Canciones que llevan a Roma

diciembre 7, 2018 § 1 comentario

Como con Canoa (1975) de Cazals, Javier Solís también se deja oír en películas maestras como la Roma (2018) de Cuarón. Esta vez sin embargo Solís no hace segunda a los personajes: es más bien parte de sus coros, de su eco. A Cazals, según le explicó al mismo Cuarón, le caga la música en las películas; al ver Canoa, colegimos, a Cazals le es suficiente la música de la película, es decir, de los personajes según estos vayan desplegándose. Lo mismo pasa con Cuarón (aunque habrá que preguntarle si también le cague la música en las películas). En Roma no hay banda sonora, hay una serie de canciones que forman parte de sus sonidos y silencios – Javier Solís es parte de ambos.

Desde la primera escena de Roma, Cleo, la muchacha, la protagonista, literalmente nos deja oír su lado musical: canturrea el éxito de la radio del momento, “Te he prometido” de Leo Dan, al tiempo que hace sus labores de trabajo doméstico. Pero así Cleo tararee esa o la siguiente canción, y el espectador reconozca la melodía (por tenerla en primer plano), estas no son protagonistas o ejes, atinadamente son más bien parte de la escena, del escenario, y no hacen más que redondear el protagonismo de Cleo. Todavía más, así se oigan las canciones a lo lejos (o de fondo, como sea se diga en el argot cinematográfico), su música acompasa con precisión la historia de Cleo y sus pares.

Porque hay una diferencia en cuanto al lugar de la música en la historia de alguien como Cleo y en la de sus patrones. Valga el ejemplo de una fiesta de fin de año, donde se esperaría que su lugar fuera el mismo: no lo es. Mientras los hacendados rompen la charla y cambian el disco para bailotear con “Corazón de melón” (interpretado por la Orquesta de Pérez Prado ¿y con un guiño a la escena de «Patricia» en La dolce vita de Fellini?), los sirvientes, abajo, bailan concentradamente, aun a empujones, al ritmo de guitarras y violines, «Los ojos de Pancha». El protagonismo de la música es otro, y así lo hace saber la dirección de Cuarón.

La de Solís, su canción, es parte de los avatares de Cleo: “Sombras… nada más”. No se oye en un primer plano, se va perdiendo más bien con el transcurso de la escena. Es un eco del andar. Puede incluso pasar desapercibida, mas se sabe ahí (y por si hubiera duda está listada en los créditos finales): algunos la escucharán y otros simplemente la oirán. Sonidos y silencio; luces y sombras.

De la música de Roma, acaso como con la de Canoa, poco o nada se dirá, sobre todo en los sesudos análisis que se hagan del guión, fotografía, dirección, etcétera, y quizá se quedará en lo anecdótico o en una playlist* que algún entusiasta ya ha tenido a bien armar. Aquí con estas líneas he querido esbozar la importancia de saber oír a Solís: es con el de Tacubaya que tenemos una música que va más allá de su época (los sesenta) y del mero sonido ambiental de alguna otra (como la de Cleo y Cuarón en aquellos años setenta mexicanos). El aroma de Roma, la música, importa más que un comino, Cuarón lo supo, y su camino, el trazado, contempló a Javier. Y otra vez, pudo ser algún otro hit de Solís (y vaya que hay de donde escoger), pero tuvo que ser “Sombras…” Nada más.~

*Actualización. A partir del 14 de diciembre ya está disponible la música oficial de la película en distintas plataformas: spotify, itunes o qobuz.

Ladrón de día, cantor de noche

septiembre 6, 2018 § 1 comentario

El dinero no es la vida pero la que hago por él: esta habrá sido la máxima de Alfredo Ríos Galeana. Incluso hasta la habrá cantado; porque resulta que Ríos Galeana, además de haber sido enemigo público número uno del México de los 80, también era cantante de rancheras y confeso admirador –el número uno, diría él– de Javier Solís: lo emulaba y le copiaba hasta la cara. De esto, sólo un poco en realidad, ha contado recientemente la película Mexican Gangster: El más buscado (J.M. Cravioto, 2015), donde Tenoch Huerta interpretó al criminal en cuestión.

