Tres para un 43 (entrega segunda)

abril 18, 2009 § Deja un comentario

Continuamos con esta nuestra particular conmemoración del 43 aniversario luctuoso con un segundo disco en el que ahora todo él está inspirado por el recuerdo de Javier. Vamos hacia atrás en el tiempo y llegamos a un particular disco de una intérprete, esto es coincidencia, contemporánea de Amanda y, también como ella (aunque sin adoptar la nacionalidad), con una carrera artística desarrollada principalmente en México. Toca el turno pues a, lo dijo Armando Manzanero, «la mujer que nació para cantar», Manoella Torres (Nueva York, 1954) y su De la tierra… Javier Solís, al cielo (2002).

La carrera artística de Manoella tiene acaso paralelismos con los de Javier: cuidada más bien por su abuela (y no por los padres), echada a andar profesionalmente con la ayuda de uno de Los Panchos (Alfredo Gil), prolífica en sus grabaciones, requerida como actriz y, en su verdadero oficio, intérprete de una pléyade de compositores. Así, con una trayectoria afianzada sobre todo en la segunda mitad de los 70s y primera de los 80s, la mujer que nació para cantar graba este material ya en plena madurez. Ahora bien, con el antecedente de, por un lado, sus grandes y merecidos éxitos con baladas como «Acaríciame» o «A la que vive contigo» y su cabal entendimiento del bolero (desde niña es ya una fanática de los boleros), y, por otro lado, sus grabaciones con mariachi, las expectativas son altas.

Abre entonces sus 14 interpretaciones con un «Esclavo y amo», y así de ese calibre javierista es toda la selección, es decir, Manoella tiró alto; despliega su arsenal pero éste se ve limitado por un acompañamiento musical que, en general, no cumple con la tarea. Son sólo algunos temas donde la voz de Manoella tiene el marco musical adecuado. En este sentido, más hubiera valido prescindir del mariachi y hacerlo todo de un modo, se me ocurre, más bien basado en, por ejemplo, guitarra y piano. Claro, ello quizá hubiera dejado fuera a algunos temas y requerido otros: pero al menos así se hubiera asegurado que el disco quedara a la altura de las circunstancias. Y es que, ya se ve, el repertorio de Solís no es cualquier cosa: tiene su arte. Ahora bien, también debe reconocerse que por momentos es la propia Manoella quien se contiene, faltándole esa fuerza y bravura que, en estos tiempos, otras intérpretes creen tener y lo sacan a la menor provocación (o bien, por pura pretensión y pose). Con todo, la voz de Torres sigue siendo de buen calibre.

Tomemos pues aquellos particulares temas donde efectivamente tierra y cielo parecen ser dos en uno; donde Manoella logra que su particular estilo vaya y venga de la mano de la música y letra, y nosotros, dicho sea, terminamos rendidos a ella como otrora en sus más sensuales años. Es decir, que obviaremos a ese, literalmente, primerizo «Esclavo y amo», un muy plano «Y…», el intento de «Si Dios me quita la vida» (a pesar de los destellos de una guitarra), y un fingido (palmeo incluído) «Adelante». Sobresalen así «En mi viejo San Juan», donde la sentida (y esperada) interpretación de la boricua Manoella fue acaso respaldada por una posible nostalgia (no así por, insisto, el arreglo musical); la sencilla pero suficiente «He sabido que te amaba»; una muy acertada «Me recordarás»; la original «Moliendo café», mi favorita sin duda por sobre todo ese, paradójicamente, acompañamiento musical que, ahora sí, reviste y le da una nueva cara a este clásico javierista-caribeño dotándolo de un perfil lounge; un acertado y a la medida «Échame a mí la culpa» (con todo y su insípido final); la apenas justa «Una limosna»; el «¡Qué va!» rescatado en sus últimos segundos; un «Sombras» donde la voz es protagonista sin duda y el carisma de Torres sobresale claramente; las «Cenizas» y su lograda atmósfera intimista; y, finalmente, el «Se te olvida», que si bien no fue broche de oro, sí uno de bronce.

Entonces, si bien parece ser que diez de 14 es un buen síntoma para una calificación positiva y alentadora, el resultado y balance final no corresponde del todo a la parte cuantitativa. La calidad del disco se restringe a un bronce, es decir, que de hecho esos 10 mejores temas no guardan entre ellos una homogeneidad y hacen extrañar a aquél sonido que Manoella nos supiera regalar en el pasado y, por supuesto, a aquello que Javier cultivó y legó. No hay del todo innovación y frescura. Si, así las cosas, se tuviera a lo largo de todo el disco aquella propuesta musical de «Moliendo café», la carga pasional de «Sombras» y el aire logrado en «Cenizas», entonces sí lo de Manoella hubiera sido un camino recto que no nos motivara a salirnos de él, y estar con ella de principio a fin en este su encuentro con Solís.

