Una entrevista y una canción

julio 6, 2013 § 2 comentarios

Antes que Elvis Presley y quizá al mismo tiempo que Frank Sinatra, Javier Solís hizo también suya la inspiración de Gilbert Bécaud y Pierre Delanoë. “Et maintenant” se escuchó en español gracias a Solís (y a la adaptación de Julio Guiu Clara); las trompetas abrieron la escena y los violines fueron acompañando a Javier en su letanía. “¿Por qué me dejas?” resultó ser el título de la canción: Javier no lo supo durante algún tiempo.

En el primer año de la SOLISMANÍA escuchamos la versión de Solís de ese éxito mundial. Recién ahora puedo oír una entrevista de Solís en Venezuela. Es del año de 1965, Javier está a días de concluír la filmación de “El hombre de la furia” (Orozco, 1966) —conocida también como “Más allá del Orinoco”— y brinda la entrevista a la Radiodifusora de Venezuela en el programa Las mexicanas del set. Llego al audio gracias al javiersolista Alan, y si bien pareciera estar entrecortado, tenemos el gusto de oír por unos minutos a este otro Solís:

Digo otro Solís pues lo comparo con aquél de esa otra entrevista (del año 1962) donde más bien (nos) platicó y contó; casi cinco años después Javier Solís se concentró en responder, «bueno, primero no me has dicho nada de… ¿canciones de todos o mías?», juguetear con el entrevistador, «Amanecí en tus brazos, no en los tuyos, no, en los de una chamaca», y hasta desmentirlo, «nada de que “ágil”, porque me estás diciendo que fui correlón, y no corrí». Estaba contento, a toda máquina, mencionó un par de recientes grabaciones próximas a salir al mercado: “He sabido que te amaba” y otra que, acotó, «en italiano es “Le mantené”, no sé en español, no recuerdo cómo se llama». Gazapo de Solís: se refería a la francesa “Et maintenant”. El tropiezo fue porque “He sabido que te amaba” es la versión en español de la italiana “Ho capito che ti amo”; la francesa sería incluída finalmente en el LP de Payaso (1966) y la italiana, meses antes, en el LP de Sombras (1966).

En aquella nota de 2006 hablé de un “bolero ranchero”: error, lo que escuchamos es una balada setentera en ciernes (madre acaso de tristes y naves del olvido) donde Solís, ¡oh, Javier!, se da el lujo de resumir, con los tonos de su voz, la canción en el último par de versos; también, escribí que tanto la versión en inglés (de Sinatra o Elvis) como la versión en español (de Solís) superaban a la original francesa: gran error, no había visto (ni escuchado) ésta en vivo y a todo color del blanco y negro de su compositor:

[youtube href=”https://www.youtube.com/watch?v=p1H_dMrDUNo%5D

Al Gilbert lo que es de Bécaud y a Javier lo que es de Solís. «El mantenido», bromeó el entrevistador; «no les digo adiós, sino hasta la próxima», se despidió el entrevistado… «¿Y ahora?», nos mantenemos.

Un bolero samba javiersolista

junio 15, 2013 § 1 comentario

Después de grabarla con mariachi para —según rezó la contraportada— su noveno LP, Solís volvería a cantar, pero con trío, “Nadie me quiere” para —según mis cuentas— su undécima película. La samba-canção de Fernando Lobo y Antônio Maria, hecha éxito en 1952 gracias a la voz de Nora Ney, pasó al bossa nova, con Lúcio Alves, por ejemplo, y regresó a su origen con Solís: primero con mariachi y luego con trío.

Del “Ninguém me ama” al “Nadie me quiere” hay casi diez años. Solís no sabe del tiempo, en ese su disco Javier Solís con Acompañamiento de Mariachi (CBS 1960), el mismo donde incluye su epónimo “El loco”, el de Tacubaya tiene ya un dominio de las posibilidades y bien puede uno decir que está en la madurez de su carrera. El disco resulta tan redondo que fue acaso la suavidad de “Nadie me quiere” lo que la hacer perder protagonismo frente a compañeras como “Escándalo”, “Y”, “Luz y Sombra” y “Ojitos traidores”. Pero de que vale la oída, que ni qué:

Viene entonces la película Un tipo a todo dar (1962) y es ahora el trío Los Montejo lo que ayuda a subrayar la interpretación precisa de Solís. Non plus ultra. La canción vuelve de México a Brasil con otro título, quizá menos amada pero más querida, y qué más da: Solís con trío explicó en qué se parecen el bolero y la samba. Así Solís se adelanta a tristes y hipsters, y no queda sino escuchar:

Envío
A Pati Peñaloza por la selección.

