Tres para un 43 (entrega segunda)
abril 18, 2009 § Deja un comentario
Continuamos con esta nuestra particular conmemoración del 43 aniversario luctuoso con un segundo disco en el que ahora todo él está inspirado por el recuerdo de Javier. Vamos hacia atrás en el tiempo y llegamos a un particular disco de una intérprete, esto es coincidencia, contemporánea de Amanda y, también como ella (aunque sin adoptar la nacionalidad), con una carrera artística desarrollada principalmente en México. Toca el turno pues a, lo dijo Armando Manzanero, «la mujer que nació para cantar», Manoella Torres (Nueva York, 1954) y su De la tierra… Javier Solís, al cielo (2002).
La carrera artística de Manoella tiene acaso paralelismos con los de Javier: cuidada más bien por su abuela (y no por los padres), echada a andar profesionalmente con la ayuda de uno de Los Panchos (Alfredo Gil), prolífica en sus grabaciones, requerida como actriz y, en su verdadero oficio, intérprete de una pléyade de compositores. Así, con una trayectoria afianzada sobre todo en la segunda mitad de los 70s y primera de los 80s, la mujer que nació para cantar graba este material ya en plena madurez. Ahora bien, con el antecedente de, por un lado, sus grandes y merecidos éxitos con baladas como «Acaríciame» o «A la que vive contigo» y su cabal entendimiento del bolero (desde niña es ya una fanática de los boleros), y, por otro lado, sus grabaciones con mariachi, las expectativas son altas.
Abre entonces sus 14 interpretaciones con un «Esclavo y amo», y así de ese calibre javierista es toda la selección, es decir, Manoella tiró alto; despliega su arsenal pero éste se ve limitado por un acompañamiento musical que, en general, no cumple con la tarea. Son sólo algunos temas donde la voz de Manoella tiene el marco musical adecuado. En este sentido, más hubiera valido prescindir del mariachi y hacerlo todo de un modo, se me ocurre, más bien basado en, por ejemplo, guitarra y piano. Claro, ello quizá hubiera dejado fuera a algunos temas y requerido otros: pero al menos así se hubiera asegurado que el disco quedara a la altura de las circunstancias. Y es que, ya se ve, el repertorio de Solís no es cualquier cosa: tiene su arte. Ahora bien, también debe reconocerse que por momentos es la propia Manoella quien se contiene, faltándole esa fuerza y bravura que, en estos tiempos, otras intérpretes creen tener y lo sacan a la menor provocación (o bien, por pura pretensión y pose). Con todo, la voz de Torres sigue siendo de buen calibre.
Tomemos pues aquellos particulares temas donde efectivamente tierra y cielo parecen ser dos en uno; donde Manoella logra que su particular estilo vaya y venga de la mano de la música y letra, y nosotros, dicho sea, terminamos rendidos a ella como otrora en sus más sensuales años. Es decir, que obviaremos a ese, literalmente, primerizo «Esclavo y amo», un muy plano «Y…», el intento de «Si Dios me quita la vida» (a pesar de los destellos de una guitarra), y un fingido (palmeo incluído) «Adelante». Sobresalen así «En mi viejo San Juan», donde la sentida (y esperada) interpretación de la boricua Manoella fue acaso respaldada por una posible nostalgia (no así por, insisto, el arreglo musical); la sencilla pero suficiente «He sabido que te amaba»; una muy acertada «Me recordarás»; la original «Moliendo café», mi favorita sin duda por sobre todo ese, paradójicamente, acompañamiento musical que, ahora sí, reviste y le da una nueva cara a este clásico javierista-caribeño dotándolo de un perfil lounge; un acertado y a la medida «Échame a mí la culpa» (con todo y su insípido final); la apenas justa «Una limosna»; el «¡Qué va!» rescatado en sus últimos segundos; un «Sombras» donde la voz es protagonista sin duda y el carisma de Torres sobresale claramente; las «Cenizas» y su lograda atmósfera intimista; y, finalmente, el «Se te olvida», que si bien no fue broche de oro, sí uno de bronce.
