Saludo a la retirada

abril 19, 2015 § 1 comentario

In memoriam mi señor padre

La historia de José Alfredo con Solís es más o menos similar a aquella con Negrete: la muerte le arrebató unos sendos intérpretes que estaban por explorar y hacernos descubrir semejantes universos josealfredistas. Si bien el de Dolores Hidalgo tuvo a su mejor intérprete con él mismo, pocos fueron los hombres que le brindaron vestidos a la altura; además de su compadre, y acaso primer intérprete, Miguel Aceves Mejía, también los llamados tres gallos —Infante la pasó a lo grande— cumplieron a cabalidad la tarea de cantar a José Alfredo. Digo pocos hombres pensando en aquellas mujeres que, sobre todo a partir de los 60, dieron fuerza inesperada, por donde se la mire, a la inspiración de José Alfredo.

El de Tacubaya fue protagonista de un particular renacimiento, o mejor dicho, de una modernización. Atrás parecían estarse quedando las rancheras de José Alfredo, como si en una década la Columbia le hubiera tomado la exacta medida y no hubiera más a dónde ir. Quizá de ahí el cambio de aires a la RCA Victor. Solís empero estaba en la primera casa de José Alfredo y no había que dejar pasar esa pelota. Jonrón de José Alfredo… con la Columbia de Solís; he ahí, de ejemplo, las siete de diez —las restantes tres habían sido ya grandes éxitos en la Columbia— canciones editadas en el disco de Javier Solís para homenajear a José Alfredo (a un año de su muerte): Dos ídolos que se fueron (1974).

Fueron más de diez canciones que Solís le interpretó a José Alfredo. Grabadas fueron once en total; la excluida en aquél disco-homenaje es “Media vuelta”, por cierto grabada antes por Solís que por el compositor. El palmarés lo encabeza “Retirada”, no sólo por su exclusividad javiersolista, sino también por la interpretación de Solís: tan de a peso que no por nada es parte del mítico disco Sombras. De interpretaciones en sí, lejos no se queda “Amanecí en tus brazos” (también en Sombras), donde Solís, bien podemos decir, brinda la versión masculina de la genial versión de Lucha Villa. Y qué decir de aquella “Media vuelta”, rescatada en el cedé A 40 años… me recordarás (2006) y, ojo ahí, versionada por Los Panchos (Enrique Cáceres en la primera voz) en el muy sabroso Los Panchos con Javier Solís. “Poco a poco (Llegando a ti)” tiene además esa otra versión irrepetible de película, que también hay que oír. “Serenata sin luna” tiene una peculiaridad: la incluida en Temas inéditos de sus películas abre con un popurrí de sonidos josealfredistas (¿cuáles?, sería la trivia). En fin, de todas estas, “Retirada” y “Amanecí en tus brazos” son reconocidas en los discos del libro Y sigo siendo el Rey (Sony Music 2013) como perlas de interpretación en audio y video, respectivamente. La segunda, su video, es parte, y esto no lo aclara el libro, de la película Especialista en chamacas (1965), donde también Solís se despacha con esta excelsa “Retirada”:

Pero hay más canciones de José Alfredo de película. Canciones que no fueron editadas en disco y que sólo están disponibles en video (sueltos en la red o en las películas mismas), a saber: “Amor del alma” (en Escuela para solteras), “El silencio de la noche” (en Los hermanos muerte) y “La bola negra” (en Escuela para solteras). Es decir, avezado lector, que Solís tiene catorce temas josealfredistas para dar y, mal que bien, repartir. La mayoría, ya se ve, son parte del cancionero nuevo del José Alfredo de aquellos años, uno que se insufló de bríos sesenteros que se expandían al ritmo y competencia de baladas, pop y rock, y ni hablar del bolero ranchero que Solís encumbraba. Lo dicho, a Solís se le acortó el viaje y a José Alfredo la bienvenida y renovada compañía.

Quise pues en este 49° aniversario luctuoso recordar a esta mancuerna. Un recuerdo, hay que decirlo, que se queda a años y ensombrecido por ese sí gran recuerdo que Daniel Santos les regaló a ambos en su Recordando a… Javier Solís y José Alfredo Jiménez.Un tema, sin embargo, bien puede valer más, y cerrar, este recordatorio. Un saludo, homenaje, a sus retiradas. Un dúo de película, claro, entre Solís y José Alfredo: “La bola negra”.

