Una prueba de aspirante

enero 20, 2013 § Deja un comentario

Hace cincuenta años la escena no era del todo rara: un cantante cabal haciendo publicidad. Cantándola. Antes de la imagen, fue la radio quien buscó aprovechar aquella camada de estrellas del momento; si Pedro Infante recomendó el aceite 1•2•3, ¿por qué no hubiera sido raro escuchar a Solís anunciando una (agua de) colonia o un jabón esplendoroso?

La escena es ficticia, pertenece a la película Un tipo a todo dar (Cortés, 1962), donde Solís hace de Javier en el otrora papel de Gabriel (Siria Levario). Así, en oficios varios, el protagonista de la historia da cuenta de ser, literalmente, a todo dar. Boxea, filetea, enamora y, claro, canta. Entre golpes, calles y notas, Javier llega hasta el estudio y canta un par de jingles, tonadillas; lo contratan y el resto es historia.

Solís no llegó a hacer publicidad más que en película. Helo ahí, de película, evitando al natural los trancazos y optando por la cantada. Raro, insisto, no hubiera sido: la publicidad del momento solía echar mano de las mejores voces (y versos) para anunciar sus productos. En Un tipo a todo dar aquel Javier era uno en ciernes: lo que escuchamos es un Solís mayor (y en sol). ¡Qué va!

¿No tiene una canción arrabalera?

enero 7, 2013 § 2 comentarios

De Ramón Inclán Aguilar se me quedó de inmediato aquella «Señorita» (editada en Mis 30 mejores canciones, Sony 1998), una joyita que se pierde entre tantas otras de Solís. Hace años, 1997, por cierto, Oscar D’Leon la hizo salsa y quedó que qué va, genial. De Solís y de Inclán, decía, se me quedó aquella canción como recién lo hace esta otra: «Tómate una copa».

Oriundo de Mexicali y sonorense por adopción, Inclán es además de compositor, periodista. A la fecha ejerce y da cuenta de su trabajo. Incluso en Youtube, en su propio canal; ahí, en uno de sus videos, es en donde nos cuenta, a 47 años, esta anécdota, llamémosla, javiersolista:

Y aquí la canción e interpretación:

«Tómate una copa» (1965, Ramón Inclán)
Siéntate a mi lado,
mi reciente amiga,
tómate una copa
mientras escuchamos
aquella canción.
Tú no me conoces,
ni yo te conozco;
pero este momento
quiero ser tu amigo
por una ocasión.
Si ves en mis ojos
lágrimas que corren,
no es que esté llorando
es que estoy fumando
y el humo me entró.
Siéntate a mi lado,
tómate una copa
mientras vas secando
el llanto que el humo
en mis ojos dejó.

Lo que tomo de Solís en esta canción en particular es aquello que tanto se le aplaude y reconoce a Frank Sinatra: el fraseo. Solís lo supo tener y hacer. «Tómate una copa», me parece, es una muestra perfecta.

A diferencia de otras canciones como, por ejemplo, «Noche y día» o «Tu mirada», donde Solís con fraseo subraya sobre todo la claridad de su voz, en esta canción de Inclán hay además con la interpretación de Javier una clara recreación de la atmósfera de la composición, es decir, de aquello que la motivó. Solís, pues, canta más bien en un diálogo con aquella muchacha del lugar que se acercó por una copa. Vaya cáliz; música y letra corren cabalmente a cargo de semejante voz y nitidez. ¡Qué va!, acota Javier con toda razón: ni chillidos ni gritos, apenas un furtivo llanto y una sincera invitación. Así de Solís.

Con todo y que se pierde un poco en ese gran disco Payaso (CBS, 1965), «Tómate una copa» es la más conocida de Ramón Inclán en el repertorio javiersolista, y es grabada (mezclada) también con Los Panchos en el respectivo disco junto con la primera voz de entonces (finales de los 60), Enrique Cáceres. El resto de Inclán con Solís es, además de esta y aquella «Señorita», «Decídete» y «Me han contado de ti».

