El vicio de la canción

julio 23, 2015 § 2 comentarios

Sin referirnos a algún bolero en especial (como aquél que cantaba Jaramillo), el vicio hace de las suyas por doquier, incluída una fiesta de Pablo Escobar… al menos en la más reciente película que retrata, mal que bien, al ínclito capo: Escobar: Paradise Lost (2014). Una escena en particular es la que nos puede importar en esta bitácora javiersolista. Una canción, por supuesto, que, ojo ahí, Javier Solís hizo sonar en español y que en la película suena a la manera de Benicio del Toro encarnando a Escobar. “Dios, cómo te amo” se reinterpreta —con la letra de la versión en español de propio autor Modugno— y se oye a mitad de una fiesta de cumpleaños. Aquí la escena:

Es probable que Escobar escuchara a Solís y que, como tantos otros colombianos, se hiciera seguidor del mexicano y hasta sus canciones cantara. La juventud de Escobar transcurre precisamente en aquellos años de éxito de Solís; los sesenta son años javiersolistas en la América y gente como Escobar está del todo expuesta a las canciones en voz de Solís. También canciones italianas como esa de Modugno, a pesar de que los propios compositores hicieran el cover en español, pues no es sino Solís quien se encarga en buena medida de brindar la mayoría de versiones en español (cf. versiones javiersolistas). Vaya pues ese Dios… en boca de Solís:

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La espinita de Javier

mayo 10, 2015 § 4 comentarios

También tres veces se le negó a Solís. La primera cuando es abandonado, la segunda cuando muere la señora tía y la tercera cuando muere la señora madre. El amor de madre no acompañó del todo a Javier; la orfandad, sí. El niño Gabriel creció a la vera del recuerdo de doña Ángela, la tía-mamá, pero también, y habrá que oírlo, de Juana Levario, la señora madre. ¿Eran bonitas?

“Nobleza” fue el título que eligió Nicolás Jiménez Jáuregui para aquel bolero javiersolista: «porque también bonita era mi madre», remata el estribillo de versos que comienzan con «No puede ser cobarde el que perdona». ¿De qué habla don Nico? El coahuilense tramó esto que Solís interpretó en sus primeros años de éxitos. La canción está incluida en esa curiosidad de disco que es Hits…, donde se encuentran más bien perlas raras que poco o nada se tocan. “Nobleza” es la única canción de Jiménez que Solís interpretó, así como con Beatriz Jiménez y su “Bésame y olvídame”. Nicolás y Beatriz eran esposos. A saber si la compositora fue la musa del gran éxito de Nico, “Espinita”, aunque lo cierto es que él murió en la juventud de los cuarenta años. Como fuere, esta otra noble espinita fue más bien de Solís, quien, hay que oírlo, insisto, se hizo de maternales musas.

“Nobleza” (Nico Jiménez)
No puede ser cobarde el que perdona
a un amor que es malo y traicionero.
El amor es dolor cuando es sincero,
vergüenza no es llorar,
vergüenza no es llorar: porque te quiero.

Toda mujer bonita será traidora,
porque al hombre valiente lo hace cobarde;
por su traición, el alma quise arrancarle,
pero al tenerla cerca volví a besarle:
porque también bonita,
porque también bonita era mi madre.

El noble Javier encapsula, por un lado, aquella traición —el abandono— de Juana y, por otro, la belleza de Ángela en apenas este par de estrofas. Según el anecdotario, Solís no perdonó a Juana y siempre tuvo como madre a doña Ángela. La nobleza se le fue en estas sus interpretaciones: hijo a veces, la generosidad a voces.

Madre sólo hay una; Javier Solís, también. No se le puede negar.~

Saludo a la retirada

abril 19, 2015 § 1 comentario

In memoriam mi señor padre

La historia de José Alfredo con Solís es más o menos similar a aquella con Negrete: la muerte le arrebató unos sendos intérpretes que estaban por explorar y hacernos descubrir semejantes universos josealfredistas. Si bien el de Dolores Hidalgo tuvo a su mejor intérprete con él mismo, pocos fueron los hombres que le brindaron vestidos a la altura; además de su compadre, y acaso primer intérprete, Miguel Aceves Mejía, también los llamados tres gallos —Infante la pasó a lo grande— cumplieron a cabalidad la tarea de cantar a José Alfredo. Digo pocos hombres pensando en aquellas mujeres que, sobre todo a partir de los 60, dieron fuerza inesperada, por donde se la mire, a la inspiración de José Alfredo.

