De cuando Solís oye a los Fernández
abril 29, 2013 § 3 comentarios
Crónica de un aniversario luctuoso
abril 24, 2013 § 1 comentario
Como cada año, desde 1966, en el Panteón Jardín de la ciudad de México se reúnen no pocos admiradores para recordar a Javier Solís. Aquí la crónica de uno de ellos, Jesús González Uribe.
Aniversario 47 por Jesús González Uribe
En esta ocasión llegamos después de las 10 de la mañana, inmediatamente nos dirigimos al sepulcro donde descansa el gran Javier Solís, y la celebración eucarística ya había iniciado. El sacerdote que oficia es el Padre Flores, quien cada año nos acompaña y al parecer es amigo de la familia de la señora Blanca Estela. Durante la celebración el sacerdote pidió una porra para Javier Solís y al termino de la misa volvió a pedir a los presentes entonar otra porra a Javier Solís. Después de concluir ésta comentó que a criterio de él la porra no sonó fuerte y fue a destiempo, y pidió que se repitiera “para que Javier Solís la escuche desde donde esté y se levante a agradecerles”. Con estas palabras entonamos nuevamente la porra logrando con ello cumplir con el objetivo; los presentes, que en esos momentos éramos más de 100, volvimos a entonar una porra pero ahora dirigida al sacerdote.
Posterior a este evento eucarístico, se escucharon pistas de canciones de Javier Solís, que algunos de los presentes pasaban a cantar con micrófono, atrás del sepulcro de nuestro ídolo, y que la mayoría de los ahí presentes cantaban también; posteriormente llegó el mariachi y los presentes escuchábamos y cantábamos con ellos. Mis acompañantes de Querétaro querían tomarse una foto enfrente del sepulcro de Javier Solís, pero no se podía porque había mucha gente alrededor de ella. A lo lejos me saludo el lic. Cuevas y después de unos momentos lo fui a saludar: estaba platicando con el Sr. Antonio (hermano de Javier Solís) sobre la identidad de las personas que aparecen en unas fotografías —al parecer familiares de Javier Solís—, después que concluyó su plática me lo presentó y entre otras cosas comentó que su hermano Fernando ya había muerto meses atrás. Después de que se retiro el señor Antonio me comentó el lic. Cuevas que este personaje es medio hermano de Javier Solís; también comentó que al parecer nada más habíamos asistido al 47 aniversario tres personas del club: Rubén Robledo de Monterrey con un acompañante, su servidor de Querétaro con dos acompañantes y él a quien no le fue posible organizar algo por la tarde, y que al parecer los gemelos (Miguel Ángel y Marco Antonio) hijos de Javier Solís tampoco asistirían.
Durante el evento me dirigí a la entrada del panteón de la ANDA a comprar algún recuerdo del 47 aniversario. Serían como las 12 horas cuando llegó otro mariachi. Al hacerme a un lado para cederles el paso pude observar al compositor Alfonso Valencia Martínez, que se encontraba solo y pude platicar con él un largo rato. Me comentó que conoció a Javier Solís antes de que fuera famoso, aproximadamente en el año de 1952 o 1953, y que se enorgullece de ser el último compositor de canciones que entonó Javier Solís. Comentó también que fue en el año de 1963 cuando Javier Solís le grabó sus tres temas (“Un Divorcio”, “Puerto Triste” y “Ya no habrá mas serenatas”) en los estudios que se ubican en Naucalpan. Durante la plática tarareé la canción “Puerto Triste” y me comentó que primero es puerto alegre y luego puerto triste, que esta canción es simbólica porque representa lo que es la vida. También le comenté que hace dos años en el aniversario 45 traía un requinto y su acompañante una guitarra, “es muy cierto”, me dijo, “en aquella ocasión canté un corrido a Javier Solís”; la gente que pasaba le preguntaba que quien era él y él amablemente les respondía “Alfonso Valencia, el último compositor de Javier Solís”. Le volví a preguntar si podía cantar un pedacito del corrido a Javier Solís, respondió que le faltaba la guitarra pero sin más se arrancó cantando el corrido a capela que dice:
Un diecinueve de abril
del año sesenta y seis
se marchó Javier Solís,
para nunca más volver.
El mundo escucha su voz,
que viaja cual suave viento,
y nos llena el corazón
de nostalgia y sentimiento.
Su mariachi canta todo,
sus tristezas ya tu canto
no podrán acompañar,
cómo lloran tus violines
y trompetas porque saben
que jamás regresarás.
Ya te fuiste con los grandes
de la historia que éste pueblo
mexicano que te amó;
Fuiste tú toda una gloria,
nadie olvida la ternura de tu voz.
