Javier Solís: La Entrevista
junio 14, 2010 § 2 comentarios
¿Cuál es su nombre?
¿Cómo es Javier?
¿Tiene algún grito o marca que lo distinga?
¿Qué nos puede decir de su éxito «El Loco»?
¿Hasta dónde ha llegado Javier?
¿Cuáles son sus canciones favoritas?
¿Cuál fue su primera grabación?
¿Y su primer éxito?
¿Qué es el amor para Solís?
¿Por qué el bolero-ranchero?
¿Cómo empezó Javier a ganarse la vida?
¿Qué nos puede decir de Javier Solís en Nueva York?
Háblenos de su carrera en el cine:
¿Solís ha fracasado?
¿Qué nos puede decir de grabar y de cantar en vivo?
Epílogo: «Javier Solís: una voz inmortal»
La importancia de cantar a Julia
junio 9, 2010 § 2 comentarios
Lo siguiente es historia conocida entre los javieristas, y referida en la última página del tomo II de La vida de Javier Solís (Ed. Clío 1995) de José Felipe Coria.
Dice así.
Para poner a prueba su estilo, decidió grabar todos los valses que Pedro había hecho famosos. Quería darle un giro especial a cada uno de ellos, en especial a «Julia», melodía que era un alarde insuperable de perfecciones en la voz de Pedro.
Cuando se grabó «Julia» [fechado ello en 1959] no resultó a la primera, como ya era costumbre en Javier. Se fijó dónde había fallado y en la segunda toma se esmeró en cantarla mejor. [Rafael] Carrión lo reconoció enseguida. Desde el micrófono de la cabina, en lo que escuchaba la toma, le dijo a Javier:
—Le acabas de dar en la torre a mi compadre.
Al salir de los estudios, Javier sentía que, al fin, le había ganado a Pedro en su terreno, y sí, Pedro era el ídolo de México y lo sería siempre, pero lo había destronado como cantante.
Aquí pues “Julia”, de Francisco Moure Holguín, con mariachi:
¡Qué va!
Modisto de canciones
abril 22, 2010 § 3 comentarios
Siempre será poco lo que se pueda hablar de Álvaro Carrillo Alarcón (1919-1969). Sencillamente es un monstruo de compositor. Un ingeniero agrónomo que con precisión supo labrar esa tierra fértil de la trova, dejando una cosecha irrepetible de boleros y otros estilos musicales. Su hasta ahora mejor intérprete es, grosso modo, Pepe Jara, quien, por cierto, transcribe (en sus memorias El Andariego) la respuesta de Carrillo a la pregunta (de Paco Malgesto), ¿cómo hace sus canciones?:
«Yo hago mis canciones como muñecas: desnudas. Y luego son los intérpretes quienes me las visten. Algunos de seda, de lino, de terciopelo y, otros, de manta pero muy bien cortada [aquí señala a Jara]».
Más razón no puede llevar don Álvaro. Ahora bien, para tales muñecas hay tanto sastres como modistos y de estos los hay, como en todo, de calibres varios. Javier es un modisto, uno que sólo tuvo cinco ocasiones para vestir las creaciones del oaxaqueño, a saber [en orden de composición]: «Amor mío» [1956], «Sabrá Dios» [1957], «Luz de luna» [1959], «Sabor a mí [1959] y «Se te olvida» [1965].
Un sencillo y selecto grupo de supermodelos que Javier, a cada una, les brindó su alta costura. Los zurcidos y cortes, amén de a la medida perfecta, resultaron de envidiable manufactura. Señor de sombras, luces y pasarelas, dotó a las muñecas —de porcelana acaso— de un ropaje exclusivo, no de marca sino de diseñador, es decir, de los que sólo en los grandes desfiles se consiguen admirar y que el resto (de modistos, sastres, imitadores, etc.) se ocuparán de, al fin México, maquilar.
