Cantaría boleros rancheros de Javier Solís

octubre 19, 2018 § Deja un comentario

Desde hace unos añitos el Cigala nos entusiasma con la idea de oírlo cantar temas javiersolistas. Cuando su Romance de la luna tucumana (Deutsche Grammophon, 2013), en sus entrevistas durante la promoción del disco, el Cigala dejó salir públicamente esa idea suya de grabar temas de Javier Solís. Pero ya antes, en su disco Dos lágrimas (Deutsche Grammophon, 2008), el cantaor nos adelantó un tema si no javiersolista, sí de ese perfil: “Un compromiso” (Hnos. García Segura).

Según ha contado el propio Cigala, lo de Solís le viene incluso desde aquel premiado Lágrimas negras (Calle 54 Records, 2003), cuando Bebo Valdés le habló de “Tres palabras” (Osvaldo Farrés) y de los boleros de Javier Solís. (En la siguiente liga el Cigala cuenta al respecto: video.) Finalmente todo quedó en palabras y no es sino hasta 2008 cuando Cigala volvió a los boleros, y a uno ya con una pinta javiersolista.

Javier grabó “Un compromiso” en 1960 con el Mariachi Jalisco de Pepe Villa. El tema fue incluido en el disco Enamorado de ti (Columbia, 1960). Si el tema no sobresale es por la compañía de otros temas que a la postre quedaron como javiersolistas totales: “Bésame y olvídame” (Beatriz Jiménez), “Eternamente” (Alberto Domínguez) y “Ayúdame, Dios mío” (Mario de Jesús), e incluso el preciado “Sabor a mí” (Carrillo), pues es esa la versión que quedó registrada en la sección latina del salón de la fama del Grammy. Con todo, “Un compromiso” de Solís es, junto con la versión de Antonio Machín, parte del canon bolerista. La siguiente imagen, tomada de la contraportada del disco Enamorado de ti, registra a Javier en plena faena y, ya se ve, da cuenta de que el acompañamiento de Solís era algo más que simple mariachi: que hablen los cueros, maracas y metales.

js en la columbia

Solís ensayando en los estudios Columbia

El Cigala, por su parte, grabó “Un compromiso” a dúo con Reinaldo Creagh –acaso para emular aquella versión de Antonio Machín, quien, reconocemos, popularizara el bolero de los hermanos García Segura– y, bien oído, no encuentro demasiado Solís en él. Pero recién ahora que escuché a Cigala en vivo, con el acompañamiento de un piano, que oí sí un muy bienvenido eco javiersolista.

Un concierto en la Philarmonie de Colonia, Alemania, me regaló esa ‘primicia’. Ya antes, cuando la promoción de Dos lágrimas, Cigala en solitario interpretó “Un compromiso” con el acompañamiento de sus músicos, pero algo aún faltaba o sobraba. En la noche del jueves 18 de octubre yo escuché a un Cigala cantar ese bolero, acompañándose sólo del piano de Jaime Calabuch, con tal talante que, ahora sí, sin más y sin compromisos, a uno no le quedó más que decir ¡qué va!

A Cigala se le sale lo Solís, quiero decir, interpreta lo ajeno como algo muy suyo. Cigala, como hiciera Javier, interpreta y canta con sus propios medios. Su único compromiso es él mismo. Cuando Cigala nos dice que le gustaría cantar los temas de Javier Solís, en realidad nos advierte de su cabal entendimiento de lo logrado por Javier: sabe de qué van esos boleros cantados por Javier: “Un compromiso” apunta ya hacia esa dirección.

