El Gualas y el Coque

julio 14, 2009 § Deja un comentario

Ya les digo, selectos lectores, no es fácil esto de estar al pendiente de lo que se hace con, para y/o por la voz de Javier. Esta vez el turno lo tomaron dos viejos conocidos del espectáculo mexicano: Gualberto Castro y Jorge Muñiz. El primero resulta ser primo de Gabriel Siria Levario y el segundo hijo de Marco Antonio Muñiz. Al primero se le conoce por el Gualas y al segundo por el Coque. Aquél es un conocido cantante que como tal ha llevado su carrera artística, amén de sus participaciones como conductor y comediante de TV; el otro es más bien conocido como comediante, imitador y conductor de la TV, y de vez en vez le da por cantar… como ahora en este su más reciente trabajo discográfico: «Serenata Vol.2 Desvelo de Amor».

Resulta que después del, dicen, éxito de «Serenata Vol.1» (así, sin subtítulo), Coque repitió la fórmula (del éxito, naturalmente) y ahora hace dueto con, entre otros, Gualas para entregar su versión de tres clásicos del repertorio javierista, a saber: Sombras, Llorarás, llorarás y Entrega total. Es pues el dueto Gualas-Coque quien da cabida a Solís en este mentado desvelo de amor.

Pues bien, mejor hubiera sido que siguieran dormidos y que, una de dos, prescindieran de la voz de Coque y dejaran (un solito, un solito) al Gualas lidiar con semejantes clásicos, o bien, escogieran otros temas más sencillos para la pobre voz del anfitrión. Querer emular a Solís en aquella su media voz es simplemente tirarse al abismo, cuantimás si, por si fuera poco el pecado, se quieren hacer los mismos cambios que en Javier eran más bien suaves e imperceptibles transiciones. La penitencia resultó de cinco minutos. El Coque no da en ningún momento el ancho y ni con la participación del Gualas se logra un popurrí de aceptables condiciones. Qué diferencia a aquél, por ejemplo, del ínclito Pirulí. Entre Gualas y el Coque no hay comunión alguna, ya no se diga con Solís: ni siquiera entre ellos (incluso parece que el audio de las voces de cada uno se mezcló sin más arte que la tecnología disponible). Luego, de los arreglos musicales, a lo más podemos decir que están a la altura… de un dueto de aficionados, es decir, que suenan a karaoke. Si alguno de ustedes, sufrientes lectores, encuentra algún detalle que aplaudir, adelante, soy todo oídos. (Había, dicho sea, un video de una presentación en vivo, donde sólo cantan Sombras y Entrega total, además de una sesuda justificación para la inclusión del popurrí, i.e., que Gualas es primo de Javier.)

Como fuere, no queda sino seguir a la espera de algún recuerdo, homenaje, celebración, etc., a la altura de Solís. Ya les digo, no es fácil, pues en la tarea uno se lleva estos desencuentros. Próximamente, aviso, un recuento de aquella producción que demostró que Javier sigue vigente… y que el mal gusto del negocio musical, también.

Por aquí nos vemos y leemos. ¡Qué va!

Cómo han pasado los años…

mayo 20, 2009 § Deja un comentario

Hace diez que tuve el honor de recibirle, conocerle, escucharle y, por si fuera poco, cantar con él y su mariachi. Cómo han pasado los años. Recién el pasado 10 de enero se cumplieron siete años de su repentino fallecimiento. Cómo pasan los años. Hoy, a saber por qué, le recuerdo a través de una particular canción: «Cómo han pasado los años». Cómo pasan, Cutberto.

Cierto, Cutberto Pérez no es el compositor pero, ya lo verán, logró junto con su Mariachi 2000 una espléndida y original versión de este tema ya clásico de los compositores Rafael Ferro y Ramón R. de Sirio. Para ello, les cuento, tuvo de cómplices al dueto Carlos Cuevas y, mujerón total, Aída Cuevas

Así, en aquél concierto del ’97 en el Auditorio Nacional de la Ciudad de México, la trompeta de Cutberto (una que, al fin músico y artista cabal, supo hacerse, en mero Nueva Orleans y Nueva York, de acertadas y bienvenidas bases jazzísticas) hizo la diferencia junto con la atinadísima intervención de Aída. Es decir, que si el público esperaba una interpretación más de aquél bolero en la voz de Carlos (y, si me permiten decir, seguramente así extrañar o de inmediato pensar en la versión de Rocío Durcal), grata sorpresa resultó escuchar semejante entrada del mariachi y, segundos después, la voz única de Aída. Redondeo total. Todo en su lugar. El bolero pasó a ser uno de la talla que acaso nuestro Solís hubiera sin duda interpretado tan así de bien arreglado, o sea, un perfecto bolero ranchero. Aquí de lo que hablo:

Díganme si no merece el paréntesis. Y sí, el énfasis de la nota recae en Cutberto, pues creo que su intervención marcó la pauta para lograr así una versión única y acaso irrepetible. ¿La mejor? Hasta ahora sí, sin duda alguna. Mariachi y voces, música y canto, combinados cual anillo al dedo. Así de bien. ¡Qué va!