Tras 47 del 66

abril 19, 2013 § Deja un comentario

Es en el final de su carrera cuando Javier Solís encuentra un particular norte volviendo al sur, al sur de los tangos. Él, quien buscó ser el “genial intérprete de tangos” con un Javier en ciernes, un Javier Luquín, se toparía con la luz de unas sombras; después vendrían “Y todavía te quiero”, “Pajarito cantor” y “En esta tarde gris”, todas con mariachi y la última también con orquesta, pero aquél 8 de febrero de 1965 fue de “Sombras… nada más”.

Como mandan los cánones, en plena tarde, sin madrugón y sin desvelo, Solís interpretó y grabó la letra de José María Contursi y música de Francisco Lomuto con los arreglos y dirección de Gustavo A. Santiago. La comparsa, según rezó la etiqueta del disco, corrió a cargo de los mariachis Jalisco de Pepe Villa y Los Mensajeros de J. Isabel Paredes. Desde la Argentina, pues, llegó la canción transgénero: un tango que pasó a ser bolero para llegar a lo ranchero… Para iluminar a Javier.

Salió a la luz con un —guiño lúdico— “Cuando calienta el sol” (de los hermanos Rigual); más tarde, en el aciago 1966, el disco de larga duración (LP) incluiría en el lado A: “Sombras”, “Cada vez (Ogni volta)”, “En mi viejo San Juan”, “Si Dios me quita la vida”, “He sabido que te amaba (Ha capito che ti amo)” y “Renunciación”; en el lado B: “Cuando calienta el sol”, “Retirada”, “Moliendo café”, “Qué va”, “Tu voz (Plus je t’entend’s)” y “Amanecí en tus brazos”. Así de macizo; no por nada en la contraportada se leyó lo siguiente:

Hechos, rostros y lugares que se esfuman en el pensamiento, formas difusas proyectadas en la pantalla del recuerdo; recuerdos desdibujados por el tiempo que se prenden insistentes en el corazón… Sombras nada más… Voz de cálidos matices e inflexiones mórbidas que se diluye en el espacio con sugerencias de pasados y vibraciones de actualidad; voz que traspasa los umbrales del alma, acompañando a las memorias pasadas y presentes; voz que ríe, que llora y que canta, para liberar a la expresión confinada en la lira del talento: voz que vibrando al unísono de la pasión que agita el alma del poeta, revela los más íntimos secretos del amor y la belleza.

Es la voz de Javier Solís, una de aquellas que tienen el timbre de la seducción y cuya expresividad recorre con facilidad toda la gama emocional del sentimiento. En este nuevo LP del gran artista, viene a corroborar sus éxitos anteriores, cantando como no lo había hecho hasta ahora, pues ha grabado estilos tan diferentes de canciones que es proeza admirable el hecho de dar a cada una de las melodías comprendidas aquí, su propia circunscripción destacando cada uno de los estados de ánimo que encierran.

He aquí el disco que esperaban los admiradores del artista sonorense [sic].

En la contraportada hay también una foto de Solís en plena sesión de trabajo. Sin adorno alguno, se le ve metido en su papel; parece estar en ese estudio de grabación, ése su playing field, ahí donde se (la) jugó, donde labró su garganta y la perfeccionó. Antes había ya dado campanazos varios: barnizó sin mácula creaciones de Lara, con y sin mariachi; “El loco” le brindó acaso su primer epónimo; esclavo y amo era ya del bolero ranchero y su entrega total llegaba hasta los valses con banda sinfónica. ¿Qué le faltaba? Sombras… nada más.

A partir de ese febrero de 1965, Solís subrayaría su calidad no solo con todavía una buena cantidad de grabaciones, sino también con sendos proyectos discográficos: Payaso, Y todavía te quiero, Javier Solís con orquesta y el Homenaje a Rafael Hernández y Pedro Flores. Se puede especular y decir que este LP de Sombras tardó un año en prepararse, pues la canción de Luis Demetrio, “Si Dios me quita la vida”, según la biografía de Solís, no se tuvo lista sino hasta la Navidad de 1965. El disco sin duda resultó ser algo más que grises sombras.

Dos años y meses antes de aquella grabación toral, en esa misma ciudad de México, nacía Aída Cuevas (24.09.1962); cuarenta y cinco años después de aquellas sombras javiersolistas, la cantante Aída Cuevas ganaría el Grammy Latino (11ª entrega) en la categoría “Mejor album de tango” con su disco De corazón a corazón… Mariachi Tango (Cuevas 2010), que incluyó, sí, “Sombras… nada más”.

La “reina de la ranchera” —como otrora el “rey del bolero ranchero”— toma un tango y lo cobija bajo el sombrero; devolviendo acaso el favor, en ese su premiado disco regresa las “Sombras” a su lugar de origen con apenas bienvenidos destellos de mariachi. Aída Cuevas —como otrora Javier Solís— se aventura en “nuevos” derroteros y sale premiada.