La tela de Javier era una que en sus primeros años (i.e., cuando sonaba a Infante) perfeccionó a base de mucho estira y afloja. De ello uno da cuenta al escuchar y comparar entre sí a este quinteto de muñecas. «Sabrá Dios» —donde remates de estrofas y acompañamiento de orquesta recuerdan mucho a Pedro— es la primera que Solís viste. Después, ya con mariachi, le mete más hombro y cuerpo, y «Amor mío» (la consentida de Carrillo) se beneficia en mayor medida de la voz que estaba a punto de terminar de templar. Así, «Sabor a mí» y «Se te olvida» son ya un par de, tal cual, creaciones javieristas.
Solís finaliza con —mi favorita— «Luz de luna» (que no un bolero, más bien un bambuco, y aquí la versión del compositor), incluída en un muy cuidado Y todavía te quiero (1966). Esta es la última oportunidad de Javier de vestir a una de las Carrillo. Solís aprovecha al máximo y corona esa su particular y reducida colección de gemas del entrañable Negro.
No conforme con lograr su mejor interpretación de Carrillo, Javier dejó un vestido incomparable por donde se le mire. Es más, no es sino a dos voces (i.e., con dos tipos de telas) que sus contemporáneos (y competencia), Miguel Acéves Mejía y Marco Antonio Muñiz, apenas y logran una versión más o menos a la altura (ello sin tomar en cuenta el yerro de sustituir los atinados garfios por unos rupestres lazos, que Miguel repite en solitario) de la de Javier.
Atahualpa le canta a Javier: un corrido
abril 19, 2010 § 5 comentarios
Sí que lo es, el de la voz e inspiración es Atahualpa Yupanqui, nuestro gaucho cantor.
Esta es la letra del «Corrido a Javier Solís»:
Corrido a Javier Solís
(Atahualpa Yupanqui/Sebastián Britos)Amigos, canten muy quedo
que sólo se escuche aquí
porque asegún me dijeron
se ha muerto Javier Solís.Un corazón mexicano
templado como un violín,
amigo pa’ los amigos
tal era Javier SolísMujeres, muchas lo amaron,
según dicen por ahí
pero yo sé que una sola
lo ganó a Javier Solís.Un día será leyenda
si el pueblo lo quiere así
y en las guitarras del pueblo
volverá Javier SolísAmigos, canten muy quedo
que sólo se escuche aquí
porque asegún me dijeron
se ha muerto Javier Solís
Desde la llanura sureña se engendra este sencillo y sentido canto. Así como cantó a Neruda (Pablo nuestro que estás en tu Chile…), también Atahualpa lo hizo con Javier. Por si quedara duda del alcance de su voz, es ahí en la pampa donde uno de sus mayores cancioneros —acaso el más grande— le dedica coplas y el rasgado de su guitarra.
Poco o nada logro saber de la historia/circunstancias de este corrido. Sé de él a través de Heber Galicia (miembro del ClubYahoo JS). En la Fundación Atahualpa Yupanqui tan sólo se encuentra en el listado de canciones y más nada. Se consigue en uno de los cedés de la colección Magia de Atahualpa Yupanqui donde, por cierto, se le registra en el periodo 1974-1977, en particular el 10/09/76, así que, suponiendo que esa es la fecha de grabación del corrido, resultaría todavía más interesante el poder saber del porqué o cómo de la composición. Lo único que se me ocurre es que a diez años de la muerte del cantante, fue de esa manera en que Atahualpa le recordara. Le cantara.
Canten muy quedo, pide Atahualpa, cual confidencia hecha canto, así era como gustaba de llevar su arte. Cantante pa’ cancioneros, tal era él. Ambos leyenda: el pueblo lo quiere así.
Addendum
De los comentarios de esta nota rescato el de Marcos Britos, quien señala (desde Neuquén en la Patagonia argentina) que cuando el tío Sebastián Britos regresó de México, «tocó y cantó en su guitarra esta canción en mi casa como un homenaje personal e íntimo a Javier Solís».
Aunque sea malas nuevas
febrero 17, 2010 § 1 comentario
Un bolero con mucha carne en su interior. Guillermo Castillo Bustamante lo parió entre rejas y sólo acercándose a su historia y la de su patria Venezuela, puede uno comprender la verdadera intimidad de “Escríbeme”. Aparte están las primeras interpretaciones por su paisano Alfredo Sadel y el chileno Lucho Gatica, donde aquél sigue ostentando la mejor versión, sin duda al haber tenido, literalmente, de primera mano la referencia con el compositor (amén por supuesto de su excelsa e inolvidable voz).
