La suerte loca de Javier Solís

abril 18, 2012 § 1 comentario

Nunca fue a cantar a Puerto Rico, sólo a filmar dos películas, Caña brava (1965) y Los que nunca amaron (1965); un boricua, Julito Rodríguez, lo descubrió y como nadie interpretó a una pléyade de compositores puertorriqueños, v.gr., Benito de Jesús, Bobby Capó, Rafael Hernández, Pedro Flores, incluído, claro, Noel Estrada: «En mi viejo San Juan». Javier Solís tiene acaso en la Isla del Encanto su segunda patria. Y su gente lo sabe… por lo menos, qué suerte, gente como Daniel Santos.

Recordando a Javier Solís es el homenaje que el Inquieto Anacobero rindió al de Tacubaya. Así de grandes. Editado primero en elepé y en casete, con cinco temas por lado: «Payaso», «Entrega Total», «Ojitos traidores», «Sombras (nada más)», «Adelante», en el A, y «Cuatro Cirios», «Vagar entre sombras», «Suerte loca», «El loco», «Luz y sombra» en el B; después, en 1994, se agregan otras dos: «Si Dios me quita la vida» y «Esclavo y Amo», junto con otras doce de José Alfredo, para así tener, y a la venta en iTunes, el disco Daniel Santos Recordando a… Javier Solís y José Alfredo Jiménez.Una maravilla hecha homenaje.

Con un repertorio javiersolista hasta las cachas, el Jefe no sólo recuerda a Solís sino que lo reinterpreta y de qué manera: a la suya. Impregnado de bohemia y acompañado de arreglos a la medida, Daniel Santos oye a Solís y lo hace eco con aquella voz que nos regalara joyas escritas a mano como las añoradas cartas de Linda.

Tomemos un botón, uno que pocos ojales han visto. «Suerte loca» de Agustín Lara. Grabada por Solís —acompañado del Mariachi Nacional de Arcadio Elías— para su Fantasía Española (1962), Daniel Santos también nos recuerda al compositor que más grabó Javier. Es así la letra de Lara:

«Suerte loca» (Agustín Lara)
Yo tengo una suerte loca,
qué suerte loca, para quererte
con un cariño tan grande
que no se acaba ni con la muerte.
¡Ay, corazón,
no le digas que la quieres tanto,
porque cuando se entrega la vida
los amores acaban con llanto!
Yo tengo una suerte loca,
mira si es suerte saber tus cuitas,
me las han dicho tus ojos,
que son de tu alma las ventanitas.
¡Ay, corazón,
a un amor no te entregues entero,
tras las rosas están las espinas
y te acecha un puñal traicionero!
Los ojos que me embrujaron,
que me miraron, ya no me miran,
los labios que me arrullaron,
que me besaron, ya no suspiran.
¡Ay, mundo cruel,
cómo se abre a mis pies el camino,
esos cambios que tiene la vida,
son caprichos que tiene el destino!

Y aquí lo hecho por Javier:

¿Qué pudo hacer Santos con esta puntada javiersolista?… Qué suerte la de Solís, Daniel vuelve a él para entonces sacar, ¡qué va!, esto bordado a mano:

Cada cual a lo suyo, sin remedos o parches. La voz de Daniel nos recuerda, sí, lo hecho por Javier y, así, lo que él, Santos, sabe hacer. Solo entre grandes.

Se cumplen aniversarios, hoy el 46º luctuoso, y no he encontrado otro homenaje de este calibre. Así de bien logrado y con semejante altura. Irresistible Santos. Es decir, que si se ha de recordar a Javier: recordando que es gerundio.

El sueño de Javier por el Solís

marzo 31, 2012 § Deja un comentario

Hay entre los javiersolistas un “mantra”: la que esté sonando de Javier, esa es la mejor. Recientemente me topé en video con una canción poco conocida de su repertorio: «Sueño en tu regreso». Aquí la letra:

“Sueño en tu regreso” (Gabriel Siria Levario)
La noche me lo ha dicho, que tú ya no me quieres,
y voy por este mundo en busca de otro amor;
mas no puedo olvidarte, tus besos aún me queman,
y pasan por mi mente recuerdos de tu amor;
y así vaga mi vida soñando en tu regreso,
y tal vez en tu alma ya existe un nuevo amor;
mas si el destino quiere ponernos frente a frente,
te juro por lo nuestro que ya no habrá rencor.