Entonces, si bien parece ser que diez de 14 es un buen síntoma para una calificación positiva y alentadora, el resultado y balance final no corresponde del todo a la parte cuantitativa. La calidad del disco se restringe a un bronce, es decir, que de hecho esos 10 mejores temas no guardan entre ellos una homogeneidad y hacen extrañar a aquél sonido que Manoella nos supiera regalar en el pasado y, por supuesto, a aquello que Javier cultivó y legó. No hay del todo innovación y frescura. Si, así las cosas, se tuviera a lo largo de todo el disco aquella propuesta musical de «Moliendo café», la carga pasional de «Sombras» y el aire logrado en «Cenizas», entonces sí lo de Manoella hubiera sido un camino recto que no nos motivara a salirnos de él, y estar con ella de principio a fin en este su encuentro con Solís.
Queda pues este disco como una producción a la que le hizo falta una mejor dirección artística. Sin duda alguna Manoella entiende lo que Javier es e implica en el tipo de música que ella interpreta, no debe ser entonces difícil que nos brinde mejores faenas, sin embargo, lo dicho, Solís exige, y hacer ese recorrido de la tierra al cielo es algo que requiere algo más que bonita voz, ganas y buenas intenciones. A un año más del aniversario luctuoso y en espera de, seguramente, todavía más discos recordando a Javier, ojalá que voces, ganas e intenciones, correspondan de mucho mejor manera a lo verdaderamente valioso y esperado: cantar con propia voz y estilo lo que por voz de Javier bellamente surgió. Ni más, ni menos.
Por aquí nos vemos y leemos. Mañana la tercera y última entrega. ¡Qué va!
Tres para un 43 (entrega primera)
abril 17, 2009 § Deja un comentario
A tres días de conmemorar el 43º aniversario de la muerte de Javier Solís, aquí unas líneas sobre tres artistas que se dieron a la tarea de regrabar algunos temas de Javier en sus respectivos discos. Es decir, que al parecer este año habrá un cedé con material, quiero pensar, «especial y original» de Solís; así las cosas, no está de más entonces traer a colación otros materiales discográficos que, así nos han dicho, han rendido homenaje a Javier y su voz. Tomo entonces tres en particular; en esta primera entrega: Amanda Miguel (Argentina, 1956) y su más reciente material Anillo de Compromiso (2008).
Amanda es una cantante ya hecha y derecha, baladista que supo posicionarse, gracias a su estilo y voz, en un lugar especial dentro de la escena musical, sobre todo, mexicana. Sin duda alguna posee una voz que aún mantiene la originalidad que en sus inicios (los 80s) trajo a las baladas (v.gr., Así no te amaré jamás). Resulta pues natural que aquella de Él me mintió tomara algunos clásicos de Solís y los cantara a su manera. Este es el resultado: tres temas incluídos en su más reciente producción. ¿Pudo pues Amanda lograr descargar toda su característica energía y desgarradora voz en tales canciones?
Antes, valga mencionar como antecedente a esta tarea (i.e., interpretar balada ranchera) a su disco Rompecorazones (1992) donde demuestra con temas como La Escalera, literalmente, la buena altura de su voz para ése tan especial género musical. Ahora, con la dirección de Jorge Avendaño, graba lo que ella misma llama su particular homenaje a la patria adoptiva, México. A diferencia de aquel primer material ranchero, esta vez el disco cubre no solo los boleros-rancheros sino también los boleros y algunas baladas, por lo que el mariachi se ve también acompañado de la orquesta. El resultado en general es positivo y ciertamente hay todavía un muy buen estilo y voz de Amanda Miguel.
Pero entonces, decía pues, que en sí son solo tres temas javieristas los que Amanda reinterpreta en este su homenaje a México (nótese pues el lugar que se le da a Javier: es de aplaudirse). Esclavo y amo, Sombras y Si Dios me quita la vida son los temas en cuestión. El primer tema (que es el número tres en el disco), es apenas una merecida introducción a esto que podemos llamar Solís à la Miguel; es decir, que solo en algunas partes Amanda logra imponer su estilo y sonar así a ella misma y no a una, digamos, cantante más de karaoke. La canción le termina quedando grande. Cinco temas más en el disco y llegamos a la mítica Sombras. Podía esperarse que aquí, ya habiendo preparado al oyente con los temas anteriores, Amanda explotara del todo… No lo hace. De nueva cuenta se queda en la media e incluso esta vez el acompañamiento musical ayuda todavía menos pues, ese sí del todo, suena tal cual a karaoke. La dejó ir, pues, la señora Miguel.
