Osa ya preso ser payaso

agosto 14, 2017 § 1 comentario

En nueve se quedó la cuenta de canciones de Z. Maldonado con Solís, pero más de una habrá valido el doble. Una, incluso, se tiene en el cancionero javiersolista hasta con cuatro versiones (a saber: con Los Panchos, con trío, rondalla y con banda); y dos fueron las que, al parecer, Maldonado hiciera a la medida de Javier: “Qué va” y aquella multiversionada “Payaso”.

Arreglista también, Maldonado supo oír en Solís lo que todos veían, y ver lo que nadie había oído. No conforme con componerlo, Maldonado hasta lo arregló.

Si “Volver, volver” se vuelve coral cada que se canta (o grita, dicho sea con indirecta a los Fernández), “Payaso” se encierra en ese cofre que sólo Solís poseía, único e irrepetible. La hipocresía, por cierto, estaría en afirmar que “Volver, volver” tiene también lo suyo frente a un “Payaso”: no hay tal, la primera es muy inferior tanto en interpretación como en composición (y el propio autor lo sabía y reconocía). Si la anécdota es cierta, Maldonado no sólo vio la tristeza de un payaso a punto de salir a escena (después de una ruptura sentimental), sino también la poesía de aquella careta. Van los endecasílabos:

En cofre de vulgar hipocresía
ante la gente oculto mi derrota.
Payaso con careta de alegría
pero tengo por dentro el alma rota.
En la pista fatal de mi destino
una mala mujer cruzó el camino.
Soy comparsa que juego con mi vida
pero siento que mi alma está perdida.

A la mitad de camino la letra, su estructura, de verdad que se rompe. De una rima AB-AB se pasa a una herida CC-DD. Después, la risa de Solís redondeará la interpretación. La sella. Los estribillos con Solís sirven de maquillaje de esa careta inicial. Si la anécdota es cierta, Javier no sólo vio lo mismo que Maldonado aquella noche, sino también lo entendió de igual manera. El disfraz a la medida: lo que siguió fue la gran función.

Este año, el 20 de agosto, se cumplirán cien del nacimiento de Fernando Zenaido Maldonado. Los javiersolistas tenemos mucho que agradecerle, sus contadas perlas nos son invaluables, y sin duda su trabajo como compositor y arreglista allanó el camino de este nuestro cantante.

Estaría de más escribir que a Maldonado lo recordamos en este espacio con esta sencilla nota: a alguien como Maldonado se lo tiene siempre en mente cuando de Solís se habla y trata. Sirva de recuerdo más bien la siguiente postal: una canción de Maldonado —poco conocida incluso entre javiersolistas— y una imagen que intenta dar en el blanco (en señalar la puntería del maestro Maldonado con el intérprete Solís).

“Buena” con orquesta:

Javier Solís por AXR
Fotografía de Javier Solís intervenida por la artista visual Arantxa Rodríguez

Las cincuenta y tantas vidas de Javier

abril 19, 2017 § 5 comentarios

A partir de ahora comenzará la verdadera prueba de Javier Solís: superar el tiempo reservado para los clásicos. Es cierto que llegar a los cincuenta años sin que su música pierda volumen alguno no es cosa menor para un artista, sobre todo en el contexto de los últimos años de la industria musical; sin embargo, es después de un medio de siglo que la música popular cobra relevancia y, lo más importante, gana o deja de perder auténtico valor. Se terminó el periodo de recordar para no olvidar, comienza el recuerdo por el recuerdo: el de la valía de Solís. ¿Podrá Javier con él? Ya no dependerá tanto de Solís sino de quienes lo sigan oyendo o dando a oír. El de Tacubaya cimentó una obra sin duda valiosa, ¿qué tanto? Lo sabremos a partir de ahora.

Si lo que vale la pena se sopesa con el paso de los años, la salud se evalúa finalmente a partir de ciertos años: si hoy, con cincuenta y un años de muerto, Solís aún se oye, podemos estar seguros que con cada año adicional mucho mayor será el tiempo que Solís permanezca musicalmente: sus años de vida después de muerto serán los más. Dicho en corto, no es sólo que Solís, como Gardel, cante cada vez mejor, sino que también lo hace cada vez más. ¡Viva, porque vive, Javier!