Hay también una copa de Solís que se parece a la de Inclán, y de la que se tiene noticia solo la canción en sí: «Tómate esa copa». Inédita, con trío y también de arrabal, es más sencilla y callejera. Sin duda, es para un amigo y no para alguna reciente amiga. La de Inclán, acá entre nos, es una copa si no dionisiaca, sí más íntima y quizá lírica: Solís sabe la diferencia y en ambas toma lo justo… brindándose mejor con ella.

En esta la primer nota del 2013, desde este rincón, alcemos una copa javiersolista y, sin más, ¡salud!

Lavanda de la banda con Solís

octubre 13, 2012 § 4 comentarios

Hemos ya referido algunas notas de aquél perfumado disco de Javier: Con Banda (1959). El disco es por demás especial. Además de la anécdota juliana, el javiersolista «Dios nunca muere» y el resto de centenarios valses, Javier Solís Con Banda bien puede ser piedra de toque de nuestro cancionero Solís. En once valses con banda sinfónica Javier fue más allá de su tiempo; no sólo miró al pasado musical de ese su México, sino también a cualquiera de sus deseables futuros.

Hoy está por presentarse en la televisión mexicana, en el canal 22, un proyecto (del INBA y CONACULTA) que involucra precisamente aquello que logró Solís: la banda en su esplendor. Las finas cuerdas de Solís maridaron al centavo con el gran peso de trombones, tubas, flautas, flautines, clarinetes, cornetas, en fin, esos vientos de la banda; esta vez ¡qué va! serán los niños quienes se encarguen de enmarcar tal perfume de la banda. Aquí el video de presentación de Ópera Prima: La Banda:

De músicos, poetas y locos bajitos hemos afortunadamente que tener. Javier, decía, hizo lo propio (y no precisamente aquellos quienes produjeron su otro Javier con banda), y tan bien que después, para la edición con mariachi, no fue necesario grabar de nuevo la voz de Solís: fija quedó (pues limpia estaba y, claro, daba esplendor; sólo se agregó «Noche azul» del compositor Espinosa de los Monteros).

Escuchemos los dos valses que restan de subir a la SOLISMANÍA (y así tener ya todo el disco en línea):

«Por ti aprendí a querer» de Lorenzo Barcelata

y «Mañana» de Victoria Eugenia Sepúlveda

Incluso con este par de grabaciones uno ya tiene para dar y regalar. La nostalgia hecha música en el arreglo de «Por ti aprendí a querer» es innegable, como lo es el talento de su compositor, el veracruzano Barcelata. Con «Mañana» Solís corta fino… finísimo, y lo sabe él mismo, ¡qué va!, exclama, y vuelve a bordar y rematar sin quiebre alguno. Lavanda de Javier.

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Luego vino Javier Solís…

agosto 6, 2012 § Deja un comentario

… e hizo del bolero el bolero ranchero, y fue muy hermoso.

Chavela Vargas (1919-2012)

Dos versiones de la javiersolista “Con mis propias manos” (Antonio Valdez Herrera)

1. con Antonio Bribiesca en la guitarra (~60s)

2. con Oscar Ramos y Victoria Arechabala en la guitarra (Somos, 1994)

El sueño de Javier por el Solís

marzo 31, 2012 § Deja un comentario

Hay entre los javiersolistas un “mantra”: la que esté sonando de Javier, esa es la mejor. Recientemente me topé en video con una canción poco conocida de su repertorio: «Sueño en tu regreso». Aquí la letra:

“Sueño en tu regreso” (Gabriel Siria Levario)
La noche me lo ha dicho, que tú ya no me quieres,
y voy por este mundo en busca de otro amor;
mas no puedo olvidarte, tus besos aún me queman,
y pasan por mi mente recuerdos de tu amor;
y así vaga mi vida soñando en tu regreso,
y tal vez en tu alma ya existe un nuevo amor;
mas si el destino quiere ponernos frente a frente,
te juro por lo nuestro que ya no habrá rencor.

El video, decía, resulta ser una parte de la película Los que nunca amaron (Díaz Morales, 1965: estrenada dos años después de su filmación). En minuto y medio se puede ver a la exuberante Ana Luisa Peluffo y a un compungido Javier Solís. Con guitarra en mano, a plena luz del día y en algún lugar paradisiaco, Solís interpreta a Solís. Es decir, «Sueño en tu regreso» es obra de Javier y, dígase, es una chulada.