Cada quien agarró su camino,
cada quien escogió su estrella…

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Navidad javiersolista

diciembre 20, 2013 § 1 comentario

La letra no tiene la potencia de un endecasílabo josealfredista, pero Javier Solís se encargó de que “Llorarás en Navidad” (Humberto Facci) sonara lo más triste posible: a la par de aquella “Amarga Navidad”. Diciembre también nos gustó para Solís. Un órgano, tecla a tecla, nos introduce al fraseo que Solís hilará en menos de tres minutos de canción. Notable el subrayado javiersolista. Es ésta y “Regalo de Reyes” las dos únicas canciones que el de Tacubaya dejara alusivas a la temporada navideña, ¿algo más?

Al cancionero, al final del año, no le queda más que interpretar con su voz al cansancio hecho tristeza. Tú, como yo, llorarás… pero yo cantando. Es Solís y esta es su Navidad (incluída en Las inéditas de Javier Solís, Sony Music 2003):

“Llorarás en Navidad” (Autor: Humberto Facci)
Llegará Navidad
y otra vez llorarás;
si la nieve sepulta mi amor,
volverás a escuchar
otros labios decir
que su amor curará tu dolor.

Pasará Navidad,
pero no sentirás
el temblor de mi voz,
ni el calor de mi boca al decirte adiós

Volverá Navidad,
otro idilio febril,
y otra estrella brillar mirarás;
mas te juro por Dios,
que aunque me he de morir,
tú mi amor nunca más lo tendrás.

~

Sirva esta nota para agradecerles, atentos lectores, su visita… su lectura: gracias mil por su tiempo y paciencia. Va pues el abrazo y mis mejores deseos en estas fiestas; por aquí nos seguimos viendo y leyendo, ¡qué va!

MAAG

Las lunas de Javier

julio 20, 2009 § 2 comentarios

20 de julio del 2009

Seis son las canciones donde Solís alcanza la luna, esa que hoy hace 40 años fue caminada por el hombre en los pies de Armstrong y Aldrin. Solís hizo lo propio: caminó en cada una de sus cuatro letras y, ya les digo, seis veces alunizó.

Lo hizo de varias maneras: alegre, taurino, bohemio, poeta, matemático y, por supuesto, netamente ranchero. Seis son pues los compositores que en voz de Solís pudieron obtener esa claridad que la luna les —y nos— suele brindar e hipnotizar. Es decir, una combinación perfecta: la inspiración, la luna y la voz.

Tomando los años en que las respectivas grabaciones salieron al mercado, ésta es la particular ruta de Javier en su viaje a la Luna, a sus lunas:

“Al claro de luna” se incluye en el disco Llorarás, llorarás (1959), su versión original es en italiano (“Al chiar di luna”, de Rossi Testa) y Solís se encarga —con la ayuda de Mario Molina Montes, quien da la letra en español— de reconcebir aquella primera versión de Bob Azzam, llegando a una donde entre las cuerdas de los mariachis y coros femeninos, la complicidad requerida (de la novia del ancho mar) es hecha patente bajo la claridad de aquella entrañable voz media.

Luis Demetrio, por su parte, escribe “Tres lunas” y se incluye en el disco Javier Solís con acompañamiento de mariachi DCA180 (1960). Un conteo preciso de los menesteres del abandono y del malquerer, e incluso del fatídico final que le espera a aquella a quien Solís, por honor, dulcemente mataría.

“Luna, luna” es literalmente un poema doble, primero por la pluma de Agustín Lara y segundo por el canto de Javier; una historia de amor cadenciosa incluída en el disco Javier Solís interpreta a Lara (1963) y que, sí, nos hace soñar y doblemente hacer brillar a aquella nuestra esfera de papel.

Tres años después —y a tres del Apollo 11— “Luz de luna” se incluye en Y todavía te quiero (1966). Álvaro Carrillo y Javier Solís hacen mancuerna como pocas y en la playa de la farra y del dolor brindan a la bohemia una razón plenilunada, ¡azul como ninguna!

También en el mismo año se graba el disco Vida de bohemio (1966) en el que Solís parte plaza con “La luna y el toro”, de A. Sarmiento y C. Castellanos, enamorando al astado y peinando con elegancia y porte cada nota de ese musical coqueteo taurino; despliega su capote lentamente y alarga pases sin premura y con total arte.

José Alfredo Jiménez concluye esta odisea con su “Serenata sin luna” (editada en 1974 en Dos ídolos que se fueron y después en 1984 en Temas inéditos de sus películas) dejando a Javier la tarea de mostrarse sin más luz que la emanada de su garganta: la protagonista no es ya la luna sino la serenata misma, ese canto al amor que un hombre procura dar con o sin lindos cielos. Y Solís lo hace y nos canta y se nos entrega, y encuentra el modo preciso para decirnos con pasión que es un esclavo —y amo— de la canción.

Hoy día hace 40 años el hombre se mostró amo y esclavo del Universo, la Luna fue su fin y medio… acaso como Solís y sus lunas. ¡Qué va!

Por aquí nos vemos y leemos.

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