Poniendo a un lado todas las películas en las que Solís trabajó, esta de Cravioto quizá sea en donde más se pueda oír cantar a Javier. ¿Una película javiersolista? No del todo, pues amén de las canciones y escenas donde Tenoch hace las veces del cantante Luis Fernando o Charro misterioso (los nombres artísticos que Ríos Galeana usó para explotar su veta artística), no hay en sí la escenificación de lo que la música de Javier Solís llegó a ser para Ríos Galeana. Hay, sí, un par de curiosos guiños a la solismanía de Ríos: querer tener el mismo fotógrafo de Javier Solís y querer tener la nariz como el cantante (aunque por motivos más bien prácticos: esconderse de la justicia).

Canciones, lo dicho, hay a lo largo de la película, aunque sin llegar a conformar cabalmente una banda sonora. Una certera excepción, sin embargo, se escucha en la escena cuando la captura (no diré cuál de todas) de Ríos. «Vengo a decirle adiós a los muchachos», se oye cantar a Solís al tiempo que Alfredo Ríos se encamina a su destino.

Cinco son los temas javiersolistas incluidos en la película, y tres corren a cargo de Javier mismo. “Despedida”, lo dicho, sobresale. Sólo con ese clásico de Pedro Flores se logra subrayar el sentido de la historia, tarea acaso principal de la música en una película, y la voz de Solís acompasa así, sin distraer ni opacar el desarrollo de la escena, lo que la película nos está contando. Buena jugada, buena elección.

Más de Javier en Mexican Gangster no hay. Lo habrá habido empero en el personaje Alfredo: cuándo, cómo y por qué decide mezclar sus menesteres criminales con sus manías artísticas es cosa que la película sale debiendo. Todavía más, la usurpación de identidad de aquel otro admirador también de Javier Solís, el Charro del Misterio, queda como simple ardid anecdótico.

El Charro del Misterio, el original, es un viejo conocido de los javiersolistas; el misterioso charro de Alfredo, por el contrario, resulta más bien un poco explorado personaje: esta película que nos ocupa era una buena oportunidad para hacerlo. ¿Qué tanta luz de Javier había en la sombra de Alfredo y sus delirios de cantante? A saber; por lo pronto, seguiremos pensando que Ríos Galeana fue, además de un consumado asaltabancos, un excéntrico fanático javiersolista.~

Inspiración de vivos y muertos

enero 11, 2018 § Deja un comentario

Ernesto de la Cruz es algo más que Pedro Infante, así lo aclara la misma Disney:

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Y hete ahí a nuestro Solís:

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Ya el mismo Marco Antonio Solís, quien prestó su voz al personaje en cuestión, lo aclaraba en algunas entrevistas; la audiencia, por su parte, de alguna manera lo intuía. ¿Qué de Javier tendrá Ernesto? La fama de la voz, quizá, pues la pinta, quién lo niega, es toda la parroquia de Infante; la voz en sí, un guiño más bien a Negrete; pero la fama, según Miguel, el niño de la película, pareciera que apunta a las razones de aquella de Javier: ser el mejor cantante.

Todavía más, ahora recuerdo, hay un momento de la película en que De la Cruz presenta a Miguel ante dos peculiares personajes: Negrete e Infante: ¿suple De la Cruz a Solís en ese particular encuentro? Es probable, sobre todo con esa aclaración de Disney como respaldo… U homenaje, tendríamos que decir, porque vaya que lo es, y más si miramos, y oímos, los que suelen hacerse desde suelo mexicano. Sobre esto último, la comparación es inevitable; tomemos como ejemplo, incluso, los más recientes cedés que la casa disquera de Infante sacó al mercado en el 2017 por los cien años del natalicio de Pedro: de una manufactura ínfima y lamentable. Con Javier tampoco hay para dónde hacerse, la mediocridad (entendida esta como falta de imaginación e ideas) de los últimos homenajes es de subrayar.

De unos meses para acá toma fuerza ya no sólo el regreso de los vinilos (o elepes), sino también la transmisión del sonido de alta definición por plataformas de música en línea: he ahí una gran oportunidad para sacar a relucir a Javier. Quién no querrá pagar por una merecida y cabal remasterización de sus grabaciones. Los Beatles y su Sgt. Pepper, por ejemplo, la están rompiendo con la edición de aniversario: Javier no les pediría nada con sus, ojo ahí, valses con banda o, qué va, Javier Solís en Nueva York, grabaciones que, sabemos los javiersolistas, guardan en buena medida la probada calidad javiersolista.