Solís quiso también imprimir su sello. Escribir con su cuerdas y cantar así en memoria del doloroso e injusto peregrinar de encierros de Castillo Bustamante. Acompañado del mariachi Perla de Occidente graba entonces su versión, una que aun con borrones obtiene la esperada y agradecida belleza que sólo Javier sabía dar.
Digo con borrones porque “Escríbeme” en la voz de Solís tiene una desafortunada imperfección. Escuchando la versión editada tanto en el disco Canta Javier (1958) como en el cedé de Las Inéditas de Javier Solís (2005), reparo en que Javier, ya en el cierre de la canción, entra a destiempo. Así tal cual, pasados los 3 minutos y a punto del desenlace, después de «su lectura me conmueve» escuchamos un muy indeciso «aunque sea». Un lapsus que a saber si en alguna otra grabación se evitó. Aquí la canción:
Pero un intento, colegas, ya deseado por aquellos que quieran (o hayan querido) echarse al hombro este pedazo de canción. Pues si con sus “Tres Lindas Cubanas” el venezolano dio rienda suelta a su alegría (en particular) en las notas para el piano, “Escríbeme” exige hacerse de tristeza, sufrimiento y melancolía y, una vez con todo ello, dar salida de principio a fin a notas nada fáciles para la voz—ésta se lleva todo el bolero en sí, dejando a la música como mero acompañamiento. Castillo Bustamante lo dejó todo al texto. Ése que más que escribir ansiaba leer.
Así, al canto se le encarga la súplica, algo que Javier sabía —mejor que nadie— conceder. Lograr pues que “Escríbeme” tuviera su merecido bolero ranchero estuvo a punto de consolidarse con Javier. Insisto, el error está ahí y, lo dicho, ojalá existiera alguna otra versión sin tal detalle. Con Aída Cuevas se tiene, hay que decirlo, una muy respetable interpretación a la altura de lo mejor del bolero ranchero; pero con Solís ese borrón nos cuesta y nos puede.
Con todo, como lo expresara acaso el propio don Guillermo (y que sirva esta nota toda como humilde reconocimiento), aunque sea así se seguirá escuchando sin reparo a Javier. Aunque sea malas nuevas, Solís seguirá cantándonos la buena nueva. Nuestra mejor.
Por aquí nos vemos y leemos, ¡qué va!
De 100
febrero 12, 2010 § Deja un comentario
Acaso como un tequila añejo y así de bueno, hay en el repertorio javierista un puñado de interpretaciones que hoy día, su contenido, alcanza ya el centenario. Canciones que vieron la luz hace ya cien años y que Javier tomó en cuenta para el enriquecimiento tanto de su propio acervo musical como el de la tierra que las engendró. O mejor dicho, para honor de sus creadores.
Por supuesto, la mayoría de ellas se clasifica como valses, toda vez que fue precisamente en las postrimerías del siglo XIX y primera década del pasado cuando tal género musical ocupa el primer lugar de popularidad, y motiva plumas y partituras varias de una pléyade de compositores. Ahora bien, fácil no es señalar la fecha precisa en que las obras se registraron y entonces calcular exactamente la longevidad de su alcance musical, empero, lo cierto es que en este 2010 tienen ya los tres dígitos de edad.
Solís, lo dicho, las graba a poco más de 50 años de existencia en la memoria musical de entonces, y deja así una muestra más (y mejor) de la belleza inmortal de tales composiciones. Es decir, la verdad sea dicha, Javier supera en mucho a los que le precedieron (incluyendo, por ejemplo, a Infante y su Dios nunca muere) y a los que le siguieron.
Dicho lo anterior, sirva este espacio para enlistar a las más viejas canciones que Javier grabó y que en este especial año (de centenarios y bicentenarios) se han de recordar de forma especial. Ojo, no todas son valses, hay dos que más bien son semilla de lo que será en mucho la gran producción mexicana durante tres cuartos del s.XX, es decir, la canción ranchera. Sea pues.