El video, decía, resulta ser una parte de la película Los que nunca amaron (Díaz Morales, 1965: estrenada dos años después de su filmación). En minuto y medio se puede ver a la exuberante Ana Luisa Peluffo y a un compungido Javier Solís. Con guitarra en mano, a plena luz del día y en algún lugar paradisiaco, Solís interpreta a Solís. Es decir, «Sueño en tu regreso» es obra de Javier y, dígase, es una chulada.

En este espacio había mencionado un par de escenas inolvidables de Javier en pantalla grande. La que refiero bien podría ser otra de tales estampas. Javier, pues, canta sin más acompañamiento que su guitarra una de sus contadas canciones (en la siguiente entrega hablaré de otra especialmente bella), y si bien su desempeño como actor dejó mucho que desear, en esta escena es todo él en su interpretación. Sentimiento y voz a cuadro.

Quizá la Peluffo no había sido la musa inspiradora, pero como si lo fuera baja de las alturas (la escena empieza en un balcón) y camina, entre flores, hacia el origen del trino. Helo ahí, Javier en manga corta cantando, recitando, sus propios versos; soñando al sol nos habla de la noche y sus arrepentimientos. Sus hemistiquios son precisos como la voz y, al mismo tiempo, la sencillez de la letra se plasma en sendos versos alejandrinos.

¿Cómo llega Javier a esto? A la luz de los maestros compositores a quienes prestó su voz (a Lara el que más), y ellos a él sus obras, es casi natural obtener a un Solís atento a esos detalles de la composición. Todavía más, con la propia vida seguramente habrá tenido material de sobra para “al menos” inspirarse y contar un poco de lo mucho que atravesó. Los resultados, lo dicho, son contados, por el momento este que nos ocupa es una buena muestra de lo que Javier también pergeñó. Afortunadamente, además de la película, Javier dejó constancia de esta su inspiración en un disco, Mi pecado (CDDE686), y hace unos años se editó también para el disco Las inéditas de Javier Solís. Aquí el sueño del Javier por el Solís:

¡Qué va!, exclama Solís, y los violines tienden el puente, las trompetas lo rematan, las cuerdas lo ajustan y Javier vuelve a la carga: y así vaga mi vida… soñando en tu regreso.

Una canción y una anécdota

marzo 24, 2012 § 1 comentario

Veinte años después de Violettes impériales (Roussel, 1932), Luis Mariano es parte de la segunda versión: Violetas imperiales (Pottier, 1952). Acompañando a la siempre bella Carmen Sevilla (quien, por otro lado, nos regalara junto con Pedro Infante y Antonio Bribiesca la más bella de las negras noches), el oriundo de Irún le cantó a la gitana Violeta más o menos así:

A partir de entonces, «Violetas imperiales», música de Francis López y letra de Jesús María de Arozamena (en francés es de Mireille Brocey), quedó con Luis Mariano… y con un puñado de intérpretes que han querido echarse al hombro esta pieza. Esta es la letra:

«Violetas imperiales» (F. López/ J.Mª.de Arozamena)
Sabes que ya no habrá primavera
si tú no estás aquí violetera;
la primavera ha venido, yo sé por qué ha sido:
entre las flores que ofreces, es como una flor.
Piensa que en esta corte francesa
eres más que gitana, princesa;
Violeta de España, tú en tierra extraña
vives para el recuerdo de aquel amor.
Yo tuve un ruiseñor que llegó a suspirar:
«para que quiero amor si nadie me va a amar»;
ramito de violetas que luzca en el hojal,
me siento emperador… de violeta imperial.
Era un cielo de primavera
cuando me dijo la violetera,
«cómpreme usted mis violetas que son las primeras,
van a traerle la suerte, su suerte es mi flor».
Vuelve a tu rincón de la Alhambra
donde copia la luna tus zambras,
Violeta de España, tú en tierra extraña:
vives dando sentido a mi amor… ¡amor!