El de Tacubaya fue protagonista de un particular renacimiento, o mejor dicho, de una modernización. Atrás parecían estarse quedando las rancheras de José Alfredo, como si en una década la Columbia le hubiera tomado la exacta medida y no hubiera más a dónde ir. Quizá de ahí el cambio de aires a la RCA Victor. Solís empero estaba en la primera casa de José Alfredo y no había que dejar pasar esa pelota. Jonrón de José Alfredo… con la Columbia de Solís; he ahí, de ejemplo, las siete de diez —las restantes tres habían sido ya grandes éxitos en la Columbia— canciones editadas en el disco de Javier Solís para homenajear a José Alfredo (a un año de su muerte): Dos ídolos que se fueron (1974).

Fueron más de diez canciones que Solís le interpretó a José Alfredo. Grabadas fueron once en total; la excluida en aquél disco-homenaje es “Media vuelta”, por cierto grabada antes por Solís que por el compositor. El palmarés lo encabeza “Retirada”, no sólo por su exclusividad javiersolista, sino también por la interpretación de Solís: tan de a peso que no por nada es parte del mítico disco Sombras. De interpretaciones en sí, lejos no se queda “Amanecí en tus brazos” (también en Sombras), donde Solís, bien podemos decir, brinda la versión masculina de la genial versión de Lucha Villa. Y qué decir de aquella “Media vuelta”, rescatada en el cedé A 40 años… me recordarás (2006) y, ojo ahí, versionada por Los Panchos (Enrique Cáceres en la primera voz) en el muy sabroso Los Panchos con Javier Solís. “Poco a poco (Llegando a ti)” tiene además esa otra versión irrepetible de película, que también hay que oír. “Serenata sin luna” tiene una peculiaridad: la incluida en Temas inéditos de sus películas abre con un popurrí de sonidos josealfredistas (¿cuáles?, sería la trivia). En fin, de todas estas, “Retirada” y “Amanecí en tus brazos” son reconocidas en los discos del libro Y sigo siendo el Rey (Sony Music 2013) como perlas de interpretación en audio y video, respectivamente. La segunda, su video, es parte, y esto no lo aclara el libro, de la película Especialista en chamacas (1965), donde también Solís se despacha con esta excelsa “Retirada”:

Pero hay más canciones de José Alfredo de película. Canciones que no fueron editadas en disco y que sólo están disponibles en video (sueltos en la red o en las películas mismas), a saber: “Amor del alma” (en Escuela para solteras), “El silencio de la noche” (en Los hermanos muerte) y “La bola negra” (en Escuela para solteras). Es decir, avezado lector, que Solís tiene catorce temas josealfredistas para dar y, mal que bien, repartir. La mayoría, ya se ve, son parte del cancionero nuevo del José Alfredo de aquellos años, uno que se insufló de bríos sesenteros que se expandían al ritmo y competencia de baladas, pop y rock, y ni hablar del bolero ranchero que Solís encumbraba. Lo dicho, a Solís se le acortó el viaje y a José Alfredo la bienvenida y renovada compañía.

Quise pues en este 49° aniversario luctuoso recordar a esta mancuerna. Un recuerdo, hay que decirlo, que se queda a años y ensombrecido por ese sí gran recuerdo que Daniel Santos les regaló a ambos en su Recordando a… Javier Solís y José Alfredo Jiménez.Un tema, sin embargo, bien puede valer más, y cerrar, este recordatorio. Un saludo, homenaje, a sus retiradas. Un dúo de película, claro, entre Solís y José Alfredo: “La bola negra”.

