Envidia de la buena

julio 3, 2014 § Deja un comentario

Algo tendríamos que hacer en México con tanta envidida de la buena. ¿Exportarla, certificarla? Mejor escucharla.

Un bolero moruno, se etiquetaría, este de Mario de Jesús: “Que se mueran de envidia”. Solís lo graba para el disco El peor de los caminos, donde también se incluiría otro tema del compositor dominicano, “Adelante”. (Un disco por cierto potente, de campeonato.) Si bien “Que se mueran de envidia” no alcanza la popularidad de “Y” o “Adelante”, la composición de Mario de Jesús se acopla igual de bien a la voz de Solís. Escuchémosla:

El trabajo vocal es envidiable. El estribillo remata con una vuelta de hoja a aquellos primeros versos morunos: más que hablarle a la pareja, se quiere que esta sea la que hable (y grite); se saca lo ranchero, donde lo haya.

Que se mueran de envidia (Mario de Jesús)
Que se mueran de envidia toditos,
que critiquen la forma de amarnos,
que este amor tan sincero y bonito
no lo rompe nadie así por así.
Que se mueran de envidia y de celos
los que nunca han amado de veras
que este amor que es la gloria del cielo
no lo vive nadie, verdad que es así.

Dilo tú, dilo tú,
grita fuerte lo mucho que me amas,
que se enteren que no hablo mentira;
dilo tú, dilo tú,
que se llena tu pecho de orgullo
al sentir que mi amor es tan tuyo.

Es la tercera vez de Mario de Jesús en este espacio. Solís, por supuesto, siempre ha sido la mejor excusa, pero hoy es otro cantante quien brinda una excelente oportunidad para hablar del dominicano y del mexicano: el boricua Frankie Ruiz, el papá de la salsa.

En el homenaje a Rafael Cortijo, 1982, la Primerísima de Puerto Rico, orquesta de Tommy Olivencia, tiene como primera voz a Frankie Ruiz, quien se despacha bonito y sabroso con este “Que se mueran de envidia”, con todo y guiño mexicano:

Así es como los grandes importan y exportan envidia de la muy buena. De República Dominicana a México, de México a Puerto Rico. Certificado. ¡Qué va, qué envidia envidiable!~

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Canción de la Semana 15

mayo 13, 2006 § Deja un comentario

Ese bolero es mío, desde el comienzo al final… Así de simple. Así escribió Mario de Jesús, así cantó Solís, así lo sentimos nosotros los de alma bohemia. ¡Qué va!

Mario de Jesús vaya que lo hizo a la medida de Solís… o por lo menos así, cual traje a la medida, le quedó al buen Solís y su magnífica percha.

Ese bolero es mío (Mario de Jesús)
Ese bolero es mío
desde el comienzo al final
qué importa quién lo haya hecho
es mi historia y es real

Ese bolero es mío
porque su letra soy yo
es tragedia que yo vivo
y que sólo sabe Dios

Lo hicieron a mi medida
yo serví de inspiración
y su música sentida
se clavó en mi corazón

Ese bolero es mío
por un derecho casual
porque yo soy el motivo
de su tema pasional

¡Qué va!

Escuchen cómo desde el comienzo al final Solís afirma con todas las de la ley que lo suyo es el bolero. La música se le clava en el corazón y le sale por la garganta con, eso, todo el corazón. El mariachi lo acompaña y sirve de marco perfecto para que Javier nos recuerde la vocación no sólo de él sino del mismo bolero: nacieron el uno para el otro, a la medida de cada cual. Inspiración y pasión total.

De Mario de Jesús ya se habló cuando se opinó al respecto de “Y…”, una de sus más conocidas canciones; también ha sido excelentemente interpretado por el “Lujo de México”, Marco Antonio Muñiz —aunque el “Adelante” lo sigo prefiriendo con Javier, oh sí—. Así las cosas, seguramente más adelante tendremos más de Mario de Jesús. Mientras, pues eso, que no cabe duda que Javier tenía, poseía, al bolero.~

Y

enero 26, 2006 § 1 comentario

La composición de Mario de Jesús Báez es ya un clásico dentro de la tradición de los boleros. Por supuesto que el compositor tiene otras más que son de igual forma canciones ya inmortales (eg, “Ayúdame, Dios mío”, “Adelante”, “Ese bolero es mío”, etc.). Ésta en particular, “Y…”, se volvió a escuchar, más o menos de forma reciente, en voz de Luis Miguel (Vivo, 2000). Hoy precisamente por la tarde escuché de nueva cuenta su interpretación y recordé que además de él, tanto Vicente Fernández como Plácido Domingo se han dado a la tarea de imprimir su sello particular a esta canción de nombre tan breve.