El tango “Sombras… nada más” le llegó a Solís con una letra distinta en su plena juventud: la original tiene algunas diferencias, Aída Cuevas lo canta manteniendo algunas. La principal, por supuesto, es el título: “Sombras”, a secas, terminan siendo con Javier (pues con Felipe Pirela aún tienen nombre y apellido). Aquí la letra “final” (con la versión original entre paréntesis):

Sombras… nada más (F. Lomuto y J.M. Contursi, 1943)
Quisiera abrir lentamente mis venas,
mi sangre toda verterla* a tus pies (vertirla)
para poderte demostrar
que más no puedo amar
y entonces morir después.
Y sin embargo tus ojos azules,
azul que tiene* el cielo y el mar (tienen)
viven cerrados para mí
sin ver que estoy aquí* (así)
perdido en mi soledad.
¡Sombras… nada más!
acariciando mis manos
¡Sombras… nada más!
en el temblor de mi voz
Pude ser feliz
y estoy en vida muriendo
y entre lágrimas viviendo
el pasaje* más horrendo(s) (los pasajes)
de este drama sin final
¡Sombras… nada más!
entre tu vida y mi vida
¡Sombras… nada más!
entre tu amor y mi amor* (entre mi amor y tu amor)
Qué breve fue tu presencia en mi hastío,
qué tibias fueron tus manos*, tu voz (tu mano y tu voz)
como luciérnaga llegó
tu luz y disipó
las sombras de mi rincón.
Y yo quedé como un duende, temblando
sin el azul de tus ojos de mar
que se han cerrado para mí
sin ver…

De principio a fin Solís mantiene el equilibrio y así, sobre la tendida cuerda, hace brillar su instrumento a fuerza de precisos movimientos. Sereno repasa los endecasílabos (à la italiana, ¿tango al fin?), reconcentrado borda el restante de las estrofas y remata el estribillo y sus octosílabos con una soltura cómplice del aire (y de una segunda con el mariachi), y Javier ahí y así, perdido en su soledad, se encuentra único e inalcanzable. El señor de sombras.

Aquí las “Sombras” de Solís:

Y aquí una versión en vivo donde no queda más que señalar el garbo del genial intérprete del tango Sombras… nada más:

[youtube http://youtu.be/r7hFz1qfFjM]

Hay un detalle, avezado lector, con el que podemos despedir esta nota y recordar, oh luto, este 47º aniversario luctuoso de Javier Solís: el nudo negro en la garganta del cantor. Se trata de una corbata charra ya en desuso, e incluso excepcional para la época de Javier, que a manera de jáquima y simulando un gargantón, Solís solía vestir. Además de ese video, la corbata se puede ver en los otros cuatro que hasta ahora hay disponibles de Javier cantando en vivo (editados todos en el DVD A 40 años… me recordarás)… Y también en una foto que en enero de este año Aída Cuevas mostrara a sus seguidores en Twitter, esta es:

corbata de JS

«Les comparto algo inesperado pero muy valioso para mí, la corbata charra de don Javier Solís. ¡Qué regalazo!», escribió Aída. Inesperado fue también aquel deceso del 19 de abril de 1966: «con el corazón no contaba», explicaría el médico Francisco Zubiria. Amar da drama, lo supo el corazón de Javier y lo contó. Lo cantó. Silos, seria soledad… es seda de los aires Solís.~

El tiro de gracia a los 27

abril 11, 2013 § Deja un comentario

Con veintisiete años cumplidos Javier estaba lejos de ser Solís. Su nombre artístico estaba ya definido, sin duda, pero no así su estilo. En septiembre de 1957 había recibido su primer disco plateado por la canción —y primera gran oportunidad profesional—  “Por qué negar” (Lara), que grabara en enero de 1956, es decir, meses antes de sus 25; para 1958 ya solo estaban quedando ecos, sin huellas, de aquellos sus primero pasos. Aún así, en ese periodo, 1956-1958, Solís se echó a la bolsa poco más de media centena de canciones. El propio director musical Felipe Valdés Leal creía que el cansancio estaba haciendo mella en el muchacho y de ahí que el estilo no encontrara lugar en él. Necesitaba un respiro: Solís seguía siendo infante.

Javier tomó nuevos aires en 1958 (también los probó, dicho sea, pues ese año conoció a Yolanda Mollinedo), se fue en caravana artística y regresó a los estudios de la Columbia a jugarse el destino con la ayuda de Valdés Leal y el maestro arreglista y compositor Rafael Carrión, quien, efectivamente, lo arregló y compuso para una grabación en particular: “Llorarás, llorarás” de Rafael Ramírez Villarreal.

Oír es raro; llorar, serio. Aquél día, en aquella sesión, un joven de 27 años se supo oír y seriamente lloró el recuerdo de su ídolo atascado en su propia voz. Muerte al imitador, ¿para qué llorar como infante lo que se puede cantar como Solís? Una vez identificada por Carrión, Javier también reconoció su propia voz: óyeme como quien oye a Solís. «De hoy en adelante imita a este señor en todas tus canciones», le habría dicho el maestro arreglista, y el enfermo se compuso. Es raro llorarse… y así cual palíndromo Javier regresó sobre sí.