Parte ya de la etapa histórica revolucionaria la lista continúa con la entonces exitosa
La lista pues concluye ahí por una razón muy sencilla: el siguiente compositor es Francisco Moure Holguín [1897-1964] cuyo vals «Julia» está fechado en 1924, luego tal obra tiene apenas 85 años por lo que queda fuera de la selección. Cierto, “Morir por tu amor” podría también quedar fuera, mas 5 años de diferencia entre la edad de los respectivos compositores me parecen razón prudente para asumir que quizá con 18 años Belisario haya dado a luz a su Morir. También, estoy dejando fuera de la lista a los restantes 3 valses grabados por Solís: “Por ti aprendí a querer” de Lorenzo Barcelata [1898-1943], “Noche azul” de Carlos Espinosa de los Monteros [1902-1972] y “Mañana” de Victoria Eugenia Sepúlveda [¿?].
Así, herencia invaluable son estas canciones no sólo por su ya inmortal contenido sino también por haber quedado en boca de Javier y su arte. Son estas joyas, su interpretación, la debida reverencia de Solís a aquella música que en este año reafirma plenitud (ello afirmado sin empacho) con unos merecidos ya 100 años de vida. Lo más, Javier con su canto las revistió de particular elegancia e insufló en ellas la serenidad necesaria para que hoy día puedan ser escuchadas sin dejos de arcaísmo.
En corto, la inigualable voz de Javier es, en este centenario, el mejor medio para seguir brindándoles un espacio por demás vivo. Un Javier Solís no de 10 sino de 100, ¡qué va!
Por aquí nos vemos y leemos.
Los ecos europeos de Solís
septiembre 4, 2009 § 5 comentarios
En los últimos años de carrera de Javier se incluyeron los llamados covers de, sobre todo, versiones originales en italiano. Anteriormente mencionamos el “Dio, como ti amo” (1966) de Domenico Modugno en voz de la siempre bella Gigliola Cinquetti (quien con su interpretación ganó el Festival de San Remo de 1966). Pues bien, además de esta canción hay un par más que podríamos llamarlas conexiones de Javier con la canción popular europea. Ecos europeos javieristas, si se quiere.
Esto es, que las versiones de Javier de “Dio, como ti amo” y “Al di la” (de Luciano Tajoli), tuvieron origen en aquello que desde 1956 busca ser (o lo es de hecho para algunos) la referencia primera y mejor de la canción popular europea: Festival de la Canción de Eurovisión. Así, en 1961 Betty Curtis interpreta el “Al di la” de Tajoli (y se queda con un 5° lugar de la tabla), y en 1966 el propio Modugno interpreta su canción (quedando, sea dicho, en último lugar de la tabla; por cierto, en ese año también está en la competencia un jovencísimo Raphael cantando “Yo soy aquél”, y quedando en séptimo lugar).
Javier se da a la tarea, pues, de reinterpretar ese par de participaciones italianas del mentado cancionero europeo. Nos regala así: “Más allá” y “Dios, cómo te amo”. La primera se incluye en el LP Boleros, boleros, boleros (1963) y la segunda en acaso su último LP grabado, Con Orquesta (1966). Y sí, “Más allá” es una canción con acompañamiento de mariachi y “Dios…”, tal cual, con orquesta. Ambas canciones guardan la sana distancia con sus originales. Es decir, al escucharlas y conocer la existencia de las otras se sabe enseguida que hay un paralelismo, sin embargo, y aquí la valía de Javier, hay de por medio una lectura distinta —mejor— de cada una de las respectivas letras.
