Aunque sea malas nuevas

febrero 17, 2010 § 1 comentario

Un bolero con mucha carne en su interior. Guillermo Castillo Bustamante lo parió entre rejas y sólo acercándose a su historia y la de su patria Venezuela, puede uno comprender la verdadera intimidad de “Escríbeme”. Aparte están las primeras interpretaciones por su paisano Alfredo Sadel y el chileno Lucho Gatica, donde aquél sigue ostentando la mejor versión, sin duda al haber tenido, literalmente, de primera mano la referencia con el compositor (amén por supuesto de su excelsa e inolvidable voz).

Solís quiso también imprimir su sello. Escribir con su cuerdas y cantar así en memoria del doloroso e injusto peregrinar de encierros de Castillo Bustamante. Acompañado del mariachi Perla de Occidente graba entonces su versión, una que aun con borrones obtiene la esperada y agradecida belleza que sólo Javier sabía dar.

Digo con borrones porque “Escríbeme” en la voz de Solís tiene una desafortunada imperfección. Escuchando la versión editada tanto en el disco Canta Javier (1958) como en el cedé de Las Inéditas de Javier Solís (2005), reparo en que Javier, ya en el cierre de la canción, entra a destiempo. Así tal cual, pasados los 3 minutos y a punto del desenlace, después de «su lectura me conmueve» escuchamos un muy indeciso «aunque sea». Un lapsus que a saber si en alguna otra grabación se evitó. Aquí la canción:

Es decir, que si fue esta la única grabación disponible, ya hay entonces material —segundos, apenas— para aquellos que quieran denostar a Solís. Yo me inclino a pensar que el trasfondo es muy básico: por un descuido de los productores se seleccionó esta versión. Dicho ello no como excusa sino como sencilla explicación a algo que suele ocurrir en los estudios de grabación. Solís, se sabe, fue de los cantantes que necesitaba de pocos ensayos para ultimar versiones y rápidamente daba con el cometido de la letra y música. En el caso que nos ocupa nos quedamos seguramente con, eso, un ensayo —intento— de lo que hubiera sido una muy redonda y cabal versión de tan sentido bolero.

Pero un intento, colegas, ya deseado por aquellos que quieran (o hayan querido) echarse al hombro este pedazo de canción. Pues si con sus “Tres Lindas Cubanas” el venezolano dio rienda suelta a su alegría (en particular) en las notas para el piano, “Escríbeme” exige hacerse de tristeza, sufrimiento y melancolía y, una vez con todo ello, dar salida de principio a fin a notas nada fáciles para la voz—ésta se lleva todo el bolero en sí, dejando a la música como mero acompañamiento. Castillo Bustamante lo dejó todo al texto. Ése que más que escribir ansiaba leer.

Así, al canto se le encarga la súplica, algo que Javier sabía —mejor que nadie— conceder. Lograr pues que “Escríbeme” tuviera su merecido bolero ranchero estuvo a punto de consolidarse con Javier. Insisto, el error está ahí y, lo dicho, ojalá existiera alguna otra versión sin tal detalle. Con Aída Cuevas se tiene, hay que decirlo, una muy respetable interpretación a la altura de lo mejor del bolero ranchero; pero con Solís ese borrón nos cuesta y nos puede.

Con todo, como lo expresara acaso el propio don Guillermo (y que sirva esta nota toda como humilde reconocimiento), aunque sea así se seguirá escuchando sin reparo a Javier. Aunque sea malas nuevas, Solís seguirá cantándonos la buena nueva. Nuestra mejor.

Por aquí nos vemos y leemos, ¡qué va!

Sombras… ¿nada más?

febrero 10, 2010 § 1 comentario

Hace 30 años Héctor Lavoe se dio a la tarea de recordar a su cantante favorito: Felipe Pirela. El salsero «cantante de los cantantes» rindió homenaje al «bolerista de América». Con apenas una selección de ocho temas, en Recordando a Felipe Pirela (Fania Records, 1979) Héctor nos brindó una faceta —acaso la más— íntima de su voz y, de paso, dejó clara la influencia del bolero en su salsa (aquí una acertada reseña del disco). También, y aquí el porqué de estas líneas introductorias, Lavoe nos recuerda que Pirela guarda un peculiar paralelismo con Javier Solís: Sombras… nada más.

Sabemos que la composición de Contursi y Lomuto tiene sus origenes en el Sur de nuestra América. Nacidas como un tango, aquellas sombras tendrían una estación —Venezuela— antes de ser luz en ese nuestro faro Javier. Lo que es más, y mejor, Solís encontró apoyo en el sereno ánimo encendido de Felipe Pirela para poder darnos así, en 1965, una redondísima interpretación del ya bolero y encumbrarlo entonces con el marco del sonido del mariachi.

Más claro todavía, es con Pirela, en 1963 , cuando Sombras se hace bolero cabal; así, bien se puede argumentar que gracias a Felipe y su interpretación, Javier obtiene la primer referencia de entendimiento musical de ese tan particular tema. Es decir, que justo es reconocer aquella versión de Pirela y aceptar su fuerte influencia en la posterior interpretación de Javier; mezquino sería ignorar la fuerza de Pirela y sus Sombras, y decir que la versión de Javier no tiene relación alguna. Solís, pues, no pudo haber tenido mejor referencia para su versión bolero-ranchero que aquella sentida interpretación de Pirela.