Viene la última. Aquí se ayuda en mucho de que fuera precedida por una insulsa (incluso en su título: Algo tonto) adaptación al español de Something stupid (cierto: ¿dónde quedó el homenaje a México?… en fin), esto es, que lo que siguiera a ese dueto con Verdaguer sería por mucho agradecido. Y sí, además de esas razones, Amanda saca adelante Si Dios me quita la vida y logra, ahora sí, dotarla de su ropaje (cabellera incluída). Es aquí donde mejor se puede apreciar, por un lado, la herencia de Javier (i.e., ese toque de elegancia y sensualidad) y, por otro, la voz e interpretación característica de Amanda. Sobre todo en la última parte de la canción, v.gr, «sería tan grande mi celo que en el mismo cielo me vuelvo a morir», donde ese su grande celo nos transporta a aquellos temas ya clásicos de Amanda, i.e., los de su propio repertorio, y es entonces cuando, cabalmente, se le aplaude: entendió la herencia de Javier y la logró hacer propia. En resumen, sin embargo, Amanda Miguel nos queda finalmente debiendo en esas tres interpretaciones. Su energía y voz no son desafortunadamente los protagonistas en estas queridas canciones como en el resto del material donde sí que se puede escuchar mejor lo que Amanda aún sabe hacer.
Así las cosas, queda aquí esta nuestra primer lectura de estas tres propuestas para recordar la ida de Javier, y con ello dar cuenta de la venida de este nuestro tiempo en el que sin él en los escenarios y estudios de grabación, la escena artística sigue de muchas maneras (y con distintas calidades) ligada a lo que Solís cantó, logró y encumbró.
Por aquí nos vemos y leemos. Mañana la segunda entrega. ¡Qué va!
PS. Sí, la joven cantante Ana Victoria es hija de Amanda Miguel y, genética al fin, tiene un estilo de voz sumamente parecido al de su madre, pero ya hecho a los tiempos de ahora. Acaso, valga decir, valdría la pena escucharla cantar algún bolero ranchero.
Solís Mariano
abril 10, 2009 § 1 comentario
Estos días no giran precisamente en torno a la figura femenina más importante de los católicos, sin embargo, María tiene por supuesto un papel importante. Estas líneas tampoco son en torno a algún tema litúrgico, pero sí, digamos, “paganamente mariano”. Solís grabó dos temas intitulados “María” (¿deuda se le podría considerar una “María Bonita”?… como fuere, ahí está su bellísima “María Elena” de Ernesto Cortázar, incluída en su grabación En Nueva York [1960]): “María (un beso te robé)” de Miguel Ortiz y, la que nos ocupará ahora, “María” de Stephen Sondheim y Leonard Bernstein, con letra en español de Mario Molina Montes. Ésta última es, tal cual, una muestra más de lo adelantado que Javier estaba de su tiempo.
Esto es, que antes que José Carreras (en 1984, i.e., con plenos 38 años) hiciera de “María” un tema algo más que la «canción del musical» (original de 1956) y la cubriera del arte de su voz —dotándola así del aura que hoy día, ha de reconocerse, el tema tiene gracias a él—, Javier Solís grabó (acaso en su último par de años de vida, 1965-1966, i.e., en sus 34) esta canción en una versión que apunta ya a aquella operística (como así se le conoce por muchos) de Carreras, concebida por el propio Bernstein. Aquí, por cierto, parte del documental de la grabación de tal versión y las peripecias de ambas leyendas.
Entonces, casi 20 años antes de que Bernstein tomara la opción de hacer de la voz de Carreras un medio ideal y preciso para tener el tritono concebido para esta particular canción y volverla cual aria o lieder, Mario Molina Montes le pone letra en español y Solís se encarga así de —además de tener la primera versión en castellano— dejar el precedente de, lo dicho, esa bellísima versión operística. Esto es, que ni siquiera gente como Johnny Mathis o Larry Kert lograron entender de tal manera la canción y sus grabaciones se quedaron en el campo de los tradicionales musicales. Aquí pues la versión de Javier:
Así las cosas, aplausos también al mencionado Molina Montes, pues gracias a él tenemos una versión es español que le hace justicia a la original: no es una simple traducción, es una cabal adaptación. Javier la entiende, y así junto con la música (a cargo del mariachi) deja ésa preciosa grabación que es ya para todos los tiempos y que, si me dejan acotar, recuerda en mucho a los himnos marianos. Sea pues: Solís mariano.