Aviso para un cincuenta

abril 18, 2016 § 7 comentarios

Mañana diecinueve de abril se cumplen 50 años de la muerte de Javier Solís. Como ya es costumbre entre algunos javiersolistas, y algunos lo han estado preguntando en el libro de visitas de este blog, uno de los principales eventos es la reunión en el panteón Jardín de la ciudad de México; lo que pude sacar de información en la red es que la misa será a las 10 horas. Otro evento será en la Alameda de Tacubaya a las 13:30 hrs (México centro).

También habrá programas especiales en la red. Uno será en la radio Tiempo de Boleros, a las 13 horas (de México centro) en el programa “Las radio variedades del siglo xxi” de Rafael Aparicio. Otra transmisión especial habrá en la HG Radio. Ayer domingo, por cierto, hubo recordatorio especial de Solís en La Hora Nacional (de la RTC-Segob).

Y hoy en Venezuela, en Falcón, en el teatro Armonía, habrá  una “Gran noche de tríos recordando a Javier Solís” a las 18 hrs (hora local). Entrada libre.

Si Ud. avezado lector sabe de algo más, no dude en avisar.~

Saludo a la retirada

abril 19, 2015 § 1 comentario

In memoriam mi señor padre

La historia de José Alfredo con Solís es más o menos similar a aquella con Negrete: la muerte le arrebató unos sendos intérpretes que estaban por explorar y hacernos descubrir semejantes universos josealfredistas. Si bien el de Dolores Hidalgo tuvo a su mejor intérprete con él mismo, pocos fueron los hombres que le brindaron vestidos a la altura; además de su compadre, y acaso primer intérprete, Miguel Aceves Mejía, también los llamados tres gallos —Infante la pasó a lo grande— cumplieron a cabalidad la tarea de cantar a José Alfredo. Digo pocos hombres pensando en aquellas mujeres que, sobre todo a partir de los 60, dieron fuerza inesperada, por donde se la mire, a la inspiración de José Alfredo.

El de Tacubaya fue protagonista de un particular renacimiento, o mejor dicho, de una modernización. Atrás parecían estarse quedando las rancheras de José Alfredo, como si en una década la Columbia le hubiera tomado la exacta medida y no hubiera más a dónde ir. Quizá de ahí el cambio de aires a la RCA Victor. Solís empero estaba en la primera casa de José Alfredo y no había que dejar pasar esa pelota. Jonrón de José Alfredo… con la Columbia de Solís; he ahí, de ejemplo, las siete de diez —las restantes tres habían sido ya grandes éxitos en la Columbia— canciones editadas en el disco de Javier Solís para homenajear a José Alfredo (a un año de su muerte): Dos ídolos que se fueron (1974).

Fueron más de diez canciones que Solís le interpretó a José Alfredo. Grabadas fueron once en total; la excluida en aquél disco-homenaje es “Media vuelta”, por cierto grabada antes por Solís que por el compositor. El palmarés lo encabeza “Retirada”, no sólo por su exclusividad javiersolista, sino también por la interpretación de Solís: tan de a peso que no por nada es parte del mítico disco Sombras. De interpretaciones en sí, lejos no se queda “Amanecí en tus brazos” (también en Sombras), donde Solís, bien podemos decir, brinda la versión masculina de la genial versión de Lucha Villa. Y qué decir de aquella “Media vuelta”, rescatada en el cedé A 40 años… me recordarás (2006) y, ojo ahí, versionada por Los Panchos (Enrique Cáceres en la primera voz) en el muy sabroso Los Panchos con Javier Solís. “Poco a poco (Llegando a ti)” tiene además esa otra versión irrepetible de película, que también hay que oír. “Serenata sin luna” tiene una peculiaridad: la incluida en Temas inéditos de sus películas abre con un popurrí de sonidos josealfredistas (¿cuáles?, sería la trivia). En fin, de todas estas, “Retirada” y “Amanecí en tus brazos” son reconocidas en los discos del libro Y sigo siendo el Rey (Sony Music 2013) como perlas de interpretación en audio y video, respectivamente. La segunda, su video, es parte, y esto no lo aclara el libro, de la película Especialista en chamacas (1965), donde también Solís se despacha con esta excelsa “Retirada”:

Pero hay más canciones de José Alfredo de película. Canciones que no fueron editadas en disco y que sólo están disponibles en video (sueltos en la red o en las películas mismas), a saber: “Amor del alma” (en Escuela para solteras), “El silencio de la noche” (en Los hermanos muerte) y “La bola negra” (en Escuela para solteras). Es decir, avezado lector, que Solís tiene catorce temas josealfredistas para dar y, mal que bien, repartir. La mayoría, ya se ve, son parte del cancionero nuevo del José Alfredo de aquellos años, uno que se insufló de bríos sesenteros que se expandían al ritmo y competencia de baladas, pop y rock, y ni hablar del bolero ranchero que Solís encumbraba. Lo dicho, a Solís se le acortó el viaje y a José Alfredo la bienvenida y renovada compañía.

Quise pues en este 49° aniversario luctuoso recordar a esta mancuerna. Un recuerdo, hay que decirlo, que se queda a años y ensombrecido por ese sí gran recuerdo que Daniel Santos les regaló a ambos en su Recordando a… Javier Solís y José Alfredo Jiménez.Un tema, sin embargo, bien puede valer más, y cerrar, este recordatorio. Un saludo, homenaje, a sus retiradas. Un dúo de película, claro, entre Solís y José Alfredo: “La bola negra”.

Cada quien agarró su camino,
cada quien escogió su estrella…

También está el silencio en los zaguanes

abril 19, 2014 § Deja un comentario

Este nuestro cancionero murió dos veces: cuando mató a Gabriel Siria Levario, en 1955, y cuando cedió —y se dio— paso al mito javiersolista un 19 de abril de 1966. Se entiende, dicho sea, que el “Javier Luquín” fue sólo un ínter, un tentempié que engañó la lombriz de pocos: los muchos habrían de saciarse con la ambrosía por venir. Con el porvenir.

Solís tiene mucho que ver con sus dos muertes: a ellas se debe, por ellas fue. Con la primera labró su carrera artística; su profesionalismo tuvo que prescindir del nombre de pila (tan amateur) y de aquel insípido Luquín, incluso hasta llegó a inventarse otros lugares de nacimiento (Nogales, Sonora). A Solís nunca le acomodó su origen, es decir, al menos no el que representaba su primer nombre; sus postales personales las llegó a firmar (¿para afirmarse?) con ese otro nombre, y hombre, que se forjó a base de canciones. Solís, Javier Solís, con licencia para cantar.

Aquel abril de 1966 vuelve a morir el de Tacubaya, esta vez en carne y hueso. ¿Espíritu? La condición de Solís, sus circunstancias, estaba ya en todo sentido grabada; aquellas sus metáforas (los cirios, las sombras) se materializaron y junto con sus miles de seguidores lo rodearon en un panteón jardín. Flor perenne desde entonces. Nacía el mito, la leyenda: el tercer gallo, mamá de incontables pollitos, cantaría a partir de entonces para nunca ser negado (¡ay de aquel que lo haga: está escrito!). ¿Quién fue Javier Solís? Sobre todo, lo que sería.

Importa aquél recuerdo, sigan tocando; la muerte, como la noche, acerca agrestes lejanías: acompañen su soledad.

Luz a la sombra de Javier Solís

enero 26, 2014 § Deja un comentario

Hoy se cumplen ocho años de este espacio de solismanía, de la SOLISMANÍA.

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gif cortesía de saraigifs

 

¡Qué va!

Crónica de un aniversario luctuoso

abril 24, 2013 § 1 comentario

Como cada año, desde 1966, en el Panteón Jardín de la ciudad de México se reúnen no pocos admiradores para recordar a Javier Solís. Aquí la crónica de uno de ellos, Jesús González Uribe.

Aniversario 47 por Jesús González Uribe
En esta ocasión llegamos después de las 10 de la mañana, inmediatamente nos dirigimos al sepulcro donde descansa el gran Javier Solís, y la celebración eucarística ya había iniciado. El sacerdote que oficia es el Padre Flores, quien cada año nos acompaña y al parecer es amigo de la familia de la señora Blanca Estela. Durante la celebración el sacerdote pidió una porra para Javier Solís y al termino de la misa volvió a pedir a los presentes entonar otra porra a Javier Solís. Después de concluir ésta comentó que a criterio de él la porra no sonó fuerte y fue a destiempo, y pidió que se repitiera “para que Javier Solís la escuche desde donde esté y se levante a agradecerles”. Con estas palabras entonamos nuevamente la porra logrando con ello cumplir con el objetivo; los presentes, que en esos momentos éramos más de 100, volvimos a entonar una porra pero ahora dirigida al sacerdote.