Ahora sí, Javier Solís,
ya no habrá más serenatas
que le demos a esa ingrata…
Desde este espacio se le agradece las atenciones y la amabilidad de platicar. Se le agradece también el CD que me obsequió con seis temas de su inspiración —que no tienen que ver con Javier Solís— los cuales son “La muerte y yo”, “De boca en boca”, “Fracaso total”, “Panchito y su pajarito”, “La cumbia del Pelón” y “Si vuelves”; a una de mis acompañantes le dio otro CD con otros temas y a la otra acompañante le dio copia del diploma que le otorgó la Secretaría de Marina Armada de México por haber obtenido el primer lugar en el concurso sobre cuentos (y le dio copia de dicho cuento titulado “El capitán y la sirena”).
Como mencioné líneas arriba, llegó otro mariachi después de las doce horas y a estas alturas ya había bastante gente, alrededor de 400 personas, todas ellas dispersadas dentro del panteón de la ANDA.
Después de estar escuchando por diferentes partes la música de Javier Solís, nos dirigimos al sepulcro donde descansa el gran Javier Solís para tomar algunas fotografías. El sepulcro se encontraba todavía inmaculadamente limpio, el pasto bien cortado con color verde encendido y el rosal bien regado; la fachada tiene un color negro y cuando es bañada por el agua ésta refleja un brillo de frescura; también se observó bastantes ramos de flores haciendo con ello un cuadro multicolor. A estas alturas del día había todavía poco hielo regado en el área del pasto. Después de tomarnos unas fotografías, nos fuimos a sentar en la parte de atrás del sepulcro en una frondosa sombra. De éste lugar ya no nos movimos: el ambiente en ésta área fue muy agradable: hicimos amistad con señoras y señores que era la primera vez que asistían y comentaban que estaban muy contentos con lo que habían presenciado. Hasta nuestro lugar llegó el lic. Cuevas y después de intercambiar algunos comentarios nos obsequió información digital muy valiosa sobre Javier Solís; como siempre muy agradecidos con el javierista numero uno, ojalá pudiera volver a estar con nosotros en el foro para que nos platique de todo lo que ha investigado; desde aquí mi reconocimiento a él: durante el evento lo vi obsequiando información digital a familiares del patrón, es decir, a familiares de Javier Solís.
Otra persona que estuvo presente a través del teléfono celular fue Felipe Ortiz, ya que llamó 2 veces para preguntar por los javieristas que regularmente asistimos a los aniversarios o cumpleaños de Javier Solís, y para preguntar sobre el evento.~
Tras 47 del 66
abril 19, 2013 § 1 comentario
Es en el final de su carrera cuando Javier Solís encuentra un particular norte volviendo al sur, al sur de los tangos. Él, quien buscó ser el “genial intérprete de tangos” con un Javier en ciernes, un Javier Luquín, se toparía con la luz de unas sombras; después vendrían “Y todavía te quiero”, “Pajarito cantor” y “En esta tarde gris”, todas con mariachi y la última también con orquesta, pero aquél 8 de febrero de 1965 fue de “Sombras… nada más”.
Como mandan los cánones, en plena tarde, sin madrugón y sin desvelo, Solís interpretó y grabó la letra de José María Contursi y música de Francisco Lomuto con los arreglos y dirección de Gustavo A. Santiago. La comparsa, según rezó la etiqueta del disco, corrió a cargo de los mariachis Jalisco de Pepe Villa y Los Mensajeros de J. Isabel Paredes. Desde la Argentina, pues, llegó la canción transgénero: un tango que pasó a ser bolero para llegar a lo ranchero… Para iluminar a Javier.
Salió a la luz con un —guiño lúdico— “Cuando calienta el sol” (de los hermanos Rigual); más tarde, en el aciago 1966, el disco de larga duración (LP) incluiría en el lado A: “Sombras”, “Cada vez (Ogni volta)”, “En mi viejo San Juan”, “Si Dios me quita la vida”, “He sabido que te amaba (Ha capito che ti amo)” y “Renunciación”; en el lado B: “Cuando calienta el sol”, “Retirada”, “Moliendo café”, “Qué va”, “Tu voz (Plus je t’entend’s)” y “Amanecí en tus brazos”. Así de macizo; no por nada en la contraportada se leyó lo siguiente:
Hechos, rostros y lugares que se esfuman en el pensamiento, formas difusas proyectadas en la pantalla del recuerdo; recuerdos desdibujados por el tiempo que se prenden insistentes en el corazón… Sombras nada más… Voz de cálidos matices e inflexiones mórbidas que se diluye en el espacio con sugerencias de pasados y vibraciones de actualidad; voz que traspasa los umbrales del alma, acompañando a las memorias pasadas y presentes; voz que ríe, que llora y que canta, para liberar a la expresión confinada en la lira del talento: voz que vibrando al unísono de la pasión que agita el alma del poeta, revela los más íntimos secretos del amor y la belleza.
Es la voz de Javier Solís, una de aquellas que tienen el timbre de la seducción y cuya expresividad recorre con facilidad toda la gama emocional del sentimiento. En este nuevo LP del gran artista, viene a corroborar sus éxitos anteriores, cantando como no lo había hecho hasta ahora, pues ha grabado estilos tan diferentes de canciones que es proeza admirable el hecho de dar a cada una de las melodías comprendidas aquí, su propia circunscripción destacando cada uno de los estados de ánimo que encierran.