Pero volvamos a Coco, una muestra más de hasta dónde se nos ha metido el gran Javier. Recuérdenlo.~

Una victoria de Javier Solís

noviembre 4, 2016 § Deja un comentario

En el cine no tuvo sus mejores interpretaciones, al menos no como actor, pero Solís dejó su impronta y sin duda hay por ahí un par de escenas irrepetibles. Su nombre también quedaría grabado en la marquesina de algún cine, en particular, el Victoria, de la colonia Morelos, ciudad de México.

Si no Tacubaya, fue el barrio de Tepito el que albergó por unos años al cine Javier Solís. La información, al fin México, es contada. Se sabe que el cine Victoria cambió su nombre (¿cuándo?) por el del cantante. El lugar en sí no tuvo buen fin: terminó por demolerse después de ser convertido en una extensión de vecindad, “la Fortaleza”, y ser corazón, al fin Tepito, de lo bravo del barrio. Estaba en la calle Jesús Carranza, número 29, y gozó de popularidad entre los vecinos. Aquí unas fotos:

cine Victoria (circa 1945)

cinevictoria1944

carteleras (circa 1970)

cartelera_cinematografica_13

De películas exhibidas en el cine Javier Solís, aquí una lista de algunas (con corchetes el año de la cartelera), según el libro Cartelera cinematográfica 1980-1989 de María Luisa Amador y Jorge Ayala Blanco, UNAM 2006: Saturn 3 [1980], Del infierno a la victoria [1980], 2+5 Missione Hydra [1980], La muerte ronda a Mónica [1980], When Time Ran Out! [1980], The Jerk [1980], Dragon’s Showdown [1981], America 3000 [1987], Child’s Play [1989], Maestros invencibles de Shaolin [1989]. El costo de la entrada varió entre los 20, 50 y 700 pesos al inicio, mitad y fin de la década, respectivamente.

Addendum
Gracias a la atinada intermediación de Héctor de Mauleón en Twitter, llego a más datos de este nuestro malhadado cine. La fecha del cese de operaciones del cine aún no se tiene del todo clara, pudo ser a partir de 1989 (pues un año antes se renovaron las viviendas a su alrededor, que a la postre formarían la llamada “Fortaleza” o “el 40”), una vez convertido en vecindad, el gobierno de la ciudad lo expropió en 2007, derribó por ahí de 2010 y en 2011 se inaugura el Centro de Desarrollo Comunitario ‘Cuauhtémoc’; después, en 2012, se echa a andar en sus instalaciones la preparatoria ‘José Guadalupe Posada’. Aquí una foto (cortesía de la usuaria en Twitter Addypalval):

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PS. De calles Javier Solís, aquí la nota: link.

El vicio de la canción

julio 23, 2015 § 3 comentarios

Sin referirnos a algún bolero en especial (como aquél que cantaba Jaramillo), el vicio hace de las suyas por doquier, incluída una fiesta de Pablo Escobar… al menos en la más reciente película que retrata, mal que bien, al ínclito capo: Escobar: Paradise Lost (2014). Una escena en particular es la que nos puede importar en esta bitácora javiersolista. Una canción, por supuesto, que, ojo ahí, Javier Solís hizo sonar en español y que en la película suena a la manera de Benicio del Toro encarnando a Escobar. “Dios, cómo te amo” se reinterpreta —con la letra de la versión en español de propio autor Modugno— y se oye a mitad de una fiesta de cumpleaños. Aquí la escena:

Es probable que Escobar escuchara a Solís y que, como tantos otros colombianos, se hiciera seguidor del mexicano y hasta sus canciones cantara. La juventud de Escobar transcurre precisamente en aquellos años de éxito de Solís; los sesenta son años javiersolistas en la América y gente como Escobar está del todo expuesta a las canciones en voz de Solís. También canciones italianas como esa de Modugno, a pesar de que los propios compositores hicieran el cover en español, pues no es sino Solís quien se encarga en buena medida de brindar la mayoría de versiones en español (cf. versiones javiersolistas). Vaya pues ese Dios… en boca de Solís:

Saludo a la retirada

abril 19, 2015 § 1 comentario

In memoriam mi señor padre

La historia de José Alfredo con Solís es más o menos similar a aquella con Negrete: la muerte le arrebató unos sendos intérpretes que estaban por explorar y hacernos descubrir semejantes universos josealfredistas. Si bien el de Dolores Hidalgo tuvo a su mejor intérprete con él mismo, pocos fueron los hombres que le brindaron vestidos a la altura; además de su compadre, y acaso primer intérprete, Miguel Aceves Mejía, también los llamados tres gallos —Infante la pasó a lo grande— cumplieron a cabalidad la tarea de cantar a José Alfredo. Digo pocos hombres pensando en aquellas mujeres que, sobre todo a partir de los 60, dieron fuerza inesperada, por donde se la mire, a la inspiración de José Alfredo.

El de Tacubaya fue protagonista de un particular renacimiento, o mejor dicho, de una modernización. Atrás parecían estarse quedando las rancheras de José Alfredo, como si en una década la Columbia le hubiera tomado la exacta medida y no hubiera más a dónde ir. Quizá de ahí el cambio de aires a la RCA Victor. Solís empero estaba en la primera casa de José Alfredo y no había que dejar pasar esa pelota. Jonrón de José Alfredo… con la Columbia de Solís; he ahí, de ejemplo, las siete de diez —las restantes tres habían sido ya grandes éxitos en la Columbia— canciones editadas en el disco de Javier Solís para homenajear a José Alfredo (a un año de su muerte): Dos ídolos que se fueron (1974).

Fueron más de diez canciones que Solís le interpretó a José Alfredo. Grabadas fueron once en total; la excluida en aquél disco-homenaje es “Media vuelta”, por cierto grabada antes por Solís que por el compositor. El palmarés lo encabeza “Retirada”, no sólo por su exclusividad javiersolista, sino también por la interpretación de Solís: tan de a peso que no por nada es parte del mítico disco Sombras. De interpretaciones en sí, lejos no se queda “Amanecí en tus brazos” (también en Sombras), donde Solís, bien podemos decir, brinda la versión masculina de la genial versión de Lucha Villa. Y qué decir de aquella “Media vuelta”, rescatada en el cedé A 40 años… me recordarás (2006) y, ojo ahí, versionada por Los Panchos (Enrique Cáceres en la primera voz) en el muy sabroso Los Panchos con Javier Solís. “Poco a poco (Llegando a ti)” tiene además esa otra versión irrepetible de película, que también hay que oír. “Serenata sin luna” tiene una peculiaridad: la incluida en Temas inéditos de sus películas abre con un popurrí de sonidos josealfredistas (¿cuáles?, sería la trivia). En fin, de todas estas, “Retirada” y “Amanecí en tus brazos” son reconocidas en los discos del libro Y sigo siendo el Rey (Sony Music 2013) como perlas de interpretación en audio y video, respectivamente. La segunda, su video, es parte, y esto no lo aclara el libro, de la película Especialista en chamacas (1965), donde también Solís se despacha con esta excelsa “Retirada”:

Pero hay más canciones de José Alfredo de película. Canciones que no fueron editadas en disco y que sólo están disponibles en video (sueltos en la red o en las películas mismas), a saber: “Amor del alma” (en Escuela para solteras), “El silencio de la noche” (en Los hermanos muerte) y “La bola negra” (en Escuela para solteras). Es decir, avezado lector, que Solís tiene catorce temas josealfredistas para dar y, mal que bien, repartir. La mayoría, ya se ve, son parte del cancionero nuevo del José Alfredo de aquellos años, uno que se insufló de bríos sesenteros que se expandían al ritmo y competencia de baladas, pop y rock, y ni hablar del bolero ranchero que Solís encumbraba. Lo dicho, a Solís se le acortó el viaje y a José Alfredo la bienvenida y renovada compañía.

Quise pues en este 49° aniversario luctuoso recordar a esta mancuerna. Un recuerdo, hay que decirlo, que se queda a años y ensombrecido por ese sí gran recuerdo que Daniel Santos les regaló a ambos en su Recordando a… Javier Solís y José Alfredo Jiménez.Un tema, sin embargo, bien puede valer más, y cerrar, este recordatorio. Un saludo, homenaje, a sus retiradas. Un dúo de película, claro, entre Solís y José Alfredo: “La bola negra”.