Queda pues este disco como una producción a la que le hizo falta una mejor dirección artística. Sin duda alguna Manoella entiende lo que Javier es e implica en el tipo de música que ella interpreta, no debe ser entonces difícil que nos brinde mejores faenas, sin embargo, lo dicho, Solís exige, y hacer ese recorrido de la tierra al cielo es algo que requiere algo más que bonita voz, ganas y buenas intenciones. A un año más del aniversario luctuoso y en espera de, seguramente, todavía más discos recordando a Javier, ojalá que voces, ganas e intenciones, correspondan de mucho mejor manera a lo verdaderamente valioso y esperado: cantar con propia voz y estilo lo que por voz de Javier bellamente surgió. Ni más, ni menos.

Por aquí nos vemos y leemos. Mañana la tercera y última entrega. ¡Qué va!

Tres para un 43 (entrega primera)

abril 17, 2009 § Deja un comentario

A tres días de conmemorar el 43º aniversario de la muerte de Javier Solís, aquí unas líneas sobre tres artistas que se dieron a la tarea de regrabar algunos temas de Javier en sus respectivos discos. Es decir, que al parecer este año habrá un cedé con material, quiero pensar, «especial y original» de Solís; así las cosas, no está de más entonces traer a colación otros materiales discográficos que, así nos han dicho, han rendido homenaje a Javier y su voz. Tomo entonces tres en particular; en esta primera entrega: Amanda Miguel (Argentina, 1956) y su más reciente material Anillo de Compromiso (2008).

Amanda es una cantante ya hecha y derecha, baladista que supo posicionarse, gracias a su estilo y voz, en un lugar especial dentro de la escena musical, sobre todo, mexicana. Sin duda alguna posee una voz que aún mantiene la originalidad que en sus inicios (los 80s) trajo a las baladas (v.gr., Así no te amaré jamás). Resulta pues natural que aquella de Él me mintió tomara algunos clásicos de Solís y los cantara a su manera. Este es el resultado: tres temas incluídos en su más reciente producción. ¿Pudo pues Amanda lograr descargar toda su característica energía y desgarradora voz en tales canciones?

Antes, valga mencionar como antecedente a esta tarea (i.e., interpretar balada ranchera) a su disco Rompecorazones (1992) donde demuestra con temas como La Escalera, literalmente, la buena altura de su voz para ése tan especial género musical. Ahora, con la dirección de Jorge Avendaño, graba lo que ella misma llama su particular homenaje a la patria adoptiva, México. A diferencia de aquel primer material ranchero, esta vez el disco cubre no solo los boleros-rancheros sino también los boleros y algunas baladas, por lo que el mariachi se ve también acompañado de la orquesta. El resultado en general es positivo y ciertamente hay todavía un muy buen estilo y voz de Amanda Miguel.

Pero entonces, decía pues, que en sí son solo tres temas javieristas los que Amanda reinterpreta en este su homenaje a México (nótese pues el lugar que se le da a Javier: es de aplaudirse). Esclavo y amo, Sombras y Si Dios me quita la vida son los temas en cuestión. El primer tema (que es el número tres en el disco), es apenas una merecida introducción a esto que podemos llamar Solís à la Miguel; es decir, que solo en algunas partes Amanda logra imponer su estilo y sonar así a ella misma y no a una, digamos, cantante más de karaoke. La canción le termina quedando grande. Cinco temas más en el disco y llegamos a la mítica Sombras. Podía esperarse que aquí, ya habiendo preparado al oyente con los temas anteriores, Amanda explotara del todo… No lo hace. De nueva cuenta se queda en la media e incluso esta vez el acompañamiento musical ayuda todavía menos pues, ese sí del todo, suena tal cual a karaoke. La dejó ir, pues, la señora Miguel.

Viene la última. Aquí se ayuda en mucho de que fuera precedida por una insulsa (incluso en su título: Algo tonto) adaptación al español de Something stupid (cierto: ¿dónde quedó el homenaje a México?… en fin), esto es, que lo que siguiera a ese dueto con Verdaguer sería por mucho agradecido. Y sí, además de esas razones, Amanda saca adelante Si Dios me quita la vida y logra, ahora sí, dotarla de su ropaje (cabellera incluída). Es aquí donde mejor se puede apreciar, por un lado, la herencia de Javier (i.e., ese toque de elegancia y sensualidad) y, por otro, la voz e interpretación característica de Amanda. Sobre todo en la última parte de la canción, v.gr, «sería tan grande mi celo que en el mismo cielo me vuelvo a morir», donde ese su grande celo nos transporta a aquellos temas ya clásicos de Amanda, i.e., los de su propio repertorio, y es entonces cuando, cabalmente, se le aplaude: entendió la herencia de Javier y la logró hacer propia. En resumen, sin embargo, Amanda Miguel nos queda finalmente debiendo en esas tres interpretaciones. Su energía y voz no son desafortunadamente los protagonistas en estas queridas canciones como en el resto del material donde sí que se puede escuchar mejor lo que Amanda aún sabe hacer.