He aquí el disco que esperaban los admiradores del artista sonorense [sic].
En la contraportada hay también una foto de Solís en plena sesión de trabajo. Sin adorno alguno, se le ve metido en su papel; parece estar en ese estudio de grabación, ése su playing field, ahí donde se (la) jugó, donde labró su garganta y la perfeccionó. Antes había ya dado campanazos varios: barnizó sin mácula creaciones de Lara, con y sin mariachi; “El loco” le brindó acaso su primer epónimo; esclavo y amo era ya del bolero ranchero y su entrega total llegaba hasta los valses con banda sinfónica. ¿Qué le faltaba? Sombras… nada más.
A partir de ese febrero de 1965, Solís subrayaría su calidad no solo con todavía una buena cantidad de grabaciones, sino también con sendos proyectos discográficos: Payaso, Y todavía te quiero, Javier Solís con orquesta y el Homenaje a Rafael Hernández y Pedro Flores. Se puede especular y decir que este LP de Sombras tardó un año en prepararse, pues la canción de Luis Demetrio, “Si Dios me quita la vida”, según la biografía de Solís, no se tuvo lista sino hasta la Navidad de 1965. El disco sin duda resultó ser algo más que grises sombras.
Dos años y meses antes de aquella grabación toral, en esa misma ciudad de México, nacía Aída Cuevas (24.09.1962); cuarenta y cinco años después de aquellas sombras javiersolistas, la cantante Aída Cuevas ganaría el Grammy Latino (11ª entrega) en la categoría “Mejor album de tango” con su disco De corazón a corazón… Mariachi Tango (Cuevas 2010), que incluyó, sí, “Sombras… nada más”.
La “reina de la ranchera” —como otrora el “rey del bolero ranchero”— toma un tango y lo cobija bajo el sombrero; devolviendo acaso el favor, en ese su premiado disco regresa las “Sombras” a su lugar de origen con apenas bienvenidos destellos de mariachi. Aída Cuevas —como otrora Javier Solís— se aventura en “nuevos” derroteros y sale premiada.
El tango “Sombras… nada más” le llegó a Solís con una letra distinta en su plena juventud: la original tiene algunas diferencias, Aída Cuevas lo canta manteniendo algunas. La principal, por supuesto, es el título: “Sombras”, a secas, terminan siendo con Javier (pues con Felipe Pirela aún tienen nombre y apellido). Aquí la letra “final” (con la versión original entre paréntesis):
Sombras… nada más (F. Lomuto y J.M. Contursi, 1943)
Quisiera abrir lentamente mis venas,
mi sangre toda verterla* a tus pies (vertirla)
para poderte demostrar
que más no puedo amar
y entonces morir después.
Y sin embargo tus ojos azules,
azul que tiene* el cielo y el mar (tienen)
viven cerrados para mí
sin ver que estoy aquí* (así)
perdido en mi soledad.
¡Sombras… nada más!
acariciando mis manos
¡Sombras… nada más!
en el temblor de mi voz
Pude ser feliz
y estoy en vida muriendo
y entre lágrimas viviendo
el pasaje* más horrendo(s) (los pasajes)
de este drama sin final
¡Sombras… nada más!
entre tu vida y mi vida
¡Sombras… nada más!
entre tu amor y mi amor* (entre mi amor y tu amor)
Qué breve fue tu presencia en mi hastío,
qué tibias fueron tus manos*, tu voz (tu mano y tu voz)
como luciérnaga llegó
tu luz y disipó
las sombras de mi rincón.
Y yo quedé como un duende, temblando
sin el azul de tus ojos de mar
que se han cerrado para mí
sin ver…
De principio a fin Solís mantiene el equilibrio y así, sobre la tendida cuerda, hace brillar su instrumento a fuerza de precisos movimientos. Sereno repasa los endecasílabos (à la italiana, ¿tango al fin?), reconcentrado borda el restante de las estrofas y remata el estribillo y sus octosílabos con una soltura cómplice del aire (y de una segunda con el mariachi), y Javier ahí y así, perdido en su soledad, se encuentra único e inalcanzable. El señor de sombras.