En este espacio había mencionado un par de escenas inolvidables de Javier en pantalla grande. La que refiero bien podría ser otra de tales estampas. Javier, pues, canta sin más acompañamiento que su guitarra una de sus contadas canciones (en la siguiente entrega hablaré de otra especialmente bella), y si bien su desempeño como actor dejó mucho que desear, en esta escena es todo él en su interpretación. Sentimiento y voz a cuadro.

Quizá la Peluffo no había sido la musa inspiradora, pero como si lo fuera baja de las alturas (la escena empieza en un balcón) y camina, entre flores, hacia el origen del trino. Helo ahí, Javier en manga corta cantando, recitando, sus propios versos; soñando al sol nos habla de la noche y sus arrepentimientos. Sus hemistiquios son precisos como la voz y, al mismo tiempo, la sencillez de la letra se plasma en sendos versos alejandrinos.

¿Cómo llega Javier a esto? A la luz de los maestros compositores a quienes prestó su voz (a Lara el que más), y ellos a él sus obras, es casi natural obtener a un Solís atento a esos detalles de la composición. Todavía más, con la propia vida seguramente habrá tenido material de sobra para “al menos” inspirarse y contar un poco de lo mucho que atravesó. Los resultados, lo dicho, son contados, por el momento este que nos ocupa es una buena muestra de lo que Javier también pergeñó. Afortunadamente, además de la película, Javier dejó constancia de esta su inspiración en un disco, Mi pecado (CDDE686), y hace unos años se editó también para el disco Las inéditas de Javier Solís. Aquí el sueño del Javier por el Solís:

¡Qué va!, exclama Solís, y los violines tienden el puente, las trompetas lo rematan, las cuerdas lo ajustan y Javier vuelve a la carga: y así vaga mi vida… soñando en tu regreso.

Y todavía te quiero

diciembre 31, 2011 § 1 comentario

No es del tango de Leocata y Aznar de lo que he de hablar, ni de todo el álbum homónimo que Solís grabara en 1966, pero sí de una parte de él: «Una limosna» de Indalecio Ramírez. El título aquél lo tomo, ya verán ustedes, porque si bien estoy pensando ya en la ausencia del 2011, y le ofrezco un recuerdo con tal limosna, todavía lo quiero.

Hablemos de la única composición de Indalecio Ramírez que Solís grabara, una que enseguida resultó éxito y desde entonces es parte cabal del cancionero javiersolista. «Una limosna» le quedó como anillo al dedo a Javier. De breves y certeros trazos también le queda a este 2011 con sus aún horas de vida. Ramírez bien pudo tener más joyas de estas en la garganta de Solís, mas el tiempo es implacable, y la muerte también. Se va el 2011, llega el 2012 y con él, así sea, algo más que limosnas. Cántale, Solís, que tú nos sigues viviendo:

«Una limosna» de Indalecio Ramírez
Aunque sigas viviendo
para mí ya estas muerta,
aunque llegues tocando
insistente a mi puerta,
de lo poco que tengo
te daré una limosna
como a cualquier mendigo,
pero en cosas de amores
ya no cuentes conmigo.
Tú me hiciste llorar,
tú me hiciste sufrir,
pero todo ha cambiado,
hoy me toca reír;
aunque sigas viviendo
ya olvidé tus ofensas,
pero tú al recordar
no me habrías de buscar
si tuvieras vergüenza.

¡Qué va!

Envío
El 2011, lo hecho, llamará a la puerta, mejor es darle una sonrisa (asirnos a la sonrisa): hoy nos toca. Gracias mil por las visitas a este espacio, sirva esta canción del hijo putativo de Álvaro Carrillo para despedir estos doce meses: a por otros, ¡a por el dos mil doce!

Carrillo no se nos olvidará

diciembre 2, 2011 § 1 comentario

Hoy dos de diciembre se cumplen 90 años del natalicio de Álvaro Carrillo. Este espacio ya ha hablado de él y, sobre todo, ha escuchado sus creaciones en voz del sempiterno Solís. Hoy, dos de diciembre, volvemos a Carrillo para celebrarlo con la última grabación de Javier de una de sus muñecas: «Se te olvida».