Valiéndose únicamente de su voz (pues el acompañamiento musical es siempre constante, por no decir monótono), Solís va imprimiendo poco a poco, y de manera justa y serena, esa celebración que ambas canciones buscan ser. No hay gritos ni entonaciones forzadas (o divorciadas de la letra y su intención); Javier siempre sigue el discurso de la canción y lo puntualiza y contiene de manera óptima. No se desborda: va arruyando cada pasaje. Es más, tómese como ejemplo esa parte final donde en lugar de recurrir al lugar común de cantar «más allá de la muerte/ estás tú, más allá, más allá del final», y hacer una típica y esperada elevación del tono y/o volumen, mejor cierra y se va acompañando al coro final. Así sin más, sencillamente elegante. Y lo mismo con “Dios…”, una letanía que en todo momento va dotada del acento y énfasis perfectos. Su parte final también es una muestra de la maestría de Javier para entender las canciones, sumada por supuesto al arte de cantarlas. Todo Solís.
Queda así esta revisión de la relación entre Javier Solís y Eurovisión. Sin duda alguna, Javier pudo y supo estar, a su manera, en la escena mundial musical. Como pocos. ¡Qué va!
Por aquí nos vemos y leemos.
Las lunas de Javier
julio 20, 2009 § 2 comentarios
20 de julio del 2009
Seis son las canciones donde Solís alcanza la luna, esa que hoy hace 40 años fue caminada por el hombre en los pies de Armstrong y Aldrin. Solís hizo lo propio: caminó en cada una de sus cuatro letras y, ya les digo, seis veces alunizó.
Lo hizo de varias maneras: alegre, taurino, bohemio, poeta, matemático y, por supuesto, netamente ranchero. Seis son pues los compositores que en voz de Solís pudieron obtener esa claridad que la luna les —y nos— suele brindar e hipnotizar. Es decir, una combinación perfecta: la inspiración, la luna y la voz.
Tomando los años en que las respectivas grabaciones salieron al mercado, ésta es la particular ruta de Javier en su viaje a la Luna, a sus lunas:
“Al claro de luna” se incluye en el disco Llorarás, llorarás (1959), su versión original es en italiano (“Al chiar di luna”, de Rossi Testa) y Solís se encarga —con la ayuda de Mario Molina Montes, quien da la letra en español— de reconcebir aquella primera versión de Bob Azzam, llegando a una donde entre las cuerdas de los mariachis y coros femeninos, la complicidad requerida (de la novia del ancho mar) es hecha patente bajo la claridad de aquella entrañable voz media.
Luis Demetrio, por su parte, escribe “Tres lunas” y se incluye en el disco Javier Solís con acompañamiento de mariachi DCA180 (1960). Un conteo preciso de los menesteres del abandono y del malquerer, e incluso del fatídico final que le espera a aquella a quien Solís, por honor, dulcemente mataría.
“Luna, luna” es literalmente un poema doble, primero por la pluma de Agustín Lara y segundo por el canto de Javier; una historia de amor cadenciosa incluída en el disco Javier Solís interpreta a Lara (1963) y que, sí, nos hace soñar y doblemente hacer brillar a aquella nuestra esfera de papel.
Tres años después —y a tres del Apollo 11— “Luz de luna” se incluye en Y todavía te quiero (1966). Álvaro Carrillo y Javier Solís hacen mancuerna como pocas y en la playa de la farra y del dolor brindan a la bohemia una razón plenilunada, ¡azul como ninguna!
También en el mismo año se graba el disco Vida de bohemio (1966) en el que Solís parte plaza con “La luna y el toro”, de A. Sarmiento y C. Castellanos, enamorando al astado y peinando con elegancia y porte cada nota de ese musical coqueteo taurino; despliega su capote lentamente y alarga pases sin premura y con total arte.
José Alfredo Jiménez concluye esta odisea con su “Serenata sin luna” (editada en 1974 en Dos ídolos que se fueron y después en 1984 en Temas inéditos de sus películas) dejando a Javier la tarea de mostrarse sin más luz que la emanada de su garganta: la protagonista no es ya la luna sino la serenata misma, ese canto al amor que un hombre procura dar con o sin lindos cielos. Y Solís lo hace y nos canta y se nos entrega, y encuentra el modo preciso para decirnos con pasión que es un esclavo —y amo— de la canción.
Hoy día hace 40 años el hombre se mostró amo y esclavo del Universo, la Luna fue su fin y medio… acaso como Solís y sus lunas. ¡Qué va!
Por aquí nos vemos y leemos.