Por suerte, en la red de redes hay ya respetables espacios donde se habla largo y tendido de la obra musical de Pirela. El mejor rincón sin duda es el «blog del artista ícono del bolero en Venezuela», del escritor Luis Ugueto. Sirva entonces de saludo esta nota y, ayudándonos de las palabras de la cantante zuliana Teresita Antunez (vertidas en el documental producido por el mencionado Ugueto), recordamos a aquel bolerista que «le faltó tamaño pero le sobró corazón». Grande Pirela, ¡qué va!

Por aquí nos vemos y leemos.

Esta tristeza mía

febrero 5, 2010 § Deja un comentario

Y de todos. Digámoslo de una sola vez: Javier Solís: Sus Grandes Éxitos con Banda (2008) es un trabajo mediocre. Producido por Pedro Rivera (padre de Lupillo Rivera y Jenni Rivera) y con la complicidad de la Banda Libertad, en este cedé la voz de Javier Solís es arteramente utilizada y se nos ofrece en una mezcla rupestre e injusta incluso con el auténtico sonido de la tambora.

No había querido escribir esta debida nota, un poco por tiempo (ya disculparán, caros lectores, la ausencia) y un mucho por lo que me exigía: escuchar completa y atentamente este particular disco. Fácil no es, pues más de una vez se tiene que parar la tarea de escuchar canción tras canción de esta obra sinvergüenza. No hay en ella un momento de descanso, voz y música no se alcanzan y su comunión es sencillamente inexistente.

Ni siquiera el argumento de «reto tecnológico» disculpa la falta de seriedad y, sobre todo, noción musical de cada una de las diez canciones que integran este engrudo. La voz de Javier se pierde entre el sonido de la tambora, pues ésta en lugar de acompañarla pareciera que quiere competir con ella. Los metales, en particular, se encargan de desperdiciar la oportunidad que se tenía de hacer que Solís volviera a tener la grata compañía de la tambora, esta vez no para valsear (cf. Javier Solís Con Banda, 1959) sino para seguirla dotando de fuerza como en su momento lo hicieran José Alfredo, Infante, Pérez Meza y por supuesto el mandamás Antonio Aguilar, al interpretar rancheras y boleros rancheros con un acompañamiento de tal carisma como el que ofrece una regia tambora. Así las cosas, no se quiso y no se pudo.

Hace casi un año, en la nota del 28/02/09, preví un balance apenas positivo. Me equivoqué. Aquella pequeña muestra que tenía (ie, un popurrí de las diez canciones) no dejaba ver la envergadura de la pifia. De las diez canciones no se hace una sola en que se pueda decir que sí, que vale la pena (nunca mejor dicho) tener este disco entre nosotros. Si algún crítico musical quisiera contar con ejemplos de desaliño, éste producto es uno muy bueno. Lo que pintaba como un proyecto temerario pero valioso, terminó siendo un amasijo de otrora éxitos.

Dicho lo anterior, si he de quedarme —acaso para el anecdotario— con una canción de este producto comercial (que no musical), y que no subo por respeto al lector, sea pues: «Esta tristeza mía», último track y resumen cabal de las nueve canciones que le anteceden. Es decir: ya ni llorar es bueno.

Por aquí nos vemos y leemos. ¡Qué va!

El Gualas y el Coque

julio 14, 2009 § Deja un comentario

Ya les digo, selectos lectores, no es fácil esto de estar al pendiente de lo que se hace con, para y/o por la voz de Javier. Esta vez el turno lo tomaron dos viejos conocidos del espectáculo mexicano: Gualberto Castro y Jorge Muñiz. El primero resulta ser primo de Gabriel Siria Levario y el segundo hijo de Marco Antonio Muñiz. Al primero se le conoce por el Gualas y al segundo por el Coque. Aquél es un conocido cantante que como tal ha llevado su carrera artística, amén de sus participaciones como conductor y comediante de TV; el otro es más bien conocido como comediante, imitador y conductor de la TV, y de vez en vez le da por cantar… como ahora en este su más reciente trabajo discográfico: «Serenata Vol.2 Desvelo de Amor».

Resulta que después del, dicen, éxito de «Serenata Vol.1» (así, sin subtítulo), Coque repitió la fórmula (del éxito, naturalmente) y ahora hace dueto con, entre otros, Gualas para entregar su versión de tres clásicos del repertorio javierista, a saber: Sombras, Llorarás, llorarás y Entrega total. Es pues el dueto Gualas-Coque quien da cabida a Solís en este mentado desvelo de amor.