Así las cosas, queda aquí esta nuestra primer lectura de estas tres propuestas para recordar la ida de Javier, y con ello dar cuenta de la venida de este nuestro tiempo en el que sin él en los escenarios y estudios de grabación, la escena artística sigue de muchas maneras (y con distintas calidades) ligada a lo que Solís cantó, logró y encumbró.

Por aquí nos vemos y leemos. Mañana la segunda entrega. ¡Qué va!

PS. Sí, la joven cantante Ana Victoria es hija de Amanda Miguel y, genética al fin, tiene un estilo de voz sumamente parecido al de su madre, pero ya hecho a los tiempos de ahora. Acaso, valga decir, valdría la pena escucharla cantar algún bolero ranchero.

¿Pos qué no?

marzo 1, 2009 § 2 comentarios

A 25 años de carrera artística Los Rieleros del Norte no sólo se celebran, sino que también celebran a Javier Solís: Homenaje a Javier Solís (Fonovisa, 2008), tal cual. Y así, cierran su 2008 e inician campantes este 2009.

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Así las cosas, Daniel Esquivel, primera voz, se da vuelo en 12 canciones 12. Todas javieristas y, ojo, no del todo lugares frecuentes en estos menesteres del homenaje y reinterpretación. Esto es, que la selección tiene su chiste, su dificultad. Aquí la lista:

01. Qué va
02. Las rejas no matan
03. Regalo de Reyes
04. Espumas
05. Vete por favor
06. Carabela
07. Cada vez
08. Renunciación
09. Desierto en el alma
10. Con mis propias manos
11. La corriente
12. Esta tristeza mía

Cierto, el disco empieza y cierra con clásicas de clásicas, pero pasa por «Espumas» y, joyita de Javier, «Desierto en el alma». Brevemente, se puede decir que tal homenaje abre no precisamente con las mejores interpretaciones (flojonas, incluso), sin embargo, Los Rieleros rectifican camino con ese «Regalo de Reyes», acaso la mejor lograda, y así finalmente se tiene un producto sólido y recomendable (sobre todo para aquellos amantes del género norteño).

Para los seguidores férreos de Javier este homenaje es de aplaudir. No sólo refresca el legado de Solís, sino que lo aborda de una muy distinta manera. Escuchar como parte de un homenaje reinterpretaciones de «Regalo de Reyes», «Espumas», «Vete por favor» o «Cada vez», es señal de que Javier tiene todo un océano de posibilidades para su disfrute —amén de dejar claro hasta donde llegó (es decir, que ese italianísimo «Ogni volta», se escuche ya, gracias a Solís, a través del acordeón, es de tomarse en cuenta).

Luego, en aspectos geográficos (y no por ello menos importantes), mucho implica que Los Rieleros lleven a cabo este homenaje, pues su radio de acción es sobre todo en los EEUU. Así las cosas, tenemos dos opciones: Javier se escucha por aquellas tierras o se hará escuchar. Ambas opciones son de celebrar. Como fuere, Javier y su voz salen ganando. Y Los Rieleros también, ¡claro que sí!

Aquí un botón de muestra:

¡Échenle, mis rieleros! ¡Qué bárbaros!… ¡Qué va!

Javier Solís en El Mariachi

noviembre 23, 2008 § Deja un comentario

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No me refiero a la película de Robert Rodríguez, sino al libro de Jesús Jáuregui «El Mariachi» (Taurus, 2007). Un estudio social y antropológico que aborda desde dintintos puntos la figura del mariachi y su tradición. El autor nos ofrece una obra que bien podría ser ya de referencia obligada para todo aquél que se diga conocedor del tema. Así, como tal, hay nombres que no pueden faltar en su mención. Uno de ellos: Javier Solís.

 

Por supuesto, Javier aparece al lado de las otras dos personalidades que, ya se ve, forman parte del análisis del mariachi, su música y tradición. Jorge Negrete y Pedro Infante, pues, son los que anteceden a Javier en ese papel de ídolos. En particular, Jáuregui habla de la figura del charro cantor, aquella inaugurada por Tito Guízar (en 1936 con la película «Allá en el Rancho Grande»), como ídolo de multitudes. Entonces, el primer ídolo es Jorge Negrete seguido por Infante y como tercero, Javier Solís.