Y así se escucha:

Dicho lo anterior, viene la anécdota recogida en El Señor de Sombras (Coria 1995). Javier Solís es invitado para una prueba en los estudios de Discos Columbia. Es finales de 1955, Javier ha andado ya de aquí para allá y acaso con un par de canciones grabadas bajo el brazo. En realidad es su primera gran oportunidad, están ahí los maestros Fernando Z. Maldonado y Felipe Valdés Leal. Una mañana fría en Naucalpan, Estado de México. Solís canta «Mi último bolero» (Hassan) y el que a la postre sería su productor musical, Valdés Leal, le pregunta:

—¿En qué te especializas?

—Canto de todo. Acompañado de un mariachi, le canto desde una canción ranchera hasta «Violetas imperiales» —respondió Javier.

—Pues si puedes cantar «Violetas imperiales» con mariachi, ya eres millonario, muchacho.

En enero de 1956 la Columbia contrató en exclusiva a Javier Solís. Ese mismo año tuvo su primer éxito: «Por qué negar» (Lara), por el que recibió disco plateado.

Las cenizas de Javier

febrero 22, 2012 § 4 comentarios

De la doble centena de compositores que interpretó Javier, los hay —como es natural— cuyas composiciones sólo en una pudo estar Solís. Es el caso de Wello Rivas (1913-1990) y su canción, ya mítica, «Cenizas». Mítica sobre todo porque es la ínclita Toña, Toña la Negra, quien sentó las bases para tan tremendo bolero.

Es decir, que gracias a Toña decenas de intérpretes buscaron (y siguen) también dejar esas cenizas. Algunos lo lograron, qué va, pero otros, otros como Javier nos legaron algo más que solo cenizas.

Digo otros como Javier pensando únicamente en Solís. Sí, no fue sino hasta Javier Solís que aquellas «Cenizas» de Rivas alzaron vuelo y, desempolvándose, se impregnaron del mariachi. Ese es quizá el gran logro de Solís en esta obra: el haber tomado el bolero de Rivas, entender lo que hizo la veracruzana y, atención, dejar que el mariachi fuera complemento ideal para su voz y, claro, la letra.

«Cenizas» (Wello Rivas)
Después de tanto soportar la pena
de sentir tu olvido;
después que todo te lo dio mi pobre
corazón herido;
has vuelto a verme para que yo sepa
de tu desventura,
por la amargura de un amor igual
al que me diste tú.

Ya no podré ni perdonar ni darte
lo que tú me diste;
has de saber que de un cariño muerto
no existe rencor.
Y si pretendes remover las ruinas
que tú misma hiciste,
sólo cenizas hallarás de todo
lo que fue mi amor.

Más Solís imposible. Como en un Miércoles en el que van por la cruz y a por ella, así las cenizas de Javier nos llevan y se quedan en la frente. Nos recuerdan lo que llega a ser eso que llaman amor. Es la letra de Rivas, el eco de Toña y la voz de Javier acompañada de esas trompetas que, además de puente musical (con mariachi), nos desgarran y se tienden para alcanzar la impotencia, el recordatorio y, finalmente, la advertencia.

Después de oír a Toña con esas cenizas uno no esperaría que ave alguna surgiera… a no ser que Javier las renaciera así, sólo así:

¡Qué va!

Unos más en la vida perjura

febrero 8, 2012 § 8 comentarios

Según la página web de la Sociedad de Autores y Compositores de México (SACM), la biografía de Juan Navarrete Curiel se cruza con la de Javier Solís en algo más que una canción. Sin embargo, es la fecha en que los javiersolistas sólo contamos con dos canciones de Navarrete Curiel en voz de Solís: “Despreciado me voy” y —la que nos interesa por el momento— “Uno más”.

No es raro que con Javier se den las discrepancias en cuanto a los números —sean las canciones grabadas, los discos editados o incluso las versiones disponibles—, pero con lo cualitativo hay poco espacio para la disyuntiva. “Uno más” es una canción que bien podría pasar sin pena ni gloria… de no ser por un par de detalles. El primero es que forma parte del grupo de rarezas javiersolistas, es decir, temas que por su quizá única edición en disco, no suelen estar en las audiotecas Solís. Esta ausencia, en el caso de “Uno más”, se puede explicar quizá por la calidad de la grabación en sí, o bien, como ha pasado con otras canciones, e.g., “Gaviota” (del álbum Y todavía te quiero), por alguna razón que sólo los productores y sus interéses de mercadotecnia puedan tener al momento de las reediciones del material original.