Pues bien, mejor hubiera sido que siguieran dormidos y que, una de dos, prescindieran de la voz de Coque y dejaran (un solito, un solito) al Gualas lidiar con semejantes clásicos, o bien, escogieran otros temas más sencillos para la pobre voz del anfitrión. Querer emular a Solís en aquella su media voz es simplemente tirarse al abismo, cuantimás si, por si fuera poco el pecado, se quieren hacer los mismos cambios que en Javier eran más bien suaves e imperceptibles transiciones. La penitencia resultó de cinco minutos. El Coque no da en ningún momento el ancho y ni con la participación del Gualas se logra un popurrí de aceptables condiciones. Qué diferencia a aquél, por ejemplo, del ínclito Pirulí. Entre Gualas y el Coque no hay comunión alguna, ya no se diga con Solís: ni siquiera entre ellos (incluso parece que el audio de las voces de cada uno se mezcló sin más arte que la tecnología disponible). Luego, de los arreglos musicales, a lo más podemos decir que están a la altura… de un dueto de aficionados, es decir, que suenan a karaoke. Si alguno de ustedes, sufrientes lectores, encuentra algún detalle que aplaudir, adelante, soy todo oídos. (Había, dicho sea, un video de una presentación en vivo, donde sólo cantan Sombras y Entrega total, además de una sesuda justificación para la inclusión del popurrí, i.e., que Gualas es primo de Javier.)

Como fuere, no queda sino seguir a la espera de algún recuerdo, homenaje, celebración, etc., a la altura de Solís. Ya les digo, no es fácil, pues en la tarea uno se lleva estos desencuentros. Próximamente, aviso, un recuento de aquella producción que demostró que Javier sigue vigente… y que el mal gusto del negocio musical, también.

Por aquí nos vemos y leemos. ¡Qué va!

Y de pronto se canta la canción

mayo 17, 2009 § 3 comentarios

En una nota anterior (febrero 2008) colgué la parte de un video (es decir, una foto) donde aparece la imagen de Javier (junto al que parece ser el Piporro) en el sepelio de Pedro Infante, aquél miércoles 17 de abril de 1957. En los respectivos comentarios se acotó que había dudas sobre la veracidad ya no sólo de la imagen sino del momento en sí. Se dice que, por ejemplo, tales imágenes con Solís y demás gente del espectáculo no es posible dado el, precisamente, número de «luminarias» presentes; también, se dice que no era posible que Javier tuviera un lugar, digamos, preferente en aquella tan especial fecha, amén de que en la referida imagen se le ve con traje (terno) y no de charro —como se le conoce en la foto «oficial» incluída en inter alia el libro Pedro Infante 50 años Inolvidable (Ed. Televisa, 2007), del cual ya se ha hablado aquí (noviembre 2007) también.

Pues bien, aquí una mejor evidencia de que sí, Solís estuvo ahí en las primeras filas del sepelio de Infante y que estaba vestido de charro. Esto es, que para aquello de que «no es posible tal cantidad de luminarias», baste recordar que, caramba, el muerto era nada más y nada menos que Pedro Infante, ¿cómo no iba tener ahí congregados ante su tumba a la crema y nata del cine y música del momento (Solís, recordemos, era ya parte de la casa Columbia CBS)? Luego, de la vestimenta de Javier, en aquella foto tan sólo se le ve de negro y no se alcanza a distinguir si su traje es de charro o no. Como fuere, ya les digo, selectos lectores, hay una mejor muestra de que Javier estuvo ahí, y que aquella anécdota de Solís cantando «Grito prisionero» es por demás factible, por no decir veraz. Antes, aquí la nueva liga al video aquél (sucede que quitaron el anterior), donde Solís sale a cuadro (en el minuto 6:27): click.

Decía de la evidencia, es una que gracias al aviso oportuno de Rodman (del Javier Solís Club2), podemos ver en la página güeb de Proyecto 40, en la sección InternetTV, en la parte de Leyenda Urbana, programa donde los días 18 y 25 de abril del 2009 se transmitió un especial de Pedro Infante. Es en el segundo programa donde se da paso a las imágenes del sepelio de Infante. El audio corre a cargo del presentador del programa, Alberto Barranco, y de la voz (en off) del narrador del video original (uno que parece ser fue hecho al cumplirse un aniversario de la muerte de Pedro), éste, pues, es distinto a aquél arriba referido, es todo en blanco y negro y tiene unas tomas más abiertas donde se permite ver a la multitud testigo del momento. Javier, lo dicho, fue parte de ello y sí que se le puede ver claramente en el video. En el programa en sí hacen pasar dos veces esa imagen parte de la crónica audiovisual donde Solís sale a cuadro. En la primera (aprox. minuto 15:15), su imagen coincide cuando se escucha la voz del narrador decir, atención, «Porque nunca se puede olvidar a quien siempre sabe estar presente»; luego, en la segunda ocasión (aprox. minuto 18:38) es la voz de Alberto Barranco la que se escucha decir, al tiempo que sale Solís a cuadro, «Y de pronto llegan los mariachis, y de pronto se canta la canción más querida (…)». Aquí las respectivas imágenes:

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D.R. Proyecto 40

 

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D.R. Proyecto 40

Helo ahí, con su traje de charro (versión camisa pachuqueña sin moño) y acaso pensando en liberar su aprisionado grito después de aquellas primeras dos canciones (cantadas por todos los presentes), «Amorcito corazón» (sí, como bien nos dice Alberto Barranco, «la canción más querida, la más sentida de Pedro Infante») y «Mi cariñito».