Qué daría uno por escuchar, sin compromiso y por puro gusto, al Cigala cantar a Solís.~

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Ladrón de día, cantor de noche

septiembre 6, 2018 § 1 comentario

El dinero no es la vida pero la que hago por él: esta habrá sido la máxima de Alfredo Ríos Galeana. Incluso hasta la habrá cantado; porque resulta que Ríos Galeana, además de haber sido enemigo público número uno del México de los 80, también era cantante de rancheras y confeso admirador –el número uno, diría él– de Javier Solís: lo emulaba y le copiaba hasta la cara. De esto, sólo un poco en realidad, ha contado recientemente la película Mexican Gangster: El más buscado (J.M. Cravioto, 2015), donde Tenoch Huerta interpretó al criminal en cuestión.

Poniendo a un lado todas las películas en las que Solís trabajó, esta de Cravioto quizá sea en donde más se pueda oír cantar a Javier. ¿Una película javiersolista? No del todo, pues amén de las canciones y escenas donde Tenoch hace las veces del cantante Luis Fernando o Charro misterioso (los nombres artísticos que Ríos Galeana usó para explotar su veta artística), no hay en sí la escenificación de lo que la música de Javier Solís llegó a ser para Ríos Galeana. Hay, sí, un par de curiosos guiños a la solismanía de Ríos: querer tener el mismo fotógrafo de Javier Solís y querer tener la nariz como el cantante (aunque por motivos más bien prácticos: esconderse de la justicia).

Canciones, lo dicho, hay a lo largo de la película, aunque sin llegar a conformar cabalmente una banda sonora. Una certera excepción, sin embargo, se escucha en la escena cuando la captura (no diré cuál de todas) de Ríos. «Vengo a decirle adiós a los muchachos», se oye cantar a Solís al tiempo que Alfredo Ríos se encamina a su destino.

Cinco son los temas javiersolistas incluidos en la película, y tres corren a cargo de Javier mismo. “Despedida”, lo dicho, sobresale. Sólo con ese clásico de Pedro Flores se logra subrayar el sentido de la historia, tarea acaso principal de la música en una película, y la voz de Solís acompasa así, sin distraer ni opacar el desarrollo de la escena, lo que la película nos está contando. Buena jugada, buena elección.

Más de Javier en Mexican Gangster no hay. Lo habrá habido empero en el personaje Alfredo: cuándo, cómo y por qué decide mezclar sus menesteres criminales con sus manías artísticas es cosa que la película sale debiendo. Todavía más, la usurpación de identidad de aquel otro admirador también de Javier Solís, el Charro del Misterio, queda como simple ardid anecdótico.

El Charro del Misterio, el original, es un viejo conocido de los javiersolistas; el misterioso charro de Alfredo, por el contrario, resulta más bien un poco explorado personaje: esta película que nos ocupa era una buena oportunidad para hacerlo. ¿Qué tanta luz de Javier había en la sombra de Alfredo y sus delirios de cantante? A saber; por lo pronto, seguiremos pensando que Ríos Galeana fue, además de un consumado asaltabancos, un excéntrico fanático javiersolista.~

Un volado merenguero

agosto 14, 2018 § 2 comentarios

Su potente voz seguro hará lo suyo, y Eddy Herrera, así como lo hizo con “Tu voz”, saldrá bien parado en ese su próximo homenaje –un disco-tributo– a Javier Solís.

Esta vez Solís nos lleva a la República Dominicana… Mejor dicho: República Dominicana nos traerá a Javier de vuelta. Y será gracias a su “galán del merengue”, Eddy Herrera (Santiago de los Caballeros, 1964). Así de caribe el océano javiersolista.

Según nota del Listín Diario, el señor padre de Herrera hacía tocar al pequeño Eddy las canciones de Javier Solís, y fue así como el futuro merenguero, desde aquella su isla, adquirió su gusto por el mexicano Solís. En estas fechas, nos sigue contando la nota, el cantante Herrera se hará camino a México para desde ahí, la cuna de Solís, grabar trece canciones bajo la dirección y producción de Jorge Avendaño.