El segundo detalle de “Uno más” es que ha sido grabada por dos Fernández, padre e hijo, en los primeros años de sus respectivas carreras (y sin ninguna posterior reedición). Volviendo a la página de la SACM, tal canción se reconoce sobre todo con las voces de los Fernández. (Aunque ya en la base de datos de la SACM de las canciones de Navarrete se puede ver que J A Solis es parte también de los intérpretes con en el CD Exitos de J A Solis, Orfeon Videovox.) Vicente la graba en 1965, es parte entonces de aquellos primeros años en que el de Huentitán buscaba hacerse —sin éxito— de un espacio en la industria, dicho de otro modo, parte de sus pininos; treinta años después el hijo Alejandro también la hace parte de sus inicios y la incluye en su cuarto (o sea, ya no tan pininos) disco Que seas muy feliz.

Hasta ahí no hay mucho que decir, más que el recuerdo de la letra de la canción.

Uno más (Autor: Juan Navarrete Curiel)
Que Dios bendiga
las dulces horas que pasé contigo;
a nadie digas
que por capricho te entregaste a mí;
por donde vaya
nuestro secreto guardaré conmigo;
nada ni nadie
podrá evitar que yo te quiera así.
Sé que todo pasó para ti como nueva aventura,
y que fui uno más para ti en tu vida perjura;
Sé que no volverás por amor a entregarme lo tuyo,
volverás cuando nuevo dolor haya herido tu orgullo.

Es, ya se ve, canción breve e incluso poética (e.g., bonitos endecasílabos sáficos). Pasemos a las versiones, aquí el par de los Fernández: Vicente

y Alejandro

De regreso al primer detalle, lo especial de “Uno más”, dije, es la canción en sí. No es sino hasta hace unos meses que, por ejemplo, podemos escucharla en YouTube. Pocos son los que, con la ayuda de la red y del intercambio digital, pueden contarla en sus audiotecas. La trilogía El Señor de Sombras de José Felipe Coria (Ed. Clío) no la enlista en su cancionero. La fecha probable de grabación es durante la segunda mitad de la carrera de Javier y, como se escucha en la versión disponible, el vinilo es hasta ahora la única fuente. No se tiene, en fin, mayor información que el compositor. Aquí pues la rala canción:

El avezado lector podrá escuchar que Solís sí está cantando tal cual aquella letra de Navarrete (y más adelante habrá cuenta de alguien más que sí lo hace), los Fernández no. Ellos cantan «evitar que yo te quiera a ti» y, lo más que hace el menos, «en tu triste locura» (amén de rematar con el innecesario «cuando un nuevo dolor», dando al traste así con la métrica). En otras palabras, me imagino la escena con aquél charro en ciernes: ¡Cómo que vida perjura, eso qué, mejor algo que se entienda: triste locura!, ah, y aquí debe de ser (sic) un nuevo dolor, claro, y ya entrados, pues que nadie evite que yo personalmente te quiera a ti y solamente a ti… El hijo, claro, sólo repitió lo del padre.

Así las cosas, ahí está Javier con su interpretación cabal. A saber del porqué los señores de la disquera prefirieron que, por si no bastara uno, dos Fernández se echaran al hombro esta pieza. Hay otras canciones, por supuesto, donde tanto los de Jalisco como el de Tacubaya brindan al respetable su entendimiento de los mismos «escarabajos que llamamos notas», e.g., el vals “Alejandra”, pero aquí, para el que escucha, los tres están en igualdad de circunstancias: no hay mayores cambios en los arreglos y dada la, digamos, dimensión de la canción (i.e., ni muy muy, ni tan tan) en los respectivos cancioneros, el tiro es finalmente parejo. Incluso con la calidad de las grabaciones en las versiones de Solís y del mayor de los Fernández, Alejandro no está con ventaja, o desventaja —junto con su padre—, al ser tal canción de sus “primeras grabaciones”: ambos Fernández a esas alturas saben ya de estudios de grabación. Lo dicho, el tiro es parejo. El resultado no.

Javier peina la letra con sus dedos, sin despeinarla ni despeinarse. Alejandro lo imita pero termina por recordar la impostura de la voz del padre. Éste, sencillamente, repuja. Solís entiende la letra y su estructura, y presta su voz para iluminar lo escrito: el chillón que llora bien y bonito. Fernández hijo cree entender y a fuerza de demostrarlo le resta sensibilidad: evita ser uno más y quiere ser el uno (de plástico). Fernández padre se limita a llorar chillando. Javier no busca cúspide alguna en la letra, sabe que la montaña es también una bajada; el junior pareciera no reconocerlas y el señor padre gusta de inventárselas (a gritos). Uno más que de tres… dos no logran.