Brindis
Por Cutberto Pérez (1946-2002) y su legado

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D.R. Mariachi2000CutbertoPerez.com

NB. Por si las dudas, y para que quede claro, Cutberto pudo desde Bach hasta los Beatles… cual vuelo de abejorro.

Tres para un 43 (entrega última de tres)

abril 19, 2009 § 2 comentarios

Llegamos al final de este recorrido. Hoy hace 43 años Javier Solís cesó de cantar de viva voz, dejando entonces toda una herencia musical que no para de dar frutos varios. Uno de ellos fue, en concreto, la producción que ahora proponemos como una tercer manera de conmemorar este aniversario luctuoso. Cierra esta serie el llamado «lujo de México», Marco Antonio Muñíz (Jalisco, México, 1933) y aquella su producción, a sus 60 años, Un marco para dos Ídolos: Pedro Infante y Javier Solís (1993).

Aquí, acotemos de inmediato, no hay falla alguna en dirección o arreglos musicales: Ruben Fuentes y Pedro Rivera Toledo llevan las riendas con garantía y el respaldo de su trayectoria profesional, logrando así un impecable trabajo. Marco Antonio se desenvuelve entonces en sus terrenos y a sus anchas, sin mariachi de por medio y con una orquesta que le sigue y acompaña sin pero alguno. El piano, valga decir, es simplemente delicioso a lo largo de todo el disco. O sea, que así seas una leyenda viva, reinterpretar a ese par de monstruos de la música requiere, ya puestos a jugar con las palabras, un marco digno para el marco de esos nuestro queridos ídolos (cuantimás si se les quiere recordar a la par).

Ahora bien, antes de seguir, y tomando ese asunto del recuerdo conjunto, me aprovecho de aquello que dije anteriormente (cuando anuncié la búsqueda de este material en julio 2007): «se puede pensar inclusive que tal disco-homenaje incluyó a Pedro para, como se dice, destantear y no hacer tan obvio el merecido tributo a Javier y así saldar deudas pendientes, pues Solís, sus interpretaciones, quedan más cerca del estilo musical de Marco, y no así las canciones de Pedro». Como fuere, Marco Antonio es si no un ídolo, sí una leyenda del romanticismo musical y la bohemia; se guste o no de su estilo, su voz tiene un lugar único y por ello ha podido navegar en varias aguas, por bastante tiempo, aplaudido y querido por la gente, tanto en su tierra natal como allende las fronteras. También, debe reconocerse, en sus trabajos hay siempre un esmero por ofrecer arreglos musicales de valiosa manufactura: este disco, lo dicho, no es la excepción. No obstante, se tiene que reconocer, Muñíz en tales fechas de grabación está ya en el otoño de su carrera y ello es factor de peso en las interpretaciones de los clásicos contenidos en este material referido. Entremos ya en materia.

Seis temas (de 15) son los que le tocan a Javier —es decir, que Infante, al menos en número, se impone con un tema más (no, avezados lectores, no es que me fallen las cuentas, resulta que dos canciones ni Pedro ni Javier las cantaron en su momento: Enamorado perdido y el pasillo ecuatoriano Sombras de Rosario Sansores Pren y CarlosBrito Benavides)— en este, según la contraportada del disco, «recuerdo»: Sombras (exacto, las de Contursi y Lomuto), Cenizas, La corriente, Llorarás, Esclavo y amo y Ojitos traidores. Aquí valga un paréntesis para recordarles, selectos lectores, que Muñíz cantó en su momento con Javier Solís, al menos en algunos mano a mano y, en particular, en esa película El Pecador (1964) en una escena donde interpretan, sin hacer dueto, Poco a poco (de José Alfredo), cada uno con su particular acompañamiento (ya les digo, sin hacer precisamente un dueto).