Por aquí nos vemos y leemos, ¡qué va!
En Reforma.com
abril 4, 2009 § 1 comentario
El día de ayer veo con sorpresa que en la página güeb principal del periódico mexicano Reforma la SOLISMANIA tuvo cabida. Es decir, que hace unos meses envíe (como parte de mi labor de promoción) la referencia de esta bitácora a la sección «Tu Espacio» del Reforma.com, y así quedó listado entre otros muchos más. Pasa el tiempo y veo que el blog está en primer lugar de su categoría: Música; luego, veo también que está listado entre los recomendados por los editores, en particular por Enrique Villanueva (productor general de Reforma en vivo), y ahora ésta recién aparición en la página principal de dicho diario. ¡Qué va!
Así las cosas, hubo entonces varios selectos lectores que llegaron a este rincón a través de esa referencia en la página: enhorabuena y bienvenidos. Aquí la foto del momento:Volver a cuando vuelva a tu lado
marzo 17, 2009 § 2 comentarios
En el episodio anterior (18/02/09) nos quedamos en que nuestro héroe había cometido errores en la grabación de “Cuando vuelva a tu lado” en su, ojo, versión bohemia para el álbum En Nueva York (1965). Es decir, avezados lectores, que hay otra versión y que es, de hecho, la incluída en el disco Lara, Grever, Baena (1962).
SOLISMANÍA hace pues el recuento de esta nuestra pifia.
Javier Solís grabó, caros lectores, dos versiones de esta particular pieza de Grever: una para su álbum En Nueva York (con duración de 4 min) y otra, ojo, con mariachi, para Lara, Grever, Baena (con duración de 02:21). Luego, en esta versión con mariachi no hay errores, repito, no los hay. Javier se hace acompañar del mariachi Jalisco de Pepe Villa y canta una versión corta (es decir, sin aquella introducción incluída en la otra versión) y con, podemos decirlo, mayor soltura y acaso poder. Así, amén de, insisto, estar libre de errores en la letra, toda ahora tiene sentido.
Años más tarde, el trío Los Patricios toma la versión bohemia (la del error), pues ciertamente es la que mejor se prestaba (dado el tempo de la voz), para la grabación de su dueto tecnológico con Javier Solís; de ahí que además del verso introductorio se tenga ese mentado error en la letra interpretada.
Ahora bien, para ponerle un toque elegante a este capítulo, aquí una muy pero muy bella (posible) portada del artista diseñador gráfico Daniel Gil (Santander, 1930 – Madrid, 2004), para el disco Lara, Grever, Baena (que nos hace preguntar, ¿por qué tan poquísimas veces Solís tiene esta merecida compañía de arte en sus discos, y tantas otras unas verdaderas penas ajenas, v.gr. el recién cedé Sus Grandes Exitos Con Banda?).
© Daniel Gil – artediez
Queda cerrado, me parece, el caso. No se pierdan más de estas entretenidas aventuras. Por aquí nos vemos y leemos. ¡Qué va!
Dos en Uno
marzo 9, 2009 § Deja un comentario
Me aprovecharé del día para pasar nota de este par: intérprete y popurrí.
[youtube http://youtu.be/lS3xsJzT6WM]Me aprovecho de este par para celebrar este Día Internacional de la Mujer. Aquella que entre tantas emociones, algunas nos involucran muchos Llorarás, llorarás, un sugerente Esclavo y Amo, la debida Entrega total, festivos Qué va y acaso no pocas Sombras.
Me aprovecho pues del Día y del video para seguir hablando de Solís a través de Víctor Yturbe «El Pirulí» (1936-1987). Uno más que dio cuenta del legado de Javier. Uno de pocos que lo hizo muy a su manera y muy a la altura de las circunstancias. Es decir, un bohemio hecho y derecho. Un cantante que ayudó a seguir ensanchando el bolero tomando en cuenta —respetando— lo hecho por otros. Un enamorado. Helo ahí en su fatídico 1987, a 20 años sin la presencia de Solís, haciendo sonar a su otrora contemporáneo (se llevaban sólo cinco años de edad) de una manera fresca y genuina. Escúchenlo en estudio y en vivo. Garantía en ambos.
«¡Quiero!», apuntaba en sus lúdicas interpretaciones en vivo; «¡Qué va!», cerraba cuando a Solís cantaba, dejando claro para quién también iba ese merecido aplauso final. Honor a quienes honor merecen.
