El sueño de Javier por el Solís

marzo 31, 2012 § Deja un comentario

Hay entre los javiersolistas un “mantra”: la que esté sonando de Javier, esa es la mejor. Recientemente me topé en video con una canción poco conocida de su repertorio: «Sueño en tu regreso». Aquí la letra:

“Sueño en tu regreso” (Gabriel Siria Levario)
La noche me lo ha dicho, que tú ya no me quieres,
y voy por este mundo en busca de otro amor;
mas no puedo olvidarte, tus besos aún me queman,
y pasan por mi mente recuerdos de tu amor;
y así vaga mi vida soñando en tu regreso,
y tal vez en tu alma ya existe un nuevo amor;
mas si el destino quiere ponernos frente a frente,
te juro por lo nuestro que ya no habrá rencor.

El video, decía, resulta ser una parte de la película Los que nunca amaron (Díaz Morales, 1965: estrenada dos años después de su filmación). En minuto y medio se puede ver a la exuberante Ana Luisa Peluffo y a un compungido Javier Solís. Con guitarra en mano, a plena luz del día y en algún lugar paradisiaco, Solís interpreta a Solís. Es decir, «Sueño en tu regreso» es obra de Javier y, dígase, es una chulada.

En este espacio había mencionado un par de escenas inolvidables de Javier en pantalla grande. La que refiero bien podría ser otra de tales estampas. Javier, pues, canta sin más acompañamiento que su guitarra una de sus contadas canciones (en la siguiente entrega hablaré de otra especialmente bella), y si bien su desempeño como actor dejó mucho que desear, en esta escena es todo él en su interpretación. Sentimiento y voz a cuadro.

Quizá la Peluffo no había sido la musa inspiradora, pero como si lo fuera baja de las alturas (la escena empieza en un balcón) y camina, entre flores, hacia el origen del trino. Helo ahí, Javier en manga corta cantando, recitando, sus propios versos; soñando al sol nos habla de la noche y sus arrepentimientos. Sus hemistiquios son precisos como la voz y, al mismo tiempo, la sencillez de la letra se plasma en sendos versos alejandrinos.

¿Cómo llega Javier a esto? A la luz de los maestros compositores a quienes prestó su voz (a Lara el que más), y ellos a él sus obras, es casi natural obtener a un Solís atento a esos detalles de la composición. Todavía más, con la propia vida seguramente habrá tenido material de sobra para “al menos” inspirarse y contar un poco de lo mucho que atravesó. Los resultados, lo dicho, son contados, por el momento este que nos ocupa es una buena muestra de lo que Javier también pergeñó. Afortunadamente, además de la película, Javier dejó constancia de esta su inspiración en un disco, Mi pecado (CDDE686), y hace unos años se editó también para el disco Las inéditas de Javier Solís. Aquí el sueño del Javier por el Solís:

¡Qué va!, exclama Solís, y los violines tienden el puente, las trompetas lo rematan, las cuerdas lo ajustan y Javier vuelve a la carga: y así vaga mi vida… soñando en tu regreso.

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