Me permito transcribir algunos apuntes de Jáuregui sobre Javier Solís.

El último ídolo fue Javier Solís, cuya carrera fue menos brillante. A diferencia de los anteriores, sus actuaciones en los filmes fueron mediocres, por lo que su imagen fue más sonora que visual y su público se caracterizó por la identificación con el “cantante de origen proletario”. Su estilo, definido en Entrega total, Me recordarás y Sombras, «está determinado por su género preferido: “el bolero ranchero”, a medio camino entre el estilo de cantina y el ranchero tradicional. Su expresiva y sensual voz con ciertos resbalones rítmicos en los momentos en que requerían más expresión, así como una afinación acomodaticia, le dan el toque inconfundible» (Moreno Rivas, Y., Historia de la música popular mexicana, 1979).

Los integrantes de esta “Tercia de Ases” comparten además de su cualidad de excelentes cantores, la condición de “machos enamorados” (tanto en la pantalla como en la vida real) y el haber dejado el trono a tiempo: todos murieron en plenitud, cuando se encontraban en la cúspide de su carrera. «Son los ídolos de la canción, los amos de la mujer mexicana y los ahijados de la muerte» (Aviña y Salazar, Ahijados de la Muerte, Somos uno: 3 tipos de cuidado, 2001). Por eso siguen —cada uno a su manera— en el corazón del pueblo.

Tela para cortar, sin duda alguna, y espero regresar a comentar al respecto de algunas líneas vertidas en el mencionado libro. Por el momento, dejo la referencia. La obligada referencia.

Aquí las páginas donde se menciona a Solís:

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Atención al cuadro resumen de las características y comparación de los tres cantores. En la parte de Javier Solís tan sólo está la comparativa con sus predecesores, ¿cuáles serían las características (resumen) de Javier?

Por aquí nos vemos y leemos. ¡Qué va!

Javier Solís con el trío Los Patricios

agosto 15, 2007 § 3 comentarios

Gracias al blog de Rudalgo, llego a una nota de cuando se editó y sacó a la venta el disco de Javier Solís: éxitos con trío, publicada el 24 de junio del 2003 en La Voz del Interior-on line, de Córdoba, Argentina. Aquí la nota (me permito subrayar algunas líneas que me parecen relevantes):

Julián “Pelusa” Navarro es cordobés y productor discográfico. También es el responsable de encarar un proyecto que mucho tiene que ver con Córdoba. Se trata del nuevo disco del mejicano Javier Solís, que nació a través de la delegación México de Sony, pero que incluye al trío local Los Patricios.

“El proyecto nació allí, pero la idea la tomó la filial regional de Estados Unidos”, narró Pelusa en la presentación del disco que se realizó recientemente en la ciudad.

Por otra parte, en estos días se confirmó no sólo una segunda edición de este trabajo, sino una tercera, según adelantó Fabián Rearte a este diario.

Pelusa Navarro agregó que están muy contentos con el resultado, y adelantó que esta semana se realizará la presentación del álbum en Miami. Para el folklore de Córdoba, esto significa un paso importante: “Estamos muy contentos y esperanzados de que va a gustar. Y lo vinimos a hacer aquí, ya que seguimos creyendo que en Córdoba hay talentos como para poder hacer este tipo de cosas”.

El trabajo incluye 12 temas, en los cuales la voz de Javier Solís (falleció en 1966) está acompañada por el trío local en 11 de ellos, y el restante nada menos que por Los Nocheros. “Sabemos que es el grupo popular del momento, y esto nos ayuda a la difusión de este disco en la Argentina”, aseguró Navarro, quien destacó que también al cuarteto salteño le ayudará a potenciar su carrera en México y todas la comunidad Latinoamericana y Estados Unidos.

En los escenarios del mundo
El trío Los Patricios, apadrinado por el humorista Cacho Buenaventura, está formado por Jorge Seminaro, Ramón Belizan y Juan Álvarez.

Belizán contó cómo les llegó a ellos esta oportunidad para proyectarse internacionalmente: “Tuvimos la suerte de que Pelusa haya escuchado el disco nuestro. Le enviamos algunos temas y, basándose en la parte melódica, nos convocó. Nos sentimos muy orgullosos”. Y agregó: “No nos olvidemos de que Solís es el Gardel de los mejicanos”.

Acerca de los planes futuros, los integrantes del trío destacaron que se trata de un álbum estrictamente de Los Patricios que buscará continuar con la línea del folklore latinoamericano. También va a ser producido por Pelusa Navarro. El grupo partirá de gira en dos semanas por escenarios de América Latina. El 5 de julio realizarán la despedida en la sala de Luz y Fuerza, Deán Funes 672. El nombre del espectáculo será Cumpliendo sueños, con el que sintetizan el reciente logro internacional. La gira incluye Estados Unidos (Miami, Westh Palm Beach, New York, New Jersey, Orlando, Tampa y la Costa Oeste), además de Canadá (Toronto y Quebec), México y Colombia , (Cali, Medellín) y festivales.