Aquí las “Sombras” de Solís:
Y aquí una versión en vivo donde no queda más que señalar el garbo del genial intérprete del tango Sombras… nada más:
[youtube http://youtu.be/r7hFz1qfFjM]Hay un detalle, avezado lector, con el que podemos despedir esta nota y recordar, oh luto, este 47º aniversario luctuoso de Javier Solís: el nudo negro en la garganta del cantor. Se trata de una corbata charra ya en desuso, e incluso excepcional para la época de Javier, que a manera de jáquima y simulando un gargantón, Solís solía vestir. Además de ese video, la corbata se puede ver en los otros cuatro que hasta ahora hay disponibles de Javier cantando en vivo (editados todos en el DVD A 40 años… me recordarás)… Y también en una foto que en enero de este año Aída Cuevas mostrara a sus seguidores en Twitter, esta es:

«Les comparto algo inesperado pero muy valioso para mí, la corbata charra de don Javier Solís. ¡Qué regalazo!», escribió Aída. Inesperado fue también aquel deceso del 19 de abril de 1966: «con el corazón no contaba», explicaría el médico Francisco Zubiria. Amar da drama, lo supo el corazón de Javier y lo contó. Lo cantó. Silos, seria soledad… es seda de los aires Solís.~
Un especial de radio en internet
abril 17, 2013 § Deja un comentario
Hoy miércoles a las 20 hrs de la ciudad de México (UTC -6) se transmitirá un programa especial dedicado a Javier Solís en Black Radio online.

Tomen nota, selectos lectores, la emisora es fácil de agarrar, incluso con dispositivos móviles a través de la app Tunein, así que no hay pretexto. Acá el de la tecla andará, desde acá, por ahí, ¡qué va!
El tiro de gracia a los 27
abril 11, 2013 § Deja un comentario
Con veintisiete años cumplidos Javier estaba lejos de ser Solís. Su nombre artístico estaba ya definido, sin duda, pero no así su estilo. En septiembre de 1957 había recibido su primer disco plateado por la canción —y primera gran oportunidad profesional— “Por qué negar” (Lara), que grabara en enero de 1956, es decir, meses antes de sus 25; para 1958 ya solo estaban quedando ecos, sin huellas, de aquellos sus primero pasos. Aún así, en ese periodo, 1956-1958, Solís se echó a la bolsa poco más de media centena de canciones. El propio director musical Felipe Valdés Leal creía que el cansancio estaba haciendo mella en el muchacho y de ahí que el estilo no encontrara lugar en él. Necesitaba un respiro: Solís seguía siendo infante.
Javier tomó nuevos aires en 1958 (también los probó, dicho sea, pues ese año conoció a Yolanda Mollinedo), se fue en caravana artística y regresó a los estudios de la Columbia a jugarse el destino con la ayuda de Valdés Leal y el maestro arreglista y compositor Rafael Carrión, quien, efectivamente, lo arregló y compuso para una grabación en particular: “Llorarás, llorarás” de Rafael Ramírez Villarreal.
Oír es raro; llorar, serio. Aquél día, en aquella sesión, un joven de 27 años se supo oír y seriamente lloró el recuerdo de su ídolo atascado en su propia voz. Muerte al imitador, ¿para qué llorar como infante lo que se puede cantar como Solís? Una vez identificada por Carrión, Javier también reconoció su propia voz: óyeme como quien oye a Solís. «De hoy en adelante imita a este señor en todas tus canciones», le habría dicho el maestro arreglista, y el enfermo se compuso. Es raro llorarse… y así cual palíndromo Javier regresó sobre sí.
Un antes y un después resultó la grabación de “Llorarás, llorarás”. Un parteaguas. La Columbia confirmó y mantuvo a Javier (¿y Solís a la Columbia?), las grabaciones fueron a más —a unas cuantas estaba de «darle en la torre» al compadre Infante de Carrión— y el solista se subrayó. ¿Qué habrá visto Valdés Leal en “Llorarás, llorarás”? Los boleros de Ramírez eran apreciados, “Nuestro amor” con Los Panchos era quizá respaldo importante, así como aquellos (otros) temas de película “Si tienes corazón” y “De pies a cabeza” interpretados por Toña la Negra y Pedro Infante, respectivamente. La apuesta se mantenía con el muchacho: a la yugular: bolero con mariachi: all in. Y se ganó la partida: vaya flush, una flor imperial y real.
No conformes con el éxito discográfico, “Llorarás, llorarás” se triplicó en pantalla: fue incluída en escenas de película de Javier: Tres balas perdidas (Rodríguez, 1961), En cada feria un amor (González, 1961) y Los cinco halcones (Delgado, 1962). Para el anecdotario, en un disco sencillo (de 45 rpm) hay un Pablo Flores (¿aquél amigo de Solís del trío México?) como compositor de la canción:

Pero se sabe que es de Ramírez y que salió al mercado (en contracara de “Después de amarnos”) en un disco así:

(Así tal cual, “Llorarás”, y con un primer nombre, “Isabell”, es como se reporta —con decenas de intérpretes amén de Solís— en la base de datos de la SACM, donde, por cierto, ninguna de tres canciones intituladas “Llorarás, llorarás” tiene como autor a Rafael Ramírez pero sí a un… Pablo Flores Lagunas. Para llorar.)