Un antes y un después resultó la grabación de “Llorarás, llorarás”. Un parteaguas. La Columbia confirmó y mantuvo a Javier (¿y Solís a la Columbia?), las grabaciones fueron a más —a unas cuantas estaba de «darle en la torre» al compadre Infante de Carrión— y el solista se subrayó. ¿Qué habrá visto Valdés Leal en “Llorarás, llorarás”? Los boleros de Ramírez eran apreciados, “Nuestro amor” con Los Panchos era quizá respaldo importante, así como aquellos (otros) temas de película “Si tienes corazón” y “De pies a cabeza” interpretados por Toña la Negra y Pedro Infante, respectivamente. La apuesta se mantenía con el muchacho:  a la yugular: bolero con mariachi: all in. Y se ganó la partida: vaya flush, una flor imperial y real.

No conformes con el éxito discográfico, “Llorarás, llorarás” se triplicó en pantalla: fue incluída en escenas de película de Javier: Tres balas perdidas (Rodríguez, 1961), En cada feria un amor (González, 1961) y Los cinco halcones (Delgado, 1962). Para el anecdotario, en un disco sencillo (de 45 rpm) hay un Pablo Flores (¿aquél amigo de Solís del trío México?) como compositor de la canción:

lloraras pablo flores

Pero se sabe que es de Ramírez y que salió al mercado (en contracara de “Después de amarnos”) en un disco así:

javier-solis-lloraras-cbs

(Así tal cual, “Llorarás”, y con un primer nombre, “Isabell”, es como se reporta —con decenas de intérpretes amén de Solís— en la base de datos de la SACM, donde, por cierto, ninguna de tres canciones intituladas “Llorarás, llorarás” tiene como autor a Rafael Ramírez pero sí a un… Pablo Flores Lagunas. Para llorar.)

Curiosidad puede también ser el acompañamiento. Según esos primeros discos es el mariachi Zapopan de Miguel Martínez (maestro trompetista que acompañara a otros mariachis como el Vargas y a una pléyade de cantantes) quien acompaña al solista, pero para el disco de larga duración Llorarás, llorarás (1959) se señala en la contraportada a los mariachis Jalisco y México de Pepe Villa. ¿Fueron versiones diferentes? Tanto la canción que nos ocupa como “Mentira, mentira” y “Vengo a decirte adiós” ya habían sido grabadas, el resto (9) fueron primicia: me parece natural que, por cantidad, solo se diera el crédito a las nuevas grabaciones y que esas tres fueran mera inclusión. De Zapopan es pues el acompañamiento.

La canción también forma parte de discos de éxitos de Javier, Mis 30 mejores canciones (Sony 1998) y A 40 años… me recordarás (Sony 2006), y de dos sabrosas mezclas: Los Panchos con Javier Solís (Columbia ~1966), con una bellísima segunda de Enrique Cáceres, y Javier Solís con la Rondalla Venezolana (Sony 2011), con solo Solís de inspiración pues la Rondalla, sin mariachi, es la única que se escucha en ese track.

Aquí pues “Llorarás, llorarás”…

Llorarás, llorarás (Rafael Ramírez)
Llorarás, llorarás, mi partida;
aunque quieras arrancarme de tu ser,
cuando sientas el calor de otras caricias,
mi recuerdo ha de brillar donde tú estés.
Has de ver que mi amor fue sincero
y que nunca comprendiste mi penar;
cuando sientas la nostalgia por mis besos:
llorarás, llorarás, ¡llorarás!

No era para menos el éxito. Entre violines y trompetas Javier desarrolla sus matices en apenas dos minutos de voz. Sin chillido alguno, no es sino hasta el final que se escucha la suavidad de la tremenda fuerza de Solís. Arranca y brilla al centavo (y de a peso); comprende nostalgias: exhorta llanto… Llora la canción.

Si el texano Rafael Ramírez Villarreal no pudo pegar a lo grande con Pedro Infante, sí que lo hizo con Javier Solís. Al poco de haber sido grabada con las Hermanas Gongora (paisanas del compositor), “Llorarás, llorarás” en voz de Solís le brindó su primer hit y le hizo merecer, dada la popularidad de la canción, dos veces consecutivas el “Micrófono de Oro” (de la Asociación Nacional de Locutores de México). Cinco años hay entre aquella escena “De pies a cabeza” con Infante —en El mil amores (González, 1954)— y el año del renacimiento de Solís con Ramírez. Finalizado 1958 con esa esperanza de Javier en el estudio de grabación, fue 1959 cuando desde el norte, Texas incluído, y acaso por los oriundos aires del compositor, “Llorarás, llorarás” sonó hasta el centro de México, Tacubaya incluída: un muchacho de 27 años había encontrado la inmortalidad.~