Sergio Saba fue el responsable de los arreglos de este disco de Solís con Los Patricios. “Primero me habló Pelusa desde Estados Unidos, para preguntarme si en Córdoba había un trío que podía acompañar a Javier Solís. En lo primero que pensamos todos fue en Los Patricios. En base a eso me dijo: mirá, llevo la voz de Solís, con los tiempos y con instrumentos de guía, y lo que había que hacer es poner todas las instrumentaciones y que le buscara los músicos para realizar este proyecto”.

Saba agregó que en base a eso se grabaron en Córdoba los instrumentos que faltaban, pero no todo fue tan sencillo. “Después se empezó a ver cómo era el tratamiento de la voz, y la sorpresa fue que el planeamiento que tenía no era el esperado. Hubo que reeditar muchísimo más la voz todavía, mucho más de lo que se había hecho en Estados Unidos. Fue un desafío”. Sin embargo, todos destacaron la calidad que tenía la voz de Solís, grabada hace más de 40 años.

El mejicano Javier Solís fue una de las voces más importantes de Latinoamérica. Falleció en 1966, cuando sólo tenía 33 años.

Hasta ahí la nota. La participación especial de Los Nocheros es en el tema de “Sombras”. El resto de canciones incluídas es:
1.Sombras (Letra: José María Contursi. Música: Francisco Lomuto)
2.Cuando Vuelva A Tu Lado (María Grever)
3.Payaso (Fernando Zenaido Maldonado)
4.Solamente Una Vez (Agustín Lara)
5.En Mi Viejo San Juan (Noel Estrada)
6.Tres Palabras (Oswaldo Farrés)
7.Mentira, Mentira (Saulo Sedano)
8.Obsesión (Pedro Flores)
9.Si Dios Me Quita La Vida (Luis Demetrio)
10.Me Recordarás (Adolfo Salas)
11.Sigamos Pecando (Benito de Jesús)
12.Bésame Mucho (Consuelo Velásquez)

“Cuando vuelva a tu lado”, “Solamente una vez”, “Tres palabras” y “Bésame mucho” fueron, la voz, tomadas del disco de Javier Solís en Nueva York; el resto son de sus grabaciones con mariachi.

Un disco muy bien logrado y que forma parte del impacto post mortem que Solís tiene en la música en español (otro ejemplo es aquél primer disco de la española Tamara). Es decir, que Solís nos sigue cantando y encantando, y cada vez mejor, ¡qué va!

Por aquí nos vemos y leemos.

Lo que nos faltaba

junio 29, 2007 § Deja un comentario

Vale, lo tomaremos con calma, selectos lectores, pero la cuestión es que hay en el mercado musical un material que se relaciona con la música de Javier, con su legado, pues. Tomen aire. “Tu retirada” (de José Alfredo) y “Sin fe y sin religión” (de Alberto Cervantes), grabados otrora por Solís y formando parte inmediata de su acervo de mejores interpretaciones, están incluídos en el nuevo cedé de Cristian Castro, El indomable (2007), siendo “Tu retirada” el primer sencillo de tal material. ¿Cómo ven?

Al parecer es la primera incursión de Castro en el género musical de Javier (oh sí, Javier se lo ganó muy a la buena). Así, además de los Fernández, Pablo Montero, Pepe Aguilar y Luis Miguel, Castro se une a la lista de intérpretes vigentes y, digamos, consagrados en la escena musical que hoy día, a su manera, rescatan temas de Javier y queriendo y sin querer le hacen segunda. Cristian, en este mencionado cedé, logra una interpretación que, en mi opinión, guarda más bien estrecha relación con la de Luis Miguel (por cierto, de su México en la piel vaya que hay material para hablar de Solís, cómo no, e.g., “Entrega total”), aunque en versión lenta, sobre todo en tales temas mencionados (con todo y que en “Sin fe y sin religión” el arreglo musical ayuda a la voz y le hace un mejor acompañamiento).