El antecedente más cercano que le encontré a Herrera fue aquella “Tu voz”, incluida en su disco Ámame (1993), donde su interpretación, mal que bien, supera al arreglo musical (y, dicho sea, queda en general lejos de lo logrado con su gran éxito “Carolina”, parte también de ese disco). Lo mejor vendría después: esta grabación donde Herrera, después de dar la primicia del próximo disco, se hace de un sencillo y mejor acompañamiento y brinda sentido homenaje al, en sus palabras, inmortal Javier Solís:

Ya se oyó, lo que viene será la «esencia de los temas originales pero modernos, fusionados». Javier, recordemos, dijo que lo suyo era modernizar al mariachi; todo pinta pues que su tarea sigue teniendo ecos, Eddy Herrera se aventará ese volado: cosa buena, casi tanto como un buen merengue.~

Inspiración de vivos y muertos

enero 11, 2018 § Deja un comentario

Ernesto de la Cruz es algo más que Pedro Infante, así lo aclara la misma Disney:

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Y hete ahí a nuestro Solís:

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Ya el mismo Marco Antonio Solís, quien prestó su voz al personaje en cuestión, lo aclaraba en algunas entrevistas; la audiencia, por su parte, de alguna manera lo intuía. ¿Qué de Javier tendrá Ernesto? La fama de la voz, quizá, pues la pinta, quién lo niega, es toda la parroquia de Infante; la voz en sí, un guiño más bien a Negrete; pero la fama, según Miguel, el niño de la película, pareciera que apunta a las razones de aquella de Javier: ser el mejor cantante.

Todavía más, ahora recuerdo, hay un momento de la película en que De la Cruz presenta a Miguel ante dos peculiares personajes: Negrete e Infante: ¿suple De la Cruz a Solís en ese particular encuentro? Es probable, sobre todo con esa aclaración de Disney como respaldo… U homenaje, tendríamos que decir, porque vaya que lo es, y más si miramos, y oímos, los que suelen hacerse desde suelo mexicano. Sobre esto último, la comparación es inevitable; tomemos como ejemplo, incluso, los más recientes cedés que la casa disquera de Infante sacó al mercado en el 2017 por los cien años del natalicio de Pedro: de una manufactura ínfima y lamentable. Con Javier tampoco hay para dónde hacerse, la mediocridad (entendida esta como falta de imaginación e ideas) de los últimos homenajes es de subrayar.

De unos meses para acá toma fuerza ya no sólo el regreso de los vinilos (o elepes), sino también la transmisión del sonido de alta definición por plataformas de música en línea: he ahí una gran oportunidad para sacar a relucir a Javier. Quién no querrá pagar por una merecida y cabal remasterización de sus grabaciones. Los Beatles y su Sgt. Pepper, por ejemplo, la están rompiendo con la edición de aniversario: Javier no les pediría nada con sus, ojo ahí, valses con banda o, qué va, Javier Solís en Nueva York, grabaciones que, sabemos los javiersolistas, guardan en buena medida la probada calidad javiersolista.

Pero volvamos a Coco, una muestra más de hasta dónde se nos ha metido el gran Javier. Recuérdenlo.~

Vasos comunicantes de Juanga y Solís

agosto 29, 2016 § 3 comentarios

«Y Javier cantó más lindo ese día»
~Juan Gabriel (en “Obertura mexicana”)

Ni diez años cumplidos de la muerte de Javier Solís y una nueva manera de cantar con mariachi tendría lugar: Juan Gabriel graba su primer disco con mariachi. El disco Juan Gabriel con el Mariachi Vargas de Tecalitlán (RCA Victor, 1974) cuenta con los arreglos y dirección de Fernando Z. Maldonado y Jesús Rodríguez de Híjar. El compositor de todas las canciones es, por supuesto, el prolífico Juan Gabriel; las interpretaciones del Divo de Juárez, sin embargo, son producto de esa combinación de nombres ligados a la música vernácula mexicana: Vargas, Maldonado, Rodríguez de Híjar. ¿Y Javier Solís?

