Cuando vuelva a tu lado: what a difference!

febrero 18, 2009 § 1 comentario

Gracias a la precisa observación de Andrés Fragoso, avezado lector de este espacio, reparo yo también en la pifia de la grabación de “Cuando vuelva a tu lado” (de María Grever) por Javier Solís (incluída, la mismita, en Javier Solís en Nueva York y Lara, Grever, Baena). Efectivamente, hay errores en la interpretación de Solís:

(1) Dice «el amor que te he dado no repitas jamás», debe decir «(…) no podrás olvidar»
(2) Dice «(si) el beso que negaste ya me lo puedes dar», debe decir «(…) ya no lo puedes dar»
(3) Dice «las cosas que te digo no podrás olvidar por compasión», debe decir «(…) no repitas jamás (…)»

Tomo como referencia las grabaciones hechas por otros artistas (disponibles en youtube; por cierto, hay una muy buena y acaso inesperada versión de Antonio Aguilar) y la letra en —si me preguntan, la mejor referencia en la web para el caso— MiCancionero.com

Así las cosas, Fragoso me apunta que el error pudo ser en la mezcla final de la canción. No lo creo. Pienso que simplemente fue un error en la interpretación de Javier. Es decir, si se tuviera constancia de ello en solamente un disco, podriamos pensar que sí, que hubo un error en la mezcla (pues en el otro disco se escucharía sin error alguno). Pero en los dos materiales discográficos se tiene la misma errónea versión. No hubo pues oportunidad de enmendarla. Javier Solís se dejó ir y así nos fue.

Pero vayamos al detalle. El primer error es obvio, pues no es lógico repetir uno mismo un amor dado por otro (cosa diferente a decir por ejemplo, «el amor que me has dado no repitas jamás» o «el amor que te he dado no repita jamás»). El segundo error puede pasar como licencia, digamos, poética, o bien, ¡qué va!, una enmienda a la versión original. Es decir, que de hecho es más lógico pensar en que ahora sí un beso negado se puede dar, y no como reza la versión original. Por el momento tenemos empate: una pifia versus una enmienda. Viene entonces el tercer error… que bien puede ser perdonado y aceptar, ciertamente, que una vez juntos —reunidos— las cosas dichas no se podrán olvidar por, sea pues, compasión. Sí, mejor es no repetir decires en esos íntimos momentos, pero, lo dicho, además puede uno también no olvidarlos. O sea, que, si me permiten, Javier es aprobado: 2 a 1, y no hay fijón.

La letra no es fácil, por supuesto, Grever tramó casi un rompecabezas. Se recuerdan agrios momentos y se anuncian unos melancólicos. No es claro que volver sea precisamente lo más esperado o alegre, simplemente se pide —se ruega— por un solaz. Así, la versión en inglés “What a difference a day makes” (letra de Stanley Adams, el mismo que le puso letra en inglés a “La Cucaracha”) es mucho más clara; si bien no es traducción de la letra original, sí tiene de alguna manera el mismo tema comparativo entre el antes y el ahora, donde el ahora es muy diferente gracias a la presencia de la otra persona. En inglés, pues, no hay drama alguno aunque, eso sí, y sobre todo en la exquisita versión de Dinah Washington, una explicación sensual del estar gratamente acompañados.

Como fuere, Javier, jugueteo del destino, hace una diferencia total. And the difference is… Solís!

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