Sin embargo, si tomamos algunos temas de los diez que incluye el cedé… bueno, uno nada más, “Qué amor me quedará” es lo que mejor hace justicia al disco y a la incursión de Castro en el género en cuestión. En él se ve mucho mejor la herencia de Javier (es decir, dotar de sencilla e idónea elegancia al sonido del mariachi), y Castro logra ahí una muy buena interpretación, sin dejos de alguien más y con aceptable calidad. Me recuerda, acaso por su eco, aquél primer material de Vicente Fernández (La voz que usted esperaba, 1969), donde su voz encontró lugar perfecto en los temas escogidos para tal disco, y no se fue por ahí dando gritos o gemidos, como solía decir de él mi querido abuelo. Me imagino que la buena manufactura de dicha interpretación es porque en sí la voz de Castro se presta más para ese tipo de bolero con mariachi y no precisamene para lo ranchero —ni para el bolero ranchero. Ésa es la magia de Solís, de hecho: su voz pasaba sin problemas del bolero a lo ranchero, incluyendo, claro está, el bolero ranchero ¡qué va!

Por aquí nos vemos y leemos.

PS. El cedé incluye “Divina ilusión”… Así es, José José también tiene sus capillitas y éstas, como a Solís, le quedan debiendo. Así es esto del marketing.

Fiestas decembrinas

diciembre 26, 2006 § Deja un comentario

Pues bien, selectos lectores, no es que acá el de la voz haya estado sumergido en fiestas decembrinas, pero sí en el movimiento del fin de año que, quieran o no, lo arrastra a uno y la rutina cambia. Como sea, Javier Solís ha estado presente y espero que ustedes como yo le hayan dado lugar al buen Solís en estas fiestas y en estos días de reunión y comparsa. Ya les estaré recomendando otro cedé, ¡qué va!

Entonces, al respecto, Javier tuvo a bien dejar grabadas un par de canciones ad hoc para estos días. Eso sí, valga acotar, no son precisamente canciones alegres o de fiesta, sino más bien tristes y nostálgicas. Pero bellas ellas. Les hablo de: Regalo de Reyes (de David Lama) y Llorarás en Navidad (de Humberto Facci). Ambas no son del todo las más conocidas y no se encuentran fácilmente. Regalo de Reyes no se ha editado más que en un elepé del mismo nombre (junto con Padre mío y Llorarás en Navidad). La segunda edición de Llorarás en Navidad recién se hizo en el cedé Las inéditas de Javier Solís.

Ambas, ya les digo, son canciones nostálgicas, melodías que, de hecho, mucho están en sintonía de un buen número de canciones navideñas que nos recuerdan al amor perdido o al momento triste del año o de la vida. Navidad es así, qué se le va a hacer. Como todo, que ni qué. Hay de todo y para todos. Así, yo me quedo con Regalo de Reyes, que desde la introducción de las trompetas y violines es una canción perfecta para el Señor de Sombras, nuestro querido Javier. «Ya va llegando diciembre y sus posadas…», arranca Solís, ¡bárbaro! Con todo y grito Solís vuelve a hacerse presente en una sola canción. De arriba a abajo y pa’ todos lados. Es Solís y su bolero ranchero. Pero no digo más porque la quiero guardar para, precisamente, el tiempo de Reyes. Así sea.

Mientras, yo les mando un abrazo grande y las gracias totales por su visita y sus deseos. O sea, SOLISMANÍA les desea lo mejor en estos días y mucho más para los que siguen, ¡¡qué va!!

Por aquí nos vemos y leemos.

Recomendación de la semana…

noviembre 24, 2006 § 1 comentario

O quizá del mes. O qué sé yo. Lo que sí es que este cedé es de antología. Si lo recomiendo ahora es porque ahora mismo lo estoy escuchando y es una joya, una verdadera joya. Hacía tiempo que no lo escuchaba, pero esta noche me dieron ganas y helo ahí, sonando en este el centro de operaciones de la SOLISMANÍA. Hablo de: Javier Solís en Nueva York (CBS, 1965). ¡Qué va!

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Una joya, les digo. Imaginen, abre con «Solamente una vez», se sigue con «Perfidia», una sublime «Noche y día» (y no es broma, de verdad que es sublime la interpretación de Solís), seguida por «Tres palabras», «Quiéreme mucho» (que no le pide nada a aquella versión de Plácido Domingo de su disco Quiéreme mucho, 2002), «Te quiero, dijiste» y «Vereda tropical». Hago una pausa para subrayar esta versión del buen Javier. Sí, una de dos versiones, pues ésta es con orquesta y la otra (de su disco Añoranzas [1959]) es con mariachi. Con el riesgo de estar equivocado, afirmo que la versión con orquesta es, en sus arreglos, tal cual la grabara Pedro Infante (incluyendo esa introducción como de película futurista); eso sí, afirmo, y sin temor alguno a equivocarme, la interpretación es simplemente insuperable, y Solís muestra totalmente su voz y la calidad de ésta. (De la otra versión, con mariachi, aquella se escucha más bien, digamos, sabrosa y acaso más romántica; será que la voz de Solís se escucha más cercana, aunque, ha de decirse, suena, si se permite la expresión, más pulida su voz en esta refrerida versión con orquesta.)