Podemos, avezados lectores, hilar coincidencias y decir que aquél momento marcó la historia de Javier y su entonces porvenir. Solís supo estar presente y salir de entre la gente para, con acertada prontitud, cantar la querida canción. Y así fue, caray, inolvidable nuestro Javier por su perenne presencia y por haber cantado sentidamente (y mejor que nadie) las más queridas canciones. Porque nunca se puede olvidar.

Por aquí nos vemos y leemos. ¡Qué va!

Las dimensiones de Javier (ecos del 43)

abril 20, 2009 § Deja un comentario

Precisamente, como ya suele ser costumbre, selectos lectores, éste recién cumplido aniversario luctuoso de Javier trae consigo —cortesía de la casa disquera y demás personas allegadas directamente al material audiovisual de nuestro más querido artista— un material discográfico. Uno más. Una recopilación de temas que ahora, ojo, no son clásicos, ni de colección, ni éxitos, sino e-sen-cia-les. Eso: «Lo escencial de Javier Solís [3 CDs + DVD]» (2009). Chúpale, pichón. Sin duda se rompieron la cabeza los de la disquera, pues llegar a ese nombre es casi tan difícil como lo que nos cuesta a los seguidores de Javier tener (ya) esos 80 temas. Todavía más, y para que no se quejen, ya les digo, la disquera tuvo a bien incluir videos, entrevista y pistas musicales. All in one. Bárbaros. 3 cedés 3, y un devedé: un regalo sin duda para los seguidores de Solís. Un, lo dicho, detallazo que nos pone, desde ya, a esperar el próximo aniversario y su algún otro material igual de novedoso, original y fresco. Entonces, éste que les digo está ya anunciado y puesto en circulación; en la página güeb de Mixup se reporta que su precio de lista será (sigue con ellos en estatus de preventa) de 259 MXN (unos, al tipo de cambio de hoy, 20 USD).

De lo anterior (que redacto ciertamente con ironía motivada por el escepticismo a este tipo de trabajos recopilatorios) me entero vía la nota periodística de hoy lunes de Alma Rosa Camacho, del grupo Organización Editorial Mexicana (OEM). En el reporte, además de ponernos al tanto de la ya tradicional reunión de admiradores en el Panteón Jardín de la Ciudad de México, Camacho nos dice, mutatis mutandis, que para este disco se desempolvaron 45 canciones con hasta ahora nula difusión, v.gr., Quinto patio, Poquita fe, Mar y Más allá; también, que los videos provienen de la videoteca de Televisa, y que la entrevista incluída es una narración-primicia de Solís de su vida artística y personal. De lo primero, espero sinceramente que el disco contribuya a la difusión de lo poco conocido de Javier: aunque, y aquí la duda, no me queda claro el cómo (¿relanzando al mercado tales canciones a la par de otras 35 ya «más difundidas/conocidas»?). De los videos, gracias ciertamente por, ciertamente, desempolvarlos y hacerlos públicos. De la entrevista, algo me dice que es aquella que se escucha, desde hace tiempo, en lugares como el youtube. Como fuere, prometido está, tan pronto como pueda tener el material, la reseña y opinión de esta novedad que , ojalá, resulté novedosa.

Luego, el día de ayer, la misma Alma Rosa se dio a la tarea de recordar a Javier Solís a través de una entrevista con la Sra. Blanca Estela Sáinz, última esposa de Gabriel Siria Levario. Además del lugar común del anecdotario, se nos cuenta que la pareja sentimental de Blanca Estela le solía firmar su comunicación personal con los seudónimos de «El Apache», «Sombras», «El Loco» ó «Javier». Ésto me resulta interesante por, entonces, la simbiosis que ocurría en la persona de Siria Levario: fue tal la fuerza del artista, de la figura pública, que inclusive en esos momentos personalísimos, el cantante (o, incluso se puede decir, el mito) se sobreponía. Interesante sin duda. La entrevista no abunda al respecto y continúa con las anécdotas, tema culinario incluído, de la pareja. También, se recurre al tema ya clásico del presentimiento de muerte prematura y el cómo, por ello, se encargó la composición de temas tales como Si Dios me quita la vida (a Luis Demetrio) y Me soñé muerto (a Armando Manzanero). Temas especiales parecen ser también Cuando el amor, Entrega total y un inédito Ahora y siempre (éxito con el trío Los Tecolines), toda vez que eran los que Javier le solía cantar a Blanca. Y hasta ahí lo más sustantivo de la entrevista.

Por otro lado, el sábado 18 la agencia Notimex recordó también a Javier con una nota-resumen de su carrera artística, donde sobresale la mención de dos puntos: (i) una participación de Solís en el histórico programa colombiano «Yo y tú» de Alicia del Carpio y (ii) un tema de Lucho García dedicado a Javier intitulado El inmortal. Esa mi gente de Colombia, ¡ahora es cuando!