Cada quien agarró su camino,
cada quien escogió su estrella…

Italianissimo Solíss

febrero 21, 2015 § Deja un comentario

«La típica canción italiana moderna de hoy», dijo Paul Anka al interpretar “Ogni volta” en el Waldorf Astoria en 1964 —el mismo año en que la cantó en el festival de San Remo y por la que ganó un disco de oro por el millón de copias vendidas (en Italia). La letra es de Carlo Rossi y la música de Roby Ferrante, quien la intepretó también en San Remo. La versión más conocida, pues, fue la del cantante extranjero, el joven invitado Anka.

Al poco tiempo sonó “Ogni volta” en español. El intérprete no fue ninguno de los jovenes en boga de aquel entonces, émulos de Anka y compañía, sea César Costa, Enrique Guzmán o Alberto Vázquez, qué va, sino un joven señor de la canción: Javier Solís.

Aquella versión de Anka no era cosa fácil (sobre todo si se la escucha en ese disco en vivo en el Waldorf): los arreglos son extraordinarios: pop sesentero de muy buena maquila, amén de italianissimos. La voz, también, tenía lo suyo, no por nada superó la versión de Ferrante. ¿Qué hubiera sido si Ferrante y Rossi hubieran invitado a otro cantante extranjero para el festival? ¿Qué tal Solís?

También la versión de Solís supera a la de Ferrante; también hubiera sido disco de oro. Frente a la de Anka, hay que decirlo, hay una bienvenida combinación de registros: la modernidad de la canción original y el toque clásico del ya encumbrado Solís. Frescura total y única.

Editada en aquél LP mítico de Sombras, “Cada vez” volvió a incluirse en el repertorio javiersolista en el reciente A 40 años… me recordarás. La diferencia entre ambas ediciones, por cierto, es curiosa: en la primera hay un tercer autor, Al Stillman; en la segunda, sólo Rossi y Ferrante. Como fuere, los arreglos con el mariachi están en su punto; ¡qué va!, soltó un Solís seguramente gozoso en la grabación, haciendo de las suyas junto con los violines. La inclusión en los éxitos lleva razón de ser, toda vez que es una canción con un perfil auténtico: tanto, que dio de sí para subsecuentes grabaciones… con acordeón, verbigracia, Los Rieleros del Norte o, años antes, Eliseo Robles y sus Bárbaros del Norte. Lo dicho, “Cada vez” resultó ser el lado más italiano de Solís (y vaya que hay de dónde escoger). Digan, caros lectores, si no. Che bel Solís!

Es una ley eterna de llorar y reír

febrero 8, 2015 § 1 comentario

¿Cuál fue la mejor composición de Felipe Valdés Leal? Dentro de su obra, además de canciones, hay artistas, cancioneros como Javier Solís que, gracias al oído de Valdés Leal, hicieron a su vez obra contante y sonante. Para los javiersolistas el nombre de Valdés Leal es de sobra conocido, pero su trabajo no del todo, pues el reconocimiento se acota a su labor como productor y catalizador, incluso, de la leyenda Solís: he ahí la grabación de “Llorarás, llorarás”, cuando Javier insistía en llorar como infante lo que podía cantar como Solís; o aquella mañana de augurio cuando Valdés Leal le dice al muchacho Javier, «si puedes cantar “Violetas imperiales” con mariachi, ya eres millonario»; y ni hablar de aquellas producciones vanguardistas como Javier Solís en Nueva York. Lo dicho, la obra de Valdés Leal para con Javier Solís es sin duda una gran obra, ¿pero su mejor composición?

Las canciones de Valdés Leal abundan en el cancionero popular mexicano, pero no precisamente en el javiersolista. Con Solís sólo hay tres canciones de Valdés Leal. Tres muestras, ya se verá, del perfil de Valdés Leal como compositor y, por supuesto, del Solís intérprete. Tres canciones que pasan a veces desapercibidas, incluso en esos pequeños universos de discos donde fueron editadas. “Mal pagadora”, “Por voluntad de Dios” y “Borracho”, incluidas en Añoranzas, Javier Solís con el mariachi Perla de Occidente y Sin mañana ni ayer, respectivamente, son pues la trilogía de Valdés Leal como compositor en la obra javiersolista.