En fin, sigue el placer musical con una cadenciosa «Duerme», una sensual «Siboney» (donde, una vez más, Javier hace lujo de su flexible y siempre límpida voz) y, preparados, se llega al tramo final con Bésame mucho», «María Elena» y «Cuando vuelva a tu lado» (que no es la misma que la incluída en el disco Lara-Grever-Baena [1960]). Con «Bésame mucho» faltó un no sé qué que qué sé yo, confieso; me imagino que se quiso cuidar la pieza y se le apostó a la, por así decirlo, verticalidad de la interpretación. Sin embargo, ya les digo, la canción se escucha incluso plana y llana, como sin chiste. Cierto, la calidad está ahí, sin duda alguna, pero creo que faltó un toque todavía más à la Solís. Por eso, pudiendo quedar como las favoritas del disco, creo que las otras canciones la superan fácilmente. Insisto, en ella no veo —escucho— el toque de Javier… Como en el caso, por ejemplo de «María Elena»: linda toda ella, que ni qué, así, sencillita y carismática.

Así las cosas, vaya vuelta con Solís cuando se vuelve a su lado. El amor que dio en sus canciones, que se repita por siempre. Sin preguntas. Sin explicaciones… «Cuando vuelva a tu lado», cierra este disco de siempre. Gracias, Javier.

Por aquí nos vemos y leemos. ¡Qué va!

Desde el Perú: Víctor Hurtado Oviedo

abril 17, 2006 § 1 comentario

Ayer domingo 16, en vísperas del aniversario luctuoso de nuestro Javier Solís, el diario Perú 21, en su sección Escenarios, publica estas líneas del periodista Víctor Hurtado. ¡De diez!

Perú 21/ Escenarios

Pago de letras: El todopoderoso

Por Víctor Hurtado

 

Este miércoles 19 se cumplirá el 40º aniversario de la muerte de Javier Solís, rey del bolero ranchero. Recordemos al único, al más grande.

En México, la Muerte es una calavera de tímpano dorado. Se hace la muerta, pero escucha, toda huesos de buen gusto. Tía Calacas, Pelona egoísta, robarnos a los mejores para las serenatas negras que armas allá, en tu rancho grande. Muerte tremenda para el danzón, huesillos calentorros de boleros que repican la clave con los dientes, costillar de puro güiro, cinturita rumbera del espanto, esqueleto romántico hasta el tuétano, mera Muerte secuestratriz y avorazada.

Cuando hay que escoger, la Muerte tiene permiso. Con su índice de piedra amarillenta, la Señora señaló a los tres grandes para que no se le gasten en la vida. “¡Míos son!”, dijo, y se los llevó, aún jóvenes, para seguir la juerga a la que nunca irán quienes se pasen de vivos. Jorge, Pedro y Javier dan hoy la nota elegante junto al balcón de las ánimas: tres gallos que estrenan la mañana en coro de oro.

En el principio fue Jorge Negrete, alto y marcial, como el soldado de levita que había sido. Fue el chacho-charro, campirano y maestrante, bizarro e imperioso, tenor-castigador (todo en exceso). Fue el macho subrayado y en negritas. Jorge cantaba bien, pero con aquella tensión de zarzuela que ya declinaba marcando el fin del operismo en el bolero (póstumos años 40). El bolero se arrimaba a la intimidad y huía de la ópera para tornar al barrio. Fue bueno Jorge, pero su tiempo se iba cual los jinetes del último rollo.

Después fue Pedro Infante, risa en sonrisa de plata, seductor ingenuo y rumboso, charro volador con más accidentes que un verbo defectivo, caído por la ley del aire, y convertidor en viuda a una nación entera con su muerte cuando su avión tomó el suelo por asalto.

Bien cantaba Pedro, mas su gracia no fue esta. Su voz salía entonada, pero inmaterial y suave, de anticharro antinegrete. Cantaba mejor en el espacio corto: de corazón a corazón, pues lo suyo no podía ser el ágora plebeya de la serenata a la distancia. En cambio, Pedro fue comediante encantador, el único galán con abuelita (Sara García) y, por tanto, incapaz de hacer el mal ni aunque estuviese en el guion. Cuando Pedro murió, abriéronle el pecho y hallaron un corazón de oro. Se ha perdido. Gobernaba el PRI.

Luego fue Javier; después, el silencio; hoy, la decadencia, o sea, los Fernández. No es que uno procure detestarlos, pero ¡qué mal gritan! Forcejean con las notas. Antes de alcanzar la octava, ya están en las últimas, y es que son como intuitivos para la disonancia. Cacafonean. El Vicente sigue “cantando”, lo cual prueba cuánto puede durar un error de juventud, y el transpost-teenager Alejasno -otra víctima del autoaprendizaje- es una irrespirable cantata al libre albedrío de los semitonos. Sépanlo otros elementos, más jóvenes, más ingenuos, más trajinados por las herraduras vocales del potro y el potrillo -por definición, par de animales-. Solo hay un Rey.