Cada quien agarró su camino,
cada quien escogió su estrella…

Es una cosa grande

agosto 9, 2014 § 1 comentario

Hablar de Woody Allen en poco o nada nos acercaría a Javier Solís… hasta ahora. En su más reciente película como actor, Fading Gigolo (Turturro, 2013), Allen junto con John Turturro, en el papel protagónico, casi que se escucha al ritmo de Solís. Es su eco, sin duda, pues quien se oye es Vanessa Paradis y la canción de Domenico Modugno, “Tu si na cosa grande”.

Imaginen al javiersolista, caros lectores, ahí en medio de la película con un ojo al gato y otro a aquel gran garabato javiersolista. “Es una cosa grande”. Tema también de película, por cierto, ¿de cuál?; incluído en el recopilatorio Temas inéditos de sus películas (1984), Solís se oye con un mariachi que no le pide nada a orquesta alguna. Solís, digámoslo, otra vez en la vanguardia.

Modugno puso sobre la mesa uno más de sus éxitos sesenteros (en clave pop, dicho sea), y Solís lo hizo sonar a su manera: dobló la apuesta en la voz (restándole a la del acompañamiento musical). Plantadísimo en el centro, todo giró alrededor de Solís: pero logró desde ahí proyectar precisamente eso, algo muy grande. Y todo esto, original y cover, en acaso menos de un año, entre 1964 y 1965; en caliente, y aquí ya hemos hablado de tales ecos, calenturas y fiebres javiersolistas.

Cincuenta años después viene la bellísima Paradis a recordarnos aquella dupla Modugno-Solís. Uno la escucha y oye, insisto, no sólo a la versión original de Modugno y sus arreglos, sino también al peso de la interpretación de alguien como Solís. A saber si la francesa estuvo o está al tanto del mexicano; por lo pronto, Solís sí que estuvo atento a las posibilidades de la canción, y las llevó al límite.

Esta es la letra en español:
“Es una cosa grande” (D. Modugno)
Es una cosa grande tu amor;
Es algo que no puedo explicar;
Es algo con distinto sabor
Que me arrastra hacia ti cada vez más.
No existe nada igual que este amor,
Seguro que no puede existir,
Tú sabes que prefiero morir
a perder y no tenerte más junto a mí.
Qué grande lo que yo siento,
se queda pequeño el cielo,
Y nada en este mundo contigo,
contigo, contigo se podría igualar.
Es una cosa grande tu amor;
Es algo que no puedo explicar;
Es algo que no tuve jamás,
Es algo ideal, ¡algo muy grande!

Por allá un video con escenas de la referida película y aquí uno con imágenes de la artista:

Y Solís, claro, para cerrar con broche, y brocha, grande esta nota, ¡qué va!:

La cereza del pastel

enero 31, 2014 § Deja un comentario

Hace más de cincuenta años se grabó una canción que resultaría santo y seña no solo del intéprete sino también, y sobre todo, del compositor. “Esclavo y Amo” se sumó a los hits de Javier Solís y multiplicó la popularidad del compositor José Vaca Flores. A partir de 1961 Vaca Flores empezó su gran carrera como compositor; la trayectoria de “Esclavo y Amo” fue exponencial: después de Javie Solís, y de que él estableciera su canon, una centena de intérpretes se echó a la bolsa semejante piedra: con algunos, contados, resultó aún preciosa.

El propio compositor cuenta (en su página web) cómo Solís “exigió” su grabación exclusiva de la canción. Es decir, que acicateado por un amigo común (de Vaca Flores y Solís), este nuestro cantante estrella buscó al compositor para reclamarle aquello de que anduviera dándole canciones a la competencia, i.e., Marco Antonio Muñíz, y, acto seguido, finiquitó la grabación en cuestión de días. “Esclavo y Amo” salió al mercado junto con “El loco” (Cordero), y ambas, a la par, resultaron epónimos de Solís. (La de Cordero se editó en LP antes que la de Vaca Flores, que se incluyó en el LP El peor de los caminos.) La locura y la esclavitud tenían ya amo javiersolista. Marco Antonio Muñíz, por cierto, no grabaría “Esclavo y Amo” sino hasta en 1993 para su, oh, homenaje a Javier Solís y Pedro Infante.