Posterior a este evento eucarístico, se escucharon pistas de canciones de Javier Solís, que algunos de los presentes pasaban a cantar con micrófono, atrás del sepulcro de nuestro ídolo, y que la mayoría de los ahí presentes cantaban también; posteriormente llegó el mariachi y los presentes escuchábamos y cantábamos con ellos. Mis acompañantes de Querétaro querían tomarse una foto enfrente del sepulcro de Javier Solís, pero no se podía porque había mucha gente alrededor de ella. A lo lejos me saludo el lic. Cuevas y después de unos momentos lo fui a saludar: estaba platicando con el Sr. Antonio (hermano de Javier Solís) sobre la identidad de las personas que aparecen en unas fotografías —al parecer familiares de Javier Solís—, después que concluyó su plática me lo presentó y entre otras cosas comentó que su hermano Fernando ya había muerto meses atrás. Después de que se retiro el señor Antonio me comentó el lic. Cuevas que este personaje es medio hermano de Javier Solís; también comentó que al parecer nada más habíamos asistido al 47 aniversario tres personas del club: Rubén Robledo de Monterrey con un acompañante, su servidor de Querétaro con dos acompañantes y él a quien no le fue posible organizar algo por la tarde, y que al parecer los gemelos (Miguel Ángel y Marco Antonio) hijos de Javier Solís tampoco asistirían.

Durante el evento me dirigí a la entrada del panteón de la ANDA a comprar algún recuerdo del 47 aniversario. Serían como las 12 horas cuando llegó otro mariachi. Al hacerme a un lado para cederles el paso pude observar al compositor Alfonso Valencia Martínez, que se encontraba solo y pude platicar con él un largo rato. Me comentó que conoció a Javier Solís antes de que fuera famoso, aproximadamente en el año de 1952 o 1953, y que se enorgullece de ser el último compositor de canciones que entonó Javier Solís. Comentó también que fue en el año de 1963 cuando Javier Solís le grabó sus tres temas (“Un Divorcio”, “Puerto Triste” y “Ya no habrá mas serenatas”) en los estudios que se ubican en Naucalpan. Durante la plática tarareé la canción “Puerto Triste” y me comentó que primero es puerto alegre y luego puerto triste, que esta canción es simbólica porque representa lo que es la vida. También le comenté que hace dos años en el aniversario 45 traía un requinto y su acompañante una guitarra, “es muy cierto”, me dijo, “en aquella ocasión canté un corrido a Javier Solís”; la gente que pasaba le preguntaba que quien era él y él amablemente les respondía “Alfonso Valencia, el último compositor de Javier Solís”. Le volví a preguntar si podía cantar un pedacito del corrido a Javier Solís, respondió que le faltaba la guitarra pero sin más se arrancó cantando el corrido a capela que dice:

Un diecinueve de abril
del año sesenta y seis
se marchó Javier Solís,
para nunca más volver.
El mundo escucha su voz,
que viaja cual suave viento,
y nos llena el corazón
de nostalgia y sentimiento.
Su mariachi canta todo,
sus tristezas ya tu canto
no podrán acompañar,
cómo lloran tus violines
y trompetas porque saben
que jamás regresarás.
Ya te fuiste con los grandes
de la historia que éste pueblo
mexicano que te amó;
Fuiste tú toda una gloria,
nadie olvida la ternura de tu voz.
Ahora sí, Javier Solís,
ya no habrá más serenatas
que le demos a esa ingrata…

Desde este espacio se le agradece las atenciones y la amabilidad de platicar. Se le agradece también el CD que me obsequió con seis temas de su inspiración —que no tienen que ver con Javier Solís— los cuales son “La muerte y yo”, “De boca en boca”, “Fracaso total”, “Panchito y su pajarito”, “La cumbia del Pelón” y “Si vuelves”; a una de mis acompañantes le dio otro CD con otros temas y a la otra acompañante le dio copia del diploma que le otorgó la Secretaría de Marina Armada de México por haber obtenido el primer lugar en el concurso sobre cuentos (y le dio copia de dicho cuento titulado “El capitán y la sirena”).