Curiosidad puede también ser el acompañamiento. Según esos primeros discos es el mariachi Zapopan de Miguel Martínez (maestro trompetista que acompañara a otros mariachis como el Vargas y a una pléyade de cantantes) quien acompaña al solista, pero para el disco de larga duración Llorarás, llorarás (1959) se señala en la contraportada a los mariachis Jalisco y México de Pepe Villa. ¿Fueron versiones diferentes? Tanto la canción que nos ocupa como “Mentira, mentira” y “Vengo a decirte adiós” ya habían sido grabadas, el resto (9) fueron primicia: me parece natural que, por cantidad, solo se diera el crédito a las nuevas grabaciones y que esas tres fueran mera inclusión. De Zapopan es pues el acompañamiento.
La canción también forma parte de discos de éxitos de Javier, Mis 30 mejores canciones (Sony 1998) y A 40 años… me recordarás (Sony 2006), y de dos sabrosas mezclas: Los Panchos con Javier Solís (Columbia ~1966), con una bellísima segunda de Enrique Cáceres, y Javier Solís con la Rondalla Venezolana (Sony 2011), con solo Solís de inspiración pues la Rondalla, sin mariachi, es la única que se escucha en ese track.
Aquí pues “Llorarás, llorarás”…
Llorarás, llorarás (Rafael Ramírez)
Llorarás, llorarás, mi partida;
aunque quieras arrancarme de tu ser,
cuando sientas el calor de otras caricias,
mi recuerdo ha de brillar donde tú estés.
Has de ver que mi amor fue sincero
y que nunca comprendiste mi penar;
cuando sientas la nostalgia por mis besos:
llorarás, llorarás, ¡llorarás!
No era para menos el éxito. Entre violines y trompetas Javier desarrolla sus matices en apenas dos minutos de voz. Sin chillido alguno, no es sino hasta el final que se escucha la suavidad de la tremenda fuerza de Solís. Arranca y brilla al centavo (y de a peso); comprende nostalgias: exhorta llanto… Llora la canción.
Si el texano Rafael Ramírez Villarreal no pudo pegar a lo grande con Pedro Infante, sí que lo hizo con Javier Solís. Al poco de haber sido grabada con las Hermanas Gongora (paisanas del compositor), “Llorarás, llorarás” en voz de Solís le brindó su primer hit y le hizo merecer, dada la popularidad de la canción, dos veces consecutivas el “Micrófono de Oro” (de la Asociación Nacional de Locutores de México). Cinco años hay entre aquella escena “De pies a cabeza” con Infante —en El mil amores (González, 1954)— y el año del renacimiento de Solís con Ramírez. Finalizado 1958 con esa esperanza de Javier en el estudio de grabación, fue 1959 cuando desde el norte, Texas incluído, y acaso por los oriundos aires del compositor, “Llorarás, llorarás” sonó hasta el centro de México, Tacubaya incluída: un muchacho de 27 años había encontrado la inmortalidad.~
Un gallo bien jugado
abril 9, 2013 § Deja un comentario
Siempre me da gusto cuando otros dan a leer esta bitácora: no por mí, por supuesto, sino por Solís. Así se topen con más (de mis) garabatos que “escarabajos hechos notas” en voz de Javier, siempre es bueno que haya gente en este espacio recordando al de Tacubaya. Ay de aquellos que olvidan —o ignoran— a Javier Solís (y demás pléyade), pues estarán condenándose a los refritos. Disfruten pues, criaturas, antes de que sea demasiado tarde.
Así las cosas, decía, ayer 8 de abril la SOLISMANÍA tuvo cabida en la página de animalpolitico.com ¡Qué va! Esta vez no tuve nada que ver (como aquella con el periódico Reforma), me enteré por un tweet de la respectiva página y he aquí las capturas de pantalla de la referencia uno y dos:

Ver para oír. Es en la sección “Click necesario” donde nos reporta la página y no queda más que agradecer. Bien jugado ese gallo.
Agradezco también sus particulares referencias, sé de algunas en Twitter, por ejemplo, o en la página javiersolista por excelencia, javiersolis.net, y no queda sino seguirle dando… que es gerundio, ¡qué va!~
Ahí te estorbo yo, un punto negro
abril 7, 2013 § 1 comentario
Oír trío con Solís no es cosa rara, al menos no para los javiersolistas. Si bien el mariachi fue fiel compañero, el trío no se quedó atrás: ni Solís con ellos… dicho ello con el trío México en mente: ese que el jovencísimo Gabriel Siria formara (~1949) con Pablo Flores y Miguel García, y que abandonara al poco tiempo para seguirla en solitario. Todavía más, hay alrededor de los tríos sabrosas anécdotas entre ellos y Javier; una de ellas la presento ahora con la ayuda de un video que está en la cuenta de un javiersolista cabal, kwebytaz, quien a final del año pasado subió a la red este recuerdo del duranguense “caballero de la canción” Antonio Velázquez, exprimera voz de Los Tecolines, fallecido en noviembre 2011:
[youtube http://youtu.be/fBxUbrFavnI]Velázquez cuenta de aquellos meses aciagos, febrero-abril, de 1966. Él empezaba, después de haber salido de Los Tecolines, su carrera como solista (en Chicago), y visitaba a Javier en su último trabajo para el cine (en los estudios Churubusco, México), su papel en la película Juan Pistolas. Solís escucha cantar a Velázquez (cuya carrera de solista, dicho sea, fue como cantante de rancheras) y le ofrece llevarlo y presentarlo a alguna casa disquera. ¿La Columbia (CBS)? No, explica Javier: ahí estorba: solo le hacen caso a él y a las Hermanas Huerta: ¿para qué hacerle perder más tiempo?