El compositor dominicano, seguramente, como creo debe suceder con el resto de compositores de canciones populares (que llegan a serlo), no imaginó las distintas tonalidades que una obra suya pudiera llegar a tener. Y sí que las hay. Claro, lo mismo sucede con otras más como, ejemplo perfecto, “Bésame Mucho” de Consuelo Velásquez. Pero la que ahora nos concierne es ésta de título unitario.

Como bolero que es, “Y…” fue también interpretada por Los Panchos; como bolero que es, fue grabada e interpretada también por Gabriel Siria Levario, mejor conocido como Javier Solís: el rey del bolero ranchero. Fue con él, sin duda alguna, donde la canción sentó sus bases para su interpretación y, acto reflejo, garantizó su paso a los anales de canciones inolvidables.

Decía entonces de la interpretación de Luis Miguel, donde no puedo dejar de pedir, suplicar, escuchar la canción pero en voz del Señor de Sombras. Lo mismo me sucede cuando la letra sale de la boca de Vicente Fernández o incluso del mismísimo Plácido Domingo. No es, como decía mi mamá del abuelo Lencho, terquedad por querer seguir con los ídolos de siempre y, por ende, censurar a todo aquél que intente competir a su manera por aquellos lugares del gusto popular. (Mi abuelo nunca aceptó la voz del charro de Huentitán el Alto y siempre prefirió escuchar al inmortal Pedro Infante.) Es asunto más bien lógico y obvio, y de un intento por darle lugar a cada cual.

«Y qué hiciste…/ Y qué has hecho…/ Y qué excusa…/ Y qué ingrato…/ Y qué absurda…/ Y pensar…/ Y si dices la verdad yo te perdono/ Y te llevo en mi recuerdo junto a Dios.»

Aquella media voz de Solís es simplemente el tono perfecto para la interpretación de una serie de preguntas que navegan entre la nostalgia, duda, furia, dolor, decepción, esperanza y, al final, perdón. No puede uno aceptar fácilmente a otra voz que sustituya este interrogatorio sentimental. Cosa distinta, me parece, con canciones como la citada “Bésame Mucho”, donde el imperativo puede ser adoptado por cualquier intérprete, incluyendo a los Beatles. Hay canciones, pues, que cuando se topan con una voz que encaja de modo perfecto con su letra, son ya parte perenne de aquella. Difícilmente podrán dichas canciones ser interpretadas por alguna otra voz que no sea la que les da el acompañamiento y cobijo óptimos. Ello no implica que es cuestión entonces de ser el primero en grabar la canción, por supuesto; bien se puede decir que “El Aventurero” tuvo que esperar a Pedro Fernández para convertirse en verdadero éxito y, sobre todo, hallar una voz más adecuada para la letra (Antonio Aguilar tiene mucho mejores interpretaciones).

Javier Solís tuvo en su voz la herramienta perfecta para, así como Pedro y Jorge, y hoy los Fernández, imprimir un sello y sentimiento a canciones que con voz y estilo diferentes se vuelven inútiles y ociosos ejercicios de creatividad. Cierto, nada como el recuerdo, casi resucitación, de la canción en voz de gente como Luis Miguel, pero de ahí a ser éste el único medio para toparse de nueva cuenta con dichas obras y sus otrora intérpretes, me parece un asunto que se debe repensar.

Pueden seguir haciéndose miles de interpretaciones de “Las Mañanitas”, “El Rey”, “Reloj”, “Si Nos Dejan”, en fin, de tantas canciones inmortales que por su letra no pueden ser de alguna voz en exclusiva. Pero preguntar qué se hizo del amor que se juró sólo hay que dejarlo a Javier, así como tener la tentación de un beso mordelón a Pedro, y, ya que lo menciono, llamar incondicional a la misma de ayer a Luis Miguel.

¿Y qué se hizo del talento de siempre? ¿Y qué excusa hay para seguir reciclando canciones? Lo dicho: lugar para cada cual. Se agradece el recuerdo, que ni qué, pero se agradecería mucho más un impulso tanto al recuerdo de las canciones y sus intérpretes de siempre (los clásicos), como uno a las nuevas letras y canciones por lo intérpretes de ahora. Claro, cuando así sea necesario retomar a una bella canción olvidada y darle el toque que en su momento no encontró, pero también necesario es que se dé paso a nuevas (y buenas) composiciones, y que éstas de igual forma lleguen a encontrar su voz ideal. Que, como dice la canción, se llevarán en el recuerdo junto a Dios.

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