Con un inesperado pero intuitivo popurrí de Sombras, Marco Antonio inicia su recuerdo de Solís; peca de estilo y, como decimos en México, le termina echando mucha crema a sus tacos y no resuelve bien aquella primera incursión. Es decir, que toma más bien el perfil tanguero (el original de la canción, sí, pero no por ello mejor ni mucho menos el deseado en este disco) de las Sombras «javieristas» y uno termina por aplaudir y pedir más de aquellas Sombras «ecuatorianas». Viene entonces otro popurrí, correspondiente ahora a Pedro, y se llega a una cadenciosa y bien llevada Cenizas. Fuera de una faltante dosis de mayor sentimiento, con ella no hay inconvenientes. Otro popurrí más para Pedro y ahora, a la mitad del disco, navega uno ya en La corriente. Una vez más el arreglo musical corresponde del todo al espíritu Solís; poco a poco esa corriente nos arrastra pero sin ahogarnos, al contrario, gozamos del aire de la voz cantante y de unos muy bienvenidos coros. Estos también se escuchan en la subsecuente Llorarás, sin embargo, aquí no tienen adecuado lugar y contribuyen así a una versión sin los requeridos acentos y matices (evidentes sobre todo en ese aburrido final). Más coros (ya de estilo orquesta-para-toda-ocasión) en la siguiente canción, y entonces los metales soplan para recibir un Esclavo y amo que, a saber por qué, es llevado, literalmente, cual toro en plaza. Es decir, que a menos que se tome como introducción para la parte final correspondiente a Javier, i.e., Ojitos traidores, no me queda claro el por qué Marco Antonio pretende cobijar a ese emblemático Esclavo y amo con un, digamos, capote taurino españolado. No ha lugar. Cerramos entonces con una versión de Ojitos traidores que, esa sí, guarda gitana distancia con la de Solís aunque finalmente no logra realmente sonar genuinamente a Marco Antonio: se queda a la mitad. Muñíz no alcanza a empatar la festividad de la música y su voz resulta opacada (bien le viene así ese descanso y broche final del suave Nocturnal); la serrana se le escapa.

En síntesis, Muñíz dejó pasar valiosos años para ponerle un mejor marco a Infante y Solís; eso sí, aquél sale mejor librado que éste. Afortunados los admiradores de Pedro pues de ellos es la mejor parte de este homenaje: los seguidores de Javier nos quedamos con las ganas de escuchar a ese Marco Antonio que, precisamente con genuino esfuerzo y total entrega, abría aquella arriba mencionada escena de película, sentado al piano, con una voz totalmente en comunión con Solís pero sin perder su propio estilo (y armonía con el piano). Éso es lo que se extraña aquí en este disco… y en otros que buscan recordar a Javier sin verdaderamente conocerle. Marco Antonio, se sabe, conoció muy bien el trabajo de Solís: le faltó entonces un mejor reconocimiento.

Sea pues, esto fue nuestra manera de conmemorar a Javier. Sí, con voces de tres artistas que intentaron cantar aquello que por Solís tan especialmente se escuchó. No lo hicieron mal, qué va, ejemplos hay donde apenas y logran, literalmente, dar la nota (por cierto, el señor Montero ya amenazó con otro disco basado en temas del repertorio de Javier), pero tampoco nos ofrecieron, como se esperaba dada la trayectoria de cada uno, cabales y redondas reinterpretaciones (adaptaciones) hechas con sus particulares voces y estilo. De una escala del 1 al 10 los tres discos promedian un generoso 8 (ayudados sobre todo y más bien por esos arreglos musicales de este último disco). Se puede decir justamente que estamos siendo muy exigentes, pero no es para menos: año tras año a Javier se le extraña más y lo mínimo que se puede hacer para compensar ello es tener, además de su música, producciones que, utilizando aquella, respeten no sólo al artista sino también al público. Eso es finalmente la buena música. Eso finalmente hizo y nos dejó Javier. Eso, en un día como hoy, es exigido. Todo ello, en resumen, a 43 años, cual solaz se hace patente.

Javier Solís: ¡Qué va!

Tres para un 43 (entrega segunda)

abril 18, 2009 § Deja un comentario

Continuamos con esta nuestra particular conmemoración del 43 aniversario luctuoso con un segundo disco en el que ahora todo él está inspirado por el recuerdo de Javier. Vamos hacia atrás en el tiempo y llegamos a un particular disco de una intérprete, esto es coincidencia, contemporánea de Amanda y, también como ella (aunque sin adoptar la nacionalidad), con una carrera artística desarrollada principalmente en México. Toca el turno pues a, lo dijo Armando Manzanero, «la mujer que nació para cantar», Manoella Torres (Nueva York, 1954) y su De la tierra… Javier Solís, al cielo (2002).