Tres para un 43 (entrega segunda)
abril 18, 2009 § Deja un comentario
Continuamos con esta nuestra particular conmemoración del 43 aniversario luctuoso con un segundo disco en el que ahora todo él está inspirado por el recuerdo de Javier. Vamos hacia atrás en el tiempo y llegamos a un particular disco de una intérprete, esto es coincidencia, contemporánea de Amanda y, también como ella (aunque sin adoptar la nacionalidad), con una carrera artística desarrollada principalmente en México. Toca el turno pues a, lo dijo Armando Manzanero, «la mujer que nació para cantar», Manoella Torres (Nueva York, 1954) y su De la tierra… Javier Solís, al cielo (2002).
La carrera artística de Manoella tiene acaso paralelismos con los de Javier: cuidada más bien por su abuela (y no por los padres), echada a andar profesionalmente con la ayuda de uno de Los Panchos (Alfredo Gil), prolífica en sus grabaciones, requerida como actriz y, en su verdadero oficio, intérprete de una pléyade de compositores. Así, con una trayectoria afianzada sobre todo en la segunda mitad de los 70s y primera de los 80s, la mujer que nació para cantar graba este material ya en plena madurez. Ahora bien, con el antecedente de, por un lado, sus grandes y merecidos éxitos con baladas como «Acaríciame» o «A la que vive contigo» y su cabal entendimiento del bolero (desde niña es ya una fanática de los boleros), y, por otro lado, sus grabaciones con mariachi, las expectativas son altas.
Abre entonces sus 14 interpretaciones con un «Esclavo y amo», y así de ese calibre javierista es toda la selección, es decir, Manoella tiró alto; despliega su arsenal pero éste se ve limitado por un acompañamiento musical que, en general, no cumple con la tarea. Son sólo algunos temas donde la voz de Manoella tiene el marco musical adecuado. En este sentido, más hubiera valido prescindir del mariachi y hacerlo todo de un modo, se me ocurre, más bien basado en, por ejemplo, guitarra y piano. Claro, ello quizá hubiera dejado fuera a algunos temas y requerido otros: pero al menos así se hubiera asegurado que el disco quedara a la altura de las circunstancias. Y es que, ya se ve, el repertorio de Solís no es cualquier cosa: tiene su arte. Ahora bien, también debe reconocerse que por momentos es la propia Manoella quien se contiene, faltándole esa fuerza y bravura que, en estos tiempos, otras intérpretes creen tener y lo sacan a la menor provocación (o bien, por pura pretensión y pose). Con todo, la voz de Torres sigue siendo de buen calibre.
Tomemos pues aquellos particulares temas donde efectivamente tierra y cielo parecen ser dos en uno; donde Manoella logra que su particular estilo vaya y venga de la mano de la música y letra, y nosotros, dicho sea, terminamos rendidos a ella como otrora en sus más sensuales años. Es decir, que obviaremos a ese, literalmente, primerizo «Esclavo y amo», un muy plano «Y…», el intento de «Si Dios me quita la vida» (a pesar de los destellos de una guitarra), y un fingido (palmeo incluído) «Adelante». Sobresalen así «En mi viejo San Juan», donde la sentida (y esperada) interpretación de la boricua Manoella fue acaso respaldada por una posible nostalgia (no así por, insisto, el arreglo musical); la sencilla pero suficiente «He sabido que te amaba»; una muy acertada «Me recordarás»; la original «Moliendo café», mi favorita sin duda por sobre todo ese, paradójicamente, acompañamiento musical que, ahora sí, reviste y le da una nueva cara a este clásico javierista-caribeño dotándolo de un perfil lounge; un acertado y a la medida «Échame a mí la culpa» (con todo y su insípido final); la apenas justa «Una limosna»; el «¡Qué va!» rescatado en sus últimos segundos; un «Sombras» donde la voz es protagonista sin duda y el carisma de Torres sobresale claramente; las «Cenizas» y su lograda atmósfera intimista; y, finalmente, el «Se te olvida», que si bien no fue broche de oro, sí uno de bronce.
