«Atino bolero: llórelo, bonita»

octubre 23, 2011 § 2 comentarios

A ella, la mía

La sentencia (y también palíndromo) es para una voz javiersolista. Así le dije a su autor, Pedro Poitevin, y tomo pues la oportunidad para hablar de una canción que está a punto de cumplir los setenta años de edad y sigue manteniendo la lozanía con la que nació: «Bonita».

Engendrada en 1942, disco de oro en 1945, inmortalizada en 1947 en Músico, poeta y loco con Tin Tán enamorando a Meche Barba, la canción debe por igual a Luis Arcaráz (música) y a José Antonio Zorrilla Martínez (letra). Aquél, quizá por la fuerza de su orquesta, suele llevarse todos los créditos y, de hecho, acaso como homenaje póstumo Javier Solís (le) graba en 1963 ese tremendo disco Prisionero del Mar, incluyendo una constelación de canciones inolvidables (algunas ya revisadas en esta bitácora), con «Bonita» una de sus mejores, por supuesto.

El yucateco «Monís» Zorrilla por suerte sí logra dar cuenta de tal grabación de Solís… y a saber si secunda o no aquella afirmación de Arcaráz sobre «Bonita» y —dicen que dijo— «su mejor interpretación por Tin Tán».

Sin duda, no hay entre 1947 y 1963 una versión mejor que la del entrañable Pachuco: Arcaráz tenía toda la razón… ¿pero qué tal a partir de 1963?

A veinte años de nacida, Javier nos regala la otra mejor interpretación de «Bonita»; sólo alguien a la altura de Tin Tán, pues, pudo llegar con el mariachi y pedir hacer pedazos el espejo. Aquí habrá que detenernos en la letra de Zorrilla: si bien la orquesta de Arcaráz es insuperable y en mucho ayudó a aquella interpretación de Tin Tán, con el mariachi al lado el reto era mayor, y solo Solís ha podido con él: fue sobre todo con una «vuelta a la letra» que logra tan magistral interpretación. Hela aquí con su letra:

«Bonita» (Arcaráz y Zorrilla)
Bonita,
como aquellos juguetes
que yo tuve en los días
infantiles de ayer.
Bonita,
como el beso robado,
como el llanto llorado
por un hondo placer.
La sinceridad
de tu espejo fiel
puso vanidad
en ti;
sabes mi ansiedad
y haces un placer
de las penas que tu orgullo forja para mí.
Bonita,
haz pedazos tu espejo,
para ver si así dejo
de sufrir tu altivez.

Solís atina en cada frase, las sopesa y entonces los versos de Zorrilla vuelven, digamos, a su estado natural: la poesía. Quiero decir que esta vez aquel swing, aquel big-band de Tin Tán y Arcaráz son reemplazados por un implacable bolero, un mariachi, un Zorrilla y Solís.

Tomemos como ejemplo la segunda estrofa, esa muy redonda, muy honda, donde Javier frasea al centavo y en verdad recita cantando como nadie (con un hondo placer). Luego, lo mejor, la ternura que impregna al tercer bonita es de una naturaleza afortunada; está a punto de pedirle lo más a la bonita y lo hace con la voz al cuello: haz pedazos tu espejo. Decía de la letra de Zorrilla y este es uno de los heptasílabos que compiten con la bonita misma. Ese espejo es en realidad el protagonista de la canción, es por él que la bonita existe (y acaso todas); de ahí que, creo, Solís soltara un acertado «¡qué va!»: si de tan solo espejos se tratara… Bonita se sabe, bonita se es (y llorar es bueno).

A dos años de los cincuenta de aquella grabación, aún no hay quien la empate o supere. De Tin Tán a Solís «bastaron» quince años, ¿será tan difícil con tales antecedentes? Lo dicho, no es que Javier superara a Tin Tán, más bien él entendió por su cuenta a Zorrilla y Arcaráz y fue así que nos legara tal joya. Han pasado lustros y un etcétera de cantantes se han limitado a las meras réplicas (pasando por desafortunados cambios de letra en Bellas Artes cortesía de A. Fernández, i.e., «de tu espejo cruel»).

Así, he aquí una muestra (más) de lo exclusivo que gente como Zorrilla, Arcaráz y Solís pueden lograr. No queda sino recordar, reconocer y aplaudir… Llórelo, bonita.

¡Qué va!

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Escenas irrepetibles (primera entrega)

abril 13, 2010 § 3 comentarios

En la filmografía de Javier Solís es 1964 el año que registra su mayor número de películas filmadas (10); dos de ellas son, me parece, por demás especiales y particulares. Todavía más, dos escenas son sencillamente irrepetibles e inolvidables.

La primera escena a tratar es parte de la película Aventura al centro de la Tierra (Crevenna, 1964) donde Solís personifica a Manuel Ríos, un periodista. Del filme, citaré parte de la reseña de José Luis Ortega Torres (en revistacinefagia.com): «[…] película donde un grupo heterogéneo de científicos e intelectuales pasean por remotos lugares en busca de aventuras y monstruos antediluvianos. Sólo que aquí el ecléctico conjunto esta compuesto por las bellas Kitty de Hoyos y Columba Domínguez; y las bestias David Reynoso y Javier Solís, entre otros, bajo el mando del siempre entrañable José Elías Moreno como el líder de la expedición, y el remoto lugar en cuestión, no es otro más que las grutas de Cacahuamilpa».

