Déjeme con Solís
septiembre 8, 2010 § Deja un comentario
Es que en el rancho —teníamos un rancho: recuerdo las manzanas y los gusanos de maguey— sonaban todo el día «Sombras» y «Mi viejo San Juan».
~Aurelio Asiain
(en ☛ Twitter ✩)
N.B.
*El rancho estaba cerca de Omitlán, Hidalgo, México.
In memoriam Roberto Cantoral
agosto 8, 2010 § Deja un comentario
No quiero que te vayas
la noche está muy fría
abrígame en tus brazos
hasta que vuelva el día
Hasta aquí llegaron los días de Roberto Cantoral (1935-2010): nos seguirá su trabajo. Sin duda, un compositor clave que supo estar a la altura de las mejores voces de su tiempo, v.gr., José José; hizo con el bolero y la balada una obra vasta para dar y repartir, sus intérpretes tienen mucho que agradecerle y, por supuesto, nosotros el público también. De aquellos sus cancioneros se puede incluir a, sí, Javier Solís.
Cierto, fue sólo una la canción que Javier le grabó, empero, en ella hay un muy buen ejemplo de lo que se persiguió en el bolero ranchero de Solís (y de los que le siguieron). Fue, pues, un regalo a la medida para cada noche (y sus días): “Regálame esta noche” (incluída en Canta, Javier, 1958).
“Regálame esta noche” cumple en voz de Javier el cometido de la inspiración de Cantoral: petición y advertencia. «Regálame esta noche: retrásame la muerte». En ambas partes escuchamos y sentimos que sí, que no quiere que se vaya, que la almohada está impaciente, que puede haber consejos o quizá nada; que si abandona el nido todo será en vano: que la muerte espera. Mañana —muy temprano— es cuando, gracias a la interpretación de Javier, queda claro que en realidad todo ya está perdido, y he ahí entonces la petición, la justa y precisa petición.
Muchos cantantes, demasiados, vuelven a “Regálame esta noche”. Una de las primeras composiciones de Cantoral, Javier la graba en sus inicios de carrera —ciertamente uno puede escuchar el diamante en bruto de su voz, aún con trabajo por delante, mas diamante ya al fin— amén de una del hermano, Antonio Cantoral: “Empate de amor” (más ranchera en su arreglo), y son pues parte de la primera etapa de la carrera profesional de estos gigantes contemporáneos.
Digo que la canción es buen ejemplo de lo Solís, porque el bolero ranchero que Javier perfeccionó tuvo esa línea, esa veta, que Cantoral ayudó a ofrecer a voces como la de Javier: íntimas pinceladas de sombras enmarcadas en la media luz de voz. Lo dicho, Roberto fue partícipe del cancionero javierista y, a su vez, Solís es botón —de nácar— de la muestra cantoral de Roberto. Él tuvo también su carrera como cantante, amén de su etapa con Los Tres Caballeros, y seguramente por ello es que no hay más canciones de su inspiración en la voz de Javier, es decir, durante esos 50s y 60s son ambos competencia, y no es sino hasta los 70s que Roberto es ya más compositor que cantautor.
“El Triste” es sin duda mítica (y mi favorita) del cancionero Cantoral, compárese con “Regálame esta noche” y encontraremos una bienvenida relación: esta es el preludio de aquella. Es decir, la que nos ocupa es, ojo, anuncio de lo que vendrá. Todavía más, si pensamos en Solís y José José como los cantantes idóneos para este par de joyas, entonces la relación es por demás clara. Estamos, pues, ante una oferta que Cantoral supo (¿queriendo o no?) atinadamente colgar.
Vaya regalos, don Roberto, que nos retrasan la muerte. Gracias.
Tres palabras
junio 26, 2010 § Deja un comentario
Cómo me gustas
“Tres palabras” (1946) de Osvaldo Farrés (1903-1985), compositor por cierto del “Quizás, quizás, quizas”, se incluye en aquel mítico Javier Solís en Nueva York y en la producción de Los Patricios, Exitos con Trío. Según el anecdotario fue Chela Campos quien le instó a componer esta canción, «ay, maestro, no se me haga el difícil que con tres palabras se hace una canción». El resto helo ahí, muy bien arreglado y, ¡qué va!, encantado.
Aquí, gracias a la tecnología y a Los Patricios, con trío (i.e., misma voz):
La vigencia de Solís en Argentina
junio 25, 2010 § 1 comentario
Además del trío Los Patricios, Argentina nos ofrece —aún más— una razón para, con un pie en ella, poder escuchar a Javier. Es decir, que si Vd., selecto lector, piensa que Solís al Sur de nuestra América se acota a no más que, digamos, el Perú, estará en un craso error. Cuantimás si ello, amén de geografías, lo limita a tiempos. O sea, no ha lugar: Solís está más vigente que nunca y para muestra basta un reciente botón: la película Carancho (Pablo Trapero, 2010).