Como mencioné líneas arriba, llegó otro mariachi después de las doce horas y a estas alturas ya había bastante gente, alrededor de 400 personas, todas ellas dispersadas dentro del panteón de la ANDA.

Después de estar escuchando por diferentes partes la música de Javier Solís, nos dirigimos al sepulcro donde descansa el gran Javier Solís para tomar algunas fotografías. El sepulcro se encontraba todavía inmaculadamente limpio, el pasto bien cortado con color verde encendido y el rosal bien regado; la fachada tiene un color negro y cuando es bañada por el agua ésta refleja un brillo de frescura; también se observó bastantes ramos de flores haciendo con ello un cuadro multicolor. A estas alturas del día había todavía poco hielo regado en el área del pasto. Después de tomarnos unas fotografías, nos fuimos a sentar en la parte de atrás del sepulcro en una frondosa sombra. De éste lugar ya no nos movimos: el ambiente en ésta área fue muy agradable: hicimos amistad con señoras y señores que era la primera vez que asistían y comentaban que estaban muy contentos con lo que habían presenciado. Hasta nuestro lugar llegó el lic. Cuevas y después de intercambiar algunos comentarios nos obsequió información digital muy valiosa sobre Javier Solís; como siempre muy agradecidos con el javierista numero uno, ojalá pudiera volver a estar con nosotros en el foro para que nos platique de todo lo que ha investigado; desde aquí mi reconocimiento a él: durante el evento lo vi obsequiando información digital a familiares del patrón, es decir, a familiares de Javier Solís.

Otra persona que estuvo presente a través del teléfono celular fue Felipe Ortiz, ya que llamó 2 veces para preguntar por los javieristas que regularmente asistimos a los aniversarios o cumpleaños de Javier Solís, y para preguntar sobre el evento.~

Tras 47 del 66

abril 19, 2013 § Deja un comentario

Es en el final de su carrera cuando Javier Solís encuentra un particular norte volviendo al sur, al sur de los tangos. Él, quien buscó ser el “genial intérprete de tangos” con un Javier en ciernes, un Javier Luquín, se toparía con la luz de unas sombras; después vendrían “Y todavía te quiero”, “Pajarito cantor” y “En esta tarde gris”, todas con mariachi y la última también con orquesta, pero aquél 8 de febrero de 1965 fue de “Sombras… nada más”.

Como mandan los cánones, en plena tarde, sin madrugón y sin desvelo, Solís interpretó y grabó la letra de José María Contursi y música de Francisco Lomuto con los arreglos y dirección de Gustavo A. Santiago. La comparsa, según rezó la etiqueta del disco, corrió a cargo de los mariachis Jalisco de Pepe Villa y Los Mensajeros de J. Isabel Paredes. Desde la Argentina, pues, llegó la canción transgénero: un tango que pasó a ser bolero para llegar a lo ranchero… Para iluminar a Javier.

Salió a la luz con un —guiño lúdico— “Cuando calienta el sol” (de los hermanos Rigual); más tarde, en el aciago 1966, el disco de larga duración (LP) incluiría en el lado A: “Sombras”, “Cada vez (Ogni volta)”, “En mi viejo San Juan”, “Si Dios me quita la vida”, “He sabido que te amaba (Ha capito che ti amo)” y “Renunciación”; en el lado B: “Cuando calienta el sol”, “Retirada”, “Moliendo café”, “Qué va”, “Tu voz (Plus je t’entend’s)” y “Amanecí en tus brazos”. Así de macizo; no por nada en la contraportada se leyó lo siguiente:

Hechos, rostros y lugares que se esfuman en el pensamiento, formas difusas proyectadas en la pantalla del recuerdo; recuerdos desdibujados por el tiempo que se prenden insistentes en el corazón… Sombras nada más… Voz de cálidos matices e inflexiones mórbidas que se diluye en el espacio con sugerencias de pasados y vibraciones de actualidad; voz que traspasa los umbrales del alma, acompañando a las memorias pasadas y presentes; voz que ríe, que llora y que canta, para liberar a la expresión confinada en la lira del talento: voz que vibrando al unísono de la pasión que agita el alma del poeta, revela los más íntimos secretos del amor y la belleza.

