Para fraseos javiersolistas

julio 19, 2018 § 1 comentario

De vez en cuando, además de oírlo, salgo a buscar a Solís. Esta vez me lo topé en un homenaje no a él sino a uno de sus seguidores: Manuel Ahumada (1956-2014).

Jorge Flores Oliver escribe un breve homenaje al caricaturista Ahumada y trae a colación al cantante Solís:

Ahumada parafraseaba a Javier Solís –el primer dark mexicano, que le decían– y se describía así: “En un lugar del D.F. cuyo nombre no quiero acordar, comienza una historia muy triste de recordar. Empezó a penar por este mundo el 27 de enero de 1956 a las 17 hrs. 26 min. 32 seg. Su primera caricatura la hizo en los pañales, pero para coraje de toda la humanidad no fue publicada; debido a este incidente se pasa la vida muriendo y entre lágrimas sufriendo el pasaje más horrendo de este drama sin final, lo cual le deja poco tiempo libre, el cual utiliza para dibujar”.

Vuelta a Ahumada y a su arte, que no pocas veces parafraseaba, probablemente, a alguna canción javiersolista.

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‘Equilibrista de barrio’ | Ahumada

Osa ya preso ser payaso

agosto 14, 2017 § 1 comentario

En nueve se quedó la cuenta de canciones de Z. Maldonado con Solís, pero más de una habrá valido el doble. Una, incluso, se tiene en el cancionero javiersolista hasta con cuatro versiones (a saber: con Los Panchos, con trío, rondalla y con banda); y dos fueron las que, al parecer, Maldonado hiciera a la medida de Javier: “Qué va” y aquella multiversionada “Payaso”.

Arreglista también, Maldonado supo oír en Solís lo que todos veían, y ver lo que nadie había oído. No conforme con componerlo, Maldonado hasta lo arregló.

Si “Volver, volver” se vuelve coral cada que se canta (o grita, dicho sea con indirecta a los Fernández), “Payaso” se encierra en ese cofre que sólo Solís poseía, único e irrepetible. La hipocresía, por cierto, estaría en afirmar que “Volver, volver” tiene también lo suyo frente a un “Payaso”: no hay tal, la primera es muy inferior tanto en interpretación como en composición (y el propio autor lo sabía y reconocía). Si la anécdota es cierta, Maldonado no sólo vio la tristeza de un payaso a punto de salir a escena (después de una ruptura sentimental), sino también la poesía de aquella careta. Van los endecasílabos:

En cofre de vulgar hipocresía
ante la gente oculto mi derrota.
Payaso con careta de alegría
pero tengo por dentro el alma rota.
En la pista fatal de mi destino
una mala mujer cruzó el camino.
Soy comparsa que juego con mi vida
pero siento que mi alma está perdida.

A la mitad de camino la letra, su estructura, de verdad que se rompe. De una rima AB-AB se pasa a una herida CC-DD. Después, la risa de Solís redondeará la interpretación. La sella. Los estribillos con Solís sirven de maquillaje de esa careta inicial. Si la anécdota es cierta, Javier no sólo vio lo mismo que Maldonado aquella noche, sino también lo entendió de igual manera. El disfraz a la medida: lo que siguió fue la gran función.

Este año, el 20 de agosto, se cumplirán cien del nacimiento de Fernando Zenaido Maldonado. Los javiersolistas tenemos mucho que agradecerle, sus contadas perlas nos son invaluables, y sin duda su trabajo como compositor y arreglista allanó el camino de este nuestro cantante.

Estaría de más escribir que a Maldonado lo recordamos en este espacio con esta sencilla nota: a alguien como Maldonado se lo tiene siempre en mente cuando de Solís se habla y trata. Sirva de recuerdo más bien la siguiente postal: una canción de Maldonado —poco conocida incluso entre javiersolistas— y una imagen que intenta dar en el blanco (en señalar la puntería del maestro Maldonado con el intérprete Solís).