Aquí queda la perjura. En este blog poco o nada comentamos de los Fernández, ¿para qué?, se sabe que uno, el padre, suele argüir que Solís será lo que sea pero él, será lo que sea, es el vivo. Se sabe, más bien, que si Fernández se escuchó fue gracias a la muerte de Solís, a que la máquina de grabaciones cesó de trabajarle a los señores de la industria. Sabemos, pues, que Javier vivo era insuperable, que sólo muerto alguien más podría competir, al menos, con grabaciones que, de hecho, todos querían en voz de Solís. La muerte de uno brindó el soplo de vida al otro que, dígase, la televisión se encargó de hacer más, e insuflar de paja suficiente como para encumbrar y confundir, dirían los de Cuévano, lo grandote con lo grandioso. La superioridad es evidente, la comparación, superflua. Aquí, sencillamente, uno más.

Adenda
Meses después reparo en una versión de uno más que, él sí, supo hacerle respetable segunda a Javier: Jorge Valente.

En el siguiente video se puede escuchar al paisano de los Fernández haciendo lo que ellos no pudieron. Jorge Valente se vale de otros arreglos musicales y borda una versión a la par de la de Solís. Sigue la letra y encuentra la unicidad. Nada que objetar.

[youtube http://youtu.be/YIXSkBvzj5o]

He ahí al cabal compañero y colega Valente. Curiosa disquera, sin duda, que a sus dos candidatos de reemplazo de Solís dio a grabar esta canción (¿y otras más?) acaso como prueba de fuego (?). La historia (ésa que se escribe por los ganadores) consta que Fernández resultó el del dedazo… aunque Valente fuera el natural y el del probado talento, pero esa ya es otra historia, otra más.

Descálzate y bésame mucho, Cize

diciembre 19, 2011 § 4 comentarios

In memoriam Cesária Évora (1941-2011)

Si mal no recuerdo, esta particular obra de Consuelo Velázquez fue el bis de aquella velada en el noble Bonn, donde la reina de la morna, Cesária Évora, llegó partiendo plaza. Ahí, a cielo abierto, entre dos museos de arte, Cize cerró su concierto con su «Bésame mucho», es decir, con el mejor que hasta ahora se ha grabado y escuchado. Yo no iba listo para tanto, apenas y me enteré de la visita y el mismo día, horas antes, conseguí la entrada. Todo el concierto fue una gozada, pero aquello fue sencillamente la apoteosis en vivo y a todo color de este tan querido y añorado Bésame.

Solís la grabó, sí, como tantos más, y la interpretó, sí, con esmero y cuidado (como pocos), pero ni con él ni con nadie tenemos la mejor interpretación de esa súplica: bésame, bésame mucho.

Consuelo, cuenta la anécdota, la compuso en su adolescencia y sin haber siquiera besado, de ahí, quizá, la originalidad: al no tener idea de cómo podía ser un beso, no quedaba más que pedirlo mucho, como si fuera la primera y última vez. Y así, cual debut y despedida, Cize nos regala un arrebatadísimo ósculo. La tierra la besa y ella a nosotros; su voz va despidiendo roces y caricias que corresponden, de principio a fin, a la cándida letanía.

Décadas tuvieron que pasar para tener en el mercado una grabación de esa talla. Insisto, es la mejor por mucho de tantas versiones habidas y por haber. Vaya, hasta el acento caboverdiano es preciso y puntual; la joya latina (recordemos que la canción es parte del Latin Grammy Hall) encontró en una africana insular a su embajadora ideal. Évora llevó consigo a «Bésame mucho» y, como lo cuento, aprovechó tantos momentos para cantar y encantarnos.

¿Qué más hemos de decir? Nada, sólo escuchar… Gracias, Cize, ¡qué grande!