Es la voz de Javier Solís, una de aquellas que tienen el timbre de la seducción y cuya expresividad recorre con facilidad toda la gama emocional del sentimiento. En este nuevo LP del gran artista, viene a corroborar sus éxitos anteriores, cantando como no lo había hecho hasta ahora, pues ha grabado estilos tan diferentes de canciones que es proeza admirable el hecho de dar a cada una de las melodías comprendidas aquí, su propia circunscripción destacando cada uno de los estados de ánimo que encierran.

He aquí el disco que esperaban los admiradores del artista sonorense [sic].

En la contraportada hay también una foto de Solís en plena sesión de trabajo. Sin adorno alguno, se le ve metido en su papel; parece estar en ese estudio de grabación, ése su playing field, ahí donde se (la) jugó, donde labró su garganta y la perfeccionó. Antes había ya dado campanazos varios: barnizó sin mácula creaciones de Lara, con y sin mariachi; “El loco” le brindó acaso su primer epónimo; esclavo y amo era ya del bolero ranchero y su entrega total llegaba hasta los valses con banda sinfónica. ¿Qué le faltaba? Sombras… nada más.

A partir de ese febrero de 1965, Solís subrayaría su calidad no solo con todavía una buena cantidad de grabaciones, sino también con sendos proyectos discográficos: Payaso, Y todavía te quiero, Javier Solís con orquesta y el Homenaje a Rafael Hernández y Pedro Flores. Se puede especular y decir que este LP de Sombras tardó un año en prepararse, pues la canción de Luis Demetrio, “Si Dios me quita la vida”, según la biografía de Solís, no se tuvo lista sino hasta la Navidad de 1965. El disco sin duda resultó ser algo más que grises sombras.

Dos años y meses antes de aquella grabación toral, en esa misma ciudad de México, nacía Aída Cuevas (24.09.1962); cuarenta y cinco años después de aquellas sombras javiersolistas, la cantante Aída Cuevas ganaría el Grammy Latino (11ª entrega) en la categoría “Mejor album de tango” con su disco De corazón a corazón… Mariachi Tango (Cuevas 2010), que incluyó, sí, “Sombras… nada más”.

La “reina de la ranchera” —como otrora el “rey del bolero ranchero”— toma un tango y lo cobija bajo el sombrero; devolviendo acaso el favor, en ese su premiado disco regresa las “Sombras” a su lugar de origen con apenas bienvenidos destellos de mariachi. Aída Cuevas —como otrora Javier Solís— se aventura en “nuevos” derroteros y sale premiada.

El tango “Sombras… nada más” le llegó a Solís con una letra distinta en su plena juventud: la original tiene algunas diferencias, Aída Cuevas lo canta manteniendo algunas. La principal, por supuesto, es el título: “Sombras”, a secas, terminan siendo con Javier (pues con Felipe Pirela aún tienen nombre y apellido). Aquí la letra “final” (con la versión original entre paréntesis):

Sombras… nada más (F. Lomuto y J.M. Contursi, 1943)
Quisiera abrir lentamente mis venas,
mi sangre toda verterla* a tus pies (vertirla)
para poderte demostrar
que más no puedo amar
y entonces morir después.
Y sin embargo tus ojos azules,
azul que tiene* el cielo y el mar (tienen)
viven cerrados para mí
sin ver que estoy aquí* (así)
perdido en mi soledad.
¡Sombras… nada más!
acariciando mis manos
¡Sombras… nada más!
en el temblor de mi voz
Pude ser feliz
y estoy en vida muriendo
y entre lágrimas viviendo
el pasaje* más horrendo(s) (los pasajes)
de este drama sin final
¡Sombras… nada más!
entre tu vida y mi vida
¡Sombras… nada más!
entre tu amor y mi amor* (entre mi amor y tu amor)
Qué breve fue tu presencia en mi hastío,
qué tibias fueron tus manos*, tu voz (tu mano y tu voz)
como luciérnaga llegó
tu luz y disipó
las sombras de mi rincón.
Y yo quedé como un duende, temblando
sin el azul de tus ojos de mar
que se han cerrado para mí
sin ver…

De principio a fin Solís mantiene el equilibrio y así, sobre la tendida cuerda, hace brillar su instrumento a fuerza de precisos movimientos. Sereno repasa los endecasílabos (à la italiana, ¿tango al fin?), reconcentrado borda el restante de las estrofas y remata el estribillo y sus octosílabos con una soltura cómplice del aire (y de una segunda con el mariachi), y Javier ahí y así, perdido en su soledad, se encuentra único e inalcanzable. El señor de sombras.