Así las cosas en los tradicionales medios. Es decir, que ahora, gracias a la atinada referencia del carísimo selecto lector Heber Galicia, pongo a su disposición un par de homenajes a Javier que, además de estar acorde con estos tecnológicos tiempos, son hechos sin duda con, tal cual, lo esencial y de mayor valía: dedicación, esfuerzo y cariño. El autor es Gabriel Rico, quien desde su cueva (La cueva de Gabo3D) nos brinda un Javier Solís a todo color y, ¡qué va! en 3D:

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(cc) Gabo 3D

… y mi favorita:

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(cc) Gabo 3D

Aplausos, Gabo3d, literalmente supiste darle otra dimensión al recuerdo de Javier. ¡Qué va!

Tres para un 43 (entrega última de tres)

abril 19, 2009 § 2 comentarios

Llegamos al final de este recorrido. Hoy hace 43 años Javier Solís cesó de cantar de viva voz, dejando entonces toda una herencia musical que no para de dar frutos varios. Uno de ellos fue, en concreto, la producción que ahora proponemos como una tercer manera de conmemorar este aniversario luctuoso. Cierra esta serie el llamado «lujo de México», Marco Antonio Muñíz (Jalisco, México, 1933) y aquella su producción, a sus 60 años, Un marco para dos Ídolos: Pedro Infante y Javier Solís (1993).

Aquí, acotemos de inmediato, no hay falla alguna en dirección o arreglos musicales: Ruben Fuentes y Pedro Rivera Toledo llevan las riendas con garantía y el respaldo de su trayectoria profesional, logrando así un impecable trabajo. Marco Antonio se desenvuelve entonces en sus terrenos y a sus anchas, sin mariachi de por medio y con una orquesta que le sigue y acompaña sin pero alguno. El piano, valga decir, es simplemente delicioso a lo largo de todo el disco. O sea, que así seas una leyenda viva, reinterpretar a ese par de monstruos de la música requiere, ya puestos a jugar con las palabras, un marco digno para el marco de esos nuestro queridos ídolos (cuantimás si se les quiere recordar a la par).

Ahora bien, antes de seguir, y tomando ese asunto del recuerdo conjunto, me aprovecho de aquello que dije anteriormente (cuando anuncié la búsqueda de este material en julio 2007): «se puede pensar inclusive que tal disco-homenaje incluyó a Pedro para, como se dice, destantear y no hacer tan obvio el merecido tributo a Javier y así saldar deudas pendientes, pues Solís, sus interpretaciones, quedan más cerca del estilo musical de Marco, y no así las canciones de Pedro». Como fuere, Marco Antonio es si no un ídolo, sí una leyenda del romanticismo musical y la bohemia; se guste o no de su estilo, su voz tiene un lugar único y por ello ha podido navegar en varias aguas, por bastante tiempo, aplaudido y querido por la gente, tanto en su tierra natal como allende las fronteras. También, debe reconocerse, en sus trabajos hay siempre un esmero por ofrecer arreglos musicales de valiosa manufactura: este disco, lo dicho, no es la excepción. No obstante, se tiene que reconocer, Muñíz en tales fechas de grabación está ya en el otoño de su carrera y ello es factor de peso en las interpretaciones de los clásicos contenidos en este material referido. Entremos ya en materia.

Seis temas (de 15) son los que le tocan a Javier —es decir, que Infante, al menos en número, se impone con un tema más (no, avezados lectores, no es que me fallen las cuentas, resulta que dos canciones ni Pedro ni Javier las cantaron en su momento: Enamorado perdido y el pasillo ecuatoriano Sombras de Rosario Sansores Pren y CarlosBrito Benavides)— en este, según la contraportada del disco, «recuerdo»: Sombras (exacto, las de Contursi y Lomuto), Cenizas, La corriente, Llorarás, Esclavo y amo y Ojitos traidores. Aquí valga un paréntesis para recordarles, selectos lectores, que Muñíz cantó en su momento con Javier Solís, al menos en algunos mano a mano y, en particular, en esa película El Pecador (1964) en una escena donde interpretan, sin hacer dueto, Poco a poco (de José Alfredo), cada uno con su particular acompañamiento (ya les digo, sin hacer precisamente un dueto).

Con un inesperado pero intuitivo popurrí de Sombras, Marco Antonio inicia su recuerdo de Solís; peca de estilo y, como decimos en México, le termina echando mucha crema a sus tacos y no resuelve bien aquella primera incursión. Es decir, que toma más bien el perfil tanguero (el original de la canción, sí, pero no por ello mejor ni mucho menos el deseado en este disco) de las Sombras «javieristas» y uno termina por aplaudir y pedir más de aquellas Sombras «ecuatorianas». Viene entonces otro popurrí, correspondiente ahora a Pedro, y se llega a una cadenciosa y bien llevada Cenizas. Fuera de una faltante dosis de mayor sentimiento, con ella no hay inconvenientes. Otro popurrí más para Pedro y ahora, a la mitad del disco, navega uno ya en La corriente. Una vez más el arreglo musical corresponde del todo al espíritu Solís; poco a poco esa corriente nos arrastra pero sin ahogarnos, al contrario, gozamos del aire de la voz cantante y de unos muy bienvenidos coros. Estos también se escuchan en la subsecuente Llorarás, sin embargo, aquí no tienen adecuado lugar y contribuyen así a una versión sin los requeridos acentos y matices (evidentes sobre todo en ese aburrido final). Más coros (ya de estilo orquesta-para-toda-ocasión) en la siguiente canción, y entonces los metales soplan para recibir un Esclavo y amo que, a saber por qué, es llevado, literalmente, cual toro en plaza. Es decir, que a menos que se tome como introducción para la parte final correspondiente a Javier, i.e., Ojitos traidores, no me queda claro el por qué Marco Antonio pretende cobijar a ese emblemático Esclavo y amo con un, digamos, capote taurino españolado. No ha lugar. Cerramos entonces con una versión de Ojitos traidores que, esa sí, guarda gitana distancia con la de Solís aunque finalmente no logra realmente sonar genuinamente a Marco Antonio: se queda a la mitad. Muñíz no alcanza a empatar la festividad de la música y su voz resulta opacada (bien le viene así ese descanso y broche final del suave Nocturnal); la serrana se le escapa.