Por aquí nos vemos y leemos. ¡Qué va!
Solís rules!
marzo 2, 2009 § Deja un comentario
Siguiendo con el tema de las reinterpretaciones del legado de Solís, esta vez toca el turno a una muy alternativa y no por ello de menor valía. Y si bien no es homenaje directo (como el recién mencionado de Los Rieleros), es uno que da cuenta del peso de Javier Solís en toda la escena musical. Sin más rodeos, hablo de Salvador y los Leones y su recién editado cedé Amormuerte (2008). En él, la voz de Salvador Moreno (voz principal también del grupo La Castañeda) vuelve a hacer de las suyas y, como él mismo lo dice, con ello rendir su tributo, y dejar una constancia más de su culto, a Javier.
No es la primera vez. Ya antes, en La Castañeda, interpretó El loco —incluída en El Globo Negro [locus niger] (1995)— y, como se mencionó en este espacio en enero 2006, Entrega total, parte del material discográfico Galería acústica (2004). De esos dos registros, me quedo con el primero. Aquí para escuchar en youtube.
Entonces, con los arreglos de Jair Rivas (virtuoso y premiado guitarrista, incluso considerado por algunos como el mejor guitarrista de México, al menos dentro del género rockero, dicho esto sin restarle mérito alguno), integrante y líder de los Leones, se pone en marcha este proyecto con la guía de Salvador. Son pues Salvador y los Leones (completan el cuadro: Rody en la batería, León en el bajo y Víctor en la guitarra segunda). El disco es básicamente una reinterpretación de boleros y rancheras nada menos que de la mano del metal, de guitarras, tal cual, al estilo Eddie Van Halen o Steve Vai (con él ya ha hecho segunda el mentado Jair). Y es aquí donde está la diferencia con las grabaciones arriba mencionadas; esta vez la voz gótica de Salvador encuentra, para el propósito de su cruzada, un marco realmente excepcional y tenemos así un material, sin duda, valioso.
«Bolero gótico» es como se ha bautizado, por el propio Salvador, a este nuevo género. Si me dejan, yo lo llamaré simplemente «Solís reloaded«. Es decir, escuchar ahora ese Cuatro cirios en compañía de ese rasgueo de cuerdas, es realmente cargarse de todo aquello que Javier imprimió en sus interpretaciones. Es hacer explotar los sentidos; Salvador y los Leones lo hacen con esa manera exclusiva del metal (merol, pa’ los cuates): poner la bala extra en la pistola… reload it! Y sí, de las tres canciones del repertorio de Solís incluídas en tal material, me quedo con Cuatro cirios. Me encantó de principio a fin. Le seguirían Cenizas y Sombras. Aquí pues el myspace de la banda donde pueden escuchar parte del material, y acá un canal de youtube donde pueden escuchar todo el disco. Por cierto, ahí en el myspace se puede leer la lista de influencias del grupo: en primerísimo lugar Javier Solís.
Los dejo con una versión en vivo (ocurrida ahí en mi querido y extrañado Xochimilco).
[youtube http://youtu.be/K1Iii0eRheM]Ya saben, comentarios bienvenidos y necesarios. ¡Qué va!
PS. Aquí una nota en El Universal de mayo 2008 donde se anunciaba el proyecto y algunos pormenores.
¿Pos qué no?
marzo 1, 2009 § 2 comentarios
A 25 años de carrera artística Los Rieleros del Norte no sólo se celebran, sino que también celebran a Javier Solís: Homenaje a Javier Solís (Fonovisa, 2008), tal cual. Y así, cierran su 2008 e inician campantes este 2009.
Así las cosas, Daniel Esquivel, primera voz, se da vuelo en 12 canciones 12. Todas javieristas y, ojo, no del todo lugares frecuentes en estos menesteres del homenaje y reinterpretación. Esto es, que la selección tiene su chiste, su dificultad. Aquí la lista:
01. Qué va
02. Las rejas no matan
03. Regalo de Reyes
04. Espumas
05. Vete por favor
06. Carabela
07. Cada vez
08. Renunciación
09. Desierto en el alma
10. Con mis propias manos
11. La corriente
12. Esta tristeza mía
Cierto, el disco empieza y cierra con clásicas de clásicas, pero pasa por «Espumas» y, joyita de Javier, «Desierto en el alma». Brevemente, se puede decir que tal homenaje abre no precisamente con las mejores interpretaciones (flojonas, incluso), sin embargo, Los Rieleros rectifican camino con ese «Regalo de Reyes», acaso la mejor lograda, y así finalmente se tiene un producto sólido y recomendable (sobre todo para aquellos amantes del género norteño).