Gloria y prez. En abril de 1957, navegados por mariachis, mares de gentes suben la colina donde se alza el Panteón Jardín, de México (Distrito Federal), para enterrar a Pedro, el que más se hizo querer. ¡Oh, golpe inconsulto del destino!

Una foto historió la ceremonia. Docenas de músicos rancheros aparecen de perfil, como mariachi egipcio, cantando hacia la tumba de Pedro Infante, hecha ya la Meca de los sentimientos. ¿A cuál voz maravillosa irá su herencia? En el centro de la foto surge un hombre con un sombrerazo y traje de luto. Canta, y ya parece que ha descendido sobre él la llamarada profética para coronarlo Rey del Bolero Ranchero. Nueve años durará su reino de este mundo, y toda la eternidad, su imperio.

Nuestro Rey había nacido el 1º de septiembre de 1931 en el D. F. y con un nombre difícil, presagio de su vida: Gabriel Siria Levario. La miseria siempre acuna con mano vacía, y Gabriel fue uno de sus engreídos: nunca le negó lo que le falta. El niño, sufragista de la inopia, haría voto de pobreza. Ya aprendería que no hay peor digestión que la que no se hace.

Su asustadiza madre y su borracho padre abandonaron a Gabriel. Lo criaron tía y tío que llevaron la pobreza con la dignidad que recomienda el Catecismo. Ya que esto acerca al cielo, murió la tía (como en el cine), y el tío panadero, quien nunca amasó fortuna, sustrajo a Gabriel de la escuela para que practicase desde abajo el chorreo, que no llega.

Gabriel fue un olvidado olvidado por Buñuel; fue un extra de la vida; fue un hombre llamado para el cielo pues no tenía ni con qué pagar sus pecados; mas, en el fondo de su pobreza sin fondo, Gabriel fue serio y bueno, estepario-solitario, absentista y caviloso, y elocuente cual un mimo al que solo le falta hablar.

Creció en las levantiscas, evangélicas calles, donde siempre es mejor dar que recibir; laboró de mensajero pre-e-mail; llegó a subcirujano de carnicerías banales; ascendió a cargador en el libre mercado; lavó autos intensamente ajenos; hizo eso, más y todo, e hizo lo mejor: cantó. Cantó tangos en carpas de barrio, capillas ardientes de tequila, ante el culto público o el que llegase; mas todo ello ya no importa: faltan catedrales para merecer su voz.

Casose ciertas veces, como si fuera otro hijo de doña Elizabeth, reina de Inglaterra y emperatriz de Irak. Glorificó bares con su canto, donde, con verdades de a puño, ejercía también de Casco Azul ante discordias pulquérrimas -de pulque- surgidas entre objetores de la sobriedad en las altas noches tabernarias. Así iba Gabriel saliendo de pobre, como quien baldea en el desierto.

Una noche luminosa, en el Bar Azteca, oído que lo hubo Julito Rodríguez (un Pancho de los tres), llevolo a grabar discos. Así lo hizo nuestro Rey y trocose el nombre por el hoy eviterno de Javier Solís. Para lograr la perfección total, solo faltaba un exiguo parricidio; es que Javier imitaba a Pedro Infante (aunque, claro, siempre es mejor ser una provincia de Pedro Infante que la capital de “Luis Miguel”).

Cierta tarde vehemente de historia, Javier rompió el breve molde de don Pedro. Entonces sí se le rindió la eternidad; le prosperó el estilo; cantó para edificación de los arcángeles trinadores: suave y fortissimo, íntimo y violento, barítono y tenor, con mariachi y con sinfónica.: ¡lo que usted quiera! En sus diez años de arte absoluto, Javier nos legó 452 temas grabados: corridos, rancheras, hupangos, valses, danzones y, sobre todo -¡sobre todo!-, boleros rancheros que atraviesan el alma. Hay un antes y un después de Javier Solís, pero él es el siempre.

Solo 36 años cursó Javier la vida. Murió de operación de cirujano inoperante el nefasto 19 de abril de 1966. Cada aniversario, Euterpe, enloquecida, se cubre de luto por su voz cantante. De esa tragedia lenta e incesante se cumplirán cuarenta años el próximo miércoles. Quien tenga oídos para oír, no olvide.

La Muerte tiene permiso, mas el Amor tiene memoria. Eternal Javier, Javier altísimo: eres el más grande, eres el todopoderoso. “Joven muere el elegido de los dioses”.~

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