La carrera artística de Manoella tiene acaso paralelismos con los de Javier: cuidada más bien por su abuela (y no por los padres), echada a andar profesionalmente con la ayuda de uno de Los Panchos (Alfredo Gil), prolífica en sus grabaciones, requerida como actriz y, en su verdadero oficio, intérprete de una pléyade de compositores. Así, con una trayectoria afianzada sobre todo en la segunda mitad de los 70s y primera de los 80s, la mujer que nació para cantar graba este material ya en plena madurez. Ahora bien, con el antecedente de, por un lado, sus grandes y merecidos éxitos con baladas como «Acaríciame» o «A la que vive contigo» y su cabal entendimiento del bolero (desde niña es ya una fanática de los boleros), y, por otro lado, sus grabaciones con mariachi, las expectativas son altas.

Abre entonces sus 14 interpretaciones con un «Esclavo y amo», y así de ese calibre javierista es toda la selección, es decir, Manoella tiró alto; despliega su arsenal pero éste se ve limitado por un acompañamiento musical que, en general, no cumple con la tarea. Son sólo algunos temas donde la voz de Manoella tiene el marco musical adecuado. En este sentido, más hubiera valido prescindir del mariachi y hacerlo todo de un modo, se me ocurre, más bien basado en, por ejemplo, guitarra y piano. Claro, ello quizá hubiera dejado fuera a algunos temas y requerido otros: pero al menos así se hubiera asegurado que el disco quedara a la altura de las circunstancias. Y es que, ya se ve, el repertorio de Solís no es cualquier cosa: tiene su arte. Ahora bien, también debe reconocerse que por momentos es la propia Manoella quien se contiene, faltándole esa fuerza y bravura que, en estos tiempos, otras intérpretes creen tener y lo sacan a la menor provocación (o bien, por pura pretensión y pose). Con todo, la voz de Torres sigue siendo de buen calibre.

Tomemos pues aquellos particulares temas donde efectivamente tierra y cielo parecen ser dos en uno; donde Manoella logra que su particular estilo vaya y venga de la mano de la música y letra, y nosotros, dicho sea, terminamos rendidos a ella como otrora en sus más sensuales años. Es decir, que obviaremos a ese, literalmente, primerizo «Esclavo y amo», un muy plano «Y…», el intento de «Si Dios me quita la vida» (a pesar de los destellos de una guitarra), y un fingido (palmeo incluído) «Adelante». Sobresalen así «En mi viejo San Juan», donde la sentida (y esperada) interpretación de la boricua Manoella fue acaso respaldada por una posible nostalgia (no así por, insisto, el arreglo musical); la sencilla pero suficiente «He sabido que te amaba»; una muy acertada «Me recordarás»; la original «Moliendo café», mi favorita sin duda por sobre todo ese, paradójicamente, acompañamiento musical que, ahora sí, reviste y le da una nueva cara a este clásico javierista-caribeño dotándolo de un perfil lounge; un acertado y a la medida «Échame a mí la culpa» (con todo y su insípido final); la apenas justa «Una limosna»; el «¡Qué va!» rescatado en sus últimos segundos; un «Sombras» donde la voz es protagonista sin duda y el carisma de Torres sobresale claramente; las «Cenizas» y su lograda atmósfera intimista; y, finalmente, el «Se te olvida», que si bien no fue broche de oro, sí uno de bronce.

Entonces, si bien parece ser que diez de 14 es un buen síntoma para una calificación positiva y alentadora, el resultado y balance final no corresponde del todo a la parte cuantitativa. La calidad del disco se restringe a un bronce, es decir, que de hecho esos 10 mejores temas no guardan entre ellos una homogeneidad y hacen extrañar a aquél sonido que Manoella nos supiera regalar en el pasado y, por supuesto, a aquello que Javier cultivó y legó. No hay del todo innovación y frescura. Si, así las cosas, se tuviera a lo largo de todo el disco aquella propuesta musical de «Moliendo café», la carga pasional de «Sombras» y el aire logrado en «Cenizas», entonces sí lo de Manoella hubiera sido un camino recto que no nos motivara a salirnos de él, y estar con ella de principio a fin en este su encuentro con Solís.

Queda pues este disco como una producción a la que le hizo falta una mejor dirección artística. Sin duda alguna Manoella entiende lo que Javier es e implica en el tipo de música que ella interpreta, no debe ser entonces difícil que nos brinde mejores faenas, sin embargo, lo dicho, Solís exige, y hacer ese recorrido de la tierra al cielo es algo que requiere algo más que bonita voz, ganas y buenas intenciones. A un año más del aniversario luctuoso y en espera de, seguramente, todavía más discos recordando a Javier, ojalá que voces, ganas e intenciones, correspondan de mucho mejor manera a lo verdaderamente valioso y esperado: cantar con propia voz y estilo lo que por voz de Javier bellamente surgió. Ni más, ni menos.