“Buena” con orquesta:

Javier Solís por AXR
Fotografía de Javier Solís intervenida por la artista visual Arantxa Rodríguez

El Solís de cabecera

marzo 26, 2013 § 1 comentario

Bienvenidos a este nuevo diseño (y etapa) de la SOLISMANÍA. El mayor cambio está en la cabeza… en la cabecera. Ese trío de imágenes pertenecen a un archivo, al de su autor Enrique Bostelmann; yo las pesqué en alguno de los mensajes del Club Yahoo de Javier Solís y lamentablemente ya no recuerdo quién las subió, ni las he vuelto a ver por ahí. Donde sí se ven, y no son las mismas, es en las páginas del tomo III de  El Señor de Sombras: La vida de Javier Solís (J.F. Coria, Clío 1995); es decir, que fue una serie de retratos lo que el fotógrafo Enrique Bostelmann hizo con Solís. Hasta ahora, pues, tengo noticia de cinco: los tres de la cabecera y estos dos de las páginas 12 y 19, respectivamente, del referido tomo:

   

Solo este par de capturas, lo dicho, es lo que se incluye en ese libro de la vida de Javier Solís. En la red hay también poco de Bostelmann, quiero decir, no lo suficiente. Una página dedicada a él (¿o de él?) ya no está en funcionamiento: solo se mira algo en ella a través del caché de Google. En la sección biográfica se alcanzan a leer unas líneas de Ignacio Durán (agregado cultural de la embajada de México en Gran Bretaña): «El trabajo de Bostelmann demuestra una frescura extraordinaria, sin titubear jamás para alcanzar los estándares más estrictos de su profesión. La riqueza del legado de Bostelmann ha llegado a críticos, cineastas, dramaturgos, compositores y poetas, sin embargo su principal interés era la gente común, quien ahora se ve reflejada en su trabajo. Tuvo don de hacer fotografías que tocaran la imaginación y permanecieran en el corazón». El fotógrafo murió el 3 de diciembre de 2003, por acá en ZoneZero hay una nota y entrevista.

Lo que se ve no se juzga, dice el refrán: se admira en este nuestro caso de Bostelmann con Javier. ¿Cómo habrán llegado a esas poses? ¿Qué juegos hubo de por medio? Dos artistas frente a frente: uno con la cámara y otro sin ella, pero ambos con sus interpretaciones. Ocho años menor que Javier, un joven Enrique Bostelmann es quien lo retrata. Era aún el inicio de su carrera artística y profesional; era Solís en el pleno de la suya.

Hay una nota donde se recogen palabras del poeta José Emilio Pacheco al respecto de Bostelmann. Pacheco apunta: «Es el poeta de la inmovilidad y el maestro del movimiento». En los retratos de Solís son las manos y gestos lo que nos mueve; ademanes de un Javier al natural, en mangas de camisa, fuera de los escenarios: Solís sin cantar, encantado del ojo de Bostelmann. Los relieves del rostro de Javier pasaron a ser los trazos del artista, de Bostelmann.

Años después, a partir de los 70, Enrique Bostelmann se consagraría; uno de sus trabajos, América: un viaje a través de la injusticia, da cuenta de ello. Recientemente, de fotógrafos, personal del periódico Le Monde dio al traste con el trabajo de Daniel Mordzinski (de quien en este espacio hay su retrato de Guillermo Cabrera Infante), y de ello escribió en su “Piedra de Toque” del pasado 24 de marzo el escritor Mario Vargas Llosa. Él nos señala que en los retratos de Mordzinski de escritores «además de sus rasgos, semblantes y expresiones, aparecían revelados sus sueños, sus fracasos y sus éxitos». Pues bien, he ahí al Solís de Bostelmann: expuesto con sus luces y sombras, hecho de canciones (payaso, loco, esclavo y amo)… Retratado.

