Yo y tú y Javier Solís

agosto 6, 2014 § 2 comentarios

Después de Puerto Rico, Colombia bien puede disputarse la otra patria de Solís. Con compositores como Jorge Villamil o el vals “Pueblito viejo”, Colombia le brindó al de Tacubaya un escenario entrañable. Incluso en su televisión.

«También, otros actores enriquecieron su elenco; desde Héctor Ulloa, el famoso máistro Régulo, hasta Hernando Casanova, que le dio vida aquí a su famoso Culebro, pasando por el ídolo mexicano Javier Solís, que participó en alguno de sus episodios», se lee en “Clásicos: Yo y tú, el precursor de la comedia colombiana” (en 50 Años: La Televisión en Colombia: Una Historia para el Futuro, Caracol Televisión, 2004).

El programa estuvo al aire desde 1956 hasta 1977, con Alicia del Carpio como protagonista, libretista y directora. Aquí un video de referencia:

Fue en 1965 cuando el programa acogió a Javier Solís y sus canciones. Cualquier video de aquel episodio se agradecerá desde ya, mientras una fotografía del recuerdo (vía un tweet del periodista colombiano Jairo Pulgarin):
solis en colombia
En primera fila está Javier Solís entre una joven Lyda Zamora y una china poblana Alicia del Carpio, al lado de ellas están el periodista Alberto Piedrahita y el actor Carlos Muñoz, respectivamente.

Llego a la foto en cuestión a través de la cuenta en Twitter de @elreydelbolero, que recién comienza y en donde parece que habrá buen material e información relevante del ídolo Javier Solís. Sea pues, desde aquí le mandamos la mejor de las suertes, ¡qué va!

Tras 47 del 66

abril 19, 2013 § Deja un comentario

Es en el final de su carrera cuando Javier Solís encuentra un particular norte volviendo al sur, al sur de los tangos. Él, quien buscó ser el “genial intérprete de tangos” con un Javier en ciernes, un Javier Luquín, se toparía con la luz de unas sombras; después vendrían “Y todavía te quiero”, “Pajarito cantor” y “En esta tarde gris”, todas con mariachi y la última también con orquesta, pero aquél 8 de febrero de 1965 fue de “Sombras… nada más”.

Como mandan los cánones, en plena tarde, sin madrugón y sin desvelo, Solís interpretó y grabó la letra de José María Contursi y música de Francisco Lomuto con los arreglos y dirección de Gustavo A. Santiago. La comparsa, según rezó la etiqueta del disco, corrió a cargo de los mariachis Jalisco de Pepe Villa y Los Mensajeros de J. Isabel Paredes. Desde la Argentina, pues, llegó la canción transgénero: un tango que pasó a ser bolero para llegar a lo ranchero… Para iluminar a Javier.

Salió a la luz con un —guiño lúdico— “Cuando calienta el sol” (de los hermanos Rigual); más tarde, en el aciago 1966, el disco de larga duración (LP) incluiría en el lado A: “Sombras”, “Cada vez (Ogni volta)”, “En mi viejo San Juan”, “Si Dios me quita la vida”, “He sabido que te amaba (Ha capito che ti amo)” y “Renunciación”; en el lado B: “Cuando calienta el sol”, “Retirada”, “Moliendo café”, “Qué va”, “Tu voz (Plus je t’entend’s)” y “Amanecí en tus brazos”. Así de macizo; no por nada en la contraportada se leyó lo siguiente:

Hechos, rostros y lugares que se esfuman en el pensamiento, formas difusas proyectadas en la pantalla del recuerdo; recuerdos desdibujados por el tiempo que se prenden insistentes en el corazón… Sombras nada más… Voz de cálidos matices e inflexiones mórbidas que se diluye en el espacio con sugerencias de pasados y vibraciones de actualidad; voz que traspasa los umbrales del alma, acompañando a las memorias pasadas y presentes; voz que ríe, que llora y que canta, para liberar a la expresión confinada en la lira del talento: voz que vibrando al unísono de la pasión que agita el alma del poeta, revela los más íntimos secretos del amor y la belleza.

Es la voz de Javier Solís, una de aquellas que tienen el timbre de la seducción y cuya expresividad recorre con facilidad toda la gama emocional del sentimiento. En este nuevo LP del gran artista, viene a corroborar sus éxitos anteriores, cantando como no lo había hecho hasta ahora, pues ha grabado estilos tan diferentes de canciones que es proeza admirable el hecho de dar a cada una de las melodías comprendidas aquí, su propia circunscripción destacando cada uno de los estados de ánimo que encierran.