En síntesis, Muñíz dejó pasar valiosos años para ponerle un mejor marco a Infante y Solís; eso sí, aquél sale mejor librado que éste. Afortunados los admiradores de Pedro pues de ellos es la mejor parte de este homenaje: los seguidores de Javier nos quedamos con las ganas de escuchar a ese Marco Antonio que, precisamente con genuino esfuerzo y total entrega, abría aquella arriba mencionada escena de película, sentado al piano, con una voz totalmente en comunión con Solís pero sin perder su propio estilo (y armonía con el piano). Éso es lo que se extraña aquí en este disco… y en otros que buscan recordar a Javier sin verdaderamente conocerle. Marco Antonio, se sabe, conoció muy bien el trabajo de Solís: le faltó entonces un mejor reconocimiento.

Sea pues, esto fue nuestra manera de conmemorar a Javier. Sí, con voces de tres artistas que intentaron cantar aquello que por Solís tan especialmente se escuchó. No lo hicieron mal, qué va, ejemplos hay donde apenas y logran, literalmente, dar la nota (por cierto, el señor Montero ya amenazó con otro disco basado en temas del repertorio de Javier), pero tampoco nos ofrecieron, como se esperaba dada la trayectoria de cada uno, cabales y redondas reinterpretaciones (adaptaciones) hechas con sus particulares voces y estilo. De una escala del 1 al 10 los tres discos promedian un generoso 8 (ayudados sobre todo y más bien por esos arreglos musicales de este último disco). Se puede decir justamente que estamos siendo muy exigentes, pero no es para menos: año tras año a Javier se le extraña más y lo mínimo que se puede hacer para compensar ello es tener, además de su música, producciones que, utilizando aquella, respeten no sólo al artista sino también al público. Eso es finalmente la buena música. Eso finalmente hizo y nos dejó Javier. Eso, en un día como hoy, es exigido. Todo ello, en resumen, a 43 años, cual solaz se hace patente.

Javier Solís: ¡Qué va!

Tres para un 43 (entrega segunda)

abril 18, 2009 § Deja un comentario

Continuamos con esta nuestra particular conmemoración del 43 aniversario luctuoso con un segundo disco en el que ahora todo él está inspirado por el recuerdo de Javier. Vamos hacia atrás en el tiempo y llegamos a un particular disco de una intérprete, esto es coincidencia, contemporánea de Amanda y, también como ella (aunque sin adoptar la nacionalidad), con una carrera artística desarrollada principalmente en México. Toca el turno pues a, lo dijo Armando Manzanero, «la mujer que nació para cantar», Manoella Torres (Nueva York, 1954) y su De la tierra… Javier Solís, al cielo (2002).

La carrera artística de Manoella tiene acaso paralelismos con los de Javier: cuidada más bien por su abuela (y no por los padres), echada a andar profesionalmente con la ayuda de uno de Los Panchos (Alfredo Gil), prolífica en sus grabaciones, requerida como actriz y, en su verdadero oficio, intérprete de una pléyade de compositores. Así, con una trayectoria afianzada sobre todo en la segunda mitad de los 70s y primera de los 80s, la mujer que nació para cantar graba este material ya en plena madurez. Ahora bien, con el antecedente de, por un lado, sus grandes y merecidos éxitos con baladas como «Acaríciame» o «A la que vive contigo» y su cabal entendimiento del bolero (desde niña es ya una fanática de los boleros), y, por otro lado, sus grabaciones con mariachi, las expectativas son altas.

Abre entonces sus 14 interpretaciones con un «Esclavo y amo», y así de ese calibre javierista es toda la selección, es decir, Manoella tiró alto; despliega su arsenal pero éste se ve limitado por un acompañamiento musical que, en general, no cumple con la tarea. Son sólo algunos temas donde la voz de Manoella tiene el marco musical adecuado. En este sentido, más hubiera valido prescindir del mariachi y hacerlo todo de un modo, se me ocurre, más bien basado en, por ejemplo, guitarra y piano. Claro, ello quizá hubiera dejado fuera a algunos temas y requerido otros: pero al menos así se hubiera asegurado que el disco quedara a la altura de las circunstancias. Y es que, ya se ve, el repertorio de Solís no es cualquier cosa: tiene su arte. Ahora bien, también debe reconocerse que por momentos es la propia Manoella quien se contiene, faltándole esa fuerza y bravura que, en estos tiempos, otras intérpretes creen tener y lo sacan a la menor provocación (o bien, por pura pretensión y pose). Con todo, la voz de Torres sigue siendo de buen calibre.