Dije aquí que con Daniel Gil se obtuvo la mejor portada para Javier Solís, pues bien: con Enrique Bostelmann se tiene su mejor retrato. Digo esto no bajo la luz de la trayectoria de Bostelmann, sino bajo la de Javier y sus tantas fotografías. Para la selección de la imagen de la cabecera tenía yo, qué duda cabe, muchas opciones, sin embargo, de inmediato ese trío llamó toda mi atención: es ahí donde Javier es el más puro Solís. Antes que con cualquier traje, sea de charro, moño o de corbata, Javier cantó con esa sencillez, se arremangó e interpretó ¡qué va! por sus puños. Así de Solís. Vuelvo a hojear el libro de Coria para averiguar si son de ahí las imágenes y es cuando me topo con el restante par… de Bostelmann. No se diga más: es el Javier Solís de cabecera.~

Adenda
Gracias a Pedro Rueda, avezado lector de este espacio, consigo una foto más de esta serie de Bostelmann, ¡qué va! Como las otras, no se tiene cierto de dónde pudieron salir, es decir, Rueda me cuenta que la consiguió en la red y desde entonces no la ha vuelto a ver. Para mí es la primera vez. Es un retrato de un serio Solís guasón; sentado calando el golpe con una mirada quizá perdida. Esta vez no está de frente, son los tres cuartos su perfil junto con el puño cubierto y su pelo envaselinado; la esclava y el reloj: amo de su tiempo.

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Apenas ochenta años

septiembre 1, 2011 § Deja un comentario

Fue así como el maestro Borges comentó de sus ochenta en aquella entrevista con Joaquín Soler en el programa A Fondo (precisamente en 1980). Hoy, primero de septiembre del 2011, Solís también pudiera decirlo.

Es cierto que en la patria de Javier lo que suele recordarse más es la muerte del ídolo (y para muestra basta un Infante), con Solís —podemos argumentar— la persona nació Gabriel y murió Javier, de ahí que sea la muerte la efeméride. ¿Cuántos años, incluso, el cumpleaños habrá sido exclusivamente de Gabriel? A diferencia de Pedro o Jorge, Javier tuvo que nacer dos veces. No es pequeño detalle: el ídolo que se hace desde el nombre y no del todo desde la cuna. No será sino hasta sus veinte y tantos cuando el cancionero opte finalmente por el seudónimo.

Borges, dicen, bromeaba (sin conocer al político homónimo del «charro» aquél) con lo difícil que podría resultar su Jorge con el Borges. A Gabriel Siria le buscaron no tanto la facilidad pero sí la originalidad y musicalidad. El ídolo estaba por nacer. No es del todo claro cómo se llegó del Gabriel Siria al Javier Solís, pero sí se sabe del paso intermedio, Javier Luquín, nombre que poco o nada auguraba la unicidad de la voz del oriundo de Tacubaya. Como fuere, de Luquín se llegó a Solís y quizá el Javier representó el subrayado de aquel Gabriel. Justo en el blanco. Apenas Solís.

¿Y qué se le puede regalar a Javier?

Volviendo a Borges, hace una semana la gente de Google lo homenajeó en su 112° aniversario del natalicio con un acertado logotipo (doodle). Hasta ahora con Javier los homenajes, como con otros tantos íconos artísticos en México, se han limitado a «ediciones especiales» de discos que, en realidad, no son más que meros recuentos (recopilaciones) de lo hecho en su momento por el propio artista. Es decir, que con los antecedentes que conocemos para con Javier, un disco más de esos —sin mayor aporte de creatividad (como por ejemplo la de un logotipo de Google)— será lo único que podemos esperar.

Pensé en esto hace algunos días cuando volví a escuchar el cedé de A 40 años… Me recordarás (Sony 2006). Lo escuché pero también lo vi. La gente de Sony Strategic Marketing (ello ahora lo tomo como ironía) tuvo la idea de hacer lucir el cedé como un disco de vinilo… y ya, el resto fue un copiado y pegado —«diseño de arte», reza en el interior— de fotos (de portadas) que, en la portada, muestran a Javier harto colorido y «conceptual». En su momento, recuerdo, al ver ese cedé à la vinilo creí que al menos ya había un atisbo de verdadero recuerdo y homenaje. Me equivoqué.