Solís estaba por terminar la filmación e irse de gira por el norte con la Caravana Vallejo. ¿Grabar más canciones? Seguramente: sabe ya el ritmo de la industria, trabaja para la CBS (y rechaza cheques en blanco de la competencia) y quiere incluso que otros más graben: un amigo y un profesional. Porque era así, qué se le va a hacer: Javier estorbaba a otros que querían un pedazo del pastel (de la Columbia); pero, qué va, ello no le pesaba a Javier, al contrario: reconoce los recovecos y procura a quienes, como él, buenos eran en lo suyo y se la pasaban tocando puertas.
Al rasurarse Velázquez escucha la noticia aquél 19 de abril: La canción mexicana está de luto… porque murió Javier Solís; con voz entrecortada sigue aún el recuerdo. «Con las palabras, con eso me alcanzó», finaliza el recuento.
La siguiente canción no es del repertorio de Los Tecolines, ni de Velázquez, pero sí de Solís. Es con trío. ¿Cuál? Según el blog nuestrostrios.blogspot.com es el trío Los García; según otras fuentes puede ser aquel trío México que después, se dice, mudó en Los Galantes. “Punto negro” se llama la composición —de Roberto Reynoso— que, se dice, fue de las primeras que Solís hiciera (incluso antes de “¿Por qué negar?” y “Qué te importa”) junto con “Virgen de barro”, “Tómate esa copa” y “Te voy a dar mi corazón”, y de ahí la incertidumbre sobre el trío que acompaña, amén de la falta de noticia y crédito (al fin hecho en México) del disco donde se incluye la grabación, Mis 30 mejores canciones (Sony 1998). Esta es:
Punto negro (Roberto Reynoso)
No quiero ya saber
si te mueres o no por mi cariño;
ni me importa que tú
diciendo vayas hoy que me dejaste;
yo sé que para ti,
igual que para mí, hay otros besos:
¿por qué insistes en ser
en mi quieto vivir un punto negro?
Tu orgullo de mujer
te ha vuelto mala y cruel, y me atormenta;
cuando el amor se va
se queda el corazón ensombrecido;
olvida tu rencor,
que solo ha de empañar aquellas horas:
no quiero que seas tú,
de esta historia de amor, el punto negro.
De la canción, según la SACM, no tiene más intérpretes que Solís y un tal Rodolfo Sánchez (?). La de Javier solo tiene esa edición, era pues de las inéditas tras su muerte. ¿De sus primeras? No lo creo: tanto ésta como “Virgen de barro” y “Tómate esa copa” (referida en la nota de “Tómate una copa”), resultan únicas para Javier, ¿un cantante en ciernes con canciones exclusivas? Insisto, no lo creo. Solo de “Te voy a dar mi corazón” se tiene registro con la veracruzana bolerista Ana María González (aquella de “Solamente una vez”); así, si el resto de canciones hubieran sido ya (más o menos) escuchadas, sería creíble aquello de la primicia… Sin embargo, hay un detalle: Ana María González era artista de RCA Victor… y Javier Solís con ese su trío México llegó a ser parte de RCA Victor (!), luego es posible que sí haya pasado revista en esos años a canciones como “Te voy a dar mi corazón”… ¿y “Punto negro”?
El requinto es preci(o)so y Solís remata de igual forma, sobre todo, los endecasílabos. Su voz guarda el equilibrio entre la queja y el reproche, y llega natural a la petición (sin sonar a súplica). Su quieto vivir.
No quería estorbar a aquel amigo; no quería Solís el punto negro.~
Pajarito cantor que llegaste hasta mí
abril 3, 2013 § 1 comentario
Si “¿Dónde estás, corazón?” nació como canción mexicana y se hizo cual tango, “Pajarito cantor” nació como tango y se hizo cual bolero ranchero… con Javier Solís (¿acaso como él mismo: de un tanguero Luquín a un ranchero Solís?). El compositor de ambas es Luis Martínez Serrano; Solís sólo grabó la segunda (y una más del compositor: “Si no estás conmigo”), con el acompañamiento del mariachi Los Mensajeros, para el disco Y todavía te quiero* (1966). Aquí hemos ya hablado de algunas canciones de ese disco: “Una limosna”, “Luz de luna”, “Espumas”, “Sigamos pecando” y “Las rejas no matan”; pendientes están, por ejemplo, el (tristemente) célebre “Amigo organillero”, la (tan) buscada “Gaviota” y ese otro (original) tango que da nombre al disco. Por ahora, este trino, este pajarito cantor.