“Esclavo y Amo”, como Solís, se sigue escuchando. Recién en el cine tuvo dos “apariciones”: con el grupo chileno Los Bunkers en la película Besos de azúcar (C. Cuarón, 2013) y con el grupo peruano Los Pasteles Verdes en la película Heli (A. Escalante, 2013). Esta última es la que motiva esta nota.

Hace ocho años la SOLISMANÍA comenzó a dar lata. Hace ochos años, días más, días menos, el primer audio que subí a este espacio fue precisamente “Esclavo y Amo”. Fue la primer canción semanal. Me permito, caro lector, traer unas líneas que en su momento escribí: «¿Una letra de amor y desamor? No, creo más bien una letra de pasión. […] Renglones que hablan de la debilidad y de cómo ésta nos puede hacer sentir fuertes. Claro, la debilidad carnal.» Esta sigue siendo mi lectura… sobre todo después de ver Heli.

«La pasión es así», dije también a la luz de tal sombra javiersolista, «nos hace ir de la sumisión al dominio». ¿Y qué se ve en Heli? Eso mismo. La esclavitud y la posesión. Un universo que se puede encerrar, contener, bajo un cielo estrellado del bajío mexicano, una casa con dos habitaciones para cinco personas, un par de paquetes de cocacína y una canción en la radio. “Esclavo y Amo” suena en voz de Aldo Guibovich, cantante de Los Pasteles Verdes, ¿por qué no con Solís?

El grupo peruano, originario de Chimbote, grabó el éxito javiersolista de Vaca Flores en 1974. Ellos, junto con grupos como Los Ángeles Negros, fueron sin duda parte de aquella ola setentera de agrupaciones baladistas que de México a Sudamérica tuvieron sus mejores años. Así, en grupo, interpretaciones de canciones como “Esclavo y Amo” cedían el protagonismo de voces como la de Solís; el conjunto cobraba importancia, y si bien la voz de Guibovich era ingrediente principal, el resto de la banda no se limitaba al mero acompañamiento. “Esclavo y Amo” es con Solís una amalgama perfecta; con Los Pasteles Verdes es una junta de música y voz… es Heli y su medio, ¿sus circunstancias? La garra es con Solís; el desgarre es lo que ha de oírse en la película. De película.

Las probabilidades de que en estos días (donde se ubica la historia) se escuche en la radio de México, en lugares como Guanajuato, a Javier Solís es mayor frente a la de Los Pasteles Verdes (pero no igual a la de aquellos años sesenta en los que historias como Canoa fueron trazadas). No por mucho: ellos, lo dicho,  sí que tuvieron, y tienen, su espacio en la escena popular mexicana. Es pues natural oír a “Esclavo y Amo” con Los Pasteles Verdes en una escena de película donde una parejita de un medio rural se da una escapada para ver “secretos” mientras la radio del auto está prendida e incluso, al final de una canción de amor, él le hable a ella de matrimonio. Es natural.

Lo que no es natural, y se va por ello a buscar, es oír de nueva cuenta a “Esclavo y Amo” al final de una historia como Heli. ¿O sí lo es? Desafortunadamente en el marco de la historia también lo es. “Esclavo y Amo” vuelve a escucharse con esa voz tristona, chillona acaso, y el conjunto que la envuelve. No ha de ser Solís y su su fuerza lo que se sienta esclavo y amo, más bien sólo su eco a la distancia: la reinterpretación años después de un grupo baladista. El llanto de los violines no tiene lugar en Heli, lo importante ahí es algo todavía más chirriante, cansino. Una escena de sexo por fin consumado y un par de niños al sillón con las cortinas al viento, tras tiempos aciagos, crudos, cabrones, eso es ahora el preámbulo de una canción como “Esclavo y Amo”. Dicho de otro modo, si antes se oye por la radio, al final es lo único que queda por escuchar.

No son gratuitas las consonancias y asonancias de la letra de “Esclavo y Amo”, tampoco sus motivos. Solís lo supo, de ahí su canto; los grupos como Los Pasteles Verdes lo entendieron, de ahí su reinterpretación; películas como Heli de Escalante lo descubrieron, de ahí su inclusión.