Dije volver a ver el cedé en cuestión porque lo comparé con uno de Vladimir Horowitz, Horowitz Plays Scarlatti (Sony 2010), en el que los productores también quisieron mostrar del todo aquellos años de gloria de los discos de vinilo (amén del contenido en sí, claro, que por cierto es contemporáneo de Javier: la grabación original es de 1964). Es una pasada, dirían los ibéricos, incluso la textura del cedé se asemeja a la de aquellos disos. Eso me lo pueden creer o no, pero aquí están las fotos (de ambos cedés).

También, véase, están las portadas. Observen cómo en la de Horowitz hay la sencillez suficiente, marco idóneo, para lo que el consumidor quiere escuchar. Y ni hablar del interior, ahí hay la acertada inclusión de la (copia de la) contraportada original que incluía, caray, notas del productor, mismas que se reproducen en páginas separadas para una mejor lectura. Aquí la parte encargada de Sony es Classical Originals, quienes afirman que los discos contemplados «son parte del legado cultural del Siglo XX», así, la idea es «recapturar la fascinación de grabaciones legendarias», incluyendo lo original (etiquetas, portadas, texto, etc.) más una cuidadosa restauración, todo para tener al final, concluyen, «únicos documentos en la historia del sonido grabado». Redondo como el disco mismo.

La compra de cedés aún existe (y que le pregunten a la piratería en calles de la ciudad de México), y si bien el formato emepetres gana terreno, el mercado discográfico sabe que todavía quedan los clásicos (como Horowitz o, lo digo sin empacho*, Solís). Comparar, por ejemplo, esas dos superficies y ver que en una de ellas hay esmero y en la otra ramplona imitación, no es regalo que se pueda dar en conmemoración alguna. Apenas si Solís.

¿Qué se le puede regalar a Javier? Eso, mayor cuidado y atención: pleno reconocimiento de su trabajo. Intérprete cabal, no hay discusión de lo que aquél Gabriel supo regalar —con creces— al dar nacimiento al cancionero Solís. Javier le tiene una gran deuda.

¡Feliz cumpleaños, Gabriel!

*Igual que un Pepe Aguilar que, se sabe, afirmó: «si viniera un marciano y estuviera en mis manos enseñarle la música mexicana, le pondría a Javier Solís… la mejor voz que ha existido.»

Un par a la mexicana II: Daniel Gil

mayo 13, 2009 § Deja un comentario

Una vez pasado lista a Warhol y Chávez (ver acá), ahora nos toca —además de, claro está, mencionar a Solís— el trabajo de Daniel Gil. Afortunada coincidencia ésta la de encontrar semejante arte visual en los trabajos musicales de gente como Javier Solís o Carlos Chávez. Quiero pensar que no es gratuito, que lo uno exige de lo otro. Así, esta vez estamos ante El Solís de Gil.

En una nota anterior colgué la portada aquella de Daniel Gil para el disco Lara, Grever, Baena; también, y desde el inicio de la SOLISMANÍA en su etapa posterous, pueden ustedes ver como parte del diseño de la bitácora (en la barra lateral derecha) a la otra portada que Daniel Gil realizó para el trabajo musical de Javier. Me refiero a esta:

 

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© Daniel Gil – artediez

Díganme si no es la mejor portada que un disco de Javier tiene en su haber. Sin embargo, al parecer, ambas portadas poco salieron al mercado, es decir, en edición limitada o en limitados puntos de venta. Como fuere, lo importante es dejar claro que artistas como Daniel Gil y Andy Warhol aprovecharon esa veta del arte comercial con, subrayemos, atinadas participaciones; que entendieron no sólo su arte sino también el de otros. O sea, que así como le dijeron a Daniel Gil sobre sus portadas (que eran “demasiado cultas”), a los discos de Solís o Chávez —parafraseando al propio Gil— no les viene absolutamente nada mal sino todo lo contrario (amén de ser necesario y justo).