En una escena entre Ricardo Darín y Martina Gusman se puede escuchar «Nuestro Juramento» (de Benito de Jesús, incluída en el cedé Vida de Bohemio) en voz de Solís. Una sorpresa por demás agradable y bienvenida. Ver a Darín, actor hecho y derecho, a cuadro y escuchar a Solís es de esos placeres como pocos. Inesperado, sin duda, pero una vez que Darín y Gusman están ahí bailando (!) al ritmo del juramento es, permítaseme la expresión, cosa loca.
De principio a fin se nos deja escuchar a Javier y, de igual forma, la «consumación» del romance entre Sosa (Darín) y Luján (Gusman). Lo dicho: cosa loca. Darín es un actor que no le pide nada a nadie, verle juguetear al ritmo de Solís es, insisto, una estampa acaso irrepetible y no queda más que, al menos aquí en la SOLISMANÍA, subrayarlo. Sea pues, gracias a la magia de youtube, esto es de lo que hablo:
Es solo un previo (trailer) de la peli que incluye la escena referida, pero con, ¡qué va!, el juramento todo él de fondo.
En corto, si Vd. no sabe de Darín y su cine, ahora es cuando: por donde se le vea, y escuche, hay ganancia. Si no sabe de Solís… siempre y dondequiera hay tiempo.
Me soñé muerto
junio 16, 2010 § 2 comentarios
Incluída en el cedé Mi pecado, esta canción es parte del minúsculo grupo de composiciones de Armando Manzanero que Solís grabó. El resto son «Muchacha bonita», «Qué bueno que te vas» y «Que no te cuenten». La que nos ocupa le fue encargada expresamente al compositor para el repertorio javierista. Las cuatro son parte de aquél sencillo de 45 rpm: Armando Manzanero con Javier Solís, [EPC-797], con los mariachis Zapopan y Vargas, producido por Felipe Valdés Leal, arreglos y dirección de Fernando Z. Maldonado y Rafael Carrión.
Después de una introducción a base de sonoras (acaso fúnebres) trompetas, Solís abre de inmediato con tan lapidaria frase y describe, a partir de la exposición del cadáver, el después de la muerte. Interesante la breve figura que Manzanero nos regala en estos primeros versos, esto es, soñarse muerto y seguir soñándolo. Después de ello la letra prosigue con un recordatorio y advertencia que si bien guardan relación con el tema principal, de alguna manera lo quiebra y, de hecho, no ayudan del todo a redondear la canción (nótese que es en esta parte donde hay de por medio la inexperiencia). En la parte final de nueva cuenta escuchamos un me soñé muerto… (seguido de un certero … y desde entonces vivo) que, a saber por qué, termina cediendo su protagonismo a una pueril sentencia, «que lo que no miras muy pronto lo olvidas».
El título daba sin duda para más, sin embargo, lo que escuchamos —al fin Javier— cumple cabalmente con la intención del compositor, a saber: no hacer reclamo alguno, más bien, confidencia de, al mismo tiempo, un sueño y una premonición. O sea, que con todo y esos pequeños detalles de la inspiración de un todavía joven compositor Manzanero (un par de años más y entonces sí el botón florecería), Javier conduce con soltura para dejarnos así un mapa sobrio y muy a su altura.
Javier Solís: La Entrevista
junio 14, 2010 § 2 comentarios
¿Cuál es su nombre?
¿Cómo es Javier?
¿Tiene algún grito o marca que lo distinga?
¿Qué nos puede decir de su éxito «El Loco»?
¿Hasta dónde ha llegado Javier?
¿Cuáles son sus canciones favoritas?
¿Cuál fue su primera grabación?
¿Y su primer éxito?
¿Qué es el amor para Solís?
¿Por qué el bolero-ranchero?
¿Cómo empezó Javier a ganarse la vida?
¿Qué nos puede decir de Javier Solís en Nueva York?
Háblenos de su carrera en el cine:
¿Solís ha fracasado?
¿Qué nos puede decir de grabar y de cantar en vivo?
Epílogo: «Javier Solís: una voz inmortal»
La importancia de cantar a Julia
junio 9, 2010 § 2 comentarios
Lo siguiente es historia conocida entre los javieristas, y referida en la última página del tomo II de La vida de Javier Solís (Ed. Clío 1995) de José Felipe Coria.
Dice así.
Para poner a prueba su estilo, decidió grabar todos los valses que Pedro había hecho famosos. Quería darle un giro especial a cada uno de ellos, en especial a «Julia», melodía que era un alarde insuperable de perfecciones en la voz de Pedro.
Cuando se grabó «Julia» [fechado ello en 1959] no resultó a la primera, como ya era costumbre en Javier. Se fijó dónde había fallado y en la segunda toma se esmeró en cantarla mejor. [Rafael] Carrión lo reconoció enseguida. Desde el micrófono de la cabina, en lo que escuchaba la toma, le dijo a Javier:
—Le acabas de dar en la torre a mi compadre.
Al salir de los estudios, Javier sentía que, al fin, le había ganado a Pedro en su terreno, y sí, Pedro era el ídolo de México y lo sería siempre, pero lo había destronado como cantante.
Aquí pues “Julia”, de Francisco Moure Holguín, con mariachi:
¡Qué va!
Modisto de canciones
abril 22, 2010 § 3 comentarios
Siempre será poco lo que se pueda hablar de Álvaro Carrillo Alarcón (1919-1969). Sencillamente es un monstruo de compositor. Un ingeniero agrónomo que con precisión supo labrar esa tierra fértil de la trova, dejando una cosecha irrepetible de boleros y otros estilos musicales. Su hasta ahora mejor intérprete es, grosso modo, Pepe Jara, quien, por cierto, transcribe (en sus memorias El Andariego) la respuesta de Carrillo a la pregunta (de Paco Malgesto), ¿cómo hace sus canciones?:
«Yo hago mis canciones como muñecas: desnudas. Y luego son los intérpretes quienes me las visten. Algunos de seda, de lino, de terciopelo y, otros, de manta pero muy bien cortada [aquí señala a Jara]».
Más razón no puede llevar don Álvaro. Ahora bien, para tales muñecas hay tanto sastres como modistos y de estos los hay, como en todo, de calibres varios. Javier es un modisto, uno que sólo tuvo cinco ocasiones para vestir las creaciones del oaxaqueño, a saber [en orden de composición]: «Amor mío» [1956], «Sabrá Dios» [1957], «Luz de luna» [1959], «Sabor a mí [1959] y «Se te olvida» [1965].
Un sencillo y selecto grupo de supermodelos que Javier, a cada una, les brindó su alta costura. Los zurcidos y cortes, amén de a la medida perfecta, resultaron de envidiable manufactura. Señor de sombras, luces y pasarelas, dotó a las muñecas —de porcelana acaso— de un ropaje exclusivo, no de marca sino de diseñador, es decir, de los que sólo en los grandes desfiles se consiguen admirar y que el resto (de modistos, sastres, imitadores, etc.) se ocuparán de, al fin México, maquilar.
La tela de Javier era una que en sus primeros años (i.e., cuando sonaba a Infante) perfeccionó a base de mucho estira y afloja. De ello uno da cuenta al escuchar y comparar entre sí a este quinteto de muñecas. «Sabrá Dios» —donde remates de estrofas y acompañamiento de orquesta recuerdan mucho a Pedro— es la primera que Solís viste. Después, ya con mariachi, le mete más hombro y cuerpo, y «Amor mío» (la consentida de Carrillo) se beneficia en mayor medida de la voz que estaba a punto de terminar de templar. Así, «Sabor a mí» y «Se te olvida» son ya un par de, tal cual, creaciones javieristas.
Solís finaliza con —mi favorita— «Luz de luna» (que no un bolero, más bien un bambuco, y aquí la versión del compositor), incluída en un muy cuidado Y todavía te quiero (1966). Esta es la última oportunidad de Javier de vestir a una de las Carrillo. Solís aprovecha al máximo y corona esa su particular y reducida colección de gemas del entrañable Negro.
No conforme con lograr su mejor interpretación de Carrillo, Javier dejó un vestido incomparable por donde se le mire. Es más, no es sino a dos voces (i.e., con dos tipos de telas) que sus contemporáneos (y competencia), Miguel Acéves Mejía y Marco Antonio Muñiz, apenas y logran una versión más o menos a la altura (ello sin tomar en cuenta el yerro de sustituir los atinados garfios por unos rupestres lazos, que Miguel repite en solitario) de la de Javier.
Atahualpa le canta a Javier: un corrido
abril 19, 2010 § 5 comentarios
Sí que lo es, el de la voz e inspiración es Atahualpa Yupanqui, nuestro gaucho cantor.
Esta es la letra del «Corrido a Javier Solís»:
Corrido a Javier Solís
(Atahualpa Yupanqui/Sebastián Britos)Amigos, canten muy quedo
que sólo se escuche aquí
porque asegún me dijeron
se ha muerto Javier Solís.Un corazón mexicano
templado como un violín,
amigo pa’ los amigos
tal era Javier SolísMujeres, muchas lo amaron,
según dicen por ahí
pero yo sé que una sola
lo ganó a Javier Solís.Un día será leyenda
si el pueblo lo quiere así
y en las guitarras del pueblo
volverá Javier SolísAmigos, canten muy quedo
que sólo se escuche aquí
porque asegún me dijeron
se ha muerto Javier Solís
Desde la llanura sureña se engendra este sencillo y sentido canto. Así como cantó a Neruda (Pablo nuestro que estás en tu Chile…), también Atahualpa lo hizo con Javier. Por si quedara duda del alcance de su voz, es ahí en la pampa donde uno de sus mayores cancioneros —acaso el más grande— le dedica coplas y el rasgado de su guitarra.
Poco o nada logro saber de la historia/circunstancias de este corrido. Sé de él a través de Heber Galicia (miembro del ClubYahoo JS). En la Fundación Atahualpa Yupanqui tan sólo se encuentra en el listado de canciones y más nada. Se consigue en uno de los cedés de la colección Magia de Atahualpa Yupanqui donde, por cierto, se le registra en el periodo 1974-1977, en particular el 10/09/76, así que, suponiendo que esa es la fecha de grabación del corrido, resultaría todavía más interesante el poder saber del porqué o cómo de la composición. Lo único que se me ocurre es que a diez años de la muerte del cantante, fue de esa manera en que Atahualpa le recordara. Le cantara.
Canten muy quedo, pide Atahualpa, cual confidencia hecha canto, así era como gustaba de llevar su arte. Cantante pa’ cancioneros, tal era él. Ambos leyenda: el pueblo lo quiere así.
Addendum
De los comentarios de esta nota rescato el de Marcos Britos, quien señala (desde Neuquén en la Patagonia argentina) que cuando el tío Sebastián Britos regresó de México, «tocó y cantó en su guitarra esta canción en mi casa como un homenaje personal e íntimo a Javier Solís».
Aunque sea malas nuevas
febrero 17, 2010 § 1 comentario
Un bolero con mucha carne en su interior. Guillermo Castillo Bustamante lo parió entre rejas y sólo acercándose a su historia y la de su patria Venezuela, puede uno comprender la verdadera intimidad de “Escríbeme”. Aparte están las primeras interpretaciones por su paisano Alfredo Sadel y el chileno Lucho Gatica, donde aquél sigue ostentando la mejor versión, sin duda al haber tenido, literalmente, de primera mano la referencia con el compositor (amén por supuesto de su excelsa e inolvidable voz).
Solís quiso también imprimir su sello. Escribir con su cuerdas y cantar así en memoria del doloroso e injusto peregrinar de encierros de Castillo Bustamante. Acompañado del mariachi Perla de Occidente graba entonces su versión, una que aun con borrones obtiene la esperada y agradecida belleza que sólo Javier sabía dar.
Digo con borrones porque “Escríbeme” en la voz de Solís tiene una desafortunada imperfección. Escuchando la versión editada tanto en el disco Canta Javier (1958) como en el cedé de Las Inéditas de Javier Solís (2005), reparo en que Javier, ya en el cierre de la canción, entra a destiempo. Así tal cual, pasados los 3 minutos y a punto del desenlace, después de «su lectura me conmueve» escuchamos un muy indeciso «aunque sea». Un lapsus que a saber si en alguna otra grabación se evitó. Aquí la canción:
Pero un intento, colegas, ya deseado por aquellos que quieran (o hayan querido) echarse al hombro este pedazo de canción. Pues si con sus “Tres Lindas Cubanas” el venezolano dio rienda suelta a su alegría (en particular) en las notas para el piano, “Escríbeme” exige hacerse de tristeza, sufrimiento y melancolía y, una vez con todo ello, dar salida de principio a fin a notas nada fáciles para la voz—ésta se lleva todo el bolero en sí, dejando a la música como mero acompañamiento. Castillo Bustamante lo dejó todo al texto. Ése que más que escribir ansiaba leer.
Así, al canto se le encarga la súplica, algo que Javier sabía —mejor que nadie— conceder. Lograr pues que “Escríbeme” tuviera su merecido bolero ranchero estuvo a punto de consolidarse con Javier. Insisto, el error está ahí y, lo dicho, ojalá existiera alguna otra versión sin tal detalle. Con Aída Cuevas se tiene, hay que decirlo, una muy respetable interpretación a la altura de lo mejor del bolero ranchero; pero con Solís ese borrón nos cuesta y nos puede.
Con todo, como lo expresara acaso el propio don Guillermo (y que sirva esta nota toda como humilde reconocimiento), aunque sea así se seguirá escuchando sin reparo a Javier. Aunque sea malas nuevas, Solís seguirá cantándonos la buena nueva. Nuestra mejor.
Por aquí nos vemos y leemos, ¡qué va!