Esta semana salió en los medios que en Venezuela un pajarito chiquitico se mete a una capilla, da tres vueltas, se para en una viga de madera, silba —bonito—, ve raro, silba un ratico más y se va dejando bendiciones y arengas… A saber qué clase de pajarito pudo imaginar (¿y sentir?) Solís en su interpretación. Con aquél chiquitico se sintió un espíritu revolucionario; con este cantor, la esperanza de la redención. Yo prefiero lo segundo —así visite entre grillos y rejas— a través de un penado Solís:
Pajarito cantor (Luis Martínez Serrano)
Solo estoy entre grillos y rejas,
condenado a morir en prisión,
y no brotan de mi alma las quejas
porque ahogadas quedan en mi corazón.
Fría está como mi alma la celda,
entra apenas un rayo de sol,
solo escucho que un ave muy cerca
al trinar alegra mi triste prisión.
Pajarito cantor que llegaste hasta mí,
mitigando mi acerbo dolor, no te alejes de aquí;
Pajarito cantor, si pudiera volar,
yo quisiera ayudarte a formar tu nidito de amor.
Mientras sufro la amarga condena,
que por ley la justicia dictó,
la avecilla mitiga mi pena
como un alma buena con trinos de amor.
Y en el fondo del alma se aviva
la esperanza de la redención
cuando el cuerpo cayendo sin vida
a mi alma permita volar al perdón.
Tango ranchero cabal. Después de que las trompetas y violines lo anuncien, Solís sale a escena en esa su triste prisión. Subraya contenido los decasílabos y en los estribillos libera la voz ranchera sin olvidarse, ¡qué va!, de sus tenues descensos. Una versión del tango se puede escuchar en Youtube con Emilio Tuero, ahí el “barítono de Argel” saca partido de su voz y logra sin problemas ecualizar el tango; lo cantor, por su parte, alza el vuelo más bien con la versión de Solís.
Si un pajarito viniera a darnos vueltas, ¿qué mejor que con Javier Solís?
Más de tangos y versiones en la siguiente entrega, ¡qué va!
*Edición mexicana, pues la argentina se edita (tras la muerte de Solís) con otro listado de canciones que no incluyen este Pajarito.
Apoteosis de Javier Solís
marzo 27, 2013 § 1 comentario
Con las piedras del camino de Edgar Amador los domingos suelen ser rancheros. En uno de ellos tuvieron lugar las siguientes líneas javiersolistas.
Apoteosis de Javier Solís
El alma del ranchero está sostenida por el aliento de miles de compositores, salidos debajo de piedras, ramas y plazas a lo largo de todo México: desde la cúspide literaria de José Alfredo, hasta el tremendismo ornitológico de Tomás Méndez, pasando por el exquisito de Ferrusquilla y el azote urbano y contemporaneo de Martín Urieta.
De esa constelación hay uno que a mi siempre me sorprende por su precisión poética: Luis Demetrio. José Alfredo no es un poeta, es un bardo, un acólito de Baco, una bestia dionisíaca. Luis Demetrio es apolíneo, es casi un poeta lírico.
Va por ejemplo este dístico de su canción “Voy”, que casi parece San Juan de la Cruz, o Alfredo R. Placencia:
“Voy a ponerme en los ojos un hierro candente
pues mil veces prefiero estar ciego que volver a verte”
Esta canción fue escrita aparentemente para la enorme bolerista cubana Olga Guillot, pero fue grabada también por el más íntimo de los gigantes: Javier Solís.
La génesis, gloria y muerte de Javier Solís pertenecen no a la biografía, sino a la mitología: nacido por accidente y criado por sus tíos en Tacubaya; en el imaginario popular existe el mito de que muerto Pedro Infante, Javier Solís canta sobre su tumba iniciando así su carrera y su éxito. Su muerte es aún más misteriosa, y las versiones sobre la misma abarcan todo el rango de las leyendas urbanas.
Si su biografía es mitológica, su voz lo acompaña. No hay mácula ni tacha, todo es pura perfección. Limpidez lisa, su voz es una cuerda que se estira, se tensa, y no se rompe nunca.
En los “Domingos Rancheros” de este secreto Blog la ausencia conspicua de Javier Solis no pudo ya ser contenida. Las noches de dolor de los mexicanos, nuestra rabia y nostalgia, nuestros encuentros de amor, están llenos sin que lo sepamos, de la voz de Javier Solís.
Yo quiero dejarles esta tarde fría y cariñosa de noviembre, esta obra maestra de Luis Demetrio cantada con la voz definitiva de Javier Solís. Para mí, es uno de esos Non Plus Ultra: no hay más allá.