Ahí te estorbo yo, un punto negro

abril 7, 2013 § 1 comentario

Oír trío con Solís no es cosa rara, al menos no para los javiersolistas. Si bien el mariachi fue fiel compañero, el trío no se quedó atrás: ni Solís con ellos… dicho ello con el trío México en mente: ese que el jovencísimo Gabriel Siria formara (~1949) con Pablo Flores y Miguel García, y que abandonara al poco tiempo para seguirla en solitario. Todavía más, hay alrededor de los tríos sabrosas anécdotas entre ellos y Javier; una de ellas la presento ahora con la ayuda de un video que está en la cuenta de un javiersolista cabal, kwebytaz, quien a final del año pasado subió a la red este recuerdo del duranguense “caballero de la canción” Antonio Velázquez, exprimera voz de Los Tecolines, fallecido en noviembre 2011:

[youtube http://youtu.be/fBxUbrFavnI]

Velázquez cuenta de aquellos meses aciagos, febrero-abril, de 1966. Él empezaba, después de haber salido de Los Tecolines, su carrera como solista (en Chicago), y visitaba a Javier en su último trabajo para el cine (en los estudios Churubusco, México), su papel en la película Juan Pistolas. Solís escucha cantar a Velázquez (cuya carrera de solista, dicho sea, fue como cantante de rancheras) y le ofrece llevarlo y presentarlo a alguna casa disquera. ¿La Columbia (CBS)? No, explica Javier: ahí estorba: solo le hacen caso a él y a las Hermanas Huerta: ¿para qué hacerle perder más tiempo?

Solís estaba por terminar la filmación e irse de gira por el norte con la Caravana Vallejo. ¿Grabar más canciones? Seguramente: sabe ya el ritmo de la industria, trabaja para la CBS (y rechaza cheques en blanco de la competencia) y quiere incluso que otros más graben: un amigo y un profesional. Porque era así, qué se le va a hacer: Javier estorbaba a otros que querían un pedazo del pastel (de la Columbia); pero, qué va, ello no le pesaba a Javier, al contrario: reconoce los recovecos y procura a quienes, como él, buenos eran en lo suyo y se la pasaban tocando puertas.

Al rasurarse Velázquez escucha la noticia aquél 19 de abril: La canción mexicana está de luto… porque murió Javier Solís; con voz entrecortada sigue aún el recuerdo. «Con las palabras, con eso me alcanzó», finaliza el recuento.

La siguiente canción no es del repertorio de Los Tecolines, ni de Velázquez, pero sí de Solís. Es con trío. ¿Cuál? Según el blog nuestrostrios.blogspot.com es el trío Los García; según otras fuentes puede ser aquel trío México que después, se dice, mudó en Los Galantes. “Punto negro” se llama la composición —de Roberto Reynoso— que, se dice, fue de las primeras que Solís hiciera (incluso antes de “¿Por qué negar?” y “Qué te importa”) junto con “Virgen de barro”, “Tómate esa copa” y “Te voy a dar mi corazón”, y de ahí la incertidumbre sobre el trío que acompaña, amén de la falta de noticia y crédito (al fin hecho en México) del disco donde se incluye la grabación, Mis 30 mejores canciones (Sony 1998). Esta es:

Punto negro (Roberto Reynoso)
No quiero ya saber
si te mueres o no por mi cariño;
ni me importa que tú
diciendo vayas hoy que me dejaste;
yo sé que para ti,
igual que para mí, hay otros besos:
¿por qué insistes en ser
en mi quieto vivir un punto negro?

Tu orgullo de mujer
te ha vuelto mala y cruel, y me atormenta;
cuando el amor se va
se queda el corazón ensombrecido;
olvida tu rencor,
que solo ha de empañar aquellas horas:
no quiero que seas tú,
de esta historia de amor, el punto negro.

De la canción, según la SACM, no tiene más intérpretes que Solís y un tal Rodolfo Sánchez (?).  La de Javier solo tiene esa edición, era pues de las inéditas tras su muerte. ¿De sus primeras? No lo creo: tanto ésta como “Virgen de barro”  y “Tómate esa copa” (referida en la nota de “Tómate una copa”), resultan únicas para Javier, ¿un cantante en ciernes con canciones exclusivas? Insisto, no lo creo. Solo de “Te voy a dar mi corazón” se tiene registro con la veracruzana bolerista Ana María González (aquella de “Solamente una vez”); así, si el resto de canciones hubieran sido ya (más o menos) escuchadas, sería creíble aquello de la primicia… Sin embargo, hay un detalle: Ana María González era artista de RCA Victor… y Javier Solís con ese su trío México llegó a ser parte de RCA Victor (!), luego es posible que sí haya pasado revista en esos años a canciones como “Te voy a dar mi corazón”… ¿y “Punto negro”?

El requinto es preci(o)so y Solís remata de igual forma, sobre todo, los endecasílabos. Su voz guarda el equilibrio entre la queja y el reproche, y llega natural a la petición (sin sonar a súplica). Su quieto vivir.