Por aquí nos vemos y leemos. Mañana la tercera y última entrega. ¡Qué va!

Tres para un 43 (entrega primera)

abril 17, 2009 § Deja un comentario

A tres días de conmemorar el 43º aniversario de la muerte de Javier Solís, aquí unas líneas sobre tres artistas que se dieron a la tarea de regrabar algunos temas de Javier en sus respectivos discos. Es decir, que al parecer este año habrá un cedé con material, quiero pensar, «especial y original» de Solís; así las cosas, no está de más entonces traer a colación otros materiales discográficos que, así nos han dicho, han rendido homenaje a Javier y su voz. Tomo entonces tres en particular; en esta primera entrega: Amanda Miguel (Argentina, 1956) y su más reciente material Anillo de Compromiso (2008).

Amanda es una cantante ya hecha y derecha, baladista que supo posicionarse, gracias a su estilo y voz, en un lugar especial dentro de la escena musical, sobre todo, mexicana. Sin duda alguna posee una voz que aún mantiene la originalidad que en sus inicios (los 80s) trajo a las baladas (v.gr., Así no te amaré jamás). Resulta pues natural que aquella de Él me mintió tomara algunos clásicos de Solís y los cantara a su manera. Este es el resultado: tres temas incluídos en su más reciente producción. ¿Pudo pues Amanda lograr descargar toda su característica energía y desgarradora voz en tales canciones?

Antes, valga mencionar como antecedente a esta tarea (i.e., interpretar balada ranchera) a su disco Rompecorazones (1992) donde demuestra con temas como La Escalera, literalmente, la buena altura de su voz para ése tan especial género musical. Ahora, con la dirección de Jorge Avendaño, graba lo que ella misma llama su particular homenaje a la patria adoptiva, México. A diferencia de aquel primer material ranchero, esta vez el disco cubre no solo los boleros-rancheros sino también los boleros y algunas baladas, por lo que el mariachi se ve también acompañado de la orquesta. El resultado en general es positivo y ciertamente hay todavía un muy buen estilo y voz de Amanda Miguel.

Pero entonces, decía pues, que en sí son solo tres temas javieristas los que Amanda reinterpreta en este su homenaje a México (nótese pues el lugar que se le da a Javier: es de aplaudirse). Esclavo y amo, Sombras y Si Dios me quita la vida son los temas en cuestión. El primer tema (que es el número tres en el disco), es apenas una merecida introducción a esto que podemos llamar Solís à la Miguel; es decir, que solo en algunas partes Amanda logra imponer su estilo y sonar así a ella misma y no a una, digamos, cantante más de karaoke. La canción le termina quedando grande. Cinco temas más en el disco y llegamos a la mítica Sombras. Podía esperarse que aquí, ya habiendo preparado al oyente con los temas anteriores, Amanda explotara del todo… No lo hace. De nueva cuenta se queda en la media e incluso esta vez el acompañamiento musical ayuda todavía menos pues, ese sí del todo, suena tal cual a karaoke. La dejó ir, pues, la señora Miguel.

Viene la última. Aquí se ayuda en mucho de que fuera precedida por una insulsa (incluso en su título: Algo tonto) adaptación al español de Something stupid (cierto: ¿dónde quedó el homenaje a México?… en fin), esto es, que lo que siguiera a ese dueto con Verdaguer sería por mucho agradecido. Y sí, además de esas razones, Amanda saca adelante Si Dios me quita la vida y logra, ahora sí, dotarla de su ropaje (cabellera incluída). Es aquí donde mejor se puede apreciar, por un lado, la herencia de Javier (i.e., ese toque de elegancia y sensualidad) y, por otro, la voz e interpretación característica de Amanda. Sobre todo en la última parte de la canción, v.gr, «sería tan grande mi celo que en el mismo cielo me vuelvo a morir», donde ese su grande celo nos transporta a aquellos temas ya clásicos de Amanda, i.e., los de su propio repertorio, y es entonces cuando, cabalmente, se le aplaude: entendió la herencia de Javier y la logró hacer propia. En resumen, sin embargo, Amanda Miguel nos queda finalmente debiendo en esas tres interpretaciones. Su energía y voz no son desafortunadamente los protagonistas en estas queridas canciones como en el resto del material donde sí que se puede escuchar mejor lo que Amanda aún sabe hacer.

