Vasos comunicantes de Juanga y Solís

agosto 29, 2016 § 3 comentarios

«Y Javier cantó más lindo ese día»
~Juan Gabriel (en “Obertura mexicana”)

Ni diez años cumplidos de la muerte de Javier Solís y una nueva manera de cantar con mariachi tendría lugar: Juan Gabriel graba su primer disco con mariachi. El disco Juan Gabriel con el Mariachi Vargas de Tecalitlán (RCA Victor, 1974) cuenta con los arreglos y dirección de Fernando Z. Maldonado y Jesús Rodríguez de Híjar. El compositor de todas las canciones es, por supuesto, el prolífico Juan Gabriel; las interpretaciones del Divo de Juárez, sin embargo, son producto de esa combinación de nombres ligados a la música vernácula mexicana: Vargas, Maldonado, Rodríguez de Híjar. ¿Y Javier Solís?

Veinte años después de aquel disco de Juan Gabriel, Vikki Carr grabó en 1994 un homenaje a Javier Solís bajo la producción, dirección y arreglos de Chuck Anderson, un viejo conocido del universo javiersolista y, sobre todo, del de Juan Gabriel. Según palabras de Anderson —incluidas en el disco de Vikki Carr—, «la compañía decidió lanzar [a Javier Solís] de nuevo como baladista con orquesta», y fue así como surgió el Javier Solís en Nueva York (CBS, 1965). Los arreglos de Chuck Anderson son únicos en la discografía de Javier Solís, no así en la de Juan Gabriel. A Anderson le debemos, por ejemplo, los arreglos del original y vasto “Hasta que te conocí”, y en sí todos los del disco Pensamientos (Ariola, 1986), así como la producción del toral Recuerdos II (Ariola, 1984), donde anidó la gran “Querida”.

Anderson, pues, arreglando baladas javiersolistas; Maldonado, rancheras juangabrielistas. Éste alcanzó cimas con Javier Solís; aquél, con Juan Gabriel.  Hoy ambos intérpretes son ya leyendas, Juan Gabriel recién dio el paso a la inmortalidad: vigente, aún en gira y con producciones al día, murió el 28 de agosto de 2016. Cincuenta años después de la muerte de Javier Solís, México acaso repetirá un adiós comparable al dado al de Tacubaya en ese su abril aciago.

Anderson y Maldonado no son sólo puntos en común entre Javier Solís y Juan Gabriel: forman parte más bien de un tejido musical que pocas veces se aprecia y sopesa. Cual buen lino, veámoslo así, la música arreglada en voces como las de Juanga y Solís da cuenta de finas arrugas que pesan al centavo y que dan razón de la calidad de la tela y del corte preciso. Las muñecas de las que habló Álvaro Carrillo cuando se refería a sus canciones, requieren para sus vestidos una maestría que no siempre se encuentra únicamente en la tela del intérprete: sastres como Anderson y Maldonado son necesarios. El cantante viste, sí; el arreglista, eso: arregla.

No serán pocas las crónicas que subrayen la maestría del artista Juan Gabriel, valdrá reparar también en su respaldo musical. Las coincidencias de la música suelen ser casualidades… o causalidades para este nuestro caso. Javier Solís cimbró su voz para la orquesta; con Juan Gabriel se aprovechó el armazón, y el mariachi orquestó lo propio. Seguirán los bienvenidos ecos. Hoy quitémonos el sombrero (de charro) para ponérnoslo: Juan Gabriel ha muerto, ¡viva Juan Gabriel!

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PS. Un regalo javiersolista: Juan Gabriel cantando “El malquerido”, popular éxito en voz de Solís, creación del tico Johnny Quirós, ¡qué va!

 

PS2. Una más del universo javiersolista: “Esta tristeza mía”

Aviso para un cincuenta

abril 18, 2016 § 6 comentarios

Mañana diecinueve de abril se cumplen 50 años de la muerte de Javier Solís. Como ya es costumbre entre algunos javiersolistas, y algunos lo han estado preguntando en el libro de visitas de este blog, uno de los principales eventos es la reunión en el panteón Jardín de la ciudad de México; lo que pude sacar de información en la red es que la misa será a las 10 horas. Otro evento será en la Alameda de Tacubaya a las 13:30 hrs (México centro).