No quería estorbar a aquel amigo; no quería Solís el punto negro.~

Pajarito cantor que llegaste hasta mí

abril 3, 2013 § 1 comentario

Si “¿Dónde estás, corazón?” nació como canción mexicana y se hizo cual tango, “Pajarito cantor” nació como tango y se hizo cual bolero ranchero… con Javier Solís (¿acaso como él mismo: de un tanguero Luquín a un ranchero Solís?). El compositor de ambas es Luis Martínez Serrano; Solís sólo grabó la segunda (y una más del compositor: “Si no estás conmigo”), con el acompañamiento del mariachi Los Mensajeros, para el disco Y todavía te quiero* (1966). Aquí hemos ya hablado de algunas canciones de ese disco: “Una limosna”, “Luz de luna”, “Espumas”, “Sigamos pecando” y “Las rejas no matan”; pendientes están, por ejemplo, el (tristemente) célebre “Amigo organillero”, la (tan) buscada “Gaviota” y ese otro (original) tango que da nombre al disco. Por ahora, este trino, este pajarito cantor.

Esta semana salió en los medios que en Venezuela un pajarito chiquitico se mete a una capilla, da tres vueltas, se para en una viga de madera, silba —bonito—, ve raro, silba un ratico más y se va dejando bendiciones y arengas… A saber qué clase de pajarito pudo imaginar (¿y sentir?) Solís en su interpretación. Con aquél chiquitico se sintió un espíritu revolucionario; con este cantor, la esperanza de la redención. Yo prefiero lo segundo —así visite entre grillos y rejas— a través de un penado Solís:

Pajarito cantor (Luis Martínez Serrano)
Solo estoy entre grillos y rejas,
condenado a morir en prisión,
y no brotan de mi alma las quejas
porque ahogadas quedan en mi corazón.

Fría está como mi alma la celda,
entra apenas un rayo de sol,
solo escucho que un ave muy cerca
al trinar alegra mi triste prisión.

Pajarito cantor que llegaste hasta mí,
mitigando mi acerbo dolor, no te alejes de aquí;
Pajarito cantor, si pudiera volar,
yo quisiera ayudarte a formar tu nidito de amor.

Mientras sufro la amarga condena,
que por ley la justicia dictó,
la avecilla mitiga mi pena
como un alma buena con trinos de amor.

Y en el fondo del alma se aviva
la esperanza de la redención
cuando el cuerpo cayendo sin vida
a mi alma permita volar al perdón.

Tango ranchero cabal. Después de que las trompetas y violines lo anuncien, Solís sale a escena en esa su triste prisión. Subraya contenido los decasílabos y en los estribillos libera la voz ranchera sin olvidarse, ¡qué va!, de sus tenues descensos. Una versión del tango se puede escuchar en Youtube con Emilio Tuero, ahí el “barítono de Argel” saca partido de su voz y logra sin problemas ecualizar el tango; lo cantor, por su parte, alza el vuelo más bien con la versión de Solís.

Si un pajarito viniera a darnos vueltas, ¿qué mejor que con Javier Solís?

Más de tangos y versiones en la siguiente entrega, ¡qué va!

*Edición mexicana, pues la argentina se edita (tras la muerte de Solís) con otro listado de canciones que no incluyen este Pajarito.

Apoteosis de Javier Solís

marzo 27, 2013 § 1 comentario

Con las piedras del camino de Edgar Amador los domingos suelen ser rancheros. En uno de ellos tuvieron lugar las siguientes líneas javiersolistas.

Apoteosis de Javier Solís
El alma del ranchero está sostenida por el aliento de miles de compositores, salidos debajo de piedras, ramas y plazas a lo largo de todo México: desde la cúspide literaria de José Alfredo, hasta el tremendismo ornitológico de Tomás Méndez, pasando por el exquisito de Ferrusquilla y el azote urbano y contemporaneo de Martín Urieta.

De esa constelación hay uno que a mi siempre me sorprende por su precisión poética: Luis Demetrio. José Alfredo no es un poeta, es un bardo, un acólito de Baco, una bestia dionisíaca. Luis Demetrio es apolíneo, es casi un poeta lírico.

Va por ejemplo este dístico de su canción “Voy”, que casi parece San Juan de la Cruz, o Alfredo R. Placencia:

“Voy a ponerme en los ojos un hierro candente
pues mil veces prefiero estar ciego que volver a verte”

Esta canción fue escrita aparentemente para la enorme bolerista cubana Olga Guillot, pero fue grabada también por el más íntimo de los gigantes: Javier Solís.

La génesis, gloria y muerte de Javier Solís pertenecen no a la biografía, sino a la mitología: nacido por accidente y criado por sus tíos en Tacubaya; en el imaginario popular existe el mito de que muerto Pedro Infante, Javier Solís canta sobre su tumba iniciando así su carrera y su éxito. Su muerte es aún más misteriosa, y las versiones sobre la misma abarcan todo el rango de las leyendas urbanas.