Así las cosas, queda aquí esta nuestra primer lectura de estas tres propuestas para recordar la ida de Javier, y con ello dar cuenta de la venida de este nuestro tiempo en el que sin él en los escenarios y estudios de grabación, la escena artística sigue de muchas maneras (y con distintas calidades) ligada a lo que Solís cantó, logró y encumbró.

Por aquí nos vemos y leemos. Mañana la segunda entrega. ¡Qué va!

PS. Sí, la joven cantante Ana Victoria es hija de Amanda Miguel y, genética al fin, tiene un estilo de voz sumamente parecido al de su madre, pero ya hecho a los tiempos de ahora. Acaso, valga decir, valdría la pena escucharla cantar algún bolero ranchero.

Dos en Uno

marzo 9, 2009 § Deja un comentario

Me aprovecharé del día para pasar nota de este par: intérprete y popurrí.

[youtube http://youtu.be/lS3xsJzT6WM]

Me aprovecho de este par para celebrar este Día Internacional de la Mujer. Aquella que entre tantas emociones, algunas nos involucran muchos Llorarás, llorarás, un sugerente Esclavo y Amo, la debida Entrega total, festivos Qué va y acaso no pocas Sombras.

Me aprovecho pues del Día y del video para seguir hablando de Solís a través de Víctor Yturbe «El Pirulí» (1936-1987). Uno más que dio cuenta del legado de Javier. Uno de pocos que lo hizo muy a su manera y muy a la altura de las circunstancias. Es decir, un bohemio hecho y derecho. Un cantante que ayudó a seguir ensanchando el bolero tomando en cuenta —respetando— lo hecho por otros. Un enamorado. Helo ahí en su fatídico 1987, a 20 años sin la presencia de Solís, haciendo sonar a su otrora contemporáneo (se llevaban sólo cinco años de edad) de una manera fresca y genuina. Escúchenlo en estudio y en vivo. Garantía en ambos.

«¡Quiero!», apuntaba en sus lúdicas interpretaciones en vivo; «¡Qué va!», cerraba cuando a Solís cantaba, dejando claro para quién también iba ese merecido aplauso final. Honor a quienes honor merecen.

Por aquí nos vemos y leemos. ¡Qué va!

Solís rules!

marzo 2, 2009 § Deja un comentario

Siguiendo con el tema de las reinterpretaciones del legado de Solís, esta vez toca el turno a una muy alternativa y no por ello de menor valía. Y si bien no es homenaje directo (como el recién mencionado de Los Rieleros), es uno que da cuenta del peso de Javier Solís en toda la escena musical. Sin más rodeos, hablo de Salvador y los Leones y su recién editado cedé Amormuerte (2008). En él, la voz de Salvador Moreno (voz principal también del grupo La Castañeda) vuelve a hacer de las suyas y, como él mismo lo dice, con ello rendir su tributo, y dejar una constancia más de su culto, a Javier.

No es la primera vez. Ya antes, en La Castañeda, interpretó El loco —incluída en El Globo Negro [locus niger] (1995)— y, como se mencionó en este espacio en enero 2006, Entrega total, parte del material discográfico Galería acústica (2004). De esos dos registros, me quedo con el primero. Aquí para escuchar en youtube.

Entonces, con los arreglos de Jair Rivas (virtuoso y premiado guitarrista, incluso considerado por algunos como el mejor guitarrista de México, al menos dentro del género rockero, dicho esto sin restarle mérito alguno), integrante y líder de los Leones, se pone en marcha este proyecto con la guía de Salvador. Son pues Salvador y los Leones (completan el cuadro: Rody en la batería, León en el bajo y Víctor en la guitarra segunda). El disco es básicamente una reinterpretación de boleros y rancheras nada menos que de la mano del metal, de guitarras, tal cual, al estilo Eddie Van Halen o Steve Vai (con él ya ha hecho segunda el mentado Jair). Y es aquí donde está la diferencia con las grabaciones arriba mencionadas; esta vez la voz gótica de Salvador encuentra, para el propósito de su cruzada, un marco realmente excepcional y tenemos así un material, sin duda, valioso.