Canción hecha dos por un capricho telenovelero, Pepe Jara —nos cuenta él mismo en sus memorias— la canta «para calarla» en una reunión de amigos, y Ernesto Alonso, «nervioso y emocionado», la pide para su telenovela (ya al aire) La mentira (1965). Y le cambian el nombre. Desde entonces, con Jara, se catapulta y se consagra, pues sin duda él sigue siendo la medida ideal para tremendo bolero (quizá compartiendo lugar con su mítico, también de Carrillo, «Andariego»).

Ese mismo año de la telenovela, Javier la graba y la hace, al fin Solís, bolero ranchero. Se incluye en uno de sus mejores discos, Payaso, con arreglos y dirección de Fernando Z. Maldonado, Rafael Carrión y Gustavo A. Santiago. ¿El mariachi? Según la contraportada del disco hubo tres: Jalisco (de Pepe Villa), Nacional (de Arcadio Elías) y América (de Alfredo Serna). El lado B del acetato abre pues con este «Se te olvida (La mentira)»:

Todavía más, de las contadas grabaciones que Javier tiene cantando en vivo (es decir, aquellas que se han hecho públicas), una de ellas es —¡qué va!— «Se te olvida». Editada en aquél cedé-devedé A 40 años… Me recordarás (el cual ya hemos referido aquí). Ahí podemos ver a un Javier pleno, a pelo, echándose como pocos esa joya del Negro. Sin necesidad de gritos o alardes técnicos, él se limita a cantar e interpretar. Él, Solís, hace esto:


La escena es de aquel programa de televisión Noches tapatías, del que también, por cierto, se editó un cedé-devedé (en 2006) y en donde se incluye tan especial interpretación.

Así las cosas, no queda sino celebrar a Álvaro con más interpretaciones de este calibre, y mandarle, que no se nos olvida, el más sentido… ¡qué va!

«Atino bolero: llórelo, bonita»

octubre 23, 2011 § 2 comentarios

A ella, la mía

La sentencia (y también palíndromo) es para una voz javiersolista. Así le dije a su autor, Pedro Poitevin, y tomo pues la oportunidad para hablar de una canción que está a punto de cumplir los setenta años de edad y sigue manteniendo la lozanía con la que nació: «Bonita».

Engendrada en 1942, disco de oro en 1945, inmortalizada en 1947 en Músico, poeta y loco con Tin Tán enamorando a Meche Barba, la canción debe por igual a Luis Arcaráz (música) y a José Antonio Zorrilla Martínez (letra). Aquél, quizá por la fuerza de su orquesta, suele llevarse todos los créditos y, de hecho, acaso como homenaje póstumo Javier Solís (le) graba en 1963 ese tremendo disco Prisionero del Mar, incluyendo una constelación de canciones inolvidables (algunas ya revisadas en esta bitácora), con «Bonita» una de sus mejores, por supuesto.

El yucateco «Monís» Zorrilla por suerte sí logra dar cuenta de tal grabación de Solís… y a saber si secunda o no aquella afirmación de Arcaráz sobre «Bonita» y —dicen que dijo— «su mejor interpretación por Tin Tán».

Sin duda, no hay entre 1947 y 1963 una versión mejor que la del entrañable Pachuco: Arcaráz tenía toda la razón… ¿pero qué tal a partir de 1963?

A veinte años de nacida, Javier nos regala la otra mejor interpretación de «Bonita»; sólo alguien a la altura de Tin Tán, pues, pudo llegar con el mariachi y pedir hacer pedazos el espejo. Aquí habrá que detenernos en la letra de Zorrilla: si bien la orquesta de Arcaráz es insuperable y en mucho ayudó a aquella interpretación de Tin Tán, con el mariachi al lado el reto era mayor, y solo Solís ha podido con él: fue sobre todo con una «vuelta a la letra» que logra tan magistral interpretación. Hela aquí con su letra:

«Bonita» (Arcaráz y Zorrilla)
Bonita,
como aquellos juguetes
que yo tuve en los días
infantiles de ayer.
Bonita,
como el beso robado,
como el llanto llorado
por un hondo placer.
La sinceridad
de tu espejo fiel
puso vanidad
en ti;
sabes mi ansiedad
y haces un placer
de las penas que tu orgullo forja para mí.
Bonita,
haz pedazos tu espejo,
para ver si así dejo
de sufrir tu altivez.