Para los seguidores férreos de Javier este homenaje es de aplaudir. No sólo refresca el legado de Solís, sino que lo aborda de una muy distinta manera. Escuchar como parte de un homenaje reinterpretaciones de «Regalo de Reyes», «Espumas», «Vete por favor» o «Cada vez», es señal de que Javier tiene todo un océano de posibilidades para su disfrute —amén de dejar claro hasta donde llegó (es decir, que ese italianísimo «Ogni volta», se escuche ya, gracias a Solís, a través del acordeón, es de tomarse en cuenta).
Luego, en aspectos geográficos (y no por ello menos importantes), mucho implica que Los Rieleros lleven a cabo este homenaje, pues su radio de acción es sobre todo en los EEUU. Así las cosas, tenemos dos opciones: Javier se escucha por aquellas tierras o se hará escuchar. Ambas opciones son de celebrar. Como fuere, Javier y su voz salen ganando. Y Los Rieleros también, ¡claro que sí!
Aquí un botón de muestra:
¡Échenle, mis rieleros! ¡Qué bárbaros!… ¡Qué va!
Con banda sinaloense
febrero 28, 2009 § Deja un comentario
El año pasado, 30 de junio, un anónimo (ven por qué quiero que firmen sus comentarios) hizo mención —en la sección de comentarios de la nota: Discos y más discos… ¿cuántos?, 31/05/2006— de un nuevo cedé de Javier Solís: Javier Solís: sus Grandes Exitos con Banda (2008). En su momento no pude recabar información al respecto y dejé el apunte en el aire. Hoy me encuentro ahora sí con el mentado cedé:
01. Poco a poco
02. Sombras
03. Con mis propias manos
04. Si Dios me quita la vida
05. Pa’ todo el año
06. Una limosna
07. Payaso
08. Las rejas no matan
09. Amigo organillero
10. Esta tristeza mía
10 arreglos 10. Exactamente, diez mezclas de la voz de Solís con el sonido tradicional, y de alguna manera clásico ya, de la banda sinaloense. Luego, en lo que tengo la oportunidad de escucharlo de principio a fin (desde este lado del Atlántico no me es tan fácil hacerme del disco), aquí una probada (y de muy buena manufactura) cortesía del caro Raúl (rey11mx):
[youtube http://www.youtube.com/watch?v=povxkcoNtYo&feature=player_embedded]Efectivamente, como acota Raúl, es un disco por fuerza controvertido. Es decir, a diferencia del trío, orquesta, o incluso la banda de viento tradicional (sinfónica, la llaman unos), el que escucha a Solís, si me permiten la expresión, no lo presta tan fácilmente a un género que hoy día pasa más bien por el filtro (y gusto) puramente comercial antes que por uno realmente musical.
Ahora bien, en su momento, lo sabrán mejor que yo, avezados lectores, a Javier ya lo hicieron cantar con banda sinfónica sus excelsos valses y el resultado fue realmente bueno; tuvo un marco que supo acoplarse a la suavidad de Solís y se lograron unos tres cuartos de antología. La diferencia ahora es que Solís tiene un mayor reto —dado, lo dicho, el registro actual, esperado y deseado, del sonido de este tipo de banda. Tal sonido está ya muy lejos de aquello que gente como Luis Pérez Meza logró otrora hacer con la banda sinaloense (encumbrarla, en una palabra). Así, la voz de Javier parece ahora sujeta al acompañamiento y hay momentos incluso que parece una competencia (inútil, por supuesto) entre la voz de Javier y el sonido del viento metálico. Y ni hablar de, al menos en la muestra que ofrece mixup.com.mx de «Si Dios me quita la vida», donde parece incluso que quieren que suene a pasito duranguense.