«Bolero gótico» es como se ha bautizado, por el propio Salvador, a este nuevo género. Si me dejan, yo lo llamaré simplemente «Solís reloaded«. Es decir, escuchar ahora ese Cuatro cirios en compañía de ese rasgueo de cuerdas, es realmente cargarse de todo aquello que Javier imprimió en sus interpretaciones. Es hacer explotar los sentidos; Salvador y los Leones lo hacen con esa manera exclusiva del metal (merol, pa’ los cuates): poner la bala extra en la pistola… reload it! Y sí, de las tres canciones del repertorio de Solís incluídas en tal material, me quedo con Cuatro cirios. Me encantó de principio a fin. Le seguirían Cenizas y Sombras. Aquí pues el myspace de la banda donde pueden escuchar parte del material, y acá un canal de youtube donde pueden escuchar todo el disco. Por cierto, ahí en el myspace se puede leer la lista de influencias del grupo: en primerísimo lugar Javier Solís.

Los dejo con una versión en vivo (ocurrida ahí en mi querido y extrañado Xochimilco).

[youtube http://youtu.be/K1Iii0eRheM]

Ya saben, comentarios bienvenidos y necesarios. ¡Qué va!

PS. Aquí una nota en El Universal de mayo 2008 donde se anunciaba el proyecto y algunos pormenores.

¿Pos qué no?

marzo 1, 2009 § 2 comentarios

A 25 años de carrera artística Los Rieleros del Norte no sólo se celebran, sino que también celebran a Javier Solís: Homenaje a Javier Solís (Fonovisa, 2008), tal cual. Y así, cierran su 2008 e inician campantes este 2009.

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Así las cosas, Daniel Esquivel, primera voz, se da vuelo en 12 canciones 12. Todas javieristas y, ojo, no del todo lugares frecuentes en estos menesteres del homenaje y reinterpretación. Esto es, que la selección tiene su chiste, su dificultad. Aquí la lista:

01. Qué va
02. Las rejas no matan
03. Regalo de Reyes
04. Espumas
05. Vete por favor
06. Carabela
07. Cada vez
08. Renunciación
09. Desierto en el alma
10. Con mis propias manos
11. La corriente
12. Esta tristeza mía

Cierto, el disco empieza y cierra con clásicas de clásicas, pero pasa por «Espumas» y, joyita de Javier, «Desierto en el alma». Brevemente, se puede decir que tal homenaje abre no precisamente con las mejores interpretaciones (flojonas, incluso), sin embargo, Los Rieleros rectifican camino con ese «Regalo de Reyes», acaso la mejor lograda, y así finalmente se tiene un producto sólido y recomendable (sobre todo para aquellos amantes del género norteño).

Para los seguidores férreos de Javier este homenaje es de aplaudir. No sólo refresca el legado de Solís, sino que lo aborda de una muy distinta manera. Escuchar como parte de un homenaje reinterpretaciones de «Regalo de Reyes», «Espumas», «Vete por favor» o «Cada vez», es señal de que Javier tiene todo un océano de posibilidades para su disfrute —amén de dejar claro hasta donde llegó (es decir, que ese italianísimo «Ogni volta», se escuche ya, gracias a Solís, a través del acordeón, es de tomarse en cuenta).

Luego, en aspectos geográficos (y no por ello menos importantes), mucho implica que Los Rieleros lleven a cabo este homenaje, pues su radio de acción es sobre todo en los EEUU. Así las cosas, tenemos dos opciones: Javier se escucha por aquellas tierras o se hará escuchar. Ambas opciones son de celebrar. Como fuere, Javier y su voz salen ganando. Y Los Rieleros también, ¡claro que sí!

Aquí un botón de muestra:

¡Échenle, mis rieleros! ¡Qué bárbaros!… ¡Qué va!

La satisfacción de un dueto

febrero 15, 2009 § Deja un comentario

Según crónica dominical del diario Reforma de la ciudad de México, Vicente Fernández además de romper marcas de asistencia en el Zócalo capitalino, recordó de alguna manera a nuestro querido Javier Solís. O sea, avezados lectores, ustedes sabrán ya que aquí la nota es la mención y reconocimiento de Solís.

Así las cosas, según reportes, en la noche del sábado 14, en el centro del Distrito Federal, el nombre de Javier fue mentado. La referencia ciertamente fue aquel material discográfico (Mis Duetos, 2005) de Fernández donde recopiló los distintos duetos que durante su carrera ha tenido, más dos que gracias a la tecnología consiguió tener: con José Alfredo Jiménez y con Javier Solís. Al respecto, el mismo Vicente nos puso al tanto durante su recital:

Yo tengo la satisfacción de haber grabado duetos con grandes artistas durante
mi carrera, pero hay dos duetos que me faltaban, en mi compañía me propusieron
que grabara con José Alfredo y Javier Solís ¿cuál quieren que les cante? (en Reforma, 15/02/09)

Al parecer lo que siguió fue la interpretación de Tu recuerdo y yo (confundida en la nota del Reforma por La que se fue, ambas sí de José Alfredo). Luego, si 219000 personas escucharon también a Javier Solís y Vicente interpretando Mentira, mentira (que es, como lo dice, la satisfacción de Vicente a lado de Javier) no tengo información alguna (se agradecerá por supuesto información al respecto). Lo confirmado es: (1) la aún vigencia de Javier (y José Alfredo, claro está) , de otro modo no se explicaría el interés de la compañía discográfica, (2) su reconocimiento público, y (3) la satisfacción que ofrece su voz.