Entonces, si bien parece ser que diez de 14 es un buen síntoma para una calificación positiva y alentadora, el resultado y balance final no corresponde del todo a la parte cuantitativa. La calidad del disco se restringe a un bronce, es decir, que de hecho esos 10 mejores temas no guardan entre ellos una homogeneidad y hacen extrañar a aquél sonido que Manoella nos supiera regalar en el pasado y, por supuesto, a aquello que Javier cultivó y legó. No hay del todo innovación y frescura. Si, así las cosas, se tuviera a lo largo de todo el disco aquella propuesta musical de «Moliendo café», la carga pasional de «Sombras» y el aire logrado en «Cenizas», entonces sí lo de Manoella hubiera sido un camino recto que no nos motivara a salirnos de él, y estar con ella de principio a fin en este su encuentro con Solís.
Queda pues este disco como una producción a la que le hizo falta una mejor dirección artística. Sin duda alguna Manoella entiende lo que Javier es e implica en el tipo de música que ella interpreta, no debe ser entonces difícil que nos brinde mejores faenas, sin embargo, lo dicho, Solís exige, y hacer ese recorrido de la tierra al cielo es algo que requiere algo más que bonita voz, ganas y buenas intenciones. A un año más del aniversario luctuoso y en espera de, seguramente, todavía más discos recordando a Javier, ojalá que voces, ganas e intenciones, correspondan de mucho mejor manera a lo verdaderamente valioso y esperado: cantar con propia voz y estilo lo que por voz de Javier bellamente surgió. Ni más, ni menos.
Por aquí nos vemos y leemos. Mañana la tercera y última entrega. ¡Qué va!
Solís Mariano
abril 10, 2009 § 1 comentario
Estos días no giran precisamente en torno a la figura femenina más importante de los católicos, sin embargo, María tiene por supuesto un papel importante. Estas líneas tampoco son en torno a algún tema litúrgico, pero sí, digamos, “paganamente mariano”. Solís grabó dos temas intitulados “María” (¿deuda se le podría considerar una “María Bonita”?… como fuere, ahí está su bellísima “María Elena” de Ernesto Cortázar, incluída en su grabación En Nueva York [1960]): “María (un beso te robé)” de Miguel Ortiz y, la que nos ocupará ahora, “María” de Stephen Sondheim y Leonard Bernstein, con letra en español de Mario Molina Montes. Ésta última es, tal cual, una muestra más de lo adelantado que Javier estaba de su tiempo.
Esto es, que antes que José Carreras (en 1984, i.e., con plenos 38 años) hiciera de “María” un tema algo más que la «canción del musical» (original de 1956) y la cubriera del arte de su voz —dotándola así del aura que hoy día, ha de reconocerse, el tema tiene gracias a él—, Javier Solís grabó (acaso en su último par de años de vida, 1965-1966, i.e., en sus 34) esta canción en una versión que apunta ya a aquella operística (como así se le conoce por muchos) de Carreras, concebida por el propio Bernstein. Aquí, por cierto, parte del documental de la grabación de tal versión y las peripecias de ambas leyendas.
Entonces, casi 20 años antes de que Bernstein tomara la opción de hacer de la voz de Carreras un medio ideal y preciso para tener el tritono concebido para esta particular canción y volverla cual aria o lieder, Mario Molina Montes le pone letra en español y Solís se encarga así de —además de tener la primera versión en castellano— dejar el precedente de, lo dicho, esa bellísima versión operística. Esto es, que ni siquiera gente como Johnny Mathis o Larry Kert lograron entender de tal manera la canción y sus grabaciones se quedaron en el campo de los tradicionales musicales. Aquí pues la versión de Javier:
Así las cosas, aplausos también al mencionado Molina Montes, pues gracias a él tenemos una versión es español que le hace justicia a la original: no es una simple traducción, es una cabal adaptación. Javier la entiende, y así junto con la música (a cargo del mariachi) deja ésa preciosa grabación que es ya para todos los tiempos y que, si me dejan acotar, recuerda en mucho a los himnos marianos. Sea pues: Solís mariano.
Por aquí nos vemos y leemos, ¡qué va!