Carrillo no se nos olvidará

diciembre 2, 2011 § 1 comentario

Hoy dos de diciembre se cumplen 90 años del natalicio de Álvaro Carrillo. Este espacio ya ha hablado de él y, sobre todo, ha escuchado sus creaciones en voz del sempiterno Solís. Hoy, dos de diciembre, volvemos a Carrillo para celebrarlo con la última grabación de Javier de una de sus muñecas: «Se te olvida».

Canción hecha dos por un capricho telenovelero, Pepe Jara —nos cuenta él mismo en sus memorias— la canta «para calarla» en una reunión de amigos, y Ernesto Alonso, «nervioso y emocionado», la pide para su telenovela (ya al aire) La mentira (1965). Y le cambian el nombre. Desde entonces, con Jara, se catapulta y se consagra, pues sin duda él sigue siendo la medida ideal para tremendo bolero (quizá compartiendo lugar con su mítico, también de Carrillo, «Andariego»).

Ese mismo año de la telenovela, Javier la graba y la hace, al fin Solís, bolero ranchero. Se incluye en uno de sus mejores discos, Payaso, con arreglos y dirección de Fernando Z. Maldonado, Rafael Carrión y Gustavo A. Santiago. ¿El mariachi? Según la contraportada del disco hubo tres: Jalisco (de Pepe Villa), Nacional (de Arcadio Elías) y América (de Alfredo Serna). El lado B del acetato abre pues con este «Se te olvida (La mentira)»:

Todavía más, de las contadas grabaciones que Javier tiene cantando en vivo (es decir, aquellas que se han hecho públicas), una de ellas es —¡qué va!— «Se te olvida». Editada en aquél cedé-devedé A 40 años… Me recordarás (el cual ya hemos referido aquí). Ahí podemos ver a un Javier pleno, a pelo, echándose como pocos esa joya del Negro. Sin necesidad de gritos o alardes técnicos, él se limita a cantar e interpretar. Él, Solís, hace esto:


La escena es de aquel programa de televisión Noches tapatías, del que también, por cierto, se editó un cedé-devedé (en 2006) y en donde se incluye tan especial interpretación.

Así las cosas, no queda sino celebrar a Álvaro con más interpretaciones de este calibre, y mandarle, que no se nos olvida, el más sentido… ¡qué va!

La llamarada al azar

noviembre 26, 2011 § Deja un comentario

Para esos ojos verdes como mares

Donde el azar es el llamado «señor llamarada»: Manolo Muñoz. A poco de darse a luz, Muñoz graba (en 1976) lo que será —al menos en México— su tema epónimo. De la autoría de colombiano universal Jorge Villamil, Manolo logra gracias a su flexible voz una «Llamarada» que da bienvenida correspondencia a aquellas «Espumas» (también de Villamil) de nuestro Solís. Aquí pues un paréntesis musical para aplaudir al buen Muñoz.

Heredero cabal de las glorias de Jalisco, Muñoz entiende que lo mejor es abrir camino a su manera pero a la altura: es el primer solista rocanrolero que graba en español a los nacientes clásicos del rock de los sesenta. Así, bien mirado, no desentona en nada al lado de Javier en —ya la platicamos aquí— la película Un callejón sin salida (1964), ahí, jovencísimo y a sus anchas, nos muestra de qué puede ir su arte.

Pasan años, más churros de películas y versiones en español de canciones en inglés, caravanas artísticas, venidas e idas, y llegan los 70 con contados intérpretes de la talla de la otrora pléyade. Manolo sigue ahí, en solitario pero acompañado ya de Guzmanes, Costas y Vázquez, compartiendo la lánguida escena musical. Ni el bolero o la ranchera tienen la fuerza de antes, y es la balada (y la fotogenia) lo que reina sin par. Surge la llamarada.

Con unos arreglos (de Moisés Ortega) que prescinden del original pasillo colombiano, es la voz de Muñoz lo que catapulta y enciende. (Todavía más, en el disco homónimo se hallan otras joyitas que sin duda hacen eco de la valía de la luz de Manolo.) La canción, cuenta su autor, nace tras la historia de amor de una pareja donde, recién casados, él —doce años mayor que ella— tiene un desliz con la hermana (de ella) y con todo siguen juntos, y no es sino años después que rompen y entonces Villamil escribe, en 1972, su espléndida «Llamarada».