Veinte años después de aquel disco de Juan Gabriel, Vikki Carr grabó en 1994 un homenaje a Javier Solís bajo la producción, dirección y arreglos de Chuck Anderson, un viejo conocido del universo javiersolista y, sobre todo, del de Juan Gabriel. Según palabras de Anderson —incluidas en el disco de Vikki Carr—, «la compañía decidió lanzar [a Javier Solís] de nuevo como baladista con orquesta», y fue así como surgió el Javier Solís en Nueva York (CBS, 1965). Los arreglos de Chuck Anderson son únicos en la discografía de Javier Solís, no así en la de Juan Gabriel. A Anderson le debemos, por ejemplo, los arreglos del original y vasto “Hasta que te conocí”, y en sí todos los del disco Pensamientos (Ariola, 1986), así como la producción del toral Recuerdos II (Ariola, 1984), donde anidó la gran “Querida”.

Anderson, pues, arreglando baladas javiersolistas; Maldonado, rancheras juangabrielistas. Éste alcanzó cimas con Javier Solís; aquél, con Juan Gabriel.  Hoy ambos intérpretes son ya leyendas, Juan Gabriel recién dio el paso a la inmortalidad: vigente, aún en gira y con producciones al día, murió el 28 de agosto de 2016. Cincuenta años después de la muerte de Javier Solís, México acaso repetirá un adiós comparable al dado al de Tacubaya en ese su abril aciago.

Anderson y Maldonado no son sólo puntos en común entre Javier Solís y Juan Gabriel: forman parte más bien de un tejido musical que pocas veces se aprecia y sopesa. Cual buen lino, veámoslo así, la música arreglada en voces como las de Juanga y Solís da cuenta de finas arrugas que pesan al centavo y que dan razón de la calidad de la tela y del corte preciso. Las muñecas de las que habló Álvaro Carrillo cuando se refería a sus canciones, requieren para sus vestidos una maestría que no siempre se encuentra únicamente en la tela del intérprete: sastres como Anderson y Maldonado son necesarios. El cantante viste, sí; el arreglista, eso: arregla.

No serán pocas las crónicas que subrayen la maestría del artista Juan Gabriel, valdrá reparar también en su respaldo musical. Las coincidencias de la música suelen ser casualidades… o causalidades para este nuestro caso. Javier Solís cimbró su voz para la orquesta; con Juan Gabriel se aprovechó el armazón, y el mariachi orquestó lo propio. Seguirán los bienvenidos ecos. Hoy quitémonos el sombrero (de charro) para ponérnoslo: Juan Gabriel ha muerto, ¡viva Juan Gabriel!

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PS. Un regalo javiersolista: Juan Gabriel cantando “El malquerido”, popular éxito en voz de Solís, creación del tico Johnny Quirós, ¡qué va!

 

PS2. Una más del universo javiersolista: “Esta tristeza mía”

Es una cosa grande

agosto 9, 2014 § Deja un comentario

Hablar de Woody Allen en poco o nada nos acercaría a Javier Solís… hasta ahora. En su más reciente película como actor, Fading Gigolo (Turturro, 2013), Allen junto con John Turturro, en el papel protagónico, casi que se escucha al ritmo de Solís. Es su eco, sin duda, pues quien se oye es Vanessa Paradis y la canción de Domenico Modugno, “Tu si na cosa grande”.

Imaginen al javiersolista, caros lectores, ahí en medio de la película con un ojo al gato y otro a aquel gran garabato javiersolista. “Es una cosa grande”. Tema también de película, por cierto, ¿de cuál?; incluído en el recopilatorio Temas inéditos de sus películas (1984), Solís se oye con un mariachi que no le pide nada a orquesta alguna. Solís, digámoslo, otra vez en la vanguardia.