También habrá programas especiales en la red. Uno será en la radio Tiempo de Boleros, a las 13 horas (de México centro) en el programa “Las radio variedades del siglo xxi” de Rafael Aparicio. Otra transmisión especial habrá en la HG Radio. Ayer domingo, por cierto, hubo recordatorio especial de Solís en La Hora Nacional (de la RTC-Segob).

Y hoy en Venezuela, en Falcón, en el teatro Armonía, habrá  una “Gran noche de tríos recordando a Javier Solís” a las 18 hrs (hora local). Entrada libre.

Si Ud. avezado lector sabe de algo más, no dude en avisar.~

Ondas javiersolistas

febrero 13, 2016 § Deja un comentario

El sonido de un cataclismo cósmico ocurrido hace billones de años es lo que, en estos nuestros días, recién se ha escuchado. Hace cien años Albert Einstein formuló y predijo la existencia de ondas gravitacionales producto de, por ejemplo, fenómenos como aquél, la colisión de dos hoyos negros. Las ondas por fin se hicieron oír; se han visto a través del sonido.

Hay un bienvenida coincidencia en el universo javiersolista con tales acontecimientos físicos: hace cincuenta años Javier Solís grabó un cataclismo. Parida en 1963 por el maestro Esteban Taronji, “Cataclismo” se reprodujo en voz de Solís un par de años después (y fue incluída en el disco Payaso). Del trío —cantada por Felipe Rodríguez y Los Antares— paso al mariachi; de Puerto Rico llegó a México.

Así como los físicos preguntaron a las estrellas, Solís también lo hace y le pregunta a la distancia. Su eco llega hasta nosotros y seguramente hasta su dios. Desesperado, imagina Solís la reacción de partidas y desencuentros. Vemos el tormento, la necesidad de cantar ese particular bolero: Solís no copia ni emula, tan sólo quiere cantar para oír ese cataclismo. La letra, como las fórmulas del físico, es apenas la mitad del camino, resta la comprobación, y Solís se encarga de ello. En su interpretación retrotrae la ficción de Taronji, el respetable se convierte en testigo y, al fin, oye todo lo visto e imaginado por el intérprete. Un delirio, un desastre vuelto ordenada y puntual música. Como si el Universo nos cantara*.

*Porque, se sabe, en la Tierra, en el centro de la Tierra, la única música posible es la voz de Javier Solís.

El vicio de la canción

julio 23, 2015 § 2 comentarios

Sin referirnos a algún bolero en especial (como aquél que cantaba Jaramillo), el vicio hace de las suyas por doquier, incluída una fiesta de Pablo Escobar… al menos en la más reciente película que retrata, mal que bien, al ínclito capo: Escobar: Paradise Lost (2014). Una escena en particular es la que nos puede importar en esta bitácora javiersolista. Una canción, por supuesto, que, ojo ahí, Javier Solís hizo sonar en español y que en la película suena a la manera de Benicio del Toro encarnando a Escobar. “Dios, cómo te amo” se reinterpreta —con la letra de la versión en español de propio autor Modugno— y se oye a mitad de una fiesta de cumpleaños. Aquí la escena:

Es probable que Escobar escuchara a Solís y que, como tantos otros colombianos, se hiciera seguidor del mexicano y hasta sus canciones cantara. La juventud de Escobar transcurre precisamente en aquellos años de éxito de Solís; los sesenta son años javiersolistas en la América y gente como Escobar está del todo expuesta a las canciones en voz de Solís. También canciones italianas como esa de Modugno, a pesar de que los propios compositores hicieran el cover en español, pues no es sino Solís quien se encarga en buena medida de brindar la mayoría de versiones en español (cf. versiones javiersolistas). Vaya pues ese Dios… en boca de Solís:

La espinita de Javier

mayo 10, 2015 § 3 comentarios

También tres veces se le negó a Solís. La primera cuando es abandonado, la segunda cuando muere la señora tía y la tercera cuando muere la señora madre. El amor de madre no acompañó del todo a Javier; la orfandad, sí. El niño Gabriel creció a la vera del recuerdo de doña Ángela, la tía-mamá, pero también, y habrá que oírlo, de Juana Levario, la señora madre. ¿Eran bonitas?