Lamentablemente los trabajos de Daniel Gil no tuvieron su debida acogida en el mundo de las casas disqueras: su biografía hace constar que Daniel finalmente terminó con un mal sabor de boca dada la liviandad de la gente involucrada en tal área. Lo dicho, no sabemos hasta qué punto Javier y su gente estuvieron directamente involucrados con el trabajo de Daniel Gil, sin duda es una lástima que de esa relación artística quedaran sólo estos dos trabajos aquí referidos. Sirva pues este espacio para distinguir la obra de Gil, una que fue marco perfecto para la voz de Solís.

Quedan entonces estas portadas como recordatorio de que así como hay música de calidad, hay también artistas visuales que se ocupan de darle (y hacer) la única distinción posible: su propio trabajo de calidad.

Por aquí, y allá, nos vemos y leemos, ¡qué va!

Las dimensiones de Javier (ecos del 43)

abril 20, 2009 § Deja un comentario

Precisamente, como ya suele ser costumbre, selectos lectores, éste recién cumplido aniversario luctuoso de Javier trae consigo —cortesía de la casa disquera y demás personas allegadas directamente al material audiovisual de nuestro más querido artista— un material discográfico. Uno más. Una recopilación de temas que ahora, ojo, no son clásicos, ni de colección, ni éxitos, sino e-sen-cia-les. Eso: «Lo escencial de Javier Solís [3 CDs + DVD]» (2009). Chúpale, pichón. Sin duda se rompieron la cabeza los de la disquera, pues llegar a ese nombre es casi tan difícil como lo que nos cuesta a los seguidores de Javier tener (ya) esos 80 temas. Todavía más, y para que no se quejen, ya les digo, la disquera tuvo a bien incluir videos, entrevista y pistas musicales. All in one. Bárbaros. 3 cedés 3, y un devedé: un regalo sin duda para los seguidores de Solís. Un, lo dicho, detallazo que nos pone, desde ya, a esperar el próximo aniversario y su algún otro material igual de novedoso, original y fresco. Entonces, éste que les digo está ya anunciado y puesto en circulación; en la página güeb de Mixup se reporta que su precio de lista será (sigue con ellos en estatus de preventa) de 259 MXN (unos, al tipo de cambio de hoy, 20 USD).

De lo anterior (que redacto ciertamente con ironía motivada por el escepticismo a este tipo de trabajos recopilatorios) me entero vía la nota periodística de hoy lunes de Alma Rosa Camacho, del grupo Organización Editorial Mexicana (OEM). En el reporte, además de ponernos al tanto de la ya tradicional reunión de admiradores en el Panteón Jardín de la Ciudad de México, Camacho nos dice, mutatis mutandis, que para este disco se desempolvaron 45 canciones con hasta ahora nula difusión, v.gr., Quinto patio, Poquita fe, Mar y Más allá; también, que los videos provienen de la videoteca de Televisa, y que la entrevista incluída es una narración-primicia de Solís de su vida artística y personal. De lo primero, espero sinceramente que el disco contribuya a la difusión de lo poco conocido de Javier: aunque, y aquí la duda, no me queda claro el cómo (¿relanzando al mercado tales canciones a la par de otras 35 ya “más difundidas/conocidas”?). De los videos, gracias ciertamente por, ciertamente, desempolvarlos y hacerlos públicos. De la entrevista, algo me dice que es aquella que se escucha, desde hace tiempo, en lugares como el youtube. Como fuere, prometido está, tan pronto como pueda tener el material, la reseña y opinión de esta novedad que , ojalá, resulté novedosa.

