Qué influencia tiene Solís

agosto 19, 2026 § Deja un comentario

Con los años algunos homenajes adquieren una peculiaridad: no son ya de jóvenes cantantes recordando a sus mayores, sino de cantantes consagrados cantando lo de otrora jóvenes cantantes. Javier Solís cantó “Esclavo y amo” en sus treinta, y desde esa su joven madurez logró impregnarle a la letra de Vaca Flores un aura que redefiniría su obra musical y, también, la canción mexicana. Hace unos días se publicó una nueva versión de la canción, una versión en vivo de Pepe Aguilar (1968) en el Hollywood Bowl de Los Angeles con acompañamiento sinfónico. Para Aguilar, dicho por él, cantarlo así con mariachi y sinfónica en el Hollywood Bowl fue un reto: «Atreverme a hacerlo con una canción de uno de mis más grandes ídolos, del que mejor la cantó. A los grandes no se les imita — se les honra.» Aguilar también ha dicho, y en este espacio lo registramos, que «Javier Solís es la mejor voz que ha existido, maestro de maestros». Y así, a sus más de cincuenta años de edad y con más años de carrera profesional que los de su ídolo, Pepe Aguilar vuelve a la esclavitud del fanático y al señorío del cantante.

Fue hace veintiséis años cuando Aguilar quiso echarse al hombro semejante peso javiersolista para su disco Lo grande de los grandes (Musart, 2000). En esa selección de doce temas (dos por cada uno de los seis grandes), de Solís escogió “Esclavo y amo” y “Amigo organillero” (con arreglos musicales de Homero Patrón y Manuel Cazares, respectivamente). En ambas supo desarrollar su estilo y se hizo sin duda de un par de temas más para su propio repertorio, es decir, reinterpretó cabalmente a puro esfuerzo vocal, pues, hay que decirlo, en los arreglos hubo cambios mínimos (sobre todo en “Esclavo y amo”), y su manera quedó clara y firme, presente, ante el pasado de la canción de Solís; Aguilar tenía futuro.

Llegamos a esta versión sinfónica y en vivo (con arreglos de Manuel Cerda), una que se cantó a sesenta años de la muerte de Javier Solís. Una que resultó, por su interpretación, un señor homenaje para aquél joven de Tacubaya que, sin saberlo, dejara grabados temas como este que nos ocupa, y que han dado de qué hablar y de qué cantar durante más de cincuenta años. Este espacio, por ejemplo, comenzó hace veinte y la primera nota alrededor de una canción fue precisamente aquella sobre “Esclavo y amo”. En entrevista con Ernesto Lechner para Los Angeles Times, Pepe Aguilar le dice que «cada artista tiene una misión, y la mía es cantarle a la tristeza; alguien tiene que hacer el trabajo sucio». Lleva razón, limpiamente Aguilar se ha ganado un lugar en esa su musical tristeza y felizmente ha capturado mucho de su esencia. Por su parte, Javier Solís, entre luces varias del amor y de amores, le cantó más bien a las sombras, unas que se alargan ya a más de medio siglo de ausencia. No sé qué tiene su música, no sé qué tienen sus versos.~

Captura del dibujo de Jaime Ruelas para las ilustraciones del disco Lo grande de los grandes.

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