Lo deseable, por supuesto, es que el propio Javier se hubiera impuesto esa tarea de, pongámoslo así, pasar del mariachi a la banda sinaloense, pues sólo él hubiera sabido encontrar (como lo hizo, por ejemplo, con una orquesta) el punto perfecto de armonía; así como, en una analogía, el referido Pérez Meza hizo lo suyo con, en su caso, el mariachi (p.ej., ver aquí y comparar, sin reparo alguno, con versiones como ésta: cada una tiene lo suyo y no hay conflicto alguno a pesar de las diferencias entre los géneros acostumbrados en cada intérprete).
Entonces, que sin haber escuchado totalmente el disco, yo preveo un balance apenas positivo gracias únicamente a, exacto, la aparición de Javier en tales menesteres de mezcla y sonidos de moda (¿a eso parece reducirse nuestra querida tambora?). Gracias pues a la perenne presencia de Javier en el gusto musical de la gente, productores y músicos de banda incluídos.
Por aquí nos vemos y leemos. ¡Qué va!
Actualización/Fe de erratas
Según yo «Si Dios me quita la vida» no es javierista. Error. Lo es y totalmente: Luis Demetrio (1931-2007), el compositor, la pensó especialmente para Javier Solís.
Cuando vuelva a tu lado: what a difference!
febrero 18, 2009 § 1 comentario
Gracias a la precisa observación de Andrés Fragoso, avezado lector de este espacio, reparo yo también en la pifia de la grabación de “Cuando vuelva a tu lado” (de María Grever) por Javier Solís (incluída, la mismita, en Javier Solís en Nueva York y Lara, Grever, Baena). Efectivamente, hay errores en la interpretación de Solís:
(1) Dice «el amor que te he dado no repitas jamás», debe decir «(…) no podrás olvidar»
(2) Dice «(si) el beso que negaste ya me lo puedes dar», debe decir «(…) ya no lo puedes dar»
(3) Dice «las cosas que te digo no podrás olvidar por compasión», debe decir «(…) no repitas jamás (…)»
Tomo como referencia las grabaciones hechas por otros artistas (disponibles en youtube; por cierto, hay una muy buena y acaso inesperada versión de Antonio Aguilar) y la letra en —si me preguntan, la mejor referencia en la web para el caso— MiCancionero.com
Así las cosas, Fragoso me apunta que el error pudo ser en la mezcla final de la canción. No lo creo. Pienso que simplemente fue un error en la interpretación de Javier. Es decir, si se tuviera constancia de ello en solamente un disco, podriamos pensar que sí, que hubo un error en la mezcla (pues en el otro disco se escucharía sin error alguno). Pero en los dos materiales discográficos se tiene la misma errónea versión. No hubo pues oportunidad de enmendarla. Javier Solís se dejó ir y así nos fue.
Pero vayamos al detalle. El primer error es obvio, pues no es lógico repetir uno mismo un amor dado por otro (cosa diferente a decir por ejemplo, «el amor que me has dado no repitas jamás» o «el amor que te he dado no repita jamás»). El segundo error puede pasar como licencia, digamos, poética, o bien, ¡qué va!, una enmienda a la versión original. Es decir, que de hecho es más lógico pensar en que ahora sí un beso negado se puede dar, y no como reza la versión original. Por el momento tenemos empate: una pifia versus una enmienda. Viene entonces el tercer error… que bien puede ser perdonado y aceptar, ciertamente, que una vez juntos —reunidos— las cosas dichas no se podrán olvidar por, sea pues, compasión. Sí, mejor es no repetir decires en esos íntimos momentos, pero, lo dicho, además puede uno también no olvidarlos. O sea, que, si me permiten, Javier es aprobado: 2 a 1, y no hay fijón.
La letra no es fácil, por supuesto, Grever tramó casi un rompecabezas. Se recuerdan agrios momentos y se anuncian unos melancólicos. No es claro que volver sea precisamente lo más esperado o alegre, simplemente se pide —se ruega— por un solaz. Así, la versión en inglés “What a difference a day makes” (letra de Stanley Adams, el mismo que le puso letra en inglés a “La Cucaracha”) es mucho más clara; si bien no es traducción de la letra original, sí tiene de alguna manera el mismo tema comparativo entre el antes y el ahora, donde el ahora es muy diferente gracias a la presencia de la otra persona. En inglés, pues, no hay drama alguno aunque, eso sí, y sobre todo en la exquisita versión de Dinah Washington, una explicación sensual del estar gratamente acompañados.
Como fuere, Javier, jugueteo del destino, hace una diferencia total. And the difference is… Solís!