Si su biografía es mitológica, su voz lo acompaña. No hay mácula ni tacha, todo es pura perfección. Limpidez lisa, su voz es una cuerda que se estira, se tensa, y no se rompe nunca.

En los “Domingos Rancheros” de este secreto Blog la ausencia conspicua de Javier Solis no pudo ya ser contenida. Las noches de dolor de los mexicanos, nuestra rabia y nostalgia, nuestros encuentros de amor, están llenos sin que lo sepamos, de la voz de Javier Solís.

Yo quiero dejarles esta tarde fría y cariñosa de noviembre, esta obra maestra de Luis Demetrio cantada con la voz definitiva de Javier Solís. Para mí, es uno de esos Non Plus Ultra: no hay más allá.

¿Me permite unas palabras?

enero 25, 2013 § 1 comentario

Seguramente fue mi primer disco compacto de Javier Solís: Mis 30 mejores canciones (Sony Music, 1998); un doble disco que además de contener a parte de la crema y nata del repertorio javiersolista, incluyó (y a la fecha sólo ahí) diez canciones inéditas. De estas destacan: «Todo y nada» del ínclito Vicente Garrido (la única que le grabara Javier); «Perdónala, Señor» del panameño Carlos Almarán (sí, el de «Historia de un amor»); «Caminos diferentes» de Alfredo “el güero” Gil; y «Señorita» de Ramón Inclán.

Bastantes son las canciones que apelan a alguna señorita, las hay desde cantineras hasta secretarias, pasando por presumidas y caras de pizza. Como la de Inclán, señorita a secas, hay en México, según la base de datos de la SACM, otras seis más; sin embargo, ninguna parece tener intérpretes más que la de Inclán. Así, además de Solís, «Señorita» ha sido interpretada por tríos y por el sonero del mundo, el venezolano Oscar D’León.

Dije ya que desde que la escuché la hice de mis favoritas. Si bien con ella no hay el fuego de una Lolita, «Señorita» tiene una entrañable sencillez. En cuatro pasos —que no en tres— hay también un viaje que termina con la lengua tocando los dientes. Solís, por su parte, retoca y lleva de la mano. «Señorita, ¿me permite unas palabras?».

José G. Moreno de Alba apunta sin yerro la pérdida del uso de esta fórmula de tratamiento en países como México. Todo indica que pasará a la historia: ya pocas se hacen llamar señoritas. En alemán, dicho sea, el término correspondiente hace ya tiempo que dejó de ser utilizado: a lo más se escucha de vez en vez para con alguna niña despierta y traviesa, das Fräulein. Pero más que soltería, parece ser que en esta canción de Inclán se sugiere sencilla y básicamente a una mujer desconocida. Solís lo subraya. Aunque uno pueda intuir que el cortejo es con una mujer soltera, ello pasa a segundo plano, lo importante es, simplemente, darse a conocer. Escribió Inclán:

Señorita, ¿me permite unas palabras?,
le prometo no abusar de su bondad;
su belleza como un sol me ha deslumbrado
y quisiera conocerla un poco más.
Solamente una vez la he mirado
y ya creo haberle dado el corazón;
señorita, tengo un presentimiento:
que ha nacido entre los dos un gran amor.

Helo ahí, Solís interpretará aludiendo cortésmente a la mujer… ¿joven? Es así como, según Moreno de Alba, es probable que perviva el término: como una mera alusión. La soltería, pues, se despide de este asociado término y, opinan algunos, con ello (parte de) la discriminación hacia la mujer.

¿Qué hubiera sido de nuestra «Señorita» en estos días que corren? ¿Algún señalamiento por un discriminador uso del lenguaje? ¿Violencia de género (sic)? Qué va, ¿qué mejor que este género, el bolero ranchero, para tales menesteres de sexo… y del amor? Solís lo supo. Inclán también. Esta pieza, así de cortés, resulta cándida pero no ingenua, acaso inocente.

Hay un par de canciones javiersolistas como esta que recurren al diminutivo: «Bonita» y «Muchacha bonita». Escucho así también a la señorita: como un cabal diminutivo. México es tierra donde proliferan los -itos e -itas, ¿por qué no habría de continuar el uso afectivo de señorita para toda mujer que se sepa (recurriendo a la primera acepción del DRAE) dueña de sí?

Nabokov en sus brazos siempre tenía a Lolita, ni Dolores ni Lola; luego, ni seño o señora, cojamos a esta señorita. Una mujer cuya belleza deslumbre bien vale este (h)ito. No pocas se logran llamar señoritas y no pocos logran llamarlas por su nombre. Como todo, no cualquiera hace de los diminutivos lo más.