Solís atina en cada frase, las sopesa y entonces los versos de Zorrilla vuelven, digamos, a su estado natural: la poesía. Quiero decir que esta vez aquel swing, aquel big-band de Tin Tán y Arcaráz son reemplazados por un implacable bolero, un mariachi, un Zorrilla y Solís.

Tomemos como ejemplo la segunda estrofa, esa muy redonda, muy honda, donde Javier frasea al centavo y en verdad recita cantando como nadie (con un hondo placer). Luego, lo mejor, la ternura que impregna al tercer bonita es de una naturaleza afortunada; está a punto de pedirle lo más a la bonita y lo hace con la voz al cuello: haz pedazos tu espejo. Decía de la letra de Zorrilla y este es uno de los heptasílabos que compiten con la bonita misma. Ese espejo es en realidad el protagonista de la canción, es por él que la bonita existe (y acaso todas); de ahí que, creo, Solís soltara un acertado «¡qué va!»: si de tan solo espejos se tratara… Bonita se sabe, bonita se es (y llorar es bueno).

A dos años de los cincuenta de aquella grabación, aún no hay quien la empate o supere. De Tin Tán a Solís «bastaron» quince años, ¿será tan difícil con tales antecedentes? Lo dicho, no es que Javier superara a Tin Tán, más bien él entendió por su cuenta a Zorrilla y Arcaráz y fue así que nos legara tal joya. Han pasado lustros y un etcétera de cantantes se han limitado a las meras réplicas (pasando por desafortunados cambios de letra en Bellas Artes cortesía de A. Fernández, i.e., «de tu espejo cruel»).

Así, he aquí una muestra (más) de lo exclusivo que gente como Zorrilla, Arcaráz y Solís pueden lograr. No queda sino recordar, reconocer y aplaudir… Llórelo, bonita.

¡Qué va!

Play it, Solís, play!

julio 15, 2011 § 2 comentarios

Seguramente en lugar de bailar, Ilsa y Rick habrían estado como Emilio y Patricia: sentados en la barra del bar de algún cabaret citadino escuchando a Javier Solís con orquesta. Apagadas las luces, él con cigarrillo en mano y ella haciéndole compañía con una copa, Solís se acercaría a la pareja para subrayar alguna de las notas de Alberto Domínguez… y quizá Guillermo Cabrera Infante hubiera escrito algo más de su bolero preferido: «Perfidia».

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El cubano nos recuerda tal joya mexicana —«tropicalizada» cada vez más en sus variadas interpretaciones— en unas líneas de su Holy Smoke (1985). Ahí deja clara su predilección por «Perfidia», frente a la mítica «As time goes by» (Hupfield, 1931), y también, al fin nuestro Infante (pun intended), por la versión en español del oriundo de la Pérfida Albión, Sir Cliff Richard y su porfiria. Además de Casablanca (1942) la canción se escucha —nos cuenta Cabrera Infante— en Now, voyager (1942), The Conspirators (1944) y The mask of Dimitrios (1944); en ninguna tiene lugar privilegiado, pero ni falta que hace: «Perfidia» no puede pasar inadvertida y, así sean segundos en pantalla, de inmediato se reconoce su cuerpo —de mujer, claro— y se tararea o, mejor aún, como atinadamente se dice en inglés, hum (the song).

Pero Javier es Solís. Dos veces interpretó la canción (en película y en disco) y bien pudo ser la versión favorita de nuestro aludido escritor (quien, dicho por él mismo, de las canciones cubanas su favorita era esta mexicana). O quién sabe, pues Javier no optó por el tempo que suele procurarse en «Perfidia» (sobre todo cuando es instrumental), al contrario, fiel a su estilo, personificó e interpretó al amante incomprendido. Como otrora, i.e., poco más de 150 años antes, en la letra del aria para «Ah! Perfido» (1796) de Beethoven, Solís también primero arremete para después añorar todavía más a su amor . (Por supuesto, no me sorprendería que Domínguez se hubiera inspirado, por qué no, en el pérfido para su pérfida.)

