Canciones que llevan a Roma

diciembre 7, 2018 § 1 comentario

Como con Canoa (1975) de Cazals, Javier Solís también se deja oír en películas maestras como la Roma (2018) de Cuarón. Esta vez sin embargo Solís no hace segunda a los personajes: es más bien parte de sus coros, de su eco. A Cazals, según le explicó al mismo Cuarón, le caga la música en las películas; al ver Canoa, colegimos, a Cazals le es suficiente la música de la película, es decir, de los personajes según estos vayan desplegándose. Lo mismo pasa con Cuarón (aunque habrá que preguntarle si también le cague la música en las películas). En Roma no hay banda sonora, hay una serie de canciones que forman parte de sus sonidos y silencios – Javier Solís es parte de ambos.

Desde la primera escena de Roma, Cleo, la muchacha, la protagonista, literalmente nos deja oír su lado musical: canturrea el éxito de la radio del momento, “Te he prometido” de Leo Dan, al tiempo que hace sus labores de trabajo doméstico. Pero así Cleo tararee esa o la siguiente canción, y el espectador reconozca la melodía (por tenerla en primer plano), estas no son protagonistas o ejes, atinadamente son más bien parte de la escena, del escenario, y no hacen más que redondear el protagonismo de Cleo. Todavía más, así se oigan las canciones a lo lejos (o de fondo, como sea se diga en el argot cinematográfico), su música acompasa con precisión la historia de Cleo y sus pares.

Porque hay una diferencia en cuanto al lugar de la música en la historia de alguien como Cleo y en la de sus patrones. Valga el ejemplo de una fiesta de fin de año, donde se esperaría que su lugar fuera el mismo: no lo es. Mientras los hacendados rompen la charla y cambian el disco para bailotear con “Corazón de melón” (interpretado por la Orquesta de Pérez Prado ¿y con un guiño a la escena de «Patricia» en La dolce vita de Fellini?), los sirvientes, abajo, bailan concentradamente, aun a empujones, al ritmo de guitarras y violines, «Los ojos de Pancha». El protagonismo de la música es otro, y así lo hace saber la dirección de Cuarón.

La de Solís, su canción, es parte de los avatares de Cleo: “Sombras… nada más”. No se oye en un primer plano, se va perdiendo más bien con el transcurso de la escena. Es un eco del andar. Puede incluso pasar desapercibida, mas se sabe ahí (y por si hubiera duda está listada en los créditos finales): algunos la escucharán y otros simplemente la oirán. Sonidos y silencio; luces y sombras.

De la música de Roma, acaso como con la de Canoa, poco o nada se dirá, sobre todo en los sesudos análisis que se hagan del guión, fotografía, dirección, etcétera, y quizá se quedará en lo anecdótico o en una playlist* que algún entusiasta ya ha tenido a bien armar. Aquí con estas líneas he querido esbozar la importancia de saber oír a Solís: es con el de Tacubaya que tenemos una música que va más allá de su época (los sesenta) y del mero sonido ambiental de alguna otra (como la de Cleo y Cuarón en aquellos años setenta mexicanos). El aroma de Roma, la música, importa más que un comino, Cuarón lo supo, y su camino, el trazado, contempló a Javier. Y otra vez, pudo ser algún otro hit de Solís (y vaya que hay de donde escoger), pero tuvo que ser “Sombras…” Nada más.~

*Actualización. A partir del 14 de diciembre ya está disponible la música oficial de la película en distintas plataformas: spotify, itunes o qobuz.

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