limitaba al mero acompañamiento. “Esclavo y Amo” es con Solís una amalgama perfecta; con Los Pasteles Verdes es una junta de música y voz… es Heli y su medio, ¿sus circunstancias? La garra es con Solís; el desgarre es lo que ha de oírse en la película. De película.

Las probabilidades de que en estos días (donde se ubica la historia) se escuche en la radio de México, en lugares como Guanajuato, a Javier Solís es mayor frente a la de Los Pasteles Verdes (pero no igual a la de aquellos años sesenta en los que historias como Canoa fueron trazadas). No por mucho: ellos, lo dicho,  sí que tuvieron, y tienen, su espacio en la escena popular mexicana. Es pues natural oír a “Esclavo y Amo” con Los Pasteles Verdes en una escena de película donde una parejita de un medio rural se da una escapada para ver “secretos” mientras la radio del auto está prendida e incluso, al final de una canción de amor, él le hable a ella de matrimonio. Es natural.

Lo que no es natural, y se va por ello a buscar, es oír de nueva cuenta a “Esclavo y Amo” al final de una historia como Heli. ¿O sí lo es? Desafortunadamente en el marco de la historia también lo es. “Esclavo y Amo” vuelve a escucharse con esa voz tristona, chillona acaso, y el conjunto que la envuelve. No ha de ser Solís y su su fuerza lo que se sienta esclavo y amo, más bien sólo su eco a la distancia: la reinterpretación años después de un grupo baladista. El llanto de los violines no tiene lugar en Heli, lo importante ahí es algo todavía más chirriante, cansino. Una escena de sexo por fin consumado y un par de niños al sillón con las cortinas al viento, tras tiempos aciagos, crudos, cabrones, eso es ahora el preámbulo de una canción como “Esclavo y Amo”. Dicho de otro modo, si antes se oye por la radio, al final es lo único que queda por escuchar.

No son gratuitas las consonancias y asonancias de la letra de “Esclavo y Amo”, tampoco sus motivos. Solís lo supo, de ahí su canto; los grupos como Los Pasteles Verdes lo entendieron, de ahí su reinterpretación; películas como Heli de Escalante lo descubrieron, de ahí su inclusión.

Volvamos, para cerrar, a la canción. Vaca Flores se la dedicó a su esposa Esthercita. El compositor ahora está, en sus palabras, tranquilón, tiene incluso Twitter y por ahí llego a esta sencilla y valiosa versión acústica de un joven cantante mexicano que, a pesar de su andar televisivo, procura en buena lid el oficio. Sea pues, Yahir y su “Esclavo y Amo”:

Y, ¡qué va!, una estampa (tomada de la página del compositor) de Solís y Vaca Flores:

De izq. a der. Valencia, Solís, Vaca Flores, Alfaro Valencia, Valdés Leal, Carrión y Rodolfo Zamudio.

De izq. a der. Sr. Valencia, Javier Solís, José Vaca Flores, Alfaro Valencia, Felipe Valdés Leal, Rafael Carrión y Rodolfo Zamudio.

Ese Solís taíno, Siboney

enero 4, 2014 § Deja un comentario

Si bien Solís tuvo acaso en Puerto Rico a su segunda patria, el Caribe le brindó una gran perla cubana: la Siboney de Ernesto Lecuona. Así, si “Perfidia” es el bolero mexicano más cubano, “Siboney” es la cubana que se le hizo al mexicano.

Siboney (Ernesto Lecuona, 1929)
Siboney,
yo te quiero, yo me muero por tu amor;
Siboney,
en tu boca la miel puso su dulzor.

Ven aquí, que te quiero
y que todo tesoro eres tú para mí.
Siboney,
al arrullo de la palma pienso en ti;

Siboney,
de mi sueño,
si no oyes la queja de mi voz,
Siboney,
si no vienes:
me moriré de amor.

Siboney,
de mi sueño, te espero con ansia en mi caney,
porque tú eres el dueño de mi amor, Siboney,
oye el eco
de mi canto de cristal:
¡no se pierda por entre el rudo manigual!

Incluída en su disco Javier Solís en Nueva York, “Siboney” fue parte de esas jornadas laborales que a Solís, se dice, llegaron a fastidiar. Motivo hubo: echarse al hombro a pura voz creaciones de esta talla… ni que fuera tenor. Solís cantador, cancionero, hizo lo que pudo y, con hambre, cumplió con creces. Y uno que otro gazapo, ya se verá.

La tarea exigió. Solís prescindió del mariachi y fue la orquesta que acompasó y lo acompañó sin empaño. Ahí fue Solís, que sin ser Negrete, aquel tan celebrado en Cuba, nos ofreció una de las mejores grabaciones e interpretaciones de uno de los íconos de Lecuona. Hablando de Negrete y Cuba, por cierto, no sería aventurado afimar que Solís hubiera tenido igual o mayor eco en la isla de no haber habido los saldos revolucionarios; Puerto Rico, lo dicho, se ganó a Solís (y a tantos más que atizaron a uno de los más bellos hijos de Cuba: el bolero). El rudo manigual.

Solís, hay que decirlo, no quiso saber del manigual y optó por un “marigual”; también, no se arrulló con la palma, sino con el alma; y, finalmente en esto de los gazapos, repitió un verso y omitió el “porque tú eres el sueño de mi amor, Siboney”. De ahí en fuera, Solís se adentró a la medida, sobre todo a partir de la mitad: “y que todo tesoro eres tú para mí” le salió que ni pintado; los Siboney fueron eco preciso y precioso en la garganta javiersolista, y lo supo: sustituyó el subjuntivo de perder y cantó tras el imperativo “oye el eco de mi canto de cristal”: no se pierde.

Y no se perdió, Solís sin extravío llamó y encontró a Siboney. La música de Lecuona puede estar en paz con el de Tacubaya: ‘ta Cuba ya. Muy cierto que la musa de aquél, Esther Borja (recién fallecida a los cien años), tiene quizá a la mejor “Siboney”, pero Solís, ¿en su caney?, hospedó a cuerpo de rey a esta reina taína y cubana (la única, según mi base de datos de “compositores javiersolistas”). Como una Salomé, “Siboney”, con Solís, se nos sube a la cabeza, ¡qué va!

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