Tomemos pues aquellos particulares temas donde efectivamente tierra y cielo parecen ser dos en uno; donde Manoella logra que su particular estilo vaya y venga de la mano de la música y letra, y nosotros, dicho sea, terminamos rendidos a ella como otrora en sus más sensuales años. Es decir, que obviaremos a ese, literalmente, primerizo «Esclavo y amo», un muy plano «Y…», el intento de «Si Dios me quita la vida» (a pesar de los destellos de una guitarra), y un fingido (palmeo incluído) «Adelante». Sobresalen así «En mi viejo San Juan», donde la sentida (y esperada) interpretación de la boricua Manoella fue acaso respaldada por una posible nostalgia (no así por, insisto, el arreglo musical); la sencilla pero suficiente «He sabido que te amaba»; una muy acertada «Me recordarás»; la original «Moliendo café», mi favorita sin duda por sobre todo ese, paradójicamente, acompañamiento musical que, ahora sí, reviste y le da una nueva cara a este clásico javierista-caribeño dotándolo de un perfil lounge; un acertado y a la medida «Échame a mí la culpa» (con todo y su insípido final); la apenas justa «Una limosna»; el «¡Qué va!» rescatado en sus últimos segundos; un «Sombras» donde la voz es protagonista sin duda y el carisma de Torres sobresale claramente; las «Cenizas» y su lograda atmósfera intimista; y, finalmente, el «Se te olvida», que si bien no fue broche de oro, sí uno de bronce.

Entonces, si bien parece ser que diez de 14 es un buen síntoma para una calificación positiva y alentadora, el resultado y balance final no corresponde del todo a la parte cuantitativa. La calidad del disco se restringe a un bronce, es decir, que de hecho esos 10 mejores temas no guardan entre ellos una homogeneidad y hacen extrañar a aquél sonido que Manoella nos supiera regalar en el pasado y, por supuesto, a aquello que Javier cultivó y legó. No hay del todo innovación y frescura. Si, así las cosas, se tuviera a lo largo de todo el disco aquella propuesta musical de «Moliendo café», la carga pasional de «Sombras» y el aire logrado en «Cenizas», entonces sí lo de Manoella hubiera sido un camino recto que no nos motivara a salirnos de él, y estar con ella de principio a fin en este su encuentro con Solís.

Queda pues este disco como una producción a la que le hizo falta una mejor dirección artística. Sin duda alguna Manoella entiende lo que Javier es e implica en el tipo de música que ella interpreta, no debe ser entonces difícil que nos brinde mejores faenas, sin embargo, lo dicho, Solís exige, y hacer ese recorrido de la tierra al cielo es algo que requiere algo más que bonita voz, ganas y buenas intenciones. A un año más del aniversario luctuoso y en espera de, seguramente, todavía más discos recordando a Javier, ojalá que voces, ganas e intenciones, correspondan de mucho mejor manera a lo verdaderamente valioso y esperado: cantar con propia voz y estilo lo que por voz de Javier bellamente surgió. Ni más, ni menos.

Por aquí nos vemos y leemos. Mañana la tercera y última entrega. ¡Qué va!

Tres para un 43 (entrega primera)

abril 17, 2009 § Deja un comentario

A tres días de conmemorar el 43º aniversario de la muerte de Javier Solís, aquí unas líneas sobre tres artistas que se dieron a la tarea de regrabar algunos temas de Javier en sus respectivos discos. Es decir, que al parecer este año habrá un cedé con material, quiero pensar, «especial y original» de Solís; así las cosas, no está de más entonces traer a colación otros materiales discográficos que, así nos han dicho, han rendido homenaje a Javier y su voz. Tomo entonces tres en particular; en esta primera entrega: Amanda Miguel (Argentina, 1956) y su más reciente material Anillo de Compromiso (2008).

Amanda es una cantante ya hecha y derecha, baladista que supo posicionarse, gracias a su estilo y voz, en un lugar especial dentro de la escena musical, sobre todo, mexicana. Sin duda alguna posee una voz que aún mantiene la originalidad que en sus inicios (los 80s) trajo a las baladas (v.gr., Así no te amaré jamás). Resulta pues natural que aquella de Él me mintió tomara algunos clásicos de Solís y los cantara a su manera. Este es el resultado: tres temas incluídos en su más reciente producción. ¿Pudo pues Amanda lograr descargar toda su característica energía y desgarradora voz en tales canciones?

Antes, valga mencionar como antecedente a esta tarea (i.e., interpretar balada ranchera) a su disco Rompecorazones (1992) donde demuestra con temas como La Escalera, literalmente, la buena altura de su voz para ése tan especial género musical. Ahora, con la dirección de Jorge Avendaño, graba lo que ella misma llama su particular homenaje a la patria adoptiva, México. A diferencia de aquel primer material ranchero, esta vez el disco cubre no solo los boleros-rancheros sino también los boleros y algunas baladas, por lo que el mariachi se ve también acompañado de la orquesta. El resultado en general es positivo y ciertamente hay todavía un muy buen estilo y voz de Amanda Miguel.