“Nobleza” fue el título que eligió Nicolás Jiménez Jáuregui para aquel bolero javiersolista: «porque también bonita era mi madre», remata el estribillo de versos que comienzan con «No puede ser cobarde el que perdona». ¿De qué habla don Nico? El coahuilense tramó esto que Solís interpretó en sus primeros años de éxitos. La canción está incluida en esa curiosidad de disco que es Hits…, donde se encuentran más bien perlas raras que poco o nada se tocan. “Nobleza” es la única canción de Jiménez que Solís interpretó, así como con Beatriz Jiménez y su “Bésame y olvídame”. Nicolás y Beatriz eran esposos. A saber si la compositora fue la musa del gran éxito de Nico, “Espinita”, aunque lo cierto es que él murió en la juventud de los cuarenta años. Como fuere, esta otra noble espinita fue más bien de Solís, quien, hay que oírlo, insisto, se hizo de maternales musas.

“Nobleza” (Nico Jiménez)
No puede ser cobarde el que perdona
a un amor que es malo y traicionero.
El amor es dolor cuando es sincero,
vergüenza no es llorar,
vergüenza no es llorar: porque te quiero.

Toda mujer bonita será traidora,
porque al hombre valiente lo hace cobarde;
por su traición, el alma quise arrancarle,
pero al tenerla cerca volví a besarle:
porque también bonita,
porque también bonita era mi madre.

El noble Javier encapsula, por un lado, aquella traición —el abandono— de Juana y, por otro, la belleza de Ángela en apenas este par de estrofas. Según el anecdotario, Solís no perdonó a Juana y siempre tuvo como madre a doña Ángela. La nobleza se le fue en estas sus interpretaciones: hijo a veces, la generosidad a voces.

Madre sólo hay una; Javier Solís, también. No se le puede negar.~

Saludo a la retirada

abril 19, 2015 § 1 comentario

In memoriam mi señor padre

La historia de José Alfredo con Solís es más o menos similar a aquella con Negrete: la muerte le arrebató unos sendos intérpretes que estaban por explorar y hacernos descubrir semejantes universos josealfredistas. Si bien el de Dolores Hidalgo tuvo a su mejor intérprete con él mismo, pocos fueron los hombres que le brindaron vestidos a la altura; además de su compadre, y acaso primer intérprete, Miguel Aceves Mejía, también los llamados tres gallos —Infante la pasó a lo grande— cumplieron a cabalidad la tarea de cantar a José Alfredo. Digo pocos hombres pensando en aquellas mujeres que, sobre todo a partir de los 60, dieron fuerza inesperada, por donde se la mire, a la inspiración de José Alfredo.

El de Tacubaya fue protagonista de un particular renacimiento, o mejor dicho, de una modernización. Atrás parecían estarse quedando las rancheras de José Alfredo, como si en una década la Columbia le hubiera tomado la exacta medida y no hubiera más a dónde ir. Quizá de ahí el cambio de aires a la RCA Victor. Solís empero estaba en la primera casa de José Alfredo y no había que dejar pasar esa pelota. Jonrón de José Alfredo… con la Columbia de Solís; he ahí, de ejemplo, las siete de diez —las restantes tres habían sido ya grandes éxitos en la Columbia— canciones editadas en el disco de Javier Solís para homenajear a José Alfredo (a un año de su muerte): Dos ídolos que se fueron (1974).

Fueron más de diez canciones que Solís le interpretó a José Alfredo. Grabadas fueron once en total; la excluida en aquél disco-homenaje es “Media vuelta”, por cierto grabada antes por Solís que por el compositor. El palmarés lo encabeza “Retirada”, no sólo por su exclusividad javiersolista, sino también por la interpretación de Solís: tan de a peso que no por nada es parte del mítico disco Sombras. De interpretaciones en sí, lejos no se queda “Amanecí en tus brazos” (también en Sombras), donde Solís, bien podemos decir, brinda la versión masculina de la genial versión de Lucha Villa. Y qué decir de aquella “Media vuelta”, rescatada en el cedé A 40 años… me recordarás (2006) y, ojo ahí, versionada por Los Panchos (Enrique Cáceres en la primera voz) en el muy sabroso Los Panchos con Javier Solís. “Poco a poco (Llegando a ti)” tiene además esa otra versión irrepetible de película, que también hay que oír. “Serenata sin luna” tiene una peculiaridad: la incluida en Temas inéditos de sus películas abre con un popurrí de sonidos josealfredistas (¿cuáles?, sería la trivia). En fin, de todas estas, “Retirada” y “Amanecí en tus brazos” son reconocidas en los discos del libro Y sigo siendo el Rey (Sony Music 2013) como perlas de interpretación en audio y video, respectivamente. La segunda, su video, es parte, y esto no lo aclara el libro, de la película Especialista en chamacas (1965), donde también Solís se despacha con esta excelsa “Retirada”:

Pero hay más canciones de José Alfredo de película. Canciones que no fueron editadas en disco y que sólo están disponibles en video (sueltos en la red o en las películas mismas), a saber: “Amor del alma” (en Escuela para solteras), “El silencio de la noche” (en Los hermanos muerte) y “La bola negra” (en Escuela para solteras). Es decir, avezado lector, que Solís tiene catorce temas josealfredistas para dar y, mal que bien, repartir. La mayoría, ya se ve, son parte del cancionero nuevo del José Alfredo de aquellos años, uno que se insufló de bríos sesenteros que se expandían al ritmo y competencia de baladas, pop y rock, y ni hablar del bolero ranchero que Solís encumbraba. Lo dicho, a Solís se le acortó el viaje y a José Alfredo la bienvenida y renovada compañía.

Quise pues en este 49° aniversario luctuoso recordar a esta mancuerna. Un recuerdo, hay que decirlo, que se queda a años y ensombrecido por ese sí gran recuerdo que Daniel Santos les regaló a ambos en su Recordando a… Javier Solís y José Alfredo Jiménez.Un tema, sin embargo, bien puede valer más, y cerrar, este recordatorio. Un saludo, homenaje, a sus retiradas. Un dúo de película, claro, entre Solís y José Alfredo: “La bola negra”.

Cada quien agarró su camino,
cada quien escogió su estrella…

Italianissimo Solíss

febrero 21, 2015 § Deja un comentario

«La típica canción italiana moderna de hoy», dijo Paul Anka al interpretar “Ogni volta” en el Waldorf Astoria en 1964 —el mismo año en que la cantó en el festival de San Remo y por la que ganó un disco de oro por el millón de copias vendidas (en Italia). La letra es de Carlo Rossi y la música de Roby Ferrante, quien la intepretó también en San Remo. La versión más conocida, pues, fue la del cantante extranjero, el joven invitado Anka.

Al poco tiempo sonó “Ogni volta” en español. El intérprete no fue ninguno de los jovenes en boga de aquel entonces, émulos de Anka y compañía, sea César Costa, Enrique Guzmán o Alberto Vázquez, qué va, sino un joven señor de la canción: Javier Solís.

Aquella versión de Anka no era cosa fácil (sobre todo si se la escucha en ese disco en vivo en el Waldorf): los arreglos son extraordinarios: pop sesentero de muy buena maquila, amén de italianissimos. La voz, también, tenía lo suyo, no por nada superó la versión de Ferrante. ¿Qué hubiera sido si Ferrante y Rossi hubieran invitado a otro cantante extranjero para el festival? ¿Qué tal Solís?

También la versión de Solís supera a la de Ferrante; también hubiera sido disco de oro. Frente a la de Anka, hay que decirlo, hay una bienvenida combinación de registros: la modernidad de la canción original y el toque clásico del ya encumbrado Solís. Frescura total y única.

Editada en aquél LP mítico de Sombras, “Cada vez” volvió a incluirse en el repertorio javiersolista en el reciente A 40 años… me recordarás. La diferencia entre ambas ediciones, por cierto, es curiosa: en la primera hay un tercer autor, Al Stillman; en la segunda, sólo Rossi y Ferrante. Como fuere, los arreglos con el mariachi están en su punto; ¡qué va!, soltó un Solís seguramente gozoso en la grabación, haciendo de las suyas junto con los violines. La inclusión en los éxitos lleva razón de ser, toda vez que es una canción con un perfil auténtico: tanto, que dio de sí para subsecuentes grabaciones… con acordeón, verbigracia, Los Rieleros del Norte o, años antes, Eliseo Robles y sus Bárbaros del Norte. Lo dicho, “Cada vez” resultó ser el lado más italiano de Solís (y vaya que hay de dónde escoger). Digan, caros lectores, si no. Che bel Solís!