Modugno puso sobre la mesa uno más de sus éxitos sesenteros (en clave pop, dicho sea), y Solís lo hizo sonar a su manera: dobló la apuesta en la voz (restándole a la del acompañamiento musical). Plantadísimo en el centro, todo giró alrededor de Solís: pero logró desde ahí proyectar precisamente eso, algo muy grande. Y todo esto, original y cover, en acaso menos de un año, entre 1964 y 1965; en caliente, y aquí ya hemos hablado de tales ecos, calenturas y fiebres javiersolistas.

Cincuenta años después viene la bellísima Paradis a recordarnos aquella dupla Modugno-Solís. Uno la escucha y oye, insisto, no sólo a la versión original de Modugno y sus arreglos, sino también al peso de la interpretación de alguien como Solís. A saber si la francesa estuvo o está al tanto del mexicano; por lo pronto, Solís sí que estuvo atento a las posibilidades de la canción, y las llevó al límite.

Esta es la letra en español:
“Es una cosa grande” (D. Modugno)
Es una cosa grande tu amor;
Es algo que no puedo explicar;
Es algo con distinto sabor
Que me arrastra hacia ti cada vez más.
No existe nada igual que este amor,
Seguro que no puede existir,
Tú sabes que prefiero morir
a perder y no tenerte más junto a mí.
Qué grande lo que yo siento,
se queda pequeño el cielo,
Y nada en este mundo contigo,
contigo, contigo se podría igualar.
Es una cosa grande tu amor;
Es algo que no puedo explicar;
Es algo que no tuve jamás,
Es algo ideal, ¡algo muy grande!

Por allá un video con escenas de la referida película y aquí uno con imágenes de la artista:

Y Solís, claro, para cerrar con broche, y brocha, grande esta nota, ¡qué va!:

Envidia de la buena

julio 3, 2014 § Deja un comentario

Algo tendríamos que hacer en México con tanta envidida de la buena. ¿Exportarla, certificarla? Mejor escucharla.

Un bolero moruno, se etiquetaría, este de Mario de Jesús: “Que se mueran de envidia”. Solís lo graba para el disco El peor de los caminos, donde también se incluiría otro tema del compositor dominicano, “Adelante”. (Un disco por cierto potente, de campeonato.) Si bien “Que se mueran de envidia” no alcanza la popularidad de “Y” o “Adelante”, la composición de Mario de Jesús se acopla igual de bien a la voz de Solís. Escuchémosla:

El trabajo vocal es envidiable. El estribillo remata con una vuelta de hoja a aquellos primeros versos morunos: más que hablarle a la pareja, se quiere que esta sea la que hable (y grite); se saca lo ranchero, donde lo haya.

Que se mueran de envidia (Mario de Jesús)
Que se mueran de envidia toditos,
que critiquen la forma de amarnos,
que este amor tan sincero y bonito
no lo rompe nadie así por así.
Que se mueran de envidia y de celos
los que nunca han amado de veras
que este amor que es la gloria del cielo
no lo vive nadie, verdad que es así.

Dilo tú, dilo tú,
grita fuerte lo mucho que me amas,
que se enteren que no hablo mentira;
dilo tú, dilo tú,
que se llena tu pecho de orgullo
al sentir que mi amor es tan tuyo.

Es la tercera vez de Mario de Jesús en este espacio. Solís, por supuesto, siempre ha sido la mejor excusa, pero hoy es otro cantante quien brinda una excelente oportunidad para hablar del dominicano y del mexicano: el boricua Frankie Ruiz, el papá de la salsa.

En el homenaje a Rafael Cortijo, 1982, la Primerísima de Puerto Rico, orquesta de Tommy Olivencia, tiene como primera voz a Frankie Ruiz, quien se despacha bonito y sabroso con este “Que se mueran de envidia”, con todo y guiño mexicano:

Así es como los grandes importan y exportan envidia de la muy buena. De República Dominicana a México, de México a Puerto Rico. Certificado. ¡Qué va, qué envidia envidiable!~

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