Aquí las “Sombras” de Solís:

Y aquí una versión en vivo donde no queda más que señalar el garbo del genial intérprete del tango Sombras… nada más:

[youtube http://youtu.be/r7hFz1qfFjM]

Hay un detalle, avezado lector, con el que podemos despedir esta nota y recordar, oh luto, este 47º aniversario luctuoso de Javier Solís: el nudo negro en la garganta del cantor. Se trata de una corbata charra ya en desuso, e incluso excepcional para la época de Javier, que a manera de jáquima y simulando un gargantón, Solís solía vestir. Además de ese video, la corbata se puede ver en los otros cuatro que hasta ahora hay disponibles de Javier cantando en vivo (editados todos en el DVD A 40 años… me recordarás)… Y también en una foto que en enero de este año Aída Cuevas mostrara a sus seguidores en Twitter, esta es:

corbata de JS

«Les comparto algo inesperado pero muy valioso para mí, la corbata charra de don Javier Solís. ¡Qué regalazo!», escribió Aída. Inesperado fue también aquel deceso del 19 de abril de 1966: «con el corazón no contaba», explicaría el médico Francisco Zubiria. Amar da drama, lo supo el corazón de Javier y lo contó. Lo cantó. Silos, seria soledad… es seda de los aires Solís.~

Un especial de radio en internet

abril 17, 2013 § Deja un comentario

Hoy miércoles a las 20 hrs de la ciudad de México (UTC -6) se transmitirá un programa especial dedicado a Javier Solís en Black Radio online.

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Tomen nota, selectos lectores, la emisora es fácil de agarrar, incluso con dispositivos móviles a través de la app Tunein, así que no hay pretexto. Acá el de la tecla andará, desde acá, por ahí, ¡qué va!

El tiro de gracia a los 27

abril 11, 2013 § Deja un comentario

Con veintisiete años cumplidos Javier estaba lejos de ser Solís. Su nombre artístico estaba ya definido, sin duda, pero no así su estilo. En septiembre de 1957 había recibido su primer disco plateado por la canción —y primera gran oportunidad profesional—  “Por qué negar” (Lara), que grabara en enero de 1956, es decir, meses antes de sus 25; para 1958 ya solo estaban quedando ecos, sin huellas, de aquellos sus primero pasos. Aún así, en ese periodo, 1956-1958, Solís se echó a la bolsa poco más de media centena de canciones. El propio director musical Felipe Valdés Leal creía que el cansancio estaba haciendo mella en el muchacho y de ahí que el estilo no encontrara lugar en él. Necesitaba un respiro: Solís seguía siendo infante.

Javier tomó nuevos aires en 1958 (también los probó, dicho sea, pues ese año conoció a Yolanda Mollinedo), se fue en caravana artística y regresó a los estudios de la Columbia a jugarse el destino con la ayuda de Valdés Leal y el maestro arreglista y compositor Rafael Carrión, quien, efectivamente, lo arregló y compuso para una grabación en particular: “Llorarás, llorarás” de Rafael Ramírez Villarreal.

Oír es raro; llorar, serio. Aquél día, en aquella sesión, un joven de 27 años se supo oír y seriamente lloró el recuerdo de su ídolo atascado en su propia voz. Muerte al imitador, ¿para qué llorar como infante lo que se puede cantar como Solís? Una vez identificada por Carrión, Javier también reconoció su propia voz: óyeme como quien oye a Solís. «De hoy en adelante imita a este señor en todas tus canciones», le habría dicho el maestro arreglista, y el enfermo se compuso. Es raro llorarse… y así cual palíndromo Javier regresó sobre sí.

Un antes y un después resultó la grabación de “Llorarás, llorarás”. Un parteaguas. La Columbia confirmó y mantuvo a Javier (¿y Solís a la Columbia?), las grabaciones fueron a más —a unas cuantas estaba de «darle en la torre» al compadre Infante de Carrión— y el solista se subrayó. ¿Qué habrá visto Valdés Leal en “Llorarás, llorarás”? Los boleros de Ramírez eran apreciados, “Nuestro amor” con Los Panchos era quizá respaldo importante, así como aquellos (otros) temas de película “Si tienes corazón” y “De pies a cabeza” interpretados por Toña la Negra y Pedro Infante, respectivamente. La apuesta se mantenía con el muchacho:  a la yugular: bolero con mariachi: all in. Y se ganó la partida: vaya flush, una flor imperial y real.