Luego, el día de ayer, la misma Alma Rosa se dio a la tarea de recordar a Javier Solís a través de una entrevista con la Sra. Blanca Estela Sáinz, última esposa de Gabriel Siria Levario. Además del lugar común del anecdotario, se nos cuenta que la pareja sentimental de Blanca Estela le solía firmar su comunicación personal con los seudónimos de “El Apache”, “Sombras”, “El Loco” ó “Javier”. Ésto me resulta interesante por, entonces, la simbiosis que ocurría en la persona de Siria Levario: fue tal la fuerza del artista, de la figura pública, que inclusive en esos momentos personalísimos, el cantante (o, incluso se puede decir, el mito) se sobreponía. Interesante sin duda. La entrevista no abunda al respecto y continúa con las anécdotas, tema culinario incluído, de la pareja. También, se recurre al tema ya clásico del presentimiento de muerte prematura y el cómo, por ello, se encargó la composición de temas tales como Si Dios me quita la vida (a Luis Demetrio) y Me soñé muerto (a Armando Manzanero). Temas especiales parecen ser también Cuando el amor, Entrega total y un inédito Ahora y siempre (éxito con el trío Los Tecolines), toda vez que eran los que Javier le solía cantar a Blanca. Y hasta ahí lo más sustantivo de la entrevista.

Por otro lado, el sábado 18 la agencia Notimex recordó también a Javier con una nota-resumen de su carrera artística, donde sobresale la mención de dos puntos: (i) una participación de Solís en el histórico programa colombiano «Yo y tú» de Alicia del Carpio y (ii) un tema de Lucho García dedicado a Javier intitulado El inmortal. Esa mi gente de Colombia, ¡ahora es cuando!

Así las cosas en los tradicionales medios. Es decir, que ahora, gracias a la atinada referencia del carísimo selecto lector Heber Galicia, pongo a su disposición un par de homenajes a Javier que, además de estar acorde con estos tecnológicos tiempos, son hechos sin duda con, tal cual, lo esencial y de mayor valía: dedicación, esfuerzo y cariño. El autor es Gabriel Rico, quien desde su cueva (La cueva de Gabo3D) nos brinda un Javier Solís a todo color y, ¡qué va! en 3D:

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(cc) Gabo 3D

… y mi favorita:

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(cc) Gabo 3D

Aplausos, Gabo3d, literalmente supiste darle otra dimensión al recuerdo de Javier. ¡Qué va!

Volver a cuando vuelva a tu lado

marzo 17, 2009 § 2 comentarios

En el episodio anterior (18/02/09) nos quedamos en que nuestro héroe había cometido errores en la grabación de “Cuando vuelva a tu lado” en su, ojo, versión bohemia para el álbum En Nueva York (1965). Es decir, avezados lectores, que hay otra versión y que es, de hecho, la incluída en el disco Lara, Grever, Baena (1962).

SOLISMANÍA hace pues el recuento de esta nuestra pifia.

Javier Solís grabó, caros lectores, dos versiones de esta particular pieza de Grever: una para su álbum En Nueva York (con duración de 4 min) y otra, ojo, con mariachi, para Lara, Grever, Baena (con duración de 02:21). Luego, en esta versión con mariachi no hay errores, repito, no los hay. Javier se hace acompañar del mariachi Jalisco de Pepe Villa y canta una versión corta (es decir, sin aquella introducción incluída en la otra versión) y con, podemos decirlo, mayor soltura y acaso poder. Así, amén de, insisto, estar libre de errores en la letra, toda ahora tiene sentido.

Años más tarde, el trío Los Patricios toma la versión bohemia (la del error), pues ciertamente es la que mejor se prestaba (dado el tempo de la voz), para la grabación de su dueto tecnológico con Javier Solís; de ahí que además del verso introductorio se tenga ese mentado error en la letra interpretada.

Ahora bien, para ponerle un toque elegante a este capítulo, aquí una muy pero muy bella (posible) portada del artista diseñador gráfico Daniel Gil (Santander, 1930 – Madrid, 2004), para el disco Lara, Grever, Baena (que nos hace preguntar, ¿por qué tan poquísimas veces Solís tiene esta merecida compañía de arte en sus discos, y tantas otras unas verdaderas penas ajenas, v.gr. el recién cedé Sus Grandes Exitos Con Banda?).

 

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© Daniel Gil – artediez

Queda cerrado, me parece, el caso. No se pierdan más de estas entretenidas aventuras. Por aquí nos vemos y leemos. ¡Qué va!

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