La letra tiene, podemos decir, dos versiones, la colombiana y la mexicana. La primera, desde luego, es la del autor tal cual, hela aquí:

«Llamarada» (Jorge Villamil)
Necesito olvidar
para poder vivir,
no quisiera pensar
que todo lo perdí;
en una llamarada
se quemaron nuestras vidas,
quedando las pavesas
de aquél inmenso amor,
y si no he de llorar,
tampoco he de reír,
mejor guardo silencio
porque ha llegado el fin,
lo nuestro terminó
cuando acabó el amor,
como se va la tarde
al ir muriendo el sol.
Siempre recordaré
aquellos ojos verdes
que guardan el color
que los trigales tienen;
a veces yo quisiera
reír a carcajadas,
como la mascarada
porque ese es nuestro amor,
pero me voy de aquí,
te dejo mi canción;
amor, te vas de mí,
también me voy de ti,
lo nuestro terminó,
tal vez me extrañarás,
también yo soñaré
con esos ojos verdes como mares.

En la versión de Muñoz (la «mexicana»), amén del cambio del tempo, no se ha de morir y, el cambio mayor, se acaba la luz. Como fuere, ahí están los heptasílabos y, sobre todo, ese precioso endecasílabo final.

Como antes lo hiciera Javier, Manolo voltea a los maestros compositores y —ya se oye— en ese disco Llamarada (y la propia canción) interpreta con una apuesta (mejor no se puede hablar de ello, se sabe, con don Manolo) total a su voz. Conocedor del entonces juego, Muñoz pone su resto en la «Llamarada», y lo que sigue es historia: los 70 son de los baladistas y detrás de Muñoz, junto con José José, un grupo variopinto de cancioneros se darán a la tarea de, algunos, cantar.

Quizá podemos decir que esta es una de las canciones que sin problemas estaría en el cancionero javiersolista, no fue posible y está ahí presidiendo el recuerdo de Manolo Muñoz. Está muy bien, es la fecha que no encuentro mejor intéprete. Y es que, si bien no hace mucho Pepe Aguilar la grabó garbo con mariachi y Carlos Cuevas la canta regio, el sello de Manolo sigue siendo molde de esas y otras tantas versiones (aunque hasta eso no son muchas: no es cualquier canción para echársela al hombro).

De mariachi, por cierto, Aguilar no fue el primero: Muñoz, claro, lo hizo, y aquí un botón en vivo:

Y aquí la original del muy señor… «Llamarada»:

¡Quiero! (el Pirulí dixit)

mayo 29, 2011 § Deja un comentario

Dos años ha que invitamos a Víctor Yturbe «el Pirulí» para interpretarnos —versión estudio-campirana— un popurrí javiersolista. Recién, selectos lectores, el canal de youtube VictorYturbeTV nos pasa nota de su reciente video en la red: el Pirulí en vivo y a todo color interpretando a Solís. Ello como parte de aquél programa de televisión Un canto desde Guadalajara, aquí el video (que incluye la introducción-presentación del programa, y a un espontáneo durante el show):

a partir del minuto 1:46, el Pirulí canta: Llorarás, Esclavo y Amo, Entrega Total, Qué va y Sombras. Qué buen combo, ¡quiero!

Ahora sí podemos del todo dar cuenta de la gracia y sentido cantar del Pirulí. De los pocos —y acaso ya se dijo y se sabe— que dieron su lugar en todo momento a Solís, y al resto de la pléyade de intérpretes de rancheras y boleros. Yturbe fue —junto con José José— de aquellos primeros intérpretes que procuraron una transición a la balada sin olvidar la deuda con el bolero. Es decir, sabía cantar y, sobre todo, lo demostraba cuando había que «volver» a los clásicos, entonces aprovechaba para, sin menoscabo de éstos, refrescarlos y, a final de cuentas, brindar otra versión muy suya y muy a la altura. Se agradece y se aplaude. ¡Qué va!

*Aquí (de nuevo) la versión de estudio, tomada del cedé «Tríos y Rancheras, Vol. 2»:

Lo que fue no será

mayo 15, 2011 § 1 comentario

Si hay algo que los seguidores de Solís podemos envidiarle al llamado «Charro de Huentitán», es una sola cosa: la grabación del disco Toda una época (CBS, 1973). Mejor dicho, la selección de canciones (algunas más bien poesía) de toda esa época, una, por cierto, anterior a la de Javier, por lo que vale la acotación de ser acaso —salvando distancias— la segunda parte de aquél su maravilloso disco Añoranzas (1958) —que incluyó doce joyas ya consagradas de apenas, digamos, no más de una década de edad.