Sólo tres de más de trescientas canciones en voz de Solís es lo que Valdés Leal se permitió tener como compositor; él, que sabía mejor que nadie la reputación del intérprete Solís y su cotización con el resto de colegas compositores: «Todo se lo dan a Javier [Solís]», llegó a quejarse un Marco Antonio Muñiz. Dicho de otro modo, eres compositor y además productor del mejor cantante del país, ¿cuántas canciones le darías a grabar? Los derechos de autor y regalías al parecer no le fueron suficientes a don Felipe: su profesionalismo rebasó cualquier ego y de su cosecha dio a Solís sólo lo necesario. Más que suficiente: las tres canciones son sin duda una genial arista de semejante artista.

La “Mal pagadora” quedó hecha bolero en Añoranzas. Esa que con sentimiento ranchero cantó Miguel Aceves Mejía, pocos años después fue interpretada cual bolero para ese disco de, rezaba el subtítulo, boleros inolvidables. Valdés Leal puso a hacer de las suyas al buen Solís. Javier sopesó los versos pentasílabos y octosílabos de Valdés Leal, e impregnó su voz pura en una simple queja, así, sin chillidos ni reproches, sólo lo puntual. Le faltan fuerzas/ al corazón.

Meses antes, en 1957, la CBS sacaba al mercado el primer LP de Javier Solís… Con el mariachi Perla de Occidente. En la contraportada se lee que con tal disco la compañía había «descorrido el telón de la popularidad y la fama para la definitiva consagración artística de Javier Solís». Once boleros y una ranchera, amén de una portada con la fotografía de Solís que a la postre resultaría monografía, incluyó aquello. “Por voluntad de Dios”, inédita, palidecía ante el resto de jóvenes clásicas como “Angustia”, “Lágrimas de amor”, “Amor mío”, “Échame a mí la culpa” o “Quémame los ojos”; sin embargo, en “Por voluntad de Dios” está quizá el Javier más Solís de ese disco. El fastidio de Valdés Leal encuentra voz en ese recuento de Solís: de lo sagrado a lo carnal, de lo divino al frío, a lo frío: si alguien no escucha el callado y deseado divorcio, entonces tampoco el obligado matrimonio de esa historia. Aunque de corazón ya no te quiero. El temple de Solís apenas comenzaba y Valdés Leal lo estaba escuchando y probando.

Vendría la ranchera de Valdés Leal para Solís, vendría su quinto al piano, la del estribo: “Borracho”: canción javiersolista cabal, se la encuentra en Sin mañana ni ayer y en recopilatorios de éxitos como Mis 30 mejores canciones, El rey del bolero ranchero y A 40 años… me recordarás. Hay que oírla:

¿Quién dijo que nadie como Pedro para la hora del trago? ¡Qué va! Las inflexiones de Solís son certeras e insuperables. La composición de Valdés Leal, sus versos, son recorridos al centavo y con el peso exacto: el cantante está ya en la cima de la interpretación. La atmósfera, etílica, se huele por doquier. Los remates del estribillo, por ejemplo, son sensacionales; Solís juguetea con su media voz y acaso se ríe de ella. Pero la borrachera es de altura, cuidado, aquella copla de Valdés Leal no es cualquier cosa: conviven heptasílabos, endecasílabos y alejandrinos. El bálsamo que alivia mi amargura es savia pura, pero la mejor parte está en ese alejandrino que Solís hace único: Es una ley eterna de llorar y reír.

Los puristas suelen pasar de largo a Solís cuando hablan de boleros o de rancheras; otros lo hacen lugar común y, como París, lo nombran sin haberlo visitado, tan sólo turisteado. Unos y otros en realidad no lo conocen. Valdés Leal sí que conoció a Javier Solís, junto con él birló y burló a tales puristas y turistas. Así como Alfonso Reyes, explicó Zaid, llevaba y traía su prosa en carretones de carretillas que otros pensaron vacías, así también Valdés Leal ensaya y cincela con la voz de Solís a su mejor creación: un centauro leal. El bolero ranchero es algo más que bolero y algo más que ranchero; Solís es algo más que cantante de boleros o de rancheras; la mancuerna Valdés Leal-Solís es lo todo. La pregunta entonces es otra: ¿fue Javier Solís la mejor composición de Felipe Valdés Leal? En gran medida, sí.