Ahí el primer ingrediente de esta nuestra escena: las grutas de Cacahuamilpa. Es decir, un escenario natural que ha sido aprovechado tanto para películas (v.gr., Macario) como para conciertos (v.gr., los de la Orquesta Filarmónica de Acapulco).

Volviendo a la citada reseña, se apunta también que, «Y a propósito, si tenemos en el cast de culto y cobarde escritor-periodista ni más ni menos que Javier Solís, pues entonces hay que aprovecharlo para que entone a capela el célebre bolero ranchero “Perdóname mi vida”, mientras su amada Columba Domínguez da muestras de ser ambiciosa y coscolina haciéndole ojitos al machote cazador David Reynoso».

Aquí pues el segundo ingrediente, el «Perdóname, mi vida» de Gabriel Ruiz Galindo y José Antonio Zorrilla Martínez (incluído, con mariachi, en el disco Sin mañana ni ayer).

Terminamos con más de la película volviendo a citar a Ortega Torres: «Psicotronías que en conjunto convierten a esta película en un objeto de culto en el extranjero, editado recientemente en DVD en los Estados Unidos y denostado por siempre en nuestro país gracias a las “cultas” opiniones de gente que como García Riera [Emilio G. R., historiador y crítico de cine] no hacían más que evidenciar su soberbia y disfrazarlas de exquisitez europeizada ¡puaj!».

Así las cosas, esto no es un disfrazado halago a la película en cuestión (ni un descarado copiar y pegar de textos), es sencillamente un recordatorio de aquella escena con ambos ingredientes que, junto con Solís, no tiene parangón alguno (ni siquiera con un Pat Boone cantando al piano”My Love is Like a Red, Red Rose” en la película Journey to the Center of the Earth [1959], o con una presentación para TV de un disco de Andrea Bocelli [Luz Elena González incluída]). Las grutas y el bolero coinciden, por primera ocasión y sin cabal réplica hasta ahora, en una voz que logra llenar armoniosamente, sin artificio alguno, el espacio.

En otras palabras, sin querer se nos dejó una alegoría: en el centro de la Tierra la única música posible es la voz de Javier Solís. ¡Qué va!

Canción de la Semana 14

mayo 3, 2006 § Deja un comentario

Pues bien, atendiendo las atinadas solicitudes de ustedes, selectos lectores, he aquí la canción de esta semana: “Cada quien su vida”. Los autores son Gabriel Ruiz y José Antonio Zorrilla. De ambos se tienen mayores referencias con las canciones “Usted”; de Ruiz con Gabriel Luna de la Fuente, aquella clásica “Despierta” en voz de Pedro Infante; y de Zorilla con Luis Arcaraz la siempre “Bonita”. Gracias pues a Servio Tulio Díaz de Colombia que nos recomendó esta canción.

La canción es parte de la película Campeón del barrio (1964) que protagonizara Javier Solís junto con Fernando Soler, Sonia López, Joaquín Cordero, Oscar Madrigal y Gina Romand. No he visto la película, así que si algún selecto lector quisiera platicar un poco, adelante. De la canción, aquí su letra:

Cada quien su vida (Gabriel Ruiz y J.A. Zorrilla)
(Recitado)
Unos van sonriendo, otros van llorando,
¿qué es lo que me pasa?…
No sé lo que quiero, no sé a dónde voy

Saber lo que uno quiere, saber a dónde va
parece lo más fácil y sin embargo pocos
lo saben de verdad.

Unos van sonriendo, otros van llorando
unos en la sombra, otros en la luz;
pero todos vamos como Dios cargando,
cada quien su vida, cada quien su cruz.

Pero nada importa si en el alma vibra
la ilusión que anhela nuestro corazón,
y éste es el milagro,
el amor nos libra de nuestras angustias…
de nuestras angustias, de nuestro dolor.

¡Qué va!

Un recitado es lo que abre tal canción, Solís declama y nos prepara para el canto nostálgico. Noten en especial la dicción de Solís: es perfecta (de principio a fin), limpia y clara. Es una cualidad más que Solís poseía en su canto; algo que, a pesar de lo fácil que parezca, pocos, muy pocos, cantantes lo logran. Ya lo digo, en esta canción se nota en particular tal cualidad, su ritmo y contenido lo pide. Se ha de ser claro para decir una verdad de tal peso: cada quien su vida, cada quien su cruz. Así las cosas, presten atención, por ejemplo, a «si en el alma vibra» y «éste es el milagro»: en tales líneas acentúa y claramente hila las frases para que al final se tenga, al fin Solís, una canción de antología. Se incluye, por cierto, en el cedé Javier Solís: Canciones de sus películas (no aquél de recién manufactura sino el anterior).

También, es de subrayar la combinación del órgano y del mariachi, parte de lo que sería, según las mismas palabras de Javier, la modernización del sonido del mariachi. Bien que lo logró, y no sólo eso, además de modernizarlo, lo inmortalizó.

La canción me encanta, si bien pareciera triste, es realmente un breve recordatorio de lo que vida es. Cuántas veces no habremos visto y juzgado exactamente así a la vida nuestra… Solís lo sabía y así lo expresó, muy a su manera. Bárbaro. Por aquí nos vemos y leemos, ¡qué va!

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