Volvamos, para cerrar, a la canción. Vaca Flores se la dedicó a su esposa Esthercita. El compositor ahora está, en sus palabras, tranquilón, tiene incluso Twitter y por ahí llego a esta sencilla y valiosa versión acústica de un joven cantante mexicano que, a pesar de su andar televisivo, procura en buena lid el oficio. Sea pues, Yahir y su “Esclavo y Amo”:

Y, ¡qué va!, una estampa (tomada de la página del compositor) de Solís y Vaca Flores:

De izq. a der. Valencia, Solís, Vaca Flores, Alfaro Valencia, Valdés Leal, Carrión y Rodolfo Zamudio.

De izq. a der. Sr. Valencia, Javier Solís, José Vaca Flores, Alfaro Valencia, Felipe Valdés Leal, Rafael Carrión y Rodolfo Zamudio.

El tiro de gracia a los 27

abril 11, 2013 § Deja un comentario

Con veintisiete años cumplidos Javier estaba lejos de ser Solís. Su nombre artístico estaba ya definido, sin duda, pero no así su estilo. En septiembre de 1957 había recibido su primer disco plateado por la canción —y primera gran oportunidad profesional—  “Por qué negar” (Lara), que grabara en enero de 1956, es decir, meses antes de sus 25; para 1958 ya solo estaban quedando ecos, sin huellas, de aquellos sus primero pasos. Aún así, en ese periodo, 1956-1958, Solís se echó a la bolsa poco más de media centena de canciones. El propio director musical Felipe Valdés Leal creía que el cansancio estaba haciendo mella en el muchacho y de ahí que el estilo no encontrara lugar en él. Necesitaba un respiro: Solís seguía siendo infante.

Javier tomó nuevos aires en 1958 (también los probó, dicho sea, pues ese año conoció a Yolanda Mollinedo), se fue en caravana artística y regresó a los estudios de la Columbia a jugarse el destino con la ayuda de Valdés Leal y el maestro arreglista y compositor Rafael Carrión, quien, efectivamente, lo arregló y compuso para una grabación en particular: “Llorarás, llorarás” de Rafael Ramírez Villarreal.

Oír es raro; llorar, serio. Aquél día, en aquella sesión, un joven de 27 años se supo oír y seriamente lloró el recuerdo de su ídolo atascado en su propia voz. Muerte al imitador, ¿para qué llorar como infante lo que se puede cantar como Solís? Una vez identificada por Carrión, Javier también reconoció su propia voz: óyeme como quien oye a Solís. «De hoy en adelante imita a este señor en todas tus canciones», le habría dicho el maestro arreglista, y el enfermo se compuso. Es raro llorarse… y así cual palíndromo Javier regresó sobre sí.

Un antes y un después resultó la grabación de “Llorarás, llorarás”. Un parteaguas. La Columbia confirmó y mantuvo a Javier (¿y Solís a la Columbia?), las grabaciones fueron a más —a unas cuantas estaba de «darle en la torre» al compadre Infante de Carrión— y el solista se subrayó. ¿Qué habrá visto Valdés Leal en “Llorarás, llorarás”? Los boleros de Ramírez eran apreciados, “Nuestro amor” con Los Panchos era quizá respaldo importante, así como aquellos (otros) temas de película “Si tienes corazón” y “De pies a cabeza” interpretados por Toña la Negra y Pedro Infante, respectivamente. La apuesta se mantenía con el muchacho:  a la yugular: bolero con mariachi: all in. Y se ganó la partida: vaya flush, una flor imperial y real.

No conformes con el éxito discográfico, “Llorarás, llorarás” se triplicó en pantalla: fue incluída en escenas de película de Javier: Tres balas perdidas (Rodríguez, 1961), En cada feria un amor (González, 1961) y Los cinco halcones (Delgado, 1962). Para el anecdotario, en un disco sencillo (de 45 rpm) hay un Pablo Flores (¿aquél amigo de Solís del trío México?) como compositor de la canción:

lloraras pablo flores

Pero se sabe que es de Ramírez y que salió al mercado (en contracara de “Después de amarnos”) en un disco así:

javier-solis-lloraras-cbs

(Así tal cual, “Llorarás”, y con un primer nombre, “Isabell”, es como se reporta —con decenas de intérpretes amén de Solís— en la base de datos de la SACM, donde, por cierto, ninguna de tres canciones intituladas “Llorarás, llorarás” tiene como autor a Rafael Ramírez pero sí a un… Pablo Flores Lagunas. Para llorar.)