El Solís de cabecera
marzo 26, 2013 § 1 comentario
Bienvenidos a este nuevo diseño (y etapa) de la SOLISMANÍA. El mayor cambio está en la cabeza… en la cabecera. Ese trío de imágenes pertenecen a un archivo, al de su autor Enrique Bostelmann; yo las pesqué en alguno de los mensajes del Club Yahoo de Javier Solís y lamentablemente ya no recuerdo quién las subió, ni las he vuelto a ver por ahí. Donde sí se ven, y no son las mismas, es en las páginas del tomo III de El Señor de Sombras: La vida de Javier Solís (J.F. Coria, Clío 1995); es decir, que fue una serie de retratos lo que el fotógrafo Enrique Bostelmann hizo con Solís. Hasta ahora, pues, tengo noticia de cinco: los tres de la cabecera y estos dos de las páginas 12 y 19, respectivamente, del referido tomo:

Solo este par de capturas, lo dicho, es lo que se incluye en ese libro de la vida de Javier Solís. En la red hay también poco de Bostelmann, quiero decir, no lo suficiente. Una página dedicada a él (¿o de él?) ya no está en funcionamiento: solo se mira algo en ella a través del caché de Google. En la sección biográfica se alcanzan a leer unas líneas de Ignacio Durán (agregado cultural de la embajada de México en Gran Bretaña): «El trabajo de Bostelmann demuestra una frescura extraordinaria, sin titubear jamás para alcanzar los estándares más estrictos de su profesión. La riqueza del legado de Bostelmann ha llegado a críticos, cineastas, dramaturgos, compositores y poetas, sin embargo su principal interés era la gente común, quien ahora se ve reflejada en su trabajo. Tuvo don de hacer fotografías que tocaran la imaginación y permanecieran en el corazón». El fotógrafo murió el 3 de diciembre de 2003, por acá en ZoneZero hay una nota y entrevista.
Lo que se ve no se juzga, dice el refrán: se admira en este nuestro caso de Bostelmann con Javier. ¿Cómo habrán llegado a esas poses? ¿Qué juegos hubo de por medio? Dos artistas frente a frente: uno con la cámara y otro sin ella, pero ambos con sus interpretaciones. Ocho años menor que Javier, un joven Enrique Bostelmann es quien lo retrata. Era aún el inicio de su carrera artística y profesional; era Solís en el pleno de la suya.
Hay una nota donde se recogen palabras del poeta José Emilio Pacheco al respecto de Bostelmann. Pacheco apunta: «Es el poeta de la inmovilidad y el maestro del movimiento». En los retratos de Solís son las manos y gestos lo que nos mueve; ademanes de un Javier al natural, en mangas de camisa, fuera de los escenarios: Solís sin cantar, encantado del ojo de Bostelmann. Los relieves del rostro de Javier pasaron a ser los trazos del artista, de Bostelmann.
Años después, a partir de los 70, Enrique Bostelmann se consagraría; uno de sus trabajos, América: un viaje a través de la injusticia, da cuenta de ello. Recientemente, de fotógrafos, personal del periódico Le Monde dio al traste con el trabajo de Daniel Mordzinski (de quien en este espacio hay su retrato de Guillermo Cabrera Infante), y de ello escribió en su “Piedra de Toque” del pasado 24 de marzo el escritor Mario Vargas Llosa. Él nos señala que en los retratos de Mordzinski de escritores «además de sus rasgos, semblantes y expresiones, aparecían revelados sus sueños, sus fracasos y sus éxitos». Pues bien, he ahí al Solís de Bostelmann: expuesto con sus luces y sombras, hecho de canciones (payaso, loco, esclavo y amo)… Retratado.
Dije aquí que con Daniel Gil se obtuvo la mejor portada para Javier Solís, pues bien: con Enrique Bostelmann se tiene su mejor retrato. Digo esto no bajo la luz de la trayectoria de Bostelmann, sino bajo la de Javier y sus tantas fotografías. Para la selección de la imagen de la cabecera tenía yo, qué duda cabe, muchas opciones, sin embargo, de inmediato ese trío llamó toda mi atención: es ahí donde Javier es el más puro Solís. Antes que con cualquier traje, sea de charro, moño o de corbata, Javier cantó con esa sencillez, se arremangó e interpretó ¡qué va! por sus puños. Así de Solís. Vuelvo a hojear el libro de Coria para averiguar si son de ahí las imágenes y es cuando me topo con el restante par… de Bostelmann. No se diga más: es el Javier Solís de cabecera.~
Adenda
Gracias a Pedro Rueda, avezado lector de este espacio, consigo una foto más de esta serie de Bostelmann, ¡qué va! Como las otras, no se tiene cierto de dónde pudieron salir, es decir, Rueda me cuenta que la consiguió en la red y desde entonces no la ha vuelto a ver. Para mí es la primera vez. Es un retrato de un serio Solís guasón; sentado calando el golpe con una mirada quizá perdida. Esta vez no está de frente, son los tres cuartos su perfil junto con el puño cubierto y su pelo envaselinado; la esclava y el reloj: amo de su tiempo.