Pero entonces, decía pues, que en sí son solo tres temas javieristas los que Amanda reinterpreta en este su homenaje a México (nótese pues el lugar que se le da a Javier: es de aplaudirse). Esclavo y amo, Sombras y Si Dios me quita la vida son los temas en cuestión. El primer tema (que es el número tres en el disco), es apenas una merecida introducción a esto que podemos llamar Solís à la Miguel; es decir, que solo en algunas partes Amanda logra imponer su estilo y sonar así a ella misma y no a una, digamos, cantante más de karaoke. La canción le termina quedando grande. Cinco temas más en el disco y llegamos a la mítica Sombras. Podía esperarse que aquí, ya habiendo preparado al oyente con los temas anteriores, Amanda explotara del todo… No lo hace. De nueva cuenta se queda en la media e incluso esta vez el acompañamiento musical ayuda todavía menos pues, ese sí del todo, suena tal cual a karaoke. La dejó ir, pues, la señora Miguel.

Viene la última. Aquí se ayuda en mucho de que fuera precedida por una insulsa (incluso en su título: Algo tonto) adaptación al español de Something stupid (cierto: ¿dónde quedó el homenaje a México?… en fin), esto es, que lo que siguiera a ese dueto con Verdaguer sería por mucho agradecido. Y sí, además de esas razones, Amanda saca adelante Si Dios me quita la vida y logra, ahora sí, dotarla de su ropaje (cabellera incluída). Es aquí donde mejor se puede apreciar, por un lado, la herencia de Javier (i.e., ese toque de elegancia y sensualidad) y, por otro, la voz e interpretación característica de Amanda. Sobre todo en la última parte de la canción, v.gr, «sería tan grande mi celo que en el mismo cielo me vuelvo a morir», donde ese su grande celo nos transporta a aquellos temas ya clásicos de Amanda, i.e., los de su propio repertorio, y es entonces cuando, cabalmente, se le aplaude: entendió la herencia de Javier y la logró hacer propia. En resumen, sin embargo, Amanda Miguel nos queda finalmente debiendo en esas tres interpretaciones. Su energía y voz no son desafortunadamente los protagonistas en estas queridas canciones como en el resto del material donde sí que se puede escuchar mejor lo que Amanda aún sabe hacer.

Así las cosas, queda aquí esta nuestra primer lectura de estas tres propuestas para recordar la ida de Javier, y con ello dar cuenta de la venida de este nuestro tiempo en el que sin él en los escenarios y estudios de grabación, la escena artística sigue de muchas maneras (y con distintas calidades) ligada a lo que Solís cantó, logró y encumbró.

Por aquí nos vemos y leemos. Mañana la segunda entrega. ¡Qué va!

PS. Sí, la joven cantante Ana Victoria es hija de Amanda Miguel y, genética al fin, tiene un estilo de voz sumamente parecido al de su madre, pero ya hecho a los tiempos de ahora. Acaso, valga decir, valdría la pena escucharla cantar algún bolero ranchero.

Volver a cuando vuelva a tu lado

marzo 17, 2009 § 2 comentarios

En el episodio anterior (18/02/09) nos quedamos en que nuestro héroe había cometido errores en la grabación de “Cuando vuelva a tu lado” en su, ojo, versión bohemia para el álbum En Nueva York (1965). Es decir, avezados lectores, que hay otra versión y que es, de hecho, la incluída en el disco Lara, Grever, Baena (1962).

SOLISMANÍA hace pues el recuento de esta nuestra pifia.

Javier Solís grabó, caros lectores, dos versiones de esta particular pieza de Grever: una para su álbum En Nueva York (con duración de 4 min) y otra, ojo, con mariachi, para Lara, Grever, Baena (con duración de 02:21). Luego, en esta versión con mariachi no hay errores, repito, no los hay. Javier se hace acompañar del mariachi Jalisco de Pepe Villa y canta una versión corta (es decir, sin aquella introducción incluída en la otra versión) y con, podemos decirlo, mayor soltura y acaso poder. Así, amén de, insisto, estar libre de errores en la letra, toda ahora tiene sentido.

Años más tarde, el trío Los Patricios toma la versión bohemia (la del error), pues ciertamente es la que mejor se prestaba (dado el tempo de la voz), para la grabación de su dueto tecnológico con Javier Solís; de ahí que además del verso introductorio se tenga ese mentado error en la letra interpretada.

Ahora bien, para ponerle un toque elegante a este capítulo, aquí una muy pero muy bella (posible) portada del artista diseñador gráfico Daniel Gil (Santander, 1930 – Madrid, 2004), para el disco Lara, Grever, Baena (que nos hace preguntar, ¿por qué tan poquísimas veces Solís tiene esta merecida compañía de arte en sus discos, y tantas otras unas verdaderas penas ajenas, v.gr. el recién cedé Sus Grandes Exitos Con Banda?).

 

Danielgil

© Daniel Gil – artediez

Queda cerrado, me parece, el caso. No se pierdan más de estas entretenidas aventuras. Por aquí nos vemos y leemos. ¡Qué va!

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