Curiosidad puede también ser el acompañamiento. Según esos primeros discos es el mariachi Zapopan de Miguel Martínez (maestro trompetista que acompañara a otros mariachis como el Vargas y a una pléyade de cantantes) quien acompaña al solista, pero para el disco de larga duración Llorarás, llorarás (1959) se señala en la contraportada a los mariachis Jalisco y México de Pepe Villa. ¿Fueron versiones diferentes? Tanto la canción que nos ocupa como “Mentira, mentira” y “Vengo a decirte adiós” ya habían sido grabadas, el resto (9) fueron primicia: me parece natural que, por cantidad, solo se diera el crédito a las nuevas grabaciones y que esas tres fueran mera inclusión. De Zapopan es pues el acompañamiento.

La canción también forma parte de discos de éxitos de Javier, Mis 30 mejores canciones (Sony 1998) y A 40 años… me recordarás (Sony 2006), y de dos sabrosas mezclas: Los Panchos con Javier Solís (Columbia ~1966), con una bellísima segunda de Enrique Cáceres, y Javier Solís con la Rondalla Venezolana (Sony 2011), con solo Solís de inspiración pues la Rondalla, sin mariachi, es la única que se escucha en ese track.

Aquí pues “Llorarás, llorarás”…

Llorarás, llorarás (Rafael Ramírez)
Llorarás, llorarás, mi partida;
aunque quieras arrancarme de tu ser,
cuando sientas el calor de otras caricias,
mi recuerdo ha de brillar donde tú estés.
Has de ver que mi amor fue sincero
y que nunca comprendiste mi penar;
cuando sientas la nostalgia por mis besos:
llorarás, llorarás, ¡llorarás!

No era para menos el éxito. Entre violines y trompetas Javier desarrolla sus matices en apenas dos minutos de voz. Sin chillido alguno, no es sino hasta el final que se escucha la suavidad de la tremenda fuerza de Solís. Arranca y brilla al centavo (y de a peso); comprende nostalgias: exhorta llanto… Llora la canción.

Si el texano Rafael Ramírez Villarreal no pudo pegar a lo grande con Pedro Infante, sí que lo hizo con Javier Solís. Al poco de haber sido grabada con las Hermanas Gongora (paisanas del compositor), “Llorarás, llorarás” en voz de Solís le brindó su primer hit y le hizo merecer, dada la popularidad de la canción, dos veces consecutivas el “Micrófono de Oro” (de la Asociación Nacional de Locutores de México). Cinco años hay entre aquella escena “De pies a cabeza” con Infante —en El mil amores (González, 1954)— y el año del renacimiento de Solís con Ramírez. Finalizado 1958 con esa esperanza de Javier en el estudio de grabación, fue 1959 cuando desde el norte, Texas incluído, y acaso por los oriundos aires del compositor, “Llorarás, llorarás” sonó hasta el centro de México, Tacubaya incluída: un muchacho de 27 años había encontrado la inmortalidad.~

Una prueba de aspirante

enero 20, 2013 § Deja un comentario

Hace cincuenta años la escena no era del todo rara: un cantante cabal haciendo publicidad. Cantándola. Antes de la imagen, fue la radio quien buscó aprovechar aquella camada de estrellas del momento; si Pedro Infante recomendó el aceite 1•2•3, ¿por qué no hubiera sido raro escuchar a Solís anunciando una (agua de) colonia o un jabón esplendoroso?

La escena es ficticia, pertenece a la película Un tipo a todo dar (Cortés, 1962), donde Solís hace de Javier en el otrora papel de Gabriel (Siria Levario). Así, en oficios varios, el protagonista de la historia da cuenta de ser, literalmente, a todo dar. Boxea, filetea, enamora y, claro, canta. Entre golpes, calles y notas, Javier llega hasta el estudio y canta un par de jingles, tonadillas; lo contratan y el resto es historia.

Solís no llegó a hacer publicidad más que en película. Helo ahí, de película, evitando al natural los trancazos y optando por la cantada. Raro, insisto, no hubiera sido: la publicidad del momento solía echar mano de las mejores voces (y versos) para anunciar sus productos. En Un tipo a todo dar aquel Javier era uno en ciernes: lo que escuchamos es un Solís mayor (y en sol). ¡Qué va!

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