No conformes con el éxito discográfico, “Llorarás, llorarás” se triplicó en pantalla: fue incluída en escenas de película de Javier: Tres balas perdidas (Rodríguez, 1961), En cada feria un amor (González, 1961) y Los cinco halcones (Delgado, 1962). Para el anecdotario, en un disco sencillo (de 45 rpm) hay un Pablo Flores (¿aquél amigo de Solís del trío México?) como compositor de la canción:

lloraras pablo flores

Pero se sabe que es de Ramírez y que salió al mercado (en contracara de “Después de amarnos”) en un disco así:

javier-solis-lloraras-cbs

(Así tal cual, “Llorarás”, y con un primer nombre, “Isabell”, es como se reporta —con decenas de intérpretes amén de Solís— en la base de datos de la SACM, donde, por cierto, ninguna de tres canciones intituladas “Llorarás, llorarás” tiene como autor a Rafael Ramírez pero sí a un… Pablo Flores Lagunas. Para llorar.)

Curiosidad puede también ser el acompañamiento. Según esos primeros discos es el mariachi Zapopan de Miguel Martínez (maestro trompetista que acompañara a otros mariachis como el Vargas y a una pléyade de cantantes) quien acompaña al solista, pero para el disco de larga duración Llorarás, llorarás (1959) se señala en la contraportada a los mariachis Jalisco y México de Pepe Villa. ¿Fueron versiones diferentes? Tanto la canción que nos ocupa como “Mentira, mentira” y “Vengo a decirte adiós” ya habían sido grabadas, el resto (9) fueron primicia: me parece natural que, por cantidad, solo se diera el crédito a las nuevas grabaciones y que esas tres fueran mera inclusión. De Zapopan es pues el acompañamiento.

La canción también forma parte de discos de éxitos de Javier, Mis 30 mejores canciones (Sony 1998) y A 40 años… me recordarás (Sony 2006), y de dos sabrosas mezclas: Los Panchos con Javier Solís (Columbia ~1966), con una bellísima segunda de Enrique Cáceres, y Javier Solís con la Rondalla Venezolana (Sony 2011), con solo Solís de inspiración pues la Rondalla, sin mariachi, es la única que se escucha en ese track.

Aquí pues “Llorarás, llorarás”…

Llorarás, llorarás (Rafael Ramírez)
Llorarás, llorarás, mi partida;
aunque quieras arrancarme de tu ser,
cuando sientas el calor de otras caricias,
mi recuerdo ha de brillar donde tú estés.
Has de ver que mi amor fue sincero
y que nunca comprendiste mi penar;
cuando sientas la nostalgia por mis besos:
llorarás, llorarás, ¡llorarás!

No era para menos el éxito. Entre violines y trompetas Javier desarrolla sus matices en apenas dos minutos de voz. Sin chillido alguno, no es sino hasta el final que se escucha la suavidad de la tremenda fuerza de Solís. Arranca y brilla al centavo (y de a peso); comprende nostalgias: exhorta llanto… Llora la canción.

Si el texano Rafael Ramírez Villarreal no pudo pegar a lo grande con Pedro Infante, sí que lo hizo con Javier Solís. Al poco de haber sido grabada con las Hermanas Gongora (paisanas del compositor), “Llorarás, llorarás” en voz de Solís le brindó su primer hit y le hizo merecer, dada la popularidad de la canción, dos veces consecutivas el “Micrófono de Oro” (de la Asociación Nacional de Locutores de México). Cinco años hay entre aquella escena “De pies a cabeza” con Infante —en El mil amores (González, 1954)— y el año del renacimiento de Solís con Ramírez. Finalizado 1958 con esa esperanza de Javier en el estudio de grabación, fue 1959 cuando desde el norte, Texas incluído, y acaso por los oriundos aires del compositor, “Llorarás, llorarás” sonó hasta el centro de México, Tacubaya incluída: un muchacho de 27 años había encontrado la inmortalidad.~

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