Toda una época, su repertorio, no le pide nada a cualquier otro disco del género (e incluso de otros). Por supuesto, la interpretación de Fernández es otro boleto y aquí no interesa ni vale la pena comentar. La valía del disco es, insisto, la propuesta del recuerdo y el reconocimiento de aquellas joyitas que, en comparación con las incluídas en Añoranzas, suelen pasar inadvertidas en la memoria musical de entonces y ahora.

De principio a fin —y pese a la voz— las letras de «Santa», «Redención» o «Frío en el alma», nos hablan de un tiempo en el que el compositor procuraba en gran medida la poesía (y no será sino hasta José Alfredo en que, a mis ojos, esto volverá a ocurrir); así, por ejemplo, con endecasílabos y alejandrinos, resuenan las notas —la música, claro, es cómplice cabal— que subrayan, atención, a un bolero ranchero.

Si Javier se encargó de consolidar y encumbrar al bolero ranchero, resultaba natural que entre sus trabajos se incluyera algo como Toda una época. Imaginar la voz de Solís recorriendo paso a paso, con desvelos y sacrificios, ese camino de plata, de la mano de una santa mesalina que se fuera y le dejara con frío, para luego escucharlo decir, «mis ojos me denuncian, déjame llorar», es apenas redención y, quizá, nos hace llorar y preguntar, por qué no, ¿a dónde irán?… No hubo tal. Si bien la dirección musical y guía profesional de Javier fue —reconozcamos— certera en manos de Felipe Valdés Leal, gran pendiente es este tipo de material en la garganta de Solís.

Es lugar común mencionar alguna canción compuesta tras la muerte de Solís y argüir que sólo porque no vive, ya estaría en el repertotio javierista. Todas las canciones de Toda un época estaban ya en el aire, y sin duda alguna su grabación hubiera sido uno de esos placeres muy à la Solís (cf. Valses con banda). No será, el agasajo se lo llevó otro y, lo dicho, es lo único que envidiar.

Esta es la lista de canciones (aquí en lista de reproducción de youtube y aquí en Spotify):

  1. A dónde irán las almas de Rodolfo Mendiolea
  2. Déjame llorar de Alfonso Esparza Oteo
  3. Desvelo de amor de Rafael Hernández
  4. Frío en el alma de Miguel Ángel Valladares
  5. Hilos de plata de Alberto Domínguez
  6. Me dices que te vas de Miguel Prado Paz
  7. Mis ojos me denuncian de Manuel Acuña
  8. No hagas llorar a esa mujer de Joaquín Pardavé
  9. Redención de Miguel Prado Paz
  10. Sacrificio de Chucho Monge
  11. Santa de Agustín Lara

Cada una merece algo más que un párrafo, tanto ellas como los compositores son finísima tela para cortar. Por el momento valga la liga a algunos de sus intérpretes (¿hace falta explicar el por qué evito al mentado «charro»?), y aquí mismo un par de ellas —las que me gustan más—, «Redención»

y «Sacrificio»:

Finalmente, y no menos importante, los arreglos musicales que contiene esta precisa selección son elemento clave que, además, refuerza el celo por tal grabación. El mariachi es en realidad lo que hace del disco un maravilloso eco de otros tiempos y otras voces (incluídas, sí, la de Javier Solís). A diferencia de Añoranzas, en el disco que nos ocupa ninguna de las canciones tenía algún antecedente de importancia con mariachi, esto es, si «Amorcito corazón» bien pudo ser piedra de toque de las añoranzas, con Toda una época se inauguró formalmente la etapa ranchera de este particular cancionero de oro… Lo que nos lleva de nuevo a Solís: ¿cuántas veces no fue sino él quien se encargara de ser el primero en vestir con bolero ranchero a tangos, valses, baladas y, por supuesto, boleros? Aquí su voz siempre se echará de menos. El disco está ahí, se puede escuchar una y otra vez (aguantando la desatinada voz incluso en un par de recitados), las letras perviven de la mano del mariachi, en él los tiempos son uno solo y, ¡qué va!, Javier sólo se oye muy a lo lejos… sin escucharle. Fue sin serlo.

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