He aquí el disco que esperaban los admiradores del artista sonorense [sic].

En la contraportada hay también una foto de Solís en plena sesión de trabajo. Sin adorno alguno, se le ve metido en su papel; parece estar en ese estudio de grabación, ése su playing field, ahí donde se (la) jugó, donde labró su garganta y la perfeccionó. Antes había ya dado campanazos varios: barnizó sin mácula creaciones de Lara, con y sin mariachi; “El loco” le brindó acaso su primer epónimo; esclavo y amo era ya del bolero ranchero y su entrega total llegaba hasta los valses con banda sinfónica. ¿Qué le faltaba? Sombras… nada más.

A partir de ese febrero de 1965, Solís subrayaría su calidad no solo con todavía una buena cantidad de grabaciones, sino también con sendos proyectos discográficos: Payaso, Y todavía te quiero, Javier Solís con orquesta y el Homenaje a Rafael Hernández y Pedro Flores. Se puede especular y decir que este LP de Sombras tardó un año en prepararse, pues la canción de Luis Demetrio, “Si Dios me quita la vida”, según la biografía de Solís, no se tuvo lista sino hasta la Navidad de 1965. El disco sin duda resultó ser algo más que grises sombras.

Dos años y meses antes de aquella grabación toral, en esa misma ciudad de México, nacía Aída Cuevas (24.09.1962); cuarenta y cinco años después de aquellas sombras javiersolistas, la cantante Aída Cuevas ganaría el Grammy Latino (11ª entrega) en la categoría “Mejor album de tango” con su disco De corazón a corazón… Mariachi Tango (Cuevas 2010), que incluyó, sí, “Sombras… nada más”.

La “reina de la ranchera” —como otrora el “rey del bolero ranchero”— toma un tango y lo cobija bajo el sombrero; devolviendo acaso el favor, en ese su premiado disco regresa las “Sombras” a su lugar de origen con apenas bienvenidos destellos de mariachi. Aída Cuevas —como otrora Javier Solís— se aventura en “nuevos” derroteros y sale premiada.

El tango “Sombras… nada más” le llegó a Solís con una letra distinta en su plena juventud: la original tiene algunas diferencias, Aída Cuevas lo canta manteniendo algunas. La principal, por supuesto, es el título: “Sombras”, a secas, terminan siendo con Javier (pues con Felipe Pirela aún tienen nombre y apellido). Aquí la letra “final” (con la versión original entre paréntesis):

Sombras… nada más (F. Lomuto y J.M. Contursi, 1943)
Quisiera abrir lentamente mis venas,
mi sangre toda verterla* a tus pies (vertirla)
para poderte demostrar
que más no puedo amar
y entonces morir después.
Y sin embargo tus ojos azules,
azul que tiene* el cielo y el mar (tienen)
viven cerrados para mí
sin ver que estoy aquí* (así)
perdido en mi soledad.
¡Sombras… nada más!
acariciando mis manos
¡Sombras… nada más!
en el temblor de mi voz
Pude ser feliz
y estoy en vida muriendo
y entre lágrimas viviendo
el pasaje* más horrendo(s) (los pasajes)
de este drama sin final
¡Sombras… nada más!
entre tu vida y mi vida
¡Sombras… nada más!
entre tu amor y mi amor* (entre mi amor y tu amor)
Qué breve fue tu presencia en mi hastío,
qué tibias fueron tus manos*, tu voz (tu mano y tu voz)
como luciérnaga llegó
tu luz y disipó
las sombras de mi rincón.
Y yo quedé como un duende, temblando
sin el azul de tus ojos de mar
que se han cerrado para mí
sin ver…

De principio a fin Solís mantiene el equilibrio y así, sobre la tendida cuerda, hace brillar su instrumento a fuerza de precisos movimientos. Sereno repasa los endecasílabos (à la italiana, ¿tango al fin?), reconcentrado borda el restante de las estrofas y remata el estribillo y sus octosílabos con una soltura cómplice del aire (y de una segunda con el mariachi), y Javier ahí y así, perdido en su soledad, se encuentra único e inalcanzable. El señor de sombras.