La letra ha tenido, además de aquella enfermedad de Sir Richard, sus modificaciones (incluso en el par que Javier graba). No logro dar con la «original», así que tomo como base una grabación de Emilio Tuero (no el Emilio de arriba, claro) que dice así:

PERFIDIA (Alberto Domínguez, 1939)
Nadie comprende lo que sufro yo,
canto, pues ya no puedo sollozar;
solo temblando de ansiedad estoy,
todos me miran y se van…
Mujer, si puedes tú con Dios hablar,
pregúntale si yo alguna vez
te he dejado de adorar,
y al mar, espejo de mi corazón,
las veces que me ha visto llorar
la perfidia de tu amor.
Te he buscado dondequiera que yo voy
y no te puedo hallar,
qué me importan otros besos
si tus labios no me quieren ya besar,
y tú quién sabe por dónde andarás,
quién sabe qué aventura tendrás
que lejos estás de mí.

Solís prescinde de una conjunción y hace un par de bienvenidos ajustes. En la película Un callejón sin salida (Rafael Baledon, 1964) —de la que podemos prescindir hablar en detalle, con todo y Emilio Fernández (Emilio, claro), Sonia «la chamaca de oro» López (Sonia, claro), una guapa Evangelina Elizondo (Patricia) y un jovencísimo Manolo Muñoz cantando en español (versión de Rafael Hernández) el «Oh, Pretty Woman» (de Roy Orbison)— Javier hace esto:

Escuchamos que evita el hiato de «y al mar» y, lo mejor, cuestiona más bien los otros labios si la boca —de ella, se entiende— no lo quiere ya besar (cf. besos-labios-besar). En Nueva York, y de esto uno sí que no puede prescindir, Javier graba con los mismos arreglos (de Chuck Anderson) una versión de antología con solo una diferencia de la ofrecida en la película (donde, por cierto, es Rubén Fuentes el asesor musical): dice tanto en lugar de canto, que no está mal: después de todo la perfidia motiva así de tanto. Lo mejor, decía, es esta versión de «Perfidia»: muy cuidada, muy querida, que no queda sino escucharla ahora mismo…

… y volver a Cabrera Infante después de esta cortina de humo, pues la verdad es que yo sólo quería mostrar este trío de estampas (del Archivo Editorial Clío), y escuchar, naturalmente, a Solís. Puro Javier.

(cc) Ed. Clio

Es Solís y, reza el pie de foto (de la publicación El Señor de Sombras, Coria, Clío 1995), sus gustos sencillos: cenar un bizcocho con café y puro de sobremesa. Qué va, Cabrera Infante también hubiera escrito algo.

NB. El repertorio javiesolista incluye dos canciones más de Alberto Domínguez: «Eternamente» (en Enamorado de ti, 1961) y «Tormento» (en Un año más sin ti, 1964).

45º Aniversario Luctuoso de Javier Solís, 1966-2011

abril 19, 2011 § 2 comentarios

Silencio: una petición, una súplica, un imperativo… un grito. Uno que Rafael Hernández (Puerto Rico, 1892-1965) nos regaló rodeado de durmientes flores (nardos, blancas azucenas y rosas), y Javier, ese nuestro Solís, lo bordó —frasear, dicen los entendidos— de principio a fin con una sapiencia hecha sentimiento.

No hay quiebre alguno, Javier se encarga, sin estruendo, de pedir la palabra para hacernos llegar ese silencio.

Son ya 45 años sin Javier en vivo y a todo color; desde el 19 de abril de 1966 hemos tenido que vivir a la sombra de sus tonalidades, de sus ecos. Así, desafiamos el silencio de su ausencia con su propia voz.

Es en este «Homenaje Inconcluso a Rafael Hernández y Pedro Flores» (1967) donde encontramos, además del silencio y voz de Javier, un viaje a la isla del encanto de la mano de un mariachi (y coros de las Hermanas Huerta). Es decir, que por si no bastara el genio de los boricuas, Solís, no conforme con el homenaje, brinda acaso una de sus mejores interpretaciones de boleros… de boleros rancheros. No resta más que seguir escuchando aquellas grabaciones para brindar, sin fin, merecido homenaje.

Silencio, pues, que Javier nos cante… que si nos ve llorando, morirá.

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