Así las cosas, selectos lectores, no dejen pasar este jueves 12 de febrero: la Fonoteca Nacional, en su ciclo “Música popular mexicana”, y tras recibir la colección particular del maestro, brindará un homenaje a don Felipe Valdés Leal. He aquí la invitación y los detalles:

Flyer-oficial_FN-FEB-2015-FelipeValdesLeal

Los números de 2014

diciembre 29, 2014 § Deja un comentario

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2014 de este blog.

Aquí hay un extracto:

La sala de conciertos de la Ópera de Sydney contiene 2.700 personas. Este blog ha sido visto cerca de 16.000 veces en 2014. Si fuera un concierto en el Sydney Opera House, se se necesitarían alrededor de 6 presentaciones con entradas agotadas para que todos lo vean.

Haz click para ver el reporte completo.

La mágica realidad

noviembre 6, 2014 § Deja un comentario

—¡Mañana me caso, mañana! ¡Estoy muy feliz…!
Y comenzó a cantar.

Javier Solís nos canta un cuento de Massimo Bontempelli cuando interpreta “Muchacha bonita” (Manzanero-Molina Montes). Con el mariachi Nacional de Arcadio Elías y los arreglos y dirección de Rafael Carrión y Fernando Z. Maldonado, el tema se incluye en Boleros, boleros, boleros (1963) en penúltimo lugar del lado B. El cuento “El secreto” de Bontempelli se publicó en 1953, junto con otros relatos, en el libro L’amante fedele (ganador del Premio Strega). El cuento trata de lo que va la canción; la canción, con Solís, se escucha como el cuento. Por suerte, el texto está en línea en la página de la Universidad Autónoma del Estado de México, y pongo mejor aquí la liga para que le vayan a dar una leída (que al fin es breve): cuento. También se incluye en una antología de cuento italiano del siglo xx, editada por la UNAM y compilada por Guillermo Fernández. Lo leí ahí hace un par de años y vaya que me gustó. Hoy por la mañana puse a Solís y llegada la “Muchacha bonita” pensé, «¿dónde he leído esto?». La novia de Canuto (supongo a estas alturas que ya fueron a leer el cuento) es, por supuesto, la muchacha bonita: Hilaria. La letra de la canción guarda en su sencillez la historia de alguna Hilaria, pero la interpretación de Solís, ojo, nos revela el secreto en sí de esta particular Hilaria. Solís suprime el tiempo y aun en la letra de la canción —su primera parte— se mencione el fin de la vida de esta nuestra muchacha bonita, es después del puente musical —subrayado con un qué va javiersolista— cuando Solís vuelve a aquellos pentasílabos donde la muchacha bonita de anhelos eternos es en sí la Hilaria de Bontempelli. Dicho de otro modo, así como en el cuento sabemos y seguimos la historia de Canuto e Hilaria, y con el golpe maestro de Bontempelli presenciamos lo fantástico de su historia, así también con la maestría de Solís escuchamos no la historia de una solterona, sino la magia del velo de novia. Ahí, ahí con la novia, Solís enmarcó a la muchacha bonita (acaso como Bontempelli lo hiciera con un «mañana me caso»). Va pues la canción:

Hay otra (igual de) bonita con Solís, y aquí la hemos hablado, esta muchacha bonita es más bien única (incluso para el compositor Molina Montes que cuenta con otra “muchacha bonita” en su cancionero, y otras más registradas en el repertorio de la SACM por distintos autores). No se compara ni siquiera con la de José Alfredo Jiménez, lisonja que supera la composición de Manzanero y Molina Montes, pero que no alcanza la historia, insisto, intepretada aquí con Solís. Él que, como Hilaria, «supo cómo suprimir el tiempo en sí mismo».

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