Por el momento eso nos debe bastar. Es decir, que es una buena señal del estado de las cosas, y acaso del arte. Javier sigue encontrando recovecos en este nuestro espectáculo masivo de hoy día. Solís sigue generando satisfacciones varias. Al margen de las críticas (y récords) es ahí donde Solís sigue manteniendo intacto su legado. Ello es su insuperable marca. ¡Qué va!

Por aquí nos vemos y leemos.

Resultados pendientes

julio 29, 2008 § Deja un comentario

Antes de iniciar una nueva encuesta (se aceptan sugerencias), he aquí los resultados de aquella que hace ya bastante tiempo echamos a andar.

  • Pregunta: ¿Quién ha reinterpretado mejor los clásicos de Javier Solís? (total de votos: 2044)
  • Resultados:

Alejandro Fernández 58%
Pepe Aguilar 27%
Pablo Montero 15%

Lectura:

Los resultados reflejan la popularidad de cada uno de los, digamos, competidores. Los comentarios reflejan el sentir de la gente: nadie como Javier Solís. Ahora bien, la encuesta (y creo que no se entendió del todo) no buscaba comparar a Javier Solís con alguno de estos tres jóvenes cantantes propuestos (dada su mayor popularidad dentro del género bolero ranchero); pretendió, más bien, saber hasta qué punto estos cantantes han podido, eso, reinterpretar aquellas canciones que son ya clásicas en voz de Javier Solís.

Alejandro empezó su carrera no solo con la sombra de su padre sino también a la de los otrora éxitos de Javier Solís. (Pisó los escenarios, pues, con la consigna de ser el nuevo valor del bolero ranchero.) Así, logró con algunos clásicos imprimir su huella (e.g., A pesar de todo) y con otros simplemente los dejó como una muestra más de la variedad de interpretaciones (e.g., Mentira, mentira, que, de hecho, después Vicente se encargaría de regrabar en compañía de, oh, Javier Solís). Ciertamente hoy día ya no es el mismo de hace 15 años, y poco o nada del repertorio de Solís ha reinterpretado, pero por lo que grabó yo lo ubicaría en un segundo lugar.

Y sí, mi primer lugar sería para Pepe. Es él quien mejor ha entendido a Javier y por ello más allá de competir con la grabación original, procura una nueva, una suya, una muy a su manera. En tu pelo le quedó bastante aceptable: la refrescó y logró darle una nueva imagen. Tiene otras, y creo que en cada una se volcó hacia lo que ya él venía haciendo con su repertorio (e.g., Por mujeres como tú) y no cedió ante los impulsos de ocupar lugares. De ahí que, lo dicho, me parece el que mejor ha, literalmente, reinterpretado a Solís.

Finalmente, uno que más que a reinterpretar, se dedica a querer interpretar es Pablo Montero. Y sí, como algunos participantes comentaron, es él quien más busca, con su estilo y voz, parecerse a Javier. Es claro que se queda en el intento. Sus grabaciones son burdas interpretaciones de los clásicos de Javier. Su disco homenaje a Javier fue simplemente una buena recopilación de temas, no de interpretaciones, y ni hablar de reinterpretar: no lo logró y, al paso que va, no creo que lo logre (i.e., esperaré sentado).

En fin. Otros más han grabado los clásicos de Javier: por ejemplo, Luis Miguel y Cristian Castro. Sin embargo no lo han hecho tanto como los tres listados, de ahí que los dejara fuera de las opciones. Insisto, no busco comparar; pero sí encontrar a alguien que en la actualidad haya podido entender las letras y música que hicieron de Javier un ícono de la música. Valga un ejemplo final con la canción El mundo: Javier Solís, primero, logró reinterpretar la versión italiana y nos dejó una versión en español sin comparación alguna; luego, José José hizo la versión suya tan así, que con ella sentó sus bases para éxitos posteriores. Es que, en tales menesteres de la regrabación, de eso se trata precisamente: de reinterpretar.

Por aquí nos vemos y leemos. ¡Qué va!

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