Aquí las “Sombras” de Solís:

Y aquí una versión en vivo donde no queda más que señalar el garbo del genial intérprete del tango Sombras… nada más:

[youtube http://youtu.be/r7hFz1qfFjM]

Hay un detalle, avezado lector, con el que podemos despedir esta nota y recordar, oh luto, este 47º aniversario luctuoso de Javier Solís: el nudo negro en la garganta del cantor. Se trata de una corbata charra ya en desuso, e incluso excepcional para la época de Javier, que a manera de jáquima y simulando un gargantón, Solís solía vestir. Además de ese video, la corbata se puede ver en los otros cuatro que hasta ahora hay disponibles de Javier cantando en vivo (editados todos en el DVD A 40 años… me recordarás)… Y también en una foto que en enero de este año Aída Cuevas mostrara a sus seguidores en Twitter, esta es:

corbata de JS

«Les comparto algo inesperado pero muy valioso para mí, la corbata charra de don Javier Solís. ¡Qué regalazo!», escribió Aída. Inesperado fue también aquel deceso del 19 de abril de 1966: «con el corazón no contaba», explicaría el médico Francisco Zubiria. Amar da drama, lo supo el corazón de Javier y lo contó. Lo cantó. Silos, seria soledad… es seda de los aires Solís.~

Arriba con la Downs

agosto 8, 2012 § Deja un comentario

Valga una imagen fantástica de fan a fan, de seguidor a seguidor, de javiersolismanía.

Es la Downs, la carismática Lila Downs, quien, como uno seguramente, aprovecha los mejores momentos para hacer ver (y seguramente oír también) al buen Solís. Así, en un tuit sube la imagen a la red y hela ahí, chula de bonita.

Vale también escuchar a la oaxaqueña y su versión de «Dios nunca muere»:

La música de Macedonio Alcalá esta vez tiene la letra de Julián Maqueo. La canción se incluye en la reciente producción musical de Downs, Pecados y Milagros (Sony 2011), y en vivo le sale a pedir de aplauso. ¡Qué va!

El Amigo del Santo

enero 12, 2012 § 2 comentarios

Cuando Javier Solís fue llevado al Panteón Jardín de la Ciudad de México, aquel 20 de abril de 1966, uno de sus amigos no acudió a la despedida: Santo, el enmascarado de plata. Él mismo contó el porqué: para que la gente no dijera que se estaba haciendo publicidad o bien, yendo sin máscara, para evitar a los paparazzi. En este video (que subió Heber Galicia a su canal de youtube) lo explica: liga.

La amistad entre el Santo y Solís es una vieja conocida entre los javiersolistas. Javier, sabemos también, era fanático, como buen capitalino defeño de aquellos sus años, de las luchas y el box. Con el Santo, nos cuenta el hijo, Solís encontró un cuate a la medida y hubo, como es natural, especiales detalles que dieron cuenta de ello. Por ejemplo, un sobrio sombrero negro con detalles argentados.

En diciembre pasado un tuit del Hijo del Santo nos recordó tal regalo de Javier al Santo con esta foto:

El lugar es el Centro Cultural del México Contemporáneo (sita en Leandro Valle 20, México DF), donde del 8 de diciembre del 2011 al 10 de febrero del 2012 está la exposición «Santo: Leyenda de Plata». Al parecer, por otras fotos en la red, la exposición tiene lo suyo (junto con lo de Solís). Si pueden, avezados lectores, vayan.

Aquí en la SOLISMANÍA colgué hace meses unas fotos que Gabriela Siria (hija de Solís) tomó de otras fotos. Una de esas imágenes era precisamente la del Santo y Solís (con alguien más) a la salida de un juego de beisbol (otra de las pasiones de Javier).

Ahí pues un par de ídolos que con los años siguen haciendo la lucha.

Dice el Santo, en la referida entrevista, que su «vida social fue nula». Seguro que lleva mucha razón, tanta foto y pose han de haber sido una lata. Javier, por su parte, tuvo también su máscara en el nombre artístico, ¿cuántas veces habrá querido dar una vuelta solo Gabriel Siria?…

El Señor de Sombras con el Enmascarado de Plata, vaya dupla, ¡qué va!

Palíndromo javiersolista

junio 17, 2011 § Deja un comentario

Sí, los anagramas amargan a Solís.

por Cachito en ☞ Twitter 

Déjeme con Solís

septiembre 8, 2010 § Deja un comentario

Es que en el rancho —teníamos un rancho: recuerdo las manzanas y los gusanos de maguey— sonaban todo el día “Sombras” y “Mi viejo San Juan”.

~Aurelio Asiain
(en ☛ Twitter )

N.B.

*El rancho estaba cerca de Omitlán, Hidalgo, México.

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