Y así, todo esto para decir, repetir, que esta canción me fascina y ha fascinado: aún recuerdo un par de ojazos que eran puro oído con mi Solís. Vitalidad podrá perder un señorita a secas, pero con esta otra tengo un presentimiento…

Damas y caballeros del jurado, oigan este nada espinoso enredo, ¡qué va!

Una prueba de aspirante

enero 20, 2013 § Deja un comentario

Hace cincuenta años la escena no era del todo rara: un cantante cabal haciendo publicidad. Cantándola. Antes de la imagen, fue la radio quien buscó aprovechar aquella camada de estrellas del momento; si Pedro Infante recomendó el aceite 1•2•3, ¿por qué no hubiera sido raro escuchar a Solís anunciando una (agua de) colonia o un jabón esplendoroso?

La escena es ficticia, pertenece a la película Un tipo a todo dar (Cortés, 1962), donde Solís hace de Javier en el otrora papel de Gabriel (Siria Levario). Así, en oficios varios, el protagonista de la historia da cuenta de ser, literalmente, a todo dar. Boxea, filetea, enamora y, claro, canta. Entre golpes, calles y notas, Javier llega hasta el estudio y canta un par de jingles, tonadillas; lo contratan y el resto es historia.

Solís no llegó a hacer publicidad más que en película. Helo ahí, de película, evitando al natural los trancazos y optando por la cantada. Raro, insisto, no hubiera sido: la publicidad del momento solía echar mano de las mejores voces (y versos) para anunciar sus productos. En Un tipo a todo dar aquel Javier era uno en ciernes: lo que escuchamos es un Solís mayor (y en sol). ¡Qué va!

¿No tiene una canción arrabalera?

enero 7, 2013 § 2 comentarios

De Ramón Inclán Aguilar se me quedó de inmediato aquella «Señorita» (editada en Mis 30 mejores canciones, Sony 1998), una joyita que se pierde entre tantas otras de Solís. Hace años, 1997, por cierto, Oscar D’Leon la hizo salsa y quedó que qué va, genial. De Solís y de Inclán, decía, se me quedó aquella canción como recién lo hace esta otra: «Tómate una copa».

Oriundo de Mexicali y sonorense por adopción, Inclán es además de compositor, periodista. A la fecha ejerce y da cuenta de su trabajo. Incluso en Youtube, en su propio canal; ahí, en uno de sus videos, es en donde nos cuenta, a 47 años, esta anécdota, llamémosla, javiersolista:

Y aquí la canción e interpretación:

«Tómate una copa» (1965, Ramón Inclán)
Siéntate a mi lado,
mi reciente amiga,
tómate una copa
mientras escuchamos
aquella canción.
Tú no me conoces,
ni yo te conozco;
pero este momento
quiero ser tu amigo
por una ocasión.
Si ves en mis ojos
lágrimas que corren,
no es que esté llorando
es que estoy fumando
y el humo me entró.
Siéntate a mi lado,
tómate una copa
mientras vas secando
el llanto que el humo
en mis ojos dejó.

Lo que tomo de Solís en esta canción en particular es aquello que tanto se le aplaude y reconoce a Frank Sinatra: el fraseo. Solís lo supo tener y hacer. «Tómate una copa», me parece, es una muestra perfecta.

A diferencia de otras canciones como, por ejemplo, «Noche y día» o «Tu mirada», donde Solís con fraseo subraya sobre todo la claridad de su voz, en esta canción de Inclán hay además con la interpretación de Javier una clara recreación de la atmósfera de la composición, es decir, de aquello que la motivó. Solís, pues, canta más bien en un diálogo con aquella muchacha del lugar que se acercó por una copa. Vaya cáliz; música y letra corren cabalmente a cargo de semejante voz y nitidez. ¡Qué va!, acota Javier con toda razón: ni chillidos ni gritos, apenas un furtivo llanto y una sincera invitación. Así de Solís.

Con todo y que se pierde un poco en ese gran disco Payaso (CBS, 1965), «Tómate una copa» es la más conocida de Ramón Inclán en el repertorio javiersolista, y es grabada (mezclada) también con Los Panchos en el respectivo disco junto con la primera voz de entonces (finales de los 60), Enrique Cáceres. El resto de Inclán con Solís es, además de esta y aquella «Señorita», «Decídete» y «Me han contado de ti».

Hay también una copa de Solís que se parece a la de Inclán, y de la que se tiene noticia solo la canción en sí: «Tómate esa copa». Inédita, con trío y también de arrabal, es más sencilla y callejera. Sin duda, es para un amigo y no para alguna reciente amiga. La de Inclán, acá entre nos, es una copa si no dionisiaca, sí más íntima y quizá lírica: Solís sabe la diferencia y en ambas toma lo justo… brindándose mejor con ella.

En esta la primer nota del 2013, desde este rincón, alcemos una copa javiersolista y, sin más, ¡salud!

¿Dónde estoy?

Actualmente estás explorando la categoría selección especial en SOLISMANÍA.