Inspiración de vivos y muertos

enero 11, 2018 § Deja un comentario

Ernesto de la Cruz es algo más que Pedro Infante, así lo aclara la misma Disney:

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Y hete ahí a nuestro Solís:

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Ya el mismo Marco Antonio Solís, quien prestó su voz al personaje en cuestión, lo aclaraba en algunas entrevistas; la audiencia, por su parte, de alguna manera lo intuía. ¿Qué de Javier tendrá Ernesto? La fama de la voz, quizá, pues la pinta, quién lo niega, es toda la parroquia de Infante; la voz en sí, un guiño más bien a Negrete; pero la fama, según Miguel, el niño de la película, pareciera que apunta a las razones de aquella de Javier: ser el mejor cantante.

Todavía más, ahora recuerdo, hay un momento de la película en que De la Cruz presenta a Miguel ante dos peculiares personajes: Negrete e Infante: ¿suple De la Cruz a Solís en ese particular encuentro? Es probable, sobre todo con esa aclaración de Disney como respaldo… U homenaje, tendríamos que decir, porque vaya que lo es, y más si miramos, y oímos, los que suelen hacerse desde suelo mexicano. Sobre esto último, la comparación es inevitable; tomemos como ejemplo, incluso, los más recientes cedés que la casa disquera de Infante sacó al mercado en el 2017 por los cien años del natalicio de Pedro: de una manufactura ínfima y lamentable. Con Javier tampoco hay para dónde hacerse, la mediocridad (entendida esta como falta de imaginación e ideas) de los últimos homenajes es de subrayar.

De unos meses para acá toma fuerza ya no sólo el regreso de los vinilos (o elepes), sino también la transmisión del sonido de alta definición por plataformas de música en línea: he ahí una gran oportunidad para sacar a relucir a Javier. Quién no querrá pagar por una merecida y cabal remasterización de sus grabaciones. Los Beatles y su Sgt. Pepper, por ejemplo, la están rompiendo con la edición de aniversario: Javier no les pediría nada con sus, ojo ahí, valses con banda o, qué va, Javier Solís en Nueva York, grabaciones que, sabemos los javiersolistas, guardan en buena medida la probada calidad javiersolista.

Pero volvamos a Coco, una muestra más de hasta dónde se nos ha metido el gran Javier. Recuérdenlo.~

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Una noche como esta de aquellas

febrero 16, 2014 § 3 comentarios

Una decena y pilón es lo que Solís se echó a la bolsa en cuanto a covers se refiere. Once versiones de canciones en lengua extranjera cantadas (por primera vez) en español y, la mayoría, con el acompañamiento del mariachi. Además del italiano, las canciones originales fueron en francés (“Et maintenant” y “Plus je t’entends”), portugués (“Ninguém me ama”) e inglés (“Maria” y “Night and Day”). Acaso por su ‘familiaridad’, el italiano es lo que más cantó Solís en español; en este espacio hemos hablado ya de “Il mondo”, “Al di la” y “Dio, como ti amo”, restan “Ogni volta” y “Ho capito che ti amo”: hoy toca el turno de “Una notte così”.

Gracias a la comunicación de un atento lector, Miguel Duarte, es que llego a este tema que, me cuenta, “tiene un tono como de Disney” y “nunca lo ponen en ningún lado”. Lleva razón. Con un intermedio de trompetas, Solís suelta hasta su ¡qué va!, y sin duda la pasa tremendo en una noche como ésas. Seguramente hasta mejor que la “novia de México” Angélica María, quien después de Solís también grabara “Una noche así” y la hiciera popular en México. Porque lo cierto es que con Solís no lo fue. Es más, según los registros, todo indica que estuvo enlatada y no fue sino hasta cinco años después de su grabación que salió al mercado junto con otras diez canciones (en un disco raro donde los haya, pero sin duda de conocedores: ahí hay desde el alegre “Gocemos nuestra vida” hasta el rasgueo de “Voy”, pasando por un casi recitado “El adiós del soldado”, la versión con mariachi de “Infieno y Gloria” y una puntual “¡Ay, cariño!”; y por suerte disponible en digital).

Los autores de “Una noche así” son italianos: Bruno Canfora y Dino Verde; la intérprete original, algo más, es decir, italo-norteamericana: Connie Francis. “Una notte così” se grabó en 1964 y al poco tiempo ya estaba en boca de Solís con la versión en español de Luis Fernando (?) Marval. La ‘cubierta’, sin embargo, resultó mucho muy diferente a aquella que se popularizara con la joven Angélica María, que, al oírla, guarda sólo la distancia del idioma y es en sí una copia de la hecha por Francis. El de Tacubaya se ayudó del mariachi para más bien recubrir (y descubrir) la sorpresa de una noche así.

Las pausas y silabeo describen la particular noche. U-na-no-che-a-sí, subraya Solís, y con ello sin duda logra otra noche: no una italiana en español, sino, solísmente, una de aquellas. ¡Qué va! Esta es la letra:

Una noche así (Canfora, Verde, Marval)
Una noche así,
una noche como ésta,
no he visto yo jamás, jamás,
una noche así.
Una noche así,
una noche como ésta,
no debe terminar jamás,
una noche así.
En la quieta oscuridad
se escucha sin cesar
de besos el rumor;
siento que el cielo es mío,
tan sólo mío,
y allí estás tú, mi amor.
Una noche así,
una noche como ésta,
ya no podré olvidar jamás,
una noche así.

Única resulta esta velada. Insisto, tanto el arreglo como la interpretación son algo más que la versión en español de una canción italiana. (Y ni hablar de la otra versión de Angélica María donde además de la repetición del arreglo hay un gazapo: «se escuchan sin cesar de besos el rumor».) Solís escucha atinadamente el rumor de besos y aun la letra en español no aclare, como la italiana, que “allí estás tú conmigo”, no hay duda de que el canto se da entre gratísima compañía.

Solís dijo que quiso darle al mariachi una elegancia con el bolero. Hizo bien… y más: dio también al bolero la elegancia de su mariachi. Con Javier Solís el bolero se despertó y se encontró en su cama convertido en una excepcional criatura. Unos lo llamaron bolero ranchero; otros, bolero con mariachi; e incluso algunos, bolero arrancherado. Dijeron también que nació con un “Amorcito corazón”. Como sea, cada mañana kafkiana era javiersolista para el bolero. Y para una que otra canción pop: “Una noche así” es (otra) muestra de estos despertares de aquellos.

Vuelvo a la sugerencia del caro lector Duarte: se la agradezco y la cierro con una estampa de Disney, con una postal de Disneyland. No mía, sino del payaso triste. Una postal fechada en noviembre de 1965 que Solís enviara a la señorita Fabiola Siria, su “chaparrita de oro”, su pequeña hija de seis años.

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Tomada del Twitter de Renata Chapa y cedida